La mamá del astronauta - Por Patricia Suárez . Teatro breve infantil




Una señora de mediana edad, muy bien peinada, que habla a cámara. La están entrevistando, en su casa, y ella se siente un poquitín nerviosa.



Stella
Me presento primero.
Yo soy Stella, la mamá de Buzz, el astronauta que está viajando a la Luna. No voy a decir mi edad, o si quieren, les digo (pícara): Tengo veinte años.
Veinte años, sí.
Estoy muy orgullosa como mamá de que Buzz vaya a ser con el amigo ese que tiene, Neil, el amigote, el primer hombre en pisar la luna. Buzz siempre fue un chico muy valioso y se merecía el puesto de Comandante de Neil.  Pero si no le dieron el puesto de Comandante, será porque el Neil ese tiene mejores notas o porque la mamá de Neil les cae mejor a los de la NASA. Las mamás de los astronautas tenemos un grupo de Wapp y la de Neil nunca hablaba de que Neil daba exámenes para ser comandante y de pronto: ¡Neil es comandante!
No importa que no le hayan dado el puesto de Comandante a Buzz.
Buzz tu mamá te quiere igual.
(A los periodistas detrás de cámara)
Puedo enviar un mensaje privado a Buzz?
Buzz, querido hijo, si me estás viendo, papá te manda saludos. Pregunta si te llevaste el cargador del celular de él. Viste cómo es de maniático con los cargadores del celular. La abuela también pregunta si este año vas a ir al cumpleaños o le vas a venir otra vez con la excusa de que estás en el espacio. Ya se dio cuenta que cuando le dijiste el año pasado que estabas de viaje a Urano, fue una mentira. Lo leyó en una revista en la peluquería. Hacéme el favor, Buzz, es tu abuela: llamála aunque sea para el cumpleaños.
Todos te queremos mucho y te echamos de menos, Buzz.
(Luego de un tiempo)
Por favor, apenas llegues a la Luna, llamá a casa.
Avisanos que estás bien, que estamos con el corazón en la boca cuando estás fuera.
No importa lo que estás haciendo con Neil y con el otro, vos avisá a casa.
Mandame un mensaje al celular:
“Mami, estoy bien”. Eso solo.
Te cuesta mucho avisar?
Aparte, te llevaste abrigo?
En el espacio debe hacer un frío tremendo.
(A los periodistas)
Ustedes me preguntaron…
Ah, sí. Ya recuerdo.
La infancia de Buzz Aldrin.
Desde muy chiquito, Buzz era un niño adorable.
Después creció.
Le gustaban los animalitos. Los pajaritos, las lagartijas, cosas de chicos. Un día trae a casa un oso grizzli con unos dientes largos como cuchillos que se encontró en el bosque. No, no, no, hijo, le dije, el oso grizzli adentro de la casa no.
-Quién le va a dar de comer? Quién va a limpiar cuando ensucie?
Porque ya me veía yo esclava del oso grizzli; porque él, ponerle la correa, sacarlo a pasear, llevarlo al veterinario, rarísimo que lo haga. Pero Buzz estaba emperrado, que quería el oso grizzli y que quería el oso grizzli, que cuando creciera quería ser veterinario. Cuando creciera Buzz, cuando creciera el oso grizzli seguro que lo que quería era devorarnos.
Asi que le dije:
-Buzz, piénsalo bien. Si quieres que el oso grizzli viva en casa, yo me voy. Somos él o yo.
Después vino un período muy lindo, en que yo viví en un hotel en Washington, tenía una ventanita en la habitación que daba a un parque… Hasta que un día Buzz y el papá me mandaron a llamar. Fue ahí cuando Buzz comenzó a mirar con insistencia para arriba. Hacia el cielo y las estrellas, la Osa Mayor que el papá le dijo que era la mamá del oso grizzli que los de fauna le quitaron y encerraron en el zoo.
Vamos que no se puede tener un animal salvaje en un departamento, sin comodidades!
Yo cada vez que lo veía a Buzz contemplando la luna, le metía un coscorrón, por pavote.
Un día la maestra me llama y me dice
-Señora Stella, Buzz no va para atrás ni para adelante. Está todo el día en la luna de Valencia. Tiene cero en matemáticas, cero en lengua, cero en geografía…
Yo cuando recibí la noticia como soy una mamá comprensiva, dije vuelvo a casa y lo mato, le arranco los ojos con las uñas, le quito la piel a tiras y lo pongo a hervir, lo pico y me lo como en albóndigas fritas.
Pero cuando volví a casa, él me sorprendió; vino corriendo a recibirme con un beso y me largó así de repente:
-Mamá, cuando sea mayor quiero ser astronauta.
¡Ay, mi hijo quiere ser astronauta! , chillé yo, de la alegría se entiende. Y corrí a buscar en el diccionario qué quería decir astronauta. No por bruta, pasa que en esa época, todavía no había astronautas que vagaran por el espacio. Menos gente que viajara a la Luna. La luna no servía más que para hacerle canciones de amor a las chicas.
Lo hablamos con el papá…
El papá de Buzz ese día estaba leyendo las noticias en el diario y siguió leyendo las noticias en el diario después que yo paré de hablar, pero se manifestó. Había hecho MMM , y MMMMMM. Mi marido es de mucho mugir y nosotros, la familia, ya le sabemos interpretar los mugidos. Era un mugido de sí, acepto que Buzz sea astronauta.
Después buscamos un lugar adonde se pudiera estudiar la cosa del viaje espacial y lo mandamos a Buzz.
Yo como mamá estoy muy orgullosa de él.
(Resignada) Otra cosa no puedo hacer.
Cuando nos contó al papá y a mí del viaje en el Apolo, le aconsejamos
-Hijo, vos no te dejes maltratar por lo extraterrestres.
Si se burlan de vos porque sos narigón, le dijo el papá, vos ahí mismo le pegás una piña al extraterrestre que lo desarmás.
Es el papá; es hombre, entre los hombres lo quieren arreglar todo a las piñas. A los hombres no les importa si por una piña viene en consecuencia una guerra intergaláctica. Pero yo estoy muy en contra de la violencia y de irse a las manos y le aclaré:
-No, no, no, Buzz, vos hacéle caso a mamá. El primer selenita o como le digan a los seres de la luna, que te discrimine por narigón, por lento, por tartamudo, porque tenés la cara de huevo, o porque tenés los ojos saltones de sapo, o por cualquiera de los tantos defectos que tenés, hijo, porque defectos tenés, que defectos tenemos todos y hay que saber admitir que los demás no son perfectos, vos ahí no le contestás ni una palabra al selenita. Sacás la pistola de rayo láser y lo desmaterializás.
(A los periodistas)
Sí, ya sé. El tiempo es tirano en televisión.
Me despido de todos los queridos televidentes. Mi marido les puede mandar para que siempre me recuerden una fotografía mía muy linda que me tomaron paseando en burro un día que fui a La Falda y el burro no se quería mover hasta que lo amenacé con contarle toda la historia de mi vida, empezando por mi abuela que era Noruega y vikinga y a los burritos tercos se los comían entre dos pancitos…
(Se ve la foto)
Mire qué linda que estoy sonriendo.
Más joven, pero igual.
Ah, sí.
Y un mensaje para Buzz
-Hijo, no importa si no podés traerle un souvenir a tu mamá que te dio el ser. Porque capaz que en la Luna estás muy ocupado recogiendo piedras lunares y todas esa clase de actividades astronáuticas y de exploración del espacio. Mamá lo puede comprender. Pero cuando aterrices en la estación espacial en Houston, pasás por el free shop, ¿si? Una pasadita, una corridita que no te cuesta nada, y le comprás a mamá de regalito lo que ya sabés que a mamá le gusta tanto para estar perfumada, linda y de contenta como siempre. Y para no ser menos a tu papá comprále algún llavero, que los llaveros están siempre en oferta y no es mucho gasto, hijo…
Adiós, señores periodistas
Adiós, pequeños televidentes. Espero que la historia de la infancia de mi hijo Buzz inspire a ustedes a viajar al espacio sin miedo, con alegría y llevando siempre el abriguito de lana y el celular para avisar en qué estrella están.
(Stella hace adiós con la mano, apagón)


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