domingo, 7 de enero de 2018

La muerte - Kostas Axelo

Un mandarín chino propuso una vez al gobernador de una provincia esta medida que no tardó en adoptarse. En el momento en que la víctima debía colocar la cabezasobre el tajo para que el verdugo pudiese cortarla, un caballero enjaezado llegaba a todo galope y gritaba: ¡Alto! ¡El Señor ha indultado al condenado a muerte! Y en ese instante de euforia suprema, el verdugo cortaba la cabeza al feliz mortal.

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