Palabras del Almirante. Pequeña obra de teatro para niños. PS

12 de Octubre, 1492
Una playa de Guanahaní. A cierta distancia las carabelas están ancladas.
De un lado están los españoles que acaban de desembarcar, y al rato, al otro lato los indios taínos que llevan la cara pintada de negro carbón, van casi desnudos y tienen un aro de oro en la nariz. Durante el encuentro, los españoles y los taínos no comprenden unos la lengua de los otros. Por eso los malos entendidos entre ambos grupos.

Escena única
Colón desciende junto a Rodrigo de Triana; Martín Alonso Pinzón, Vicente Yáñez, Rodrigo de Escobedo y Rodrigo Sánchez de Segovia (personajes que en la realidad son mencionados en el Diario del Almirante).
COLON: Les dije o no les dije que se veía tierra?
TRIANA: Yo la ví, Almirante.
COLON: No empecemos, Rodrigo. Yo la vi primero.
VICENTE mientras pone la enseña española: Clavo la bandera? Clavo la bandera? Clavo la bandera? Clavo la bandera? Clavo la bandera? Clavo la bandera? Eh, eh, eh, eh, eh?
TRIANA: No, Almirante. Yo le dije Mire, hay luz.
COLON: Sí, Yáñez, clave la bandera. No, Rodrigo: yo vi la luz y los llamé a todos y les dije Aquella candela debe ser tierra. Palabras del Almirante.
TRIANA: Era Martín que iba a lavarse los dientes y llevaba una vela encendida.
VICENTE: Quedó derecha? Quedó derecha, quedó derecha? Eh, les gusta? Quedó derecha?
La bandera quedó torcidísima.
ESCOBEDO: Me parece que está torcida.
VICENTE: Está perfecta. Torcida para dónde? Ustedes siempre me quieren boicotear todo lo que yo hago. La bandera se cae.
ESCOBEDO: Ahí se cayó la bandera a la arena.
VICENTE: La tiraste con la mente.
ESCOBEDO: No muevo objetos con la mente.
VICENTE: Sé que lo hiciste.
COLON que sigue riñendo con Triana: No era Martín el de la luz, porque Martín nunca se lava los dientes, palabras del Almirante.
MARTIN: Sí, Almirante, me los lavo a veces.
COLON: No, jamás. Se nota por tu aliento.
VICENTE: Ahora clavála vos con la mente.
ESCOBEDO va y clava la bandera con las manos, claro: Listo.
VICENTE: Viste cómo lo hiciste? Viste, viste, viste?
ESCOBEDO: No lo hice con la mente. Lo hice con los brazos.
VICENTE: Tu mente decía: Voy a clavar la bandera española así queda anotado que los españoles llegamos a las islas Bahamas.
COLON: A la China llegamos; estamos en la China. La China es preciosa.
TRIANA: Era Martín con un cabo de vela encendida que iba a hacer lo primero o lo segundo al baño. Usted dice que vio la Tierra primero para quedarse con la recompensa que ofreció la Reina Isabel la Católica a quien viera tierra primero. Me quiere arrebatar la recompensa!!!
COLON: No pudo ser Martín.
TRIANA: No me dirá ahora que Martín nunca tiene necesidad de ir al baño!
COLON: Sí, al baño va. Pero nunca enciende una vela porque es tan torpe que cuando lo hace se quema los dedos.
MARTIN: No, Almirante. Yo puedo encender una vela. Una vez no me quemé.
COLON: Te pido, Martín que no te metas. Palabras del Almirante.
Todos los españoles estiran piernas y brazos, cansados del viaje.
COLON: ¿Y? Les gusta? Hermosa la China, no es cierto?
VICENTE: Guanahaní, en Las Bahamas.
TRIANA: Ahí tiene, Almirante, lo que dice Vicente.
COLON: Rodrigo, estoy harto de que me lleves la contraria de todo lo que digo. ¿Quién se la pasó estudiando los mapas día y noche? El Almirante. Estudiaba los mapas y el HORIZONTE por si veía luz, que significaba que detrás había TIERRA. Cosa que vi. Qué sol más luminoso; verdaderamente la China es hermosa y … (ve que vienen los indios taínos a recibirlo) uy, ahí llegan los chinos.
Los indios hacen una reverencia y Colón con los suyos también.
COLON: Encantado, encantado. Saluden al Emperador Wang Yang. Un gusto, Emperador. Yo soy el Almirante Cristóbal Colón al servicio de su Majestad la Reina Isabel la Católica. Venimos en son de paz, y de paso le pregunto dónde consiguió esos piercing tan bonitos que usan en la nariz? (le toca el aro de la nariz) Es oro puro, verdad? Palabras del Almirante.
CACIQUE: Oro dieciocho kilates de estas mismas costas.
COLON a los suyos: Dónde dijo que lo compra? Alguno le entendió?
CACIQUE: Me presento: soy el Cacique Bohechío de los taínos y esta es mi tribu. Este es mi hijo mayor Ají y a su lado está su hermano Comején. Los otros son Iguana, Cocuyo, Batata, Barbacoa, Caribe, Carey y Huracán.[1] También son hijos míos, tengo muchos, muchos hijos. Tengo treinta esposas.
COLON: Deben poner una mesa muy grande para Navidad todos ustedes, qué fiestón.
CACIQUE a los hijos: Chicos, saluden a Olaf, el rey de los vikingos.
COMEJEN: Dijeron que son españoles, papi.
CACIQUE: Siempre porfiando, Comején. Aquí vinieron hace siglos allende el mar unos marinos y se presentaron como vikingos; dijeron Salimos a comprar pizza y volvemos. Ahora han vuelto.
COMEJEN: Los historiadores no están seguros de que hayan sido vikingos, pá.
CACIQUE: Comején, quiero que vuelvas a la aldea y traigas los papagayos para regalarles a los vikingos como bienvenida.
BARBACOA: No, papi, los papagayos no. Yo los quiero y son míos.
CACIQUE: Yo te avisé, Barbacoa, si vos no limpiás las jaulitas de los papagayos, yo te los regalo. Y vos no los limpiaste.
BARBACOA: Le tocaba a Huracán limpiarlos.
HURACAN: Mentira, mentira! Yo cuido las tortugas nada más; siempre me quieren dar más trabajo.
CACIQUE: Me traen los papagayos ya mismo y se los regalamos a los españoles y punto. Esos bichos en la tribu no molestan más. No puede ser que cada vez que yo voy a dar un discurso, los pajarracos me interrumpen chillando.
Los hijos del Cacique salen. Hay un silencio tenso.
COLON: De qué hablamos ahora con los chinos? A alguno se le ocurre un tema de conversación? Creen que irán a buscar lanzas para matarnos? Tengo entendido que los chinos inventaron la pólvora y con eso matan a distancia…
VICENTE: Habléle de la Reina! La Reina! La Reina!
TRIANA: A mí me pareció entenderle que es de la tribu de los taínos. El cacique no es chino.
COLON: Es un chino taíno. No molestes más, Rodrigo.
Vuelven los hijos del cacique trayendo media docena de papagayos
COLON; Qué amables nos trajeron pollos verdes.
TRIANA: Son loros, Almirante.
COLON: Los pollos son verdes en la China. Palabras del Almirante.
COMEJEN al Cacique:  Ají se quedó llorando porque tampoco quería dar a los papagayos que dice que Pepe era su mascota preferida…
CACIQUE: No quiero ver un solo papagayo más en casa y mucho menos caca de papagayo por toda la casa…
TRIANA y LOS OTROS: Agradecidos, señor Cacique. Nosotros le hemos traído… Bajo a Colón ¿Qué les trajimos de regalo?
COLON: Nada. ¿Cómo íbamos a saber que los chinos esperaban regalos? Si ellos tienen regalerías por todo el mundo. Rodrigo, dales los botones de vidrio tu colección.
TRIANA: No, nunca. 
COLON: Rodrigo de Triana, es una orden.
TRIANA: Son míos.
COLON: Si no haces lo que te ordeno, te tiraremos en altamar adonde te comerán los tiburones; palabras del Almirante. Dales los botones de tu colección a la una, a las dos, y a las… ¡¡¡tres!!!
TRIANA: Aquí tienen estos botones de vidrio de colores.
CACIQUE: Qué lindos los botones que nos trajeron los vikingos, chicos!!!
Los pájaros se vuelan, los españoles corren tras ellos, los taínos corren tras ellos.
COLON: Palabras del Almirante.
Un silencio.
COLON: Quién está anotando lo que digo? Rodrigo 1, Rodrigo 2, Rodrigo 3, Vicente, Martín…? Quién anota lo que digo? Palabras del Almirante, eh. Quién las anota?
Desciende la luz.
Fin de la obra



[1] Los nombres de los hijos del Cacique son palabras de origen taíno

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