Las dos serpientes - Historia de la Antigua China - Versión de PS

I-
            Había una vez en la Antigua China dos serpientes. Serpientes hay en todas partes, pero estas eran especiales. Eran mágicas. Una de las serpientes era blanca: tenía mil ochocientos años de edad. La otra era verde con pintas doradas, esa era bien jovencita, más o menos como mi abuela; tenía sólo ochocientos años. Ambas serpientes tenían el poder de convertirse en mujeres todas las veces que lo desearan.
            Cierto día, las dos serpientes tuvieron un desacuerdo entre sí acerca de la verdadera edad del sol, y comenzaron a pelear. Se enredaban y se mordían: nunca se había visto una cosa igual. La batalla duró un día entero, y al cabo del día, la serpiente blanca fue la ganadora. La serpiente verde se hubiera encogido de hombros si hubiera tenido hombros, pero como no los tenía, le dijo a la ganadora: “Desde ahora voy a servirte como esclava”.

II-
            El día de Ching Ming era, en la Antigua China, uno de esos días en los que no hay nada para hacer. Una especie de feriado, en el que se visitaba el cementerio, y se limpiaban las tumbas de los muertos, poniéndoles centenas de flores amarillas, para que se alegraran.
            Hsu  San era un hombre joven. Un día de Ching Ming él fue con sus amigos colina arriba, cerca del lago oeste de Hangchow. Allí había un cementerio y estaban enterrados los parientes de Hsu San. El llevaba crisantemos para sus tumbas. Justo cuando iba colina arriba, y apenas faltaban unos metros para llegar,  comenzó a llover. La lluvia caía torrencialmente, de manera que Hsu San no tuvo otro remedio que buscar un lugar donde encontrar reparo. Él vió un gran árbol al comienzo de un bosque, y corrió a guarecerse allí. Cuando llegó, una bellísima dama junto con su sirviente estaba debajo del árbol. Nunca en su vida había visto una dama tan bella, pensó para sus adentros Hsu San.  Mientras la lluvia caía, él comenzó a hablarle.
            -Mi nombre es Hsu- dijo -Por favor, decime tu nombre.
            -Mi nombre es Bai Su Ching- dijo la bella dama.
            Entonces ellos se pusieron a hablar, y hablaron de las cosas que hablan las personas cuando se gustan mucho entre sí. Como por ejemplo, cuál era el color preferido de la bella dama,  y cuál era el de Hsu. Y descubrieron que a los dos les gustaba el azul.
            Hsu sintió que su corazón latía muy fuerte y que saltaba como un conejo dentro de su pecho, que es lo que pasa cuando uno se enamoró de repente.  De modo que le dijo a la dama:
            -¿Querés tomar el té conmigo mañana?
            -Sí- contestó la dama -Sos muy agradable. Voy a tomar el té con vos mañana.
            Hsu y Bai Su Ching se enamoraron profundamente. Un tiempo después, se casaron, y tuvieron un hijo.

III-
            Un año después, durante el baile del Dragón, Bai Su Ching tomó demasiado vino. Se quedó dormida sobre su cama, y su forma cambió a la de serpiente.
            En ese momento Hsu entró en la habitación. El vió una larga serpiente blanca enrrollada sobre la cama de su esposa.
            -¡Oh!!- gritó, y salió de la casa.
            El sirviente despertó a Bai Su Ching.
            -Ahora que Hsu ha conocido la verdad- lloró Bai Su Ching -Deberemos matarlo.
            Pero, claro, Bai Su Ching estaba muy enamorada de Hsu, y no deseaba matarlo.
            -¡No! ¡No!- replicó -Nosotras no debemos herirlo. Esto es lo que deberás hacer: ir a los bosques y buscar una larga serpiente blanca. En cuanto encuentras una, la matás y la traés.
            El sirviente hizo todo lo que Bai le dijo. Trajo una gran serpiente blanca y la puso sobre la cama de Bai. Entonces, ella llamó a Hsu y le señaló la serpiente sobre la cama.
            -Hsu: mirá la serpiente que acabamos de matar.
            Cuando Hsu vió la serpiente muerta, suspiró, y dijo:
            -Sos muy valiente.
            Y Hsu nunca volvió a pensar en el asunto.

IV-
            Un tiempo después, Hsu fue a la cima de la colina para visitar el Templo de Oro. Después de rezar, Hsu se reunió con un sacerdote. El sacerdote era pequeñito, y tenía la piel del color de la nuez.  Se rascó la cabeza, y le habló a Hsu sobre su esposa Bai y el sirviente de aquella. Le contó las historias sobre las dos serpientes.
            -Tu esposa realmente es una serpiente blanca- aseveró el sacerdote.
            -No puedo creerlo- dijo Hsu -¿Mi esposa, una serpiente blanca? Pero si lo decís debe ser cierto. -Hsu se puso a llorar -¿Qué puedo hacer?
            -No tengas miedo. Quedate conmigo y estarás seguro.

V-
            Como Hsu no volvía a su hogar, Bai Su Ching salió de la casa para ver si lo veía llegar. Enseguida supo lo que el sacerdote había contado a Hsu, y se puso furiosa. Brotaban chispas de su cuerpo, de la furia que ella tenía. Tan enojada estaba que llamó a sus primos, los dragones mágicos.
            -Dejen caer a la lluvia por toda la tierra- les ordenó.
            Entonces comenzó a llover. Llovió torrencialmente durante días enteros, sobre los bosques y las ciudades. El agua subía e inundó la tierra, pero nunca llegaba a la cima de la montaña en donde estaba el Templo de Oro.
            El viejo sacerdote fue llenándose de cólera. El supo lo que Bai Su Ching estaba tratando de hacer. De modo que él usó su magia para atrapar a la serpiente. Gracias a la magia  atrapó a las serpientes, y las encerró cerca de la pagoda del lago oeste.
           
VII-
            Pasaron muchos años.  Un día, un muchacho visitó el Templo de Oro. Su rostro estaba muy triste. El pidió ver a su padre:
            -Mi padre es un sacerdote de este templo- explicó.
            -¿Cuál es el nombre de tu padre?- preguntó el anciano sacerdote.
            -Su nombre es Hsu San- respondió el muchacho.
            Al oir su nombre, llegó corriendo Hsu San.
            -¡Mi hijo!- lloró Hsu San -Yo soy Hsu San. Yo soy tu padre.
            -¿Dónde está mi madre?- preguntó el muchacho -¿Puedo verla?
            Hsu se quedó silencioso.
            -Ella no está aquí. Ella está en la pagoda cerca del lago oeste. Voy a mostrarte el lugar -dijo Hsu. Luego lo llevó al lugar donde las serpientes estaban encerradas.
            El muchacho puso comida y algo de dinero cerca de la pagoda. El rezó por su madre. Después se volvió para alejarse. Hubo un pequeño ruido que provino del cielo y la lluvia comenzó a caer. Hsu y su hijo vieron una serpiente blanca subir al cielo, entre las nubes. Así supieron que sus rezos habían liberado a Bai Su Ching de su encantamiento.


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