miércoles, 3 de agosto de 2016

Diatriba de Caperucita Roja. Habla la abuela


Yo de la guerra entre el cuatro y el tres, estoy segura que gana el tres. Es fácil de ver todas las cosas que pasaron con tres: tres son las personas de la Santa Trinidad, treinta y trés años de edad vivió Jesús; tres horas pasó María al pie de la cruz sagrada; tres veces cayó Jesús con tan pesado madero cargado, y a las tres subió a la luz. El cuatro en cambio, es número menos sagrado, por eso cuando junto los yuyos para los enamorados y para los otros, los que precisan reposo, siempre repito una oración en número de tres.
Vienen de todas partes acá, a mi humilde cabaña en el bosque anclada. Hay un árbol añoso junto a mí y en él tengo sombra y leña en invierno. Hasta de la aldea llegan a pedirme consuelo y parece que olvidan que hace tan poco me echaron de allí a la voz de bruja y encantadora, tan poco hace el tiempo que me fui.
Una me pide que le haga un té para que el amor no la olvide camino de las cruzadas; pero no le digo yo y me lo guardo en las mientes, que mejor otro amor y menos espere al que nada siente que la deja y se va. Otra me dice que diez es el número de los hijos y le doy yo la ramita de perejil que haga el bien, y el número no ascienda y mejor menos cumpla con el marido el deber, que a la hora de comer si no hay pan, los niños darán berridos. Viene el soldado que teme y amuleto quiere, y amuleto le hago aunque la valía viene de otro lado; mientras él tiene el amuleto prendido, avanza su pie con coraje y el miedo en vencido.
Viene uno una vez me dice que amar desea, a una caprichosa de la aldea. Opero mis oraciones, mis yuyos, mis pócimas coso en el caldero. Cuando le doy a beber, me pone en la frente una cruz, y grita muy fuerte llamando a los demás, los soldados de la Inquisición. Por qué me devora el hombretón de esta manera? Nada más porque quise hacerle el bien y en nombre de Dios? Por qué fui buena cuando debí meterle una coz?

Me llevan con cadenas a la rastra, lejos veo venir a la hija de mi hija, la pequeña. Corre como el diablo y como el diablo viene con la capucha roja rasgada y sin la verde pollera. Y al final ganó el cuatro: cuatro son los elementos y los sentidos son cuatro; cuatro con María fueron los asistentes de Dios, que son José y Nicodemo, el Centurión y San Juan, y cuatro me llevan a hoy a la rastra a la tortura y el fuego y cuatro gritos daré por mi carne maltratada.   

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