domingo, 10 de julio de 2016

Mendigando amor - Radioteatro. Sinopsis de la historia de los 30 capítulos

Sinopsis de la Radionovela en 30 capítulos de 20 min cada uno.

Personajes
1.      Relator
2.      Don José Daspenas
3.      Ana Daspenas, su hija mayor
4.      Iria Daspenas, la hija menor
5.      Miguel Castillo, el enamorado
6.      Abdul, el turco
7.      Tiburcio, el espía
8.      Santa Mariña
9.      Santa Librada
10.  Santa Quiteria
11.  Teresa, la guarda de Ana loca
12.  Marcos, el hombre que es Ana loca


Buenos Aires, 1943
La familia Daspenas vive en Buenos Aires.
José Daspenas es viudo y tiene dos hijas casaderas. Llegó a la Argentina, desde Cambados, Galicia, con su tío, en 1933, escapando de la Guerra Civil Española, con las dos niñas que acababan de perder a su madre. Ellas son Ana y Iria.

En la Argentina ha prosperado increíblemente en una década a fuerza de trabajar como un burro de carga y de su simpatía con la clientela. Ha puesto una tienda que se llama El lagarto verde. Allí comercia con especias que compra a mercaderes extranjeros y muchas que trae especialmente de España, como el azafrán, el pimentón, y otras. Tiene a sus dos hijas en la tienda, trabajando bajo el ojo vigilante de él. Es un hombre devoto, que en la trastienda tiene un altarcito dedicado a la santa patrona de su provincia, Santa Mariña de Aguas Santas (ver abajo la santa en la imagen de Zurbarán). Cuando está atribulado, don José va a la trastienda y habla a la santa largamente. Salvo excepción, santa Mariña siempre le responde: “Nosotras éramos nueve hermanas que nacimos de sopetón, en un solo parto, del vientre de mi madre. Y mi padre, por cristianas, mandó matarnos a todas. ¿Vas a mandar a matar tú también a tus hijas?”

Desde hace un tiempo, Ana Daspenas se vé a escondidas con un muchacho argentino, Miguel Castillo. El está muy enamorado de ella. Pero don José Daspenas no quiere que ella se trence en amores con un argentino muerto de hambre, como dice él. Por más que Ana hace enormes esfuerzos por seguir viendo a Miguel, siempre don José los halla –para hallarlos tiene sicarios, el dependiente, Tiburcio; o el mercader turco, Abdul, que les vende canela y clavo de olor; etc.-. Es que Ana no ha descubierto que su hermana Iria, cinco años más joven, está perdidamente enamorada de Miguel y es quien chismorrea todo a su padre. Iria juega a ser la amiga de su hermana, pero no es más que una espía. El mismo juego hace con Miguel, a quien tienta perversamente para arrojarlo en la lujuria y que se acueste con ella.
Cada vez que don José encuentra a su hija, las reprimendas que se toma con ella son tremendas. Abdul pide seriamente la mano de Ana, pero Ana se niega a casarse con un turco –por más que promete hacerse cristiano para merecer el favor de ella y de don José-. Desesperado, Abdul decide matarse de una viga de la tienda de especias, pero Iria lo detiene. Le dice que vaya a la habitación del hotel El ciervo y espere allí noticias suyas. Que no se mueva hasta que ella le lleve sus noticias; que Ana irá a verlo. Le pide al turco que escriba una carta de puño y letra, hablandole de amor y asegurándole que tomará veneno, si ella no lo admite.
Iria convence a su hermana de apiadarse del turco. Le dice que se refugió en un hotel para envenenarse esa misma noche, que él está desesperado. Ana, sintiéndose culpable de sus desaires, accede a verlo. No estará en el hotel más de cinco minutos, porque no es propio de una muchacha hacer esas cosas, pero Iria dice que la acompañará porque es un caso desesperado.
Esa tarde, van juntas al hotel. En la habitación del turco, él llora sus desvelos y pide amor a Ana. El turco está o finge estar fuera de sí, entonces, Iria hace preparar té al que ella agrega unas especias. Cuida que beba el turco y que beba Ana. Ambos caen profundamente dormidos y ella acomoda los cuerpos uno encima de otro, como si yacieran juntos.
Luego, cruza la mitad de Buenos Aires, hasta llegar a la panadería donde trabaja Miguel. Le dice que tiene una prueba espantosa de la traición de su hermana y lo lleva al hotel. Miguel concurre y comprende que Ana está en el hotel. Miguel e Iria esperan agazapados hasta que Ana sale, muy trastornada y perdida por efecto de las hierbas. Miguel está furioso. Iria pregunta a Miguel: “¿Vas a rebajarte a pedirle explicaciones?” Miguel responde: “Haré algo peor; me voy a casar con vos, gallega”.
Don José, abrumado cada vez más por las palabras de la santa, vé como Iria hace su atado y se marcha tras Miguel esa noche funesta. Vivirán en el cuarto de pensión de él, hasta que Miguel junte unos dineros para casarse. Ana está desmayada, no comprende lo que pasa. Habla de visiones que tiene.
A partir de aquí, comienza el via crucis de Iria para lograr que Miguel se case con ella. Han tenido tres meses, tres semanas y tres días de amor fogoso, pero luego el deseo de Miguel cae y ya no puede poseerla. Iria sospecha que es de nostalgia de Ana, así que decide hacerse pasar por Ana ciertas noches oscuras, para que él vuelva a amarla. Pero Miguel siempre la descubre.
Ana, por su parte, perdió la razón por efecto de las hierbas. Confunde los pedidos en la tienda y cree que es un hombre, que se llama Marcos y está locamente enamorado de Teresa, la vieja que don José contrató para tenerla cuidada. Miguel huye a ver a Ana al Lagarto Verde y Ana hace cosas de varón, como jugarle una pulseada o apostar a ver quién escupe más lejos. Miguel le dice que él mismo ha dejado de ser hombre por amor a Ana, pero ella no se reconoce como mujer y acusa a Miguel de invertido, de ser un hombre que ama a otro.
Iria también recurre a la piedad de su hermana y le pide que por favor se entregue a Miguel que no hace más de maltratarla y odiarla de todas formas. Iria, arrepentida, está dispuesta a devolverse a Miguel, si Ana, con su amor, hace que aunque sea una sola noche, él regrese a Iria. Después, ella se irá a Cambados, a buscar la casa de la familia y a prestar auxilio a España.
Miguel quedó hecho un harapo de persona y duerme todas las noches en el umbral de la tienda, muerto de frío, como un linyera.
Don José no ha dejado de pedir un día a la santa, para que ayude a Ana a volver en sí. Le levantará una ermita, una capilla en la Iglesia de Pedro Telmo, en la parroquia de Santa Lucía, donde ella guste. Santa Mariña es coqueta, le gusta la idea de tener una capilla en ese país donde no la conoce nadie. Le gustaría un altar donde se rinda culto además a sus dos más queridas hermanas: Librada y Quiteria.
Después de una discusión teológica muy ardua, santa Mariña acepta el ofrecimiento de don José y se apersona en la tienda El Lagarto Verde. Trae con ella una bandada de gallos blancos que no paran de cacarear, para que despierten a Ana Daspenas.
Ana comienza a despertar y canta. Una canción tristísima y larga.
Miguel acude al interior de la casa, cuando oye a Ana.
La santa lo eclipsa todo.
Por fin, Miguel y Ana se encuentran.
La santa cumplió su misión; Iria vuelve a España, don José encarga los ladrillos para levantar la ermita.
Los gallos cantan.
Las tres santas gallegas, alegres, se cuentan recetas de España.
Fin

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