domingo, 17 de julio de 2016

MENDIGANDO AMOR - Radioteatro Capítulo 4

Escena 1


CHICHINA
Ustedes no me conocen. No me conocen así de entrecasa, así como Chichina Llamarada, pero conocer, para sus adentros, me conocen todos. Le dije al Relator, Angelito se llama el Relator, ¡miren si hay nombres estúpidos para ponerle a los hijos!, que en el Salón Comedor están dando sopa minestrón a los empleados de la Radio. Gratis, que lo hacen de propaganda los caldos Maggi, que desde 1886 hacen la sopa de sobre sabor  'potage aux pois', que tanto gusta desde la Edad Media. Me refiero al habla y no al guiso.  El guiso de poroto, hablando en buen cristiano, es la cosa que no me gusta hacer. Maggi, fue un molinero suizo, amigo mío también. A él se le ocurrió la idea de la sopa de sobre, de la sopa en pastilla. Un genio, si se piensa que hay genios además de los bombistas como Einstein. Decía que el Relator, el Angelito éste, además del nombre estúpido, es estúpido en sí mismo. Y corrió a tomar la sopa de sobre, sabor poroto. Lo que yo quería era eso, que él se fuera, para poder presentarme. Chichina Abaddón. Josefina, enrealidad. Me llaman Chichina desde muy chica. EL fue el que empezó a decirme Chichina, porque cuando uno degrada a alguien, lo primero que hay que hacer es tratarlo con diminutivos. Si uno echa a alguien del Paraíso, para no tenerle miedo, hay que ridiculizarlo y eso es lo que…

Ruidos apresurados, puertas que se abren, pasos.

RELATOR jadeante se acerca al micrófono:



Qué hace, Chichina?

CHICHINA
Volvió, Angelito? Lo hacía sopando el pan en el minestrone… Porque pan blanco tenemos el que hace mi amiga Armida Castillo en su hermosa panadería…

RELATOR
No había minestrón…

CHICHINA
¡No diga! Cómo esá la gente: hoy promete una cosa, mañana se endeuda en otra…

RELATOR
Nunca dijeron que iba a haber la comida. Usted me dijo, Chichina, y yo fui. Pero ellos me sacaron carpiendo. Dicen que si quiero comida barata, vaya al Comedor Obrero de la Iglesia Santa Felicitas, que ahí por veinte centavos, lo que cuesta un kilo de pan, dan sopa, barra de pan y una bebida.

CHICHINA
¿Y usted cree que por veinte centavos…?

RELATOR
Y sí.

CHICHINA
¿Sabe qué? Vaya. A ustedes los hombres hay que hacerles así. Si tan empecinado está, vaya y coma en el Comedor Obrero. Al primer ataque de retortijones, viene corriendo a comerse el minestrón del Comedor de abajo. Las monjas ésas les ponen lagartijas a los potajes. Cortadas finito, se entiende. Después con el revuelto que harán en el guiso, usted no sabe si come los ojos de las lagartijas o dos garbanzos duro como la peña.

RELATOR
Este micrófono no lo puede usar nadie que no sea yo.

CHICHINA
Vos estás muy verde todavía para darme órdenes a mí. Sabés quién soy yo?

RELATOR
Otra vieja bruja, amiga de doña Armida Castillo.

CHICHINA
Qué error. Yo no soy otra “vieja bruja”. Yo soy mucho más que una “vieja bruja”. Cualquier vieja bruja me rinde cuentas a mí, antes de mover uno sólo de sus dedos.

RELATOR
Me es igual, salga de acá porque el micrófono es mi lugar y los radioescuchas están esperando que les pase las buenas nuevas de nuestra historia. Ana Das Penas siguió los pasos de…

CHICHINA
Acá no hay buenas nuevas. Acá son todas traiciones.

RELATOR
Ana siguió los pasos de Miguel Castillo. Había salido del almacén El lagarto verde, dando una excusa a su hermana: debía comprar agujas para el costurero. Las últimas agujas, habían sido melladas por el rayo, dijo a Iria. E Iria le creyó, porque las centellas siempre se metían en la casa de los Das Penas. Pero no iba a por agujas.

CHICHINA
Es lo que digo. Todas traiciones, todos caminos de las mentiras. Engañar a la hermana, carne de su carne, por un pantalón al voleo que se le presentó… Pero después la villana de la historia soy siempre yo.

RELATOR
Miguel estaba a sólo dos pasos para entrar en la Panadería, cuando Ana lo alcanzó. Iba a encontrarse con Pirilo, su amigo de toda la vida, que lo haría entrar en otro destino. Miguel Castillo iba a vivar por Perón en la Plaza el próximo 17 de octubre y con la historia argentina, la historia de Miguel, también cambiaría para siempre después de ese fatídico día.

CHICHINA
Como les gusta a ustedes decir fatídico, fatal, hado, destino, sino… Palabras que están en manos del Mayúsculo en realidad.

RELATOR
Ana, lo sujetó del brazo para que él se diera vuelta y la viera. Miguel ya tenía el puño listo para pegarle, pensando que era un ladrón que venía a quitarle sus pocos pesos. Cuando vio a Ana, se mordió su propio puño y empezó a llorar.

MIGUEL lloriqueando
Casi le hago mal.

ANA
Perdone, Miguel.

MIGUEL
Yo no me lo perdono.

ANA
No llore.

MIGUEL
Mire si la hubiera herido.

ANA
No me pasó nada. Fui yo la que lo asusté. Perdóneme usted a mí.

MIGUEL
No, no me asustó.

ANA
Sí, mírese. Si está blanco como el papel.

MIGUEL
A mí no me asusta nada. Un día como me portaba mal, la mama me dijo:

ARMIDA
Ojo, Miguel, que ahí viene el Hombre de la Bolsa.

MIGUEL
Era un viejo barbudo cualquiera, no era el Hombre de la Bolsa. Usaba un bastón que era la rama de un árbol cochambroso.

CHICHINA
Yo siempre le dije a Armida: Este chico te salió medio estúpido.

MIGUEL
Y yo no sentí nada de miedo. Al otro día, cuando lo vi pasar, le hice una zancadilla y el viejo quedó tirado en la vereda. Tuvo que venir la Asistencia Pública para juntar los pedazos. La mama estaba roja de la bronca y me dijo:

RISOTADAS DE CHICHINA

ARMIDA furiosa
Mirá lo que le hiciste a San Pedro. El día que te mueras no te abrirá las puertas del cielo.

MIGUEL
Ahí me dio miedo. Y empecé el catecismo, aunque la mama no quería porque era muy chico.

ANA
Miguel, yo vine a besarte.

MIGUEL
¿Cómo dice?

ANA
Quiero besarte.

MIGUEL
Ana…

ANA
Si después del beso me decís que me escape con vos, me escapo. Nos vamos adonde sea, adonde nadie nos conozca y vivimos como marido y mujer. Pero si mi beso te sabe a hiel, te sabe a fruta rancia, yo me alejaré de ti para siempre.

MIGUEL
Cómo va a tener gusto a miel?

ANA atribulada
No sé…

MIGUEL
Seguro tu beso será pan de leche. La factura más rica que hay…

ANA
Miguel…

RELATOR
Entonces, Ana y Miguel se besaron en plena calle Tacuarí y a dos pasos de la panadería. Miguel sintió un escalofrío que le recorría el cuerpo y supo que se había enamorado perdidamente de Ana. Que el amor es un rayo y ese rayo lo había atravesado por el medio. Que nunca antes había sentido tal cosa por una fémina, ni aquello que le pasó con la Ratoncita en cuarto grado, ni con la Pirucha, cuando recién se ponía los largos y andaban a cada rato en el zaguán, como perros en celo.

ANA
¿Quién es la Pirucha? Tengo entendido que yo soy su primera mujer.

IRIA
¿Qué Pirucha?

RELATOR
Cuando Ana y Miguel se besaron y sellaron a través de ese beso húmedo, pero sin lengua, la dicha de su amor, Doña Armida sintió una puntada en el corazón, en ese instante. No pensó que era algo malo, pensó en su corazón. Y balbuceó:

ARMIDA
La coramina. ¿Dónde está la coramina?

RELATOR
Porque doña Armida era cardíaca y aunque le habían dicho que debía colocarse un marcapaso, ella no quería hacerlo.

ARMIDA
Nunca tocará un bisturí mi cuerpo.

RELATOR
Iria Das Penas sintió también ella que el corazón se le encogía como una nuez moscada, de esas que ellos vendían y que estaban amuchadas en el frasco de la segunda estantería, justo arriba del de aceitunas…

IRIA
Debajo de las aceitunas y junto al Pimentón dulce.

RELATOR
Es lo mismo. Hoy les ha dado a todos, la manía de corregirme.

CHICHINA
Es que a las cosas hay que hacerlas bien chiquilín. Y ya que estamos, pregunto: Vos estás diplomado para hablar en la radio?

RELATOR
Voy a hacer de cuenta que no los oigo. Miguel temblaba y a Ana se le saltaban las lágrimas.

ANA
Huyamos juntos, Miguel

MIGUEL
No, Ana. Yo quiero la bendición de tu padre. No soy un salteador de caminos que vaya a robarse una mujer. Soy una persona decente.

ANA
Mi padre no aceptará jamás.

MIGUEL
Tendrá que hacerlo.

ANA
Oh, no! No necesitamos el permiso de la sociedad para querernos.

MIGUEL
No voy a vivir ayuntado con una hembra, como los animales.

ANA
Los animales son sabios.

MIGUEL
Voy a conseguir el permiso de tu padre. Y haremos un gran casamiento. Vendrán mis parientes de Chivilcoy, lo del Puerto Deseado… Los tuyos de Galicia, los invitamos a todos. Hasta le pagamos el boleto en barco. Para que vengan a comer y chupar en nuestra boda. Nada de sidra, todos vinos criollos. El mistela de San Juan, el moscato de Mendoza… Ya veo los titulares en el diario: “HOY CASAMIENTO DEL SEÑOR MIGUEL CASTILLO, PANADERO, CON LA SEÑORITA ANA…

ANA interrumpe
¿Hay necesidad de tanto artificio, Miguel? Vámonos juntos nada más.

MIGUEL
¿Artificio? Artificio desposar a la amada en el altar?

CHICHINA
Ahí tiene. Y después se dicen puras. Y cuando caen en pecado, en medio de las palizas que le dará el padre cuando se entere, gemirán:

ANA e IRIA
¡Fue el diablo el que metió la cola!

CHICHINA
Y ya vé, que yo estoy acá sentadita, quieta, sin hacer nada.

MIGUEL
¿Acaso tienes ideas modernas? ¿Eres anarquista, Ana?

ANA
¿Qué?

MIGUEL
Bombista. ¿Eres bombista?

ANA
Te deseo, Miguel.

CHICHINA irónica
La casta Ana Das Penas

MIGUEL
¿Cómo?

ANA
Quiero estar con vos. (Atribulada). Ya no como, no duermo, casi que ni respiro pensando en vos. Necesito tu cuerpo, tus besos…

MIGUEL
Parecés la Marlene Dietrich en El expreso de Shangai hablando así.

ANA
Cuando logro dormir, en la alta noche, sueño con vos, Miguel. Sueño con tus abrazos…

MIGUEL
Y yo de casarme quiero casarme con la Greta Garbo en La Reina Cristina. A la cinta esa la fuimos a ver con la mama al Nilo, y en el vermouth cantaba el jilguero criollo. La Libertad Lamarque. La mama lloraba, pobrecita, decía: “La historia de la Reina Cristina es igual a mi historia…” ¿Vos vas al Cine-Teatro Nilo? Un día podemos ir juntos, cuando estemos noviando. Por ahí vos preferís el Bristol que es más finolis. Podemos ir al Bristol también. La mama y yo preferimos el Nilo porque en la fachada está el Dios de los Ríos, Dios Padre… A la mama le da una ternura esa pintura, no sé por qué. Una vez le conté al boletero cómo la mama mira al Dios Padre de la pintura y me dice: “Che, tu vieja no habrá tenido un asuntito con don Antonio Semenzato?” Semenzato es el decorador, el pintor del teatro…

ANA bosteza notoriamente.

MIGUEL
Está bien, está bien. Dame otro beso.

Se besan.
Hay campanadas.

ANA
Oigo tantas campanas, que parece que haya un Papa nuevo.

MIGUEL
Yo no las oigo…

ANA
No importa.

MIGUEL
Qué voy a hacer con vos, Ana?

ANA
Qué vamos a hacer, Miguel?

RELATOR
Ana y Miguel pasaron toda la tarde bajo el gomero de la Plaza San Martín. Se hacían arrumacos, pero también hacían cuentas. Cuánto les costaría un pisito, un bulincito, una pieza en un conventillo. Cuánto cuesta la cama hoy día y cuál carpintero se las haría. Con qué madera, qué árboles derribaría. Y la mesa? Si no hay mesa y sillas, no es un hogar. Es un cotorro, un cotorrito.

CHICHINA
Cuántos recuerdos lindos, los cotorros…

RELATOR
Le pido por favor, no me interrumpa, porque esta escena no acaba más.

CHICHINA
Papel azul en las paredes, un biombo japonés…

RELATOR
Cuando Ana y Miguel se despidieron, era el atardecer. Los dos estaban llenos de fuerzas y de valentía para luchar por su amor. Se despidieron con un beso largo y Ana corrió tan rápido como podía, de regreso a su casa. Nadie notó su ausencia porque había habido mucho trabajo y a la hora de la siesta, en el descanso, Iria se puso a contestar cartas de los presos de la cárcel de Ushuaia. Ella tenía un hobby, una afición escondida, un vicio: le gustaba escribir cartas.

IRIA
“Querido Maimónides: Espero que se encuentre usted bien y haya mejorado el dolor de espalda. El de picapedrero es un oficio muy duro…”

RELATOR
Iria sólo sospechó que su hermana andaba en cosas raras, cuando a la noche preguntó:

IRIA
Trajiste las agujas?

ANA
No… Estaba cerrada la mercería.

IRIA
¿Cerrada? ¿Por qué? ¿Se murió la dueña?

ANA
No… Hoy fiesta judía y los judíos cierran.

IRIA
Si se llama Candelaria Gómez la dueña.

ANA
Se cambió el nombre.

IRIA
Qué gente, Dios mío.

ANA
Y sí. Rebecca Abramovich.

IRIA
Encima que tiene ese nombre ¡festeja!

ANA
Son así, ¿qué les vas a hacer?

IRIA
Un día de estos entro a la Mercería y le digo a la vieja: “¿Cómo le va, doña Rebecca?” A ver qué hace.

ANA
¿Para qué? No molestés, Iria.

RELATOR
Así Iria supo que lo de la mercera judía, era un cuento.


Escena 2 y final

DIOS EN LO ALTO
De la Chichina guardo gratos recuerdos. (Risueño) Siempre andaba revoloteando por acá. Muy servicial, esa clase de gente que le dedica todo a su trabajo, que es CELOSA de su trabajo. Yo apreciaba mucho esa virtud en ella. Además, era preciosa. Por aquel entonces se veía muy diferente, porque ahora se dejó estar. Alguna que otra vez, le mandé a decir con los muchachos: “Estás haciendo cosas de Madama de burdel; te estás viniendo propio una Madama de burdel”. Engordan, se ponen soberbias, maltratan a la gente. Eso no está bien y si me permiten una ironía, para eso estoy yo. Pasa que acá me tienen el azúcar muy controlada. Acá arriba mucha dulzura pero si te pasás, te viene un glaucoma como a cualquier hijo de vecino. Y con el azúcar tan controlada no me agarran más los ataques de cólera divina. La cuestión que digo, con todo respeto, es que en el fondo la Chichina es una tilinga. Y de pronto un día me viene con quiere estar en el trono, a mi lado.
¡Eso no se puede!
Le explico, pero no entiende.
Ya vio usted cómo son de posesivas las mujeres. Ella cree que hay otra, que la Virgen María, que Eva, ¡hasta supone que tengo un entrevero con Santa Catalina de Siena!
Dios es solo, le digo. Con claridad se lo digo.
Dios es un malevo de arrabal.
No la entiende, no la entiende: es desquiciante.
Ella, dice ella, se merece la mitad del Mercadito.
Ahí me ofendí. Porque esto es el Paraíso Celestial, no es ningún mercadito, Acá no comercia con repollos y zanagorias, ni con pollos emplumados. Le pido que se vaya a los suburbios y que atienda ahí. Ella quiere su propio negocio, bueno, que vaya abajo y tenga su propio negocio.
Peor que peor. Apenas me oyó se me echó a los pies gritando:
“¡Dejáme ser tu perro, pisáme, pisáme, pero no me saques de tu lado!”
Ahí no supe que hacer.
A mí me pierden las morochas.
Me hago el duro, consulto con san Pedro, consulto con el patriarca Abraham. Abraham es más viejo. Tuvo lo suyo con Sara, con la amante que después le hizo un hijo musulmán. Acá no se salva nadie y ellas, la que no corre, vuela. Lo piensa y lo piensa y me dice: “Largála a la vía y que se aguante; pero el Infierno dáselo en usufructo, no escriturés a nombre de ella.”.
Abraham es un tipo que las tiene claras.
Le pido consejo a Pedro; él las pasó fuleras con la esposa, no sé si acuerdan, ella no quería que Pedro predicara… No por mala, ya se sabe cómo son las mujeres, le decía que él no estaba nunca en casa, que los chicos no tienen un padre, que estaba hecho un grapín igual que San Pablo… Pedro ni lo pensó, me dijo: “Metéle una biaba y que se calle por trescientos años”. 
Pedro a veces se pasa.
Yo no puedo levantarle la mano, che. O rajarla asi porque sí.
¡Es una mujer sola y la he querido!
Ella igual, un día, arreó los bultos y se fue.
Nunca me dijo por qué.
Y yo no se lo he preguntado.
Sospecho que por traición que me haya hecho alguna morocha, buchoneando…
Nos debemos una charla con Chichina, una de estas tardes.

Fin del Capítulo 4

PERSONAJES DEL CAP 4

Chichina
Relator
Armida Castillo
Ana
Miguel
Iria

DIOS

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