Sylvia con Y griega. Guión de cortometraje de ficción



Secuencia 1
Ext. Día. Frente a la lápida de Luis Teodoro Dahl.
Sylvia, una mujer de edad madura, vestida con un gamulán negro, se alisa la ropa.
Un poco más allá, está Mauricio, un hombre de riguroso luto y gesto adusto, llora discretas lágrimas de pena por su difunta, que enjuaga en un pañuelo blanco, impecable, que lleva en el bolsillo del saco. Con un mohín apenas imperceptible, Sylvia
clava en el viudo sus ojos ávidos de rata.

Secuencia 2
Ext. Día. Frente a una lápida en el cementerio que lleva el nombre de Luis Teodoro Dahl.
Sylvia está inclinada sobre la tumba, removiendo las piedras.
A cierta distancia, está Mauricio frente a la tumba de su esposa.
Pasa el Sepulturero con una carretilla. Es un muchacho de veintipico de años, la mira conmovido. No es un muchacho del todo normal, es una especie de fronterizo al que la comunidad le dio ese trabajo.

Sylvia muy emocionada, habla a los gritos: Me gustaría plantarle rosas alrededor. Mi marido, el pobrecito, era fanático de las rosas. Las cultivaba, la rosa azul, quería lograr. Un soñador, eso era él. Decía que si injertaba a una Blue Moon una petunia… La Blue Moon es una rosa color lila, una rosa de té, que la creó otro alemán como él, Uetersen… ¡Mi pobrecito soñaba con esas rosas! Pero no tengo dinero, no… Yo quedé en el desamparo cuando murió él, la enfermedad se llevó todo…

El sepulturero asiente, conmovido.
Sigue andando.

Secuencia 3
Ext. Día. A la semana siguiente. Frente a la lápida de Mercedes Carey.
La tumba de Mercedes tiene unos plantines con crisantemos.
Sylvia se acerca lentamente, pone una mano sobre el hombro de Mauricio.

SYLVIA: Hace dos años que lloro y es una pena que no se termina nunca.

Mauricio la mira, conmovido.

SYLVIA: Cáncer de páncreas. No nos dio tiempo a nada, ni un mes. Hay gente que logra despedirse, decir adiós, hacerse a una idea de cómo será después. Nadie se imagina que el después es tan amargo. Yo, para colmo…

Sylvia se interrumpe, atravesada por un sollozo.

SYLVIA: Nunca me animé a decirle que estaba tan mal. Que… que se iba. Tengo un peso en el corazón, toda esa culpa… Usted… ¿a usted…?
MAURICIO: Mercedes no se cuidaba. Le gustaba comer, le gustaba darse los gustos en vida. ¡Le gustaba vivir! Le dijeron que la podían transplantar, pero no quiso. No quiso.

Los dos se quedan en silencio.

MAURICIO: Yo también tengo mis culpas.
SYLVIA: ¿Sabía que estaba enferma, que… que se iba a ir?
MAURICIO: Estaba muy enojado con ella, ella podía vivir si hubiera puesto… Fue un suicidio no querer trasplantarse. Pero después pensé… Pienso, ahora, que ella tenía razón.
SYLVIA resignada: Y nos dejaron solos.

Mauricio asiente, un tiempo de silencio.

SYLVIA: Sylvia, con Y griega. Un capricho de mi mamá, por la ascendencia suiza. Sylvia Lux.

Sylvia le tiende la mano, que él estrecha.

MAURICIO: Mauricio Arismendi.
SYLVIA: ¿Sabe? Acá afuera venden flores que seguro alegrarán un poco. ¿No cree que los crisantemos son tristes?

Secuencia 4
Ext. Día. Mismo día, poco después. Saliendo del Cementerio.
Sylvia enlazó su brazo al de Mauricio y están saliendo del cementerio. Los vemos de espaldas.

SYLVIA: Luis Teodoro era fanático de las rosas. Adoraba las rosas. Desde que él se fue, yo no puedo ver una sola flor sin que se me estruje el alma. Y eso que no hay nada más hermoso que el perfume de una rosa, ¿no cree?

Secuencia 5
Int. Día. Interior de una florería del centro. Han pasado varios días.
Sylvia (con el luto aliviado) señala unas flores, gladiolos. Mauricio asiente para que le hagan un ramo. Mauricio va hacia unas rosas de té, corta una y se la pone a ella en la pechera del vestido. Sylvia, sonríe, agradecida.
Siguen mirando flores, Sylvia toma de la mano a Mauricio y se queda así.

Secuencia 6
Int. Día. Living de la casa de Mauricio.
Sylvia y Mauricio están sentados en el sofá viendo una película en el TV plasma de él. Sobre la mesa hay sandwichitos, dos vasos altos de chop. Sylvia apoya su cabeza en el hombro de Mauricio y él le acaricia la pierna.

Secuencia 7
Ext. Día. Tumba de Mercedes Carey.
Sylvia y Mauricio, uno al lado del otro están frente a la tumba de Mercedes. El se inclina sobre el mármol y lo acaricia levemente. Sylvia se hace la señal de la cruz cuando él se incorpora, ella le sonríe.
Momentos después, él la toma del brazo y salen del cementerio.

Secuencia 8
Int. Día. Cocina de la casa de Mauricio. Sol radiante de la mañana entra por una ventana.
Sylvia ya está instalada ahí, vestida de entrecasa, con un delantal de cocina. El está sentado a la mesa. Sylvia, de pie, ante la cocina, prepara algo de comer.

SYLVIA: ¿Café solo?
MAURICIO: Hacémelo bien negro, pimpollo. Nos quedamos hasta muy tarde anoche.
SYLVIA sin volverse a mirarlo: Pero te gustó.
MAURICIO: …
SYLVIA pícara: Quedarte hasta tarde … ¿Dónde están…?
MAURICIO: En el cajón. Están mezcladas con las de plata, porque Carmen me dijo que las iba a abrillantar. Y viste cómo son. Desde que no está la patrona, ella no quiere volver.

Sylvia abre un cajón, busca dos cucharitas. Encuentra las de plata.
Las cucharitas de plata son bellas, brillantes. Deslumbran a Sylvia.
Sylvia no resiste la tentación, toma un puñadito de cucharitas y se las mete en el bolsillo del delantal.
SYLVIA: Vas a ver qué rico este cafecito. Levanta a un muerto.

Secuencia 9
Int. Día. Mesa de Restaurant
Se los ve de la mano, juntos, almorzando en un restaurant. Pasa un chico con flores y el le compra a ellas unas rosas.

MAURICIO: Hace mucho que no me reía así, pimpollo.
SYLVIA: Las mujeres somos así.
MAURICIO: No, vos sos así. Toma, agarralas, son para vos. Suaves como vos, rosas como tus mejillas cuando la noche se nos alarga.
SYLVIA: Ay, Mauricio, no seas así. Me sonrojas.
MAURICIO: ¡Qué cosa más linda! No sabes cuánto sufrí cuando se fue Mercedes. El día del entierro de Mercedes te vi llorando a tu muerto y me sorprendió tu calma, tu presencia ahí.
SYLVIA: No somos solo amantes de un día. No es hasta que la muerte nos separe.
MAURICIO: Mercedes siempre me decía lo contrario. Pero, bueno, a ella se la llevo el de arriba, y ahora te tengo a vos.
SYLVIA: Hablemos de otra cosa, me dá mucho pudor.
MAURICIO: Le sonríe.
SYLVIA: ¿Cuando viene Carmen? Hemos dejado la casa hecha un desastre.
MAURICIO: Vino el otro día, cuando no estabas y me dijo que estaba molesta porque las cosas ya no estaban en el mismo lugar. Bueno, es lógico, ¿no? Mercedes ya no está.
SYLVIA: Claro, claro. No lo puede entender, pero ella debería, hace tantos años que trabaja a tu lado. ¡Qué mujer más desagradecida! No sé porque me tiene tanto odio.

Suena el celular de ella y se levanta de la mesa para atender. Se aleja un poco y susurra.

SYLVIA: Hola, sí, dígame. Entiendo. Hoy llevo algunas cosas. Sí, sí, quédese tranquilo. Todo es de primera. No, nada, nada. Estoy con tos. ¿A cuánto lo toma? Perfecto, perfecto.
MAURICIO: ¿Todo bien?
SYLVIA: Todo perfecto. Lo dice sonriendo falsamente.

Secuencia 10
Int. Día. Casa de empeños
Se la ve a Sylvia entrar por la puerta. La acompaña el chofer de un taxi con cajas en la mano. Ella le paga ahí mismo y le agradece el viaje. Ella trae una bolsa de tela.

JORGE, DUEÑO DEL LUGAR: Esta vez te tardaste. Hace mucho que no te veo por acá. ¿Le vendés a otro? ¿Te fuiste permanente? ¿Te enamoraste en serio? Capaz que te casaste.
SYLVIA: Acá esta lo más valiosos que pude traer. ¿Cuánto me dan por esto?
JORGE: Mmm, no sé.
Jorge revisa los objetos y pone cara de duda. Aparecen las cucharas.
SYLVIA: Sabes que son buenos. ¿Cuánto?
JORGE: 10 mil pesos. Tenes un collar de oro, unos gemelos de oro, una cucharas de plata y ese tapado. Pero mira, hay que sacarle el bordado. Le sacás el bordado y capaz cortás la piel. Y los gemelos tienen las iniciales del dueño, hay que borrarlas. Eso cuesta. No, no puedo darte más. 10 y es demasiado.
SYLVIA: ¿Por todo esto? ¿Solo 10 mil?
JORGE: Ni un peso más.
SYLVIA: Bueno, bueno. Ya, dámelos, cash. Y no vuelvo a aparecer por un tiempo.
Se ve como pone un billete tras otro en el mostrador. Ella se los guarda.
JORGE: ¿Cuánto es un tiempo para vos?

Secuencia 11
Exterior. Cementerio.
Ella entra, simulando el duelo por su muerto. Y con su cartera bien agarrada. En la puerta, saluda al sepulturero.
SEPULTURERO: Tengo una sorpresa para usted. Ya verá que lindo será todo.
SYLVIA: Ah, ah. Hola, buen día, Toto. Gracias.
SEPULTURERO: Se lo merece, lady madame. Hasta luego.
Ella hace un gesto de despedida con la cabeza y se dirige a la tumba de Dahl, su marido muerto. Se la ve sacando una caja que está entre la lápida y la tumba, tapada siempre por flores secas con piedras. Chequea que no haya nadie alrededor y guarda el dinero.

Secuencia 12
Interior. Noche del mismo día. Casa.
MAURICIO:  Pimpollo, pimpollo, ¿dónde estabas?
Se la ve a Sylvia entrando con su cartera, con cara de víctima, como triste. Él se está cambiando en la habitación. Tiene un traje y busca unos gemelos para las mangas de su camisa.
SYLVIA: Fui al cementerio. La tumba de Luis está cada vez más descuidada. Le deje flores a Mercedes también. Las que vimos juntos, esas tan lindas…
MAURICIO: Para qué fuiste, si quedamos en ir juntos el domingo? ¿Qué pasó pimpollo?
SYLVIA: Nada, nada. Podemos volver el domingo. Necesitaba pasar, hablarle a Luis Teodoro, ver cómo estaba todo.
MAURICIO: ¿La tumba? Sí sabes que ellos nos escuchan siempre. Además, con los que nos cobran para mantaner la parcela en ese cementerio, las tumbas deberían estar impecables. ¿No viste mis gemelos de oro? Me los regaló mi papá cuando cumplí los 20 años. Dicen además, MA, mis iniciales. Yo siempre los guardo acá.
SYLVIA: No, no los ví. ¿Adónde vamos?
MAURICIO: Ah, ah. Voy. Voy a una cena de beneficencia con dos amigos, Roberto y Germán. Quedate tranquila. Podes salvarte de este evento hoy. Sé que no te gustan mucho así que vamos nosotros solos, sin nuestras esposas. ¿Por qué no te fijás en el cofrecito aquel si no estarán los gemelos?
SYLVIA se fija: No, Mauricio, no están.
MAURICIO: ¿Pero como sabes qué no los viste si nunca te los mostré?
SYLVIA: No voy a saber cómo son unos gemelos?
MAURICIO: Permiso, dejame abrir tu cajón a ver si Carmen no los puso ahí.
SYLVIA: ¿Desconfías de mí? Revisa Mauricio, revisa.
MAURICIO: No desconfío de vos. Simplemente ya no sé donde están las cosas. El otro día Carmen no pudo encontrar las cucharas de plata, ahora yo no encuentro mis gemelos. Carmen me dice que están pasando cosas raras y no entiendo que quiere decirme. Pero ella me conoce desde que nací. Ha sido mi nana cuando nací, y después, cuando mi papá hizo más plata la ascendimos a ama de llaves. Ella no va robar nada. Cuando teníamos con Mechita dos mucamas más, Carmen las tenía zumbando.
SYLVIA disgustada: No sé que querés decir Mauricio pero no vi nada. Y si queres revisar, revisa todo. Hoy es mi aniversario con Luis Teodoro, mi aniversario de casada. Estoy muy mal. La angustia…
MAURICIO: Ay Sylvia, perdóname. Estoy llegando tarde y Carmen me puso nervioso con sus comentarios. Además, no encuentro cosas valiosas y no sé donde están.
SYLVIA: Yo tampoco sé. No es mi casa, no puedo saber dónde estaban tus cosas y las de ella.
MAURICIO: Ya sé donde pueden estar, en el armario de Mercedes.
SYLVIA lo mira mientras él se dirige hacia el armario. Mauricio abre el armario y lo encuentra vacío.
MAURICIO: ¡Mi Dios! ¿¡Qué paso acá!?
SYLVIA.  Se queda muda
MAURICIO: Sylvia, ¡por Dios! ¿Qué pasó? Esta fuiste vos. Fa..fa...falta toda la ropa de mi Merceditas... Sylvia...Sylvia...¡No! (Lo dice sollozando)
SYLVIA: Mauricio, tranquilizate, solo la regale para que no te atormentaran los recuerdos. Hice lo mismo que con la de Luis Teodoro.
MAURICIO: Pero, ¿por qué? ¿Quién te dió permiso para hacer eso? (Lo dice gritando). ¿Quién? ¿Cómo vas a regalar la ropa de mi mujer? Sylvia te pasaste. Esto no lo voy a tolerar.
SYLVIA: Vamos, no es tan grave. Es por tu bien.
MAURICIO: Muy enojado. ¿Dónde están mis gemelos? ¿Dónde están las cucharas de plata? ¿Y el collar de oro de Mercedes?
SYLVIA: Yo solo toqué su ropa.
MAURICIO: Deja de mentirme. El aniversario de Luis Teodoro fue hace un mes. Mis cosas y las de Mecha son sagradas. Sylvia decime dónde está todo. Así no quiero seguir.
SYLVIA: Mauricio, estás loco. No hice nada.
MAURICIO: Se sienta en la cama, hunde la cabeza entre las manos y llora desconsoladamente: La gente me dice que no te conozco, que estoy loco. Que como metí una mujer tan pronto en mi casa. Germán, me dijo. Roberto, me dijo. Creo que es mejor que te vayas.
SYLVIA: Estás loco, ¿querés que me vaya? Nosotros nos queremos. Vos sos mi otra parte, la parte que me completa y con vos encontré el amor. Entendés: CON VOS. ¿Cómo podes pensar que, yo Sylvia con ka, te estoy robando? ¿No te das cuenta quién soy, Mauricio? Estás mal de la cabeza. No hice nada. Soy yo, tu pimpollo. Se lo dice rogando. ¡No! ¡Te vas a arrepentir!
MAURICIO: ¡Decime dónde está todo, Sylvia y hacemos de cuenta que esto no pasó!
SYLVIA: No sé de qué hablas, no sé que te pasa. Enloqueciste, Mauricio, enloqueciste. El dolor hace esto en las personas. Dejáme que te abrace.
MAURICIO se aparta: No me toques.
SYLVIA: Dejáme abrazarte.
Sylvia se acerca y prácticamente lo fuerza a abrazarla. El permanece quieto, ella lo acaricia.
SYLVIA: Ves? Ves? Estás alterado y la ropa de Mecha te sigue perturbando. Ella no está, Luis Teodoro tampoco. Tenemos que aceptarlo.
Mauricio llora.
SYLVIA: Mañana, si vos querés yo me voy y te dejo tranquilo. A lo mejor nos apresuramos y vos tenés razón, yo tengo que irme.
MAURICIO dolido, llorando aun: No te quise hacer mal, Sylvia.

Secuencia 13
Interior. Noche del mismo día. Casa.
Mauricio está recostado en la cama, vestido. Sylvia, envuelta en una bata y con un turbante de toalla en el pelo, le alcanza un té que le deja en la mesita de luz. El la mira, culpable. Ella abre un pastillero que está en su mesita de luz. El pastillero tiene una sola pastilla que ella le ofrece a Mauricio.
SYLVIA: Te va a sacar el dolor de cabeza.
Mauricio toma la pastilla.
MAURICIO: ¿Es aspirina? Mirá que tengo acidez.
SYLVIA: No es aspirina, confiá en mí.
Ella le quita los zapatos con extremo cuidado. El la mira, servil y cariñosa. Ella se para delante de él (de espaldas a la cámara), se abre la bata. El la mira, ella se suelta el turbante. El, conmocionado por el deseo, se levanta y la besa apasionadamente. Ella deja caer la bata.

Secuencia 14
Int. Noche del mismo día. Madrugada. Dormitorio
En la cama, duermen abrazados. Ella encima de él ha fingido dormir. Se zafa despacio del abrazo de Mauricio. Se levanta, se viste. Una pollera negra, una blusa oscura. Se ata el pelo con un nudo o se pone una hebilla con cierta rapidez. Sus zapatos están debajo de la cama, los toma y los lleva a otra habitación. Vuelve descalza, saca una llavecita del llavero que Mauricio tiene a su lado, abre el placard, abre un secreter con la llavecita, saca la plata. Hace todo con extremo cuidado, vigilando que Mauricio no despierte. Mete la plata en una bolsa de nylon del supermercado. Cuida cerrar el secreter, el placard. Sale del dormitorio, se calza.

Secuencia 15
Int. Noche del mismo día. Madrugada. Cocina
Sylvia escribe una nota. Cada tanto se detiene, chupa o mordisquea la birome, vuelve a escribir. Disfruta de esta escritura.

Secuencia 16
In. Noche. Dormitorio
Sigilosa, Sylvia, vuelve a entrar al dormitorio. Duda frente al pastillero pero al final se lo lleva. Debajo del despertador que está en la mesa de luz. Sylvia deja la nota. Tapa con cariño a Mauricio y le da un beso enla frente, sale. Oímos el cric crac de la cerradura de la puerta de calle.

Secuencia 14
Int. Día, dormitorio de Mauricio. Mañana siguiente-
Mauricio despierta, dolorido, abrumado. Palpa a su lado y Sylvia no está. Mira el despertador, son las once de la mañana. Se preocupa.
MAURICIO: Pimpollo, pimpollo.
Silencio.
MAURICIO: ¡Sylvia, estás ahí?!
Mauricio se incorpora violentamente.
MAURICIO: ¡Puta madre esta Sylvia con Y griega!!!!
Al sentarse en la cama, ve la nota de Sylvia. La lee rápido. La deja en la mesa de luz. Sale de la habitación. Gruñe, grita de rabia. “¿Por qué? ¿Por qué?”

Secuencia 15
Int. Dia. La nota
Con una letra apurada, infantil, en tinta azul de birome:
“Querido mío, mi amor: Creo que lo mejor es que estemos separados un tiempo. Encontrarte fue el mejor regalo que me dio la vida. Pero nuestros pesares se interponen entre nosotros y temo que nos hagamos daño. Te pido por favor que no me busques. Volveré pronto. Te amo con todo lo que soy. Tuya siempre, Sylvia, tu pimpollo”.


Secuencia 16
Int. Dia. Es un café situado en la esquina del cementerio.
Toto, el sepulturero, golpea la ventana del café y le hace señas con la mano. Verónica levanta la vista al quinto golpe, cuando ya muchos se habían dado vuelta. Toto le grita, “Señora, señora, la vió?? Venga a mirar la tumba”. Verónikca levanta la mano. Toto se va.
Mientras tanto, se la ve a ella cortando un papel blanco y haciendo el dibujo en el aire de cómo escribirá lo que escribirá y si ese papel le alcanzará. Suena su celular.
SYLVIA: Hola, sí, sí. Soy yo, Sylvia. Escucháme, escucháme. Necesito que lo que te dí el otro día lo mantengas a la venta en forma privada. Que la manejes con los clientes de siempre, entendiste Jorge? No la exhibas que se puede quemar.
Sylvia corta el celular y escribe el papel con lapicera azul, la misma de la carta, pero marcando bien y haciendo bien grueso el trazo, las iniciales MA. Se la ve hacer una cuenta con los dedos y susurrar:  Alberto, AI, Pablo, PV, Marió,MZ,  José, JL, Pedro, PQ y Mauricio, EME A, EME A. Lo mira fijamente y dice;
SYLVIA: Este es el final, uno más y es el final. ¡Dios protégeme de tus desgracias y dejáme terminar mi trabajo!
Se ve el cartel claro que dice MA. Con este cartel envuelve un fajo de dinero que saca  por debajo de la mesa. Una vez que está bien atado, lo guarda en su cartera.
SYLVIA, feliz: Ellos quieren amor, yo les doy amor. Ellos quieren compasión, yo les doy compasión. Quieren comidita casera? Me pongo el delantalcito y manos a la obra. Quieren lujuria a la noche? Hago lo que puedo. Acá estamos de igual a igual; intercambiamos servicios. Y si queda alguna deuda chica, como dice el tango…

Secuencia 17
Ext. Cementerio. Sylvia entra al cementerio.
Sylvia se dirige a la tumba de Luis Teodoro. Ve que Luis Teodoro está regando con impetú unas rosas que ha plantado hace unos días, ya están bastante crecidas. A Toto se le enredó la manguera y la zona llena de tierra está inundada. Toto corre a cerrar la manguera. Ella está pálida, se la ve muy enojada y aguantando la furia. Grita:
SYLVIA; ¡La tumba de Luis Teodoro! ¡Mi Dios qué hiciste!!!!! ¡Ay Padre Nuestro, la tumba de mi querido Luis Teodoro!
TOTO: Pero la tierra chupa el agua, señora. Quedése tranquila, va la inundación para abajo y no toca al difuntito.
Se la escucha llorar y gritar desesperadamente. Lo echa a Toto con la mano o los gritos:
SYLVIA: ¡Andate! Salí de acá, salí de acá. ¡Pavo! ¡Mirá lo que hiciste!
Hay un enorme silencio. Ella espera a qué todo se calme pero ansiosa, no toma muchas precauciones y empieza a levantar las piedras que hay entre la tumba y la lápida, dónde ella guarda la caja de madera.Arranca las rosas y las tira a un costado. Logra sacar la caja. Está deshecha. Chorrea agua.

Secuencia 18
Ext. Cementerio. La caja.
Primer plano del interior de la caja con varios fajos de plata muy mojada en los qué logran verse las iniciales de otras personas, las mencionadas anteriormente: AI, PV, MZ, JL,PQ.
Ella comienza a llorar y saca la plata como shockeada y sigue rescatando cosas. Se ve un viejo DNI en el que se nota que es su cara y tiene su verdadero nombre: Magdalena Expósito. Nacionalidad: Argentina. Se ve una estampita de SANTO JERONIMO EMILIANI, PATRONO DE LOS NIÑOS HUERFANOS  y una foto muy vieja en la que se nota que está ella en un internado. Se lee en un cartel en que la cámara hace un primerísimo primer plano: Hogar de niños Expósitos de la Casa Cuna. Y saca una cadenita con una cruz oxidada o de plata.
Oímos en off los sollozos cascados de desesperación de Sylvia.
SYLVIA: Pobre de mí, Sylvia con Y griega.

Fin del corto Sylvia con Y griega.

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