Perdida en la Isla de Naxos. Soliloquio lacrimoso. P.S

Los tálamos, con la añoranza de los hombres, se llenan de lágrimas.
Esquilo

Por una lágrima tuya, qué alegría,
me dejaría matar.
Fado Amalia Rodrigues.



Ariadna, abandonada en Naxos
Habla con voz ronca para siempre, de tanto gritar.
Por momentos, nomás le queda un hilo de voz. Debe carraspear para recuperarla.
Desgreñada, juntado bichos del suelo que examina de cerca.
A veces, se lleva alguno a la boca y lo mastica.
A veces, una vez que se lo llevó a la boca, lo escupe.


I.
Habla Ariadna
Recoge un bicho del suelo.
A vos te como, a vos no te como nada.

Desprecia un bicho.

No todos los bichos se pueden comer: las hormigas gordas se pueden comer.
Los saltamontes se pueden comer.

Me comería, me comería…
En mi casa jugábamos a eso.
Me comería, me comería y nombrabas un manjar que empiece con A.
Y después uno con B y así todo el alfabeto. Me comería, me comería.
Allá.
Pero acá…
Me comería, me comería un alacrán.
Me comería, me comería un bichito de luz.

Recoge un bicho y lo suelta

Este grillo no me lo como.
Porque los grillos cantan.
Hablan solos, como yo hablo.
Te hablo porque no te tengo.
Cri cri cri, cri cri cri cri.
Es un dios viejito. ¡Está tan cansado de ser viejito, que quiere venirse de carne y hueso y morir!  Déjenme morir!, grita el grillito, ¡déjenme morir acá!.
Porque acá no se muere así porque así, así nomás.
Te hablo porque a lo mejor mi lamento te llega por el aire o por el viento.
Extiendo mi manta en el suelo y me acuesto. A ver si una de estas noches tengo suerte y te veo llegar. O me muero. Pero no hay suerte. No me muero, no te veo volver; aquí en esta isla se aprende que las cosas no pasan por más que tengas ganas.

Capaz que me dejaste acá para que me muriera.

Examinando una flor que acaba de cortar, sus pétalos, su tallo.

A vos te como, a vos no te como.
Las alas de las mariposas se me pegan en la garganta.
Me duele la panza cuando como mariposas.
Me imagino que las mariposas alimentan.
Un dolor desconocido el hambre.
Yo no debí dejarme llevar de mi casa.
Yo no debí seguirte.
Hago siempre las cosas mal.

¿Qué estás haciendo ahora vos?
Mentiroso, traicionero y perro: ya estarás feliz, orondo, lleno en Atenas, reinando.
Feliz de vos, feliz tu manto que te toca a cada rato como te tocaba yo.

Lo que sí pueden comerse son las lombrices.
Parece algo asqueroso, pero es muy alimenticio también.
Levanto una piedra y en la tierra húmeda están ellas, que se arrastran.
La lombriz es un bicho extraño, bien extraño. Si se la corta al medio, vive igual. Vive hecha dos pedazos, pero vive. No sé si es dos lombrices o dos pedazos de la misma lombriz. Las pongo encima de de mi mano, y me las zampo de un solo bocado.

Hace lo que fue relatando y come las lombrices.

¡Ariadna, quién te ha visto y quién te vé!
¡Arita, quién te ha visto y quién te vé!
Lo repetí porque nadie me decía Ariadna al final. Me llamaban Arita, de cariño, en el palacio. Desde mi madre hasta el carrero. Arita de acá, Arita de allá, al final, no sé para qué me pusieron el nombre Ariadna.

La mordida puede que dé asco. Digo, cualquiera no traga bichos fácilmente.
O puede que lo dé el bocado marchando garganta abajo.
Una vez que pasó la garganta, que pasaron las lombrices camino al pecho, ya pasó todo.
Cinco, seis, siete lombrices gurruminas, las pongo aquí (por la palma de su mano), con algunas hierbas y me las zampo.
Que es sabroso no se puede decir.
Pero lo que no me gusta es el lamento.
A mí me enseñaron que el lamento es una pasión baja.
Es preferible el ladrido.
Una noche me la pasé ladra que te ladra, en la playa.
Fue igual, no estabas cerca, ni remotamente vi tu barca pasar.
El mar siempre en calma, como un ejército enemigo, un ejército poderoso.
El mar siempre solo.

Me comería, me comería…
Con C.
Me comería, me comería una cucaracha.
Me comería, me comería una chinche.
Me comería, me comería una cigarra.


II
Habla Ariadna

Si te lamentás, caés en brazos del desespero. No hay que lamentarse, ni una sola palabra. Ay, es un vocablo que hay que matar del habla, del aire, del alma. Nunca más ay, jamás. Callarse la boca o comer cosas que dañen, que arrasen los labios, las encías: arañas y bichos picudos, ortigas, langostas que zamarrean sus patas cuando pasan por la tráquea. Qué manjar los cardos, qué manjar la avispa, qué manjar el caballito del diablo.
Esperaba, espero que vuelvas.
Un día de estos, decía, el tipo aparece. El tipo vuelve.
El día menos esperado.

Me comería, me comería…
¿por qué letra iba jugando?

Un día, que no vea las velas flamear. Cuando esté distraída.
Ahí estás, ese día.
Un día que no preste atención al horizonte porque ando agachada juntando insectos. Ese día de pronto estás ahí, está tu barco; Ariadna, me decís. Arita.
Me llamás.
La voz cortante, como una orden.
Vos lo ordenabas todo.
Vos, hasta el universo ordenabas.
Pero no pasa, no está allí encallada tu barca.

Lo del olvido no me lo creo.
Aunque ya no te aparezcas, lo del olvido no te lo creo.
Haya la Egle que haya en tu vida, por esa que dirán que me abandonaste.
Ni siquiera lo de la tal Egle me lo creo.
Considero que es otro invento.
Si yo no puedo olvidar, ¿por qué vos habrías podido?
Mentiroso, traicionero y perro, ¿es verdad que has podido?

Me comería, me comería un piojo.
Me comería, me comería un pulgón.
Me comería, me comería una polilla!


III
Habla Ariadna
Sentada en una roca, tranquila, rememorando.

Lección nueve.
Pregunta: ¿Qué clasificación hizo el célebre naturalista Cuvier de los animales?
Respuesta: Los dividió en cuatro grupos de la manera siguiente: vertebrados, moluscos, articulados o anillados y zoófitos.
Pregunta: ¿Cuáles son los principales caracteres en que se diferencian unos de otros?
Respuesta: Los vertebrados tienen esqueleto exterior y cuatro extremidades para locomoción, como, verbigracia: el hombre, las aves y los peces.
Pregunta: ¿Y los moluscos?
Respuesta: Estos no tienen esqueleto interior, su cuerpo está arrollado en forma de espiral y están cubiertos por una concha, como, verbigracia: el caracol y las almejas.
Pregunta: ¿Y los articulados y anillados?
Respuesta: Estos animales tienen su cuerpo dividido en anillos transversos colocados unos detrás de otros, formando una especie de esqueleto exterior consistente y endurecido, como, verbigracia: la sanguijuela, el grillo y la langosta.

Después ya no me acuerdo.
Una a una voy repasando las lecciones y después de la nueve, no me acuerdo.
Ay, las cosas que me hace hacer el aburrimiento.


IV
Habla Ariadna

Por un bicho que alza

A vos ni loca te como.
Nunca, nunca me comería un escarabajo.
Tengo miedo que me haga mal al intestino.

A veces cuando me despierto, te llamo.
Sin querer, no es una cosa que haga a propósito. Me sale así.
Nadie me pregunta, si alguien me preguntara puedo decir Yo a él ya no lo quiero.
Nadie me pregunta nada.
A nadie le importa si digo la verdad o si miento.
Los bichos estos no hablan, a los bichos me los como.
Al grillito no, al resto de los bichos.
El grillito cri cri cri cri, tampoco habla.
Merecido me tengo lo que me pasa, pienso.
Haberme dejado llevar por una calentura, por un mal pensamiento.
Haberte dado el ovillito de oro, el hilito de oro para salir del encierro.
De vez en cuando me viene este lamento.
Un día me voy a comer todos los bichos. Una panzada de bichos.
A ver si tengo suerte y me enveneno.

Yo, que era princesa.
Yo, desgreñada y sola, comiendo bichos del suelo.

Busca y levanta bichos del suelo, los examina de muy cerca. Los huele.

Pero a vos no te veo venir, nunca más te veo venir.
Me dejaste durmiendo en esta playa con la promesa: al día siguiente, al zarpar, yo sería tu esposa, tu reina. Me dejaste acá sola.
No te quiero, yo digo que no te quiero.
Después, a la noche te sueño.
Por qué los sueños siguen soñándose?
Qué hay que hacer para que desaparezcan los sueños?

Cri cri cri, cri cri cri cri.
Canta el grillito: Déjenme morir aquí!
Porque aquí no se muere así porque así, así nomás.
Morirse es un trabajo difícil. Lleva mucho tiempo.


Y final
Habla Ariadna

Lección diez.
Pregunta: ¿Quiénes pertenecen al orden de los bimanos?
Respuesta: Sólo el hombre, en cuya naturaleza existe una substancia activa, libre, inteligente y perfectible, que es el alma, que le hace superior a los demás animales y le aproxima a la Divinidad.

Me acordé la diez.
Hoy cuando desperté supe que ya no vas a volver.
Ni por error vas a volver.
Malo, traicionero y perro.

Se encoge de hombros, resignación.

Me hubiera dejado matar.
Lo que no sé es por qué no me dejé matar.
No más por saber si me ibas a llorar después.
Lo que no entiendo es por qué no me dejé matar.

Sólo en el hombre existe una substancia activa, libre, inteligente y perfectible, que es el alma, que le hace superior a los demás animales y la aproxima a la Divinidad.
Lección diez. Sucesores de Hernando, libro de Historia Natural.
Qué cosa que odio ha sido siempre para mí la Historia Natural.

Fin de La abandonada en Naxos














Comentarios

  1. En eso llegó Dionisio cantando
    Cálmate, Ariadna,
    y no llores más;
    de aquí a mañana
    se te olvidarán
    todas tus tristezas
    y tu preocupación,
    junto conmigo vivirás
    en una casa con un balcón
    y allí la vida pasarás
    llena de ilusión.
    Y final feliz.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares