Mujeriegos - Dr Hugo Marietan

Mujeriegos
Existen distintos tipos de mujeriegos. El fogoso, empujado por sus hormonas, está constantemente buscando una mujer, sin discriminar mucho, con la cual saciar su imperioso apetito. Lo caracterizan la frecuencia de relaciones sexuales y la avidez por el acto sexual en sí, en detrimento del cortejo previo a la relación. Son machos que agotan a sus parejas y suelen ser necesariamente infieles, dado que una mujer no suele bastar para calmar su voracidad sexual. Por otra parte, la mujer común se siente sexualmente inquieta ante la presencia de estos hombres, independientemente de su aspecto, posiblemente por el hecho de que captan esta avidez sexual. Sin duda son la pareja ideal para una mujer fogosa, pero una fatiga para la mujer normal y un calvario para la mujer fría. Su prolífico accionar sexual sólo se atenúa cuando es muy añoso. Hay casos de hombres de más de ochenta años que mantienen su vigor, por lo tanto la mujer que espere que estos hombres sean fieles deben perder toda esperanza. No hay aquí una intención de dañar o de ofender a su pareja, sino que esto es pura necesidad biológica, que incluso, a veces, llega a molestar moralmente al fogoso, pero, desde luego, no es algo que pueda dominar. Ninguna mujer comprende esto, así que la mujer satisfecha y gozosa es igualmente quejosa por las reiteradas andanzas extramaritales. Cuando conforman pareja con una mujer fogosa suelen llevarse de maravillas en lo sexual, pero suelen ser batalladores en la convivencia. Son esas parejas de las que los amigos no entienden porqué siguen juntos, ya que discuten continuamente, y a veces suelen ser altamente agresivos entre ellos, pero lo que los amigos no saben es que estas batallas verticales se solucionan en la horizontalidad.
Estos hombres suelen tener un magnetismo especial e impulsan a las mujeres a tomar la iniciativa del requerimiento sexual. La hija de uno de ellos me decía: “mi padre tenía un puesto de diarios y yo lo ayudaba algunos días, y era increíble como las mujeres directamente le venían a proponer, sin que él hiciese nada, un encuentro o una cita. Yo, como vivía en el barrio, las conocía; había casadas, solteras, viudas, delgadas y gruesas, y mi padre era de pocas palabras, de un trato seco, diría; sin embargo, ellas venían una y otra vez detrás de su objetivo”. Era un seductor pasivo, ya que él no hacía nada para conquistar a las mujeres.
El infiel es mentiroso por necesidad.
El seductor empedernido se caracteriza por disfrutar de los pasos previos a la relación sexual. Es un experto en cortejo. Ha adquirido la técnica del acercamiento hacia la mujer y el rito necesario para entrar suavemente en su interior. La mujer se da cuenta que está en presencia de uno de ellos por las galanterías y la falta de apresuramiento en conseguir el objetivo principal. Son muy cuidadosos con su presencia, en los detalles de su vestimenta y en la mesura de sus gestos. Son delicados, sutiles, pero no dejan lugar a dudas de sus intenciones; la técnica es acercarse sin asustar. En realidad el seductor necesita tiempo para conocer con qué tipo de mujer está para encontrar los puntos vulnerables y las claves que le permitan artísticamente poseerla. Otro factor ponderable es la extraordinaria capacidad que tienen de comunicarse verbalmente y encantar con la palabra. Saben a quién, cómo, cuándo, dónde y de qué hablar. He conocido hombres que eran tan hábiles con su labia que eran capaces de conquistar, o al menos iniciar los pasos previos de una conquista, sólo hablándoles mientras ellas caminaban por la calle, al parecer, indiferentes; y algunas mujeres me han confesado que no se pueden resistir a un hombre que las piropee y las sepa halagar con palabras.
Hay una variedad dentro de estos seductores que se enamoran más de su técnica que de la dama, y cuando consiguen “el sí de las niñas” siempre tienen una excusa para no concretar la relación sexual. Este rasgo los emparenta con la histeria femenina, donde la apariencia genera situaciones eróticas que nunca llegan a concretarse.
El hombre de las dos casasEste personaje no se contenta con formar una familia y tener una amante, sino que amplía sus aspiraciones hasta formar una familia paralela. Estas relaciones pueden mantenerse por muchos años con un acuerdo tácito de las mujeres involucradas. Bien sabemos que se puede engañar a una mujer por poco tiempo, pero jamás por años. Por lo general suelen ser personas no agresivas y buenos proveedores con sus dos familias, pero no se pueden desprender de ninguna de las dos.
El picoteador. Este tipo de infiel gusta de las aventuras esporádicas y con diversas mujeres. Es un amante exprés. Cuando no puede ejercer esta actividad con mujeres comunes, las realiza con prostitutas. Salvan su responsabilidad diciendo “que ellos tienen un amor y que las relaciones sexuales esporádicas no afectan en nada su relación familiar, ya que no significan nada para ellos”
El doble enamorado es aquel que aparte de su pareja tiene un amante estable, y la amante es consciente de la presencia de la otra pareja, pero la situación de su marido le es desconocida a la mujer oficial. Por lo general la amante tiene características que suplen algunas de las falencias de la mujer oficial, según el gusto del doble enamorado. Es aquel que tiene escapadas de fin de semana con su amante argumentando salidas de trabajo o congresos, etcéteraEsta situación es duradera porque la amante disfruta de un tipo de hombre solícito, por lo general generoso y sin las rispideces de la convivencia; y la mujer oficial tiene un hombre tranquilo que no suele generar problemas de convivencia.
Contra toda esperanza de las mujeres que consiguen formar pareja con mujeriegos, a quienes han conocido precisamente por esta característica de ser conquistadores, debo decirles que, si bien su rasgo distintivo puede atenuarse, tal vez por la vida en pareja, o incluso puede transcurrir un período de latencia al inicio de la relación en el que logre controlar, hasta un punto, sus apetencias hacia las otras mujeres, tarde o temprano el hábito retornará y siempre seguirán siendo mujeriegos. Si una mujer es muy celosa debe desistir de relacionarse con este tipo de hombre, y si no lo es o está muy enamorada de él, debe tolerarlo tal cual es y no plantear una guerra eterna e infructuosa, ya que no cambiará.

Diferencias entre el mujeriego y el psicópata conquistador.
Los mujeriegos que hemos descripto aquí se satisfacen con conseguir, ya sea la relación sexual en sí, o sentirse favorecidos por las mujeres; y algunos, como en el caso del doble enamorado oel hombre de las dos casas, con la ternura y el disfrute de una familia aparte. Es decir, estos mujeriegos son cuantitativamente distintos del hombre común, que es más sosegado en este tema, y se acerca más a la monogamia.
El psicópata es cualitativamente diferente en este rubro, ya que la seducción y la posesión de la mujer es una mera herramienta para conseguir otros fines más complejos, a saber: Con la seducción tal vez consigan ser mantenidos económicamente por la dama en cuestión, psicópatas-parásitos; o pueden conseguir poder, ya sea en el sentido económico o porque la mujer esté muy bien relacionada con factores de poder y le sirva de escalón para sus propósitos. Otro uso que hacen de las mujeres los psicópatas es el de construir una fachada de familia que los haga mejor presentables ante la sociedad para satisfacer sus necesidades especiales, como es el caso de empresarios, cuyo crecimiento depende de las relaciones sociales, o bien de los perversos, donde la fachada familiar es útil para ocultar sus oscuras inclinaciones. El psicópata, que desconoce el sentimiento de amor, le da un sentido utilitario a la mujer, y puede incluso, convertirla en una cómplice de sus acciones ilícitas.

Tomado del libro: Mujeres ancladas en psicópatas, capítulo "Parecen psicópatas pero no lo son", Hugo Marietan, Ananké, Buenos Aires, 2011 (www.editorialatlante.com.ar)

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