lunes, 20 de junio de 2016

Las máximas de José de San Martín a su hija Merceditas. Obra para niños


José de San Martín en su escritorio y Merceditas que juega aquí y allá con un conejo de felpa al que trata de arrancarle las orejas.

 

MERCEDITAS: Papá, ¿qué escribe?

 

JOSE: Cartas de mi trabajo, hijita.

 

MERCEDITAS: Papá, ¿puede escribir una carta que le quiero mandar a tía? Quiero pedirle que este año me traiga sombrerito verde con una pluma que se mueva con el viento y haga ting tong… ting… tong…

 

San Martín sigue escribiendo.

 

MERCEDITAS: Papá, ¡no me oye!

 

San Martín sigue trabajando.

 

MERCEDITAS: ¡Papá quiero arrancarle las orejas al conejo y no puedo! (grita caprichosa) ¡No puedo, no puedo!

 

JOSE: Qué quiere hacer, hijita?

 

MERCEDITAS: ¡Arrancarle las orejas al conejo para que se vea como un ratón!

 

JOSE: Pero si es un conejo…

 

MERCEDITAS: Yo quiero un ratón!!

JOSE: No, hija, no. Puedes hacerle daño. Lo que debes hacer es Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que no perjudican. 
MERCEDITAS: ¿Y eso qué quiere decir, papá?
JOSE: Hay que cuidar y ser respetuoso con todos los animalitos. Hasta con las hormigas y las vaquitas de san antonio.
MERCEDITAS: A las hormigas rojas las odio porque pican.
JOSE: ¡No! Un filósofo llamado Stern vio un día cómo una pobre mosca se daba una y otra vez contra el vidrio de la ventana para escapar de la habitación. A él le dio mucha pena que el animalito se lastimara de esa manera, y entonces abrió la ventana para que la mosca saliera y le dijo: “Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos.” ¿Vas entendiendo?
MERCEDITAS: Está bien. No le quito las orejas al conejo.
JOSE (escribe): Vamos a anotar esta máxima así la aprendemos.
MERCEDITAS: ¿Qué es una máxima?
JOSE: Un consejo para que tengamos una vida mejor y nos llevemos bien con las personas que nos rodean.
MERCEDITAS: Ah. A ver dígame otra…
JOSE: Tienes que amar la verdad y odiar la mentira. Y también tienes que inspirar confianza y amistad a las personas que están junto a ti.
MERCEDITAS: Qué quiere decir inspirar?
JOSE: Que ellos deben sentir deseos de estar cerca de ti y ser tus amigos. Y además, cuando tengan un problema, deben saber que pueden contar contigo para salir de apuro, porque los ayudarás.
MERCEDITAS: Como la vez que levanté a Manuelito de la hamaca? El día que se dio el porrazo por hamacarse fuerte hasta el cielo?
JOSE: Eso mismo, hija.
MERCEDITAS: A ver, escriba otra grandota, papá.
JOSE: ¿Otra qué?
MERCEDITAS: Grandota para vivir mejor.
JOSE: Máxima.
MERCEDITAS: Sí. Escríbame otra.
JOSE: Aquí, unas cuantas. (Cuenta con los dedos) Uno, la caridad con los pobres. Hay que ayudar a las personas que están necesitadas de cosas materiales; nunca negarles comida y si tienes un abrigo o un par de zapatitos, dárselos de regalo.
MERCEDITAS: Como las botitas de charol que me quedan chicas?
JOSE: Claro, bien que podrías darle las botitas de charol, Merceditas.
MERCEDITAS: Lo haré, papá.
JOSE: Dos, respetar la propiedad ajena. Eso quiere decir que las cosas de otra persona deben respetarse: no hay robarlas ni romperlas…
MERCEDITAS: ¿No puedo quedarme con el ratón de paño de Isidro?
JOSE: No.
MERCEDITAS: ¿¿Tengo que devolverle el ratón a Isidro?
JOSE: Sí.
MERCEDITAS: ¡A mí me gusta mucho ese ratón que es grisecito y suavecito!
JOSE: Pero es de Isidro y tienes que devolvérselo.
MERCEDITAS: ¡Qué rabia! Bueno, se lo voy a devolver, si no hay más remedio…
JOSE: Muy bien, hijita.
MERCEDITAS: Dígame más máximas, papá.
JOSE: A ver… Ah, ¡sí!  Acostumbrarse a guardar un secreto. No hay nada más feo que una persona chismosa que cada vez le cuentan algo, lo desparrama por todas partes… Y también, hay que ser indulgente con todas lasreligiones.
MERCEDITAS: Indul qué?
JOSE: Aceptar y ser paciente con personas que son distintas de nosotros. Los que tienen creencias diferentes, creen en distintos dioses o no creen en ninguno… ¡Ah! Esta cabezota mía se olvidaba de dos máximas que también son necesarias a una niña que algún día será mujer y gobernará una casa. Deberás ser amable con las personas que te sirvan, y con aquellos que tienen menos dinero que tú y con los ancianos. Tendrás que aprender a tratarlos con dulzura.
MERCEDITAS: Yo siempre soy buena, papá. Trato a todos bien, a mamá, a los tíos. ¡Hasta a Manuelito que es un pesado y siempre me tira del pelo! No es verdad lo que dicen que yo le pegotée las hojas del cuaderno con caramelo ni que le quité los lápices. Esas son cosas que inventaron para que usted se enoje conmigo…
JOSE: Merceditas: ¿qué dijimos de la máxima de odiar la mentira y hablar siempre con la verdad?
MERCEDITAS: Bueno, lo del caramelo en el cuaderno… fue que se me cayó el almíbar…
JOSE: Merceditas…
MERCEDITAS: ¡Es que me dio rabia que él dibujara pajaritos tan lindos, con las alas abiertas y el piquito dorado! Yo cuando dibujo pajaritos parecen bolas con pinchos! Me sale todo mal!
JOSE: Tienes que pedirle perdón a Federico.
MERCEDITAS: Uh.
JOSE: Obedezca, Merceditas. Y además hable poco y lo preciso. Esa es otra máxima.
MERCEDITAS: Está bien, papá. ¡Es que nadie me tiene paciencia en esta casa!
JOSE un poco enojado: ¡Mire, señorita Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada, atienda bien lo que voy a decirle!
MERCEDITAS interrumpe: No, no se enoje, papito…
JOSE: Aprovecho y le declaro ya mismo que quiero que usted se mantenga formal en la mesa. Y por si no sabe qué quiero decir, me refiero a que no ande jugando ni con Federico ni con Isidro cuando les sirven la comida. ¡He visto que se tiran bolitas de pan! ¡Qué cosa más espantosa que mi hija desperdicie la comida de la que tantos niños argentinos carecen!
MERCEDITAS: Perdone, papito…
JOSE: Y quiero que sea más limpia y aseada. Mire cómo tiene esas uñas negras de jugar con tierra. ¡Una señorita, mi hija Mercedes Tomasa, con la uñas negras, qué vergüenza!
MERCEDITAS: Ya voy y me lavo, papito…
JOSE: Espere que no terminé. (Calmo) ¿Sabe usted cuál es la Máxima más importante?
MERCEDITAS: ¿No hacerlo enojar ni a usted ni a mamá?
JOSE: No.
MERCEDITAS: No hacerlo enojar a usted. Porque mamá es más buena y no se enoja…
JOSE: No, Merceditas, no! La máxima más importante de todas es amar a su patria, es decir a su país, la tierra donde nació y se crió y donde le fueron enseñadas las letras. Donde aprendió a leer y a escribir y a sumar y restar y…
MERCEDITAS: Las restas mucho no me salen.
JOSE: Ya aprenderá.
MERCEDITAS; Sí, porque me esfuerzo mucho en aprender y en…
JOSE: Y la mayor, la más grande de las máximas es amar la libertad. Sabe lo que es la libertad, Mercedes Tomasa?
MERCEDITAS: Creo que sí.
JOSE; La libertad hace posible que los hombres, todos, tengan el derecho a hacer aquello que desean, pero a su vez los hace responsable de sus actos. ¿Entiende, más o menos? ¿Un poquito? Por ejemplo, usted tiene ganas de comerse una torta entera de naranja y como no es esclava y la torta es suya, puede comérsela toda. Pero si come toda la torta, seguro que le dará dolor de barriga. Y así, ¿quién tiene la culpa del dolor de barriga?
MERCEDITAS golosa: ¿Adónde hay torta de naranja, papá?
JOSE: Hijita, es un ejemplo.
MERCEDITAS: Papá, quiero ser libre para comerme esa torta de naranja!
San Martín ríe.
MERCEDITAS; Papito, ¿puede decirle a mamá que cocine una rica torta de naranja para mí, así soy libre de comerla? Le prometo que convidaré a Isidro y a Manuelito…
JOSE: Está bien. Venga, deme un beso.
Merceditas lo besa.
JOSE (tendiéndole el papel con las máximas): Mire, aquí tiene las Máximas que le escribió su papá. Ahora vaya, y de a poquito apréndalas de memoria… Y llame a su mamá, así le decimos que haga la torta de naranja.
Merceditas sale brincando con la hojita de las Máximas en la mano.

Apagón

1 comentario:

  1. Muchas gracias por publicarla! Voy a hacer algunas modificaciones pero me ayudaste muchísimo!

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