lunes, 20 de junio de 2016

La joven afghana posa para una fotografía. Monólogo.

Niña joven: 
Aquí no se llora, dice la maestra, porque las lágrimas tapan las letras. Primero las letras, después las lágrimas. A todos se nos murieron todos, pero eso no es motivo para no aprender, dice la maestra que es sabia. A mí, el padre y la madre. Una bomba confundida en la montaña. Bajamos de la montaña, el hermanito, la abuela y yo. Y otras gentes más. Descalzos en la nieve, escondiéndonos en las cuevas. Hasta el campamento, donde nos dieron sopa caliente. Y después, escuela con la maestra. Todos lloran, la maestra grita: no lloren, no hay motivo para no aprender. Aprender, es más importante que llorar, dice. No entendemos por qué; pero parece que si uno aprende se convierte en otra persona, distinta, mejor. Yo ya no seré Sharbat Gula, seré otra de Occidente: estaré siempre echada en el diván, comiendo frutas frescas y dátiles ¡cómo me gusta la ciruela! y también tendré ropas de todos los colores y pieles de oveja para cuando haga frío. ¡Todo esto si los niños aprenden las letras y los números, en lugar de llorar!
De pronto, la maestra me saca de la clase. ¿Por qué? ¿Acaso estaba llorando yo? Noooo: yo aprendo para ser la Sharbat distinta de Occidente. Me dice: Ahí, fotógrafo americano. Parece que una fotografía es como un dibujo de la persona, pero con la cara que sale en el espejo; no con lo que se le antoja al que hace el dibujo. Aquí vi fotografías de personas en los documentos para pasar la frontera y para que los lleven presos. Los malos que van presos nunca tienen documentos, los inocentes que van preso a veces tienen y a veces no tienen. ¿Para qué quiero yo una fotografía, maestra? Me estaban enseñando justo la lengua; el farsi no es nada fácil: ni la gaf ni la pe; la gaf, dice la maestra, es una cobra con la cabecita alzada que el encantador está encantando. Para mí la gaf es un problema.
Bien; el fotógrafo me pone delante de la cosa. Es blanco, rubio él: tiene cara de estúpido. Me hace señas con la mano, para que me corra aquí, allá. Que lo mire. Chasquea los dedos para que lo mire. ¿No podría decir el nombre? ¿Sharbat Gula? ¿Sharbat solo? Este es un hombre de Occidente; en Occidente la gente no es amable como acá, porque no llora debe ser, y aprende mucho. Y tanto conocimiento hace que a las personas le importen un pimiento las otras personas. Eso está muy bien; porque si cae de pronto una bomba confundida y mata a casi toda la familia, los que sobreviven se matan de risa y siguen aprendiendo o trabajando. Que dice la maestra que después de honrar a Alá, después de aprender, lo tercero más importante es trabajar. Aquí en el campamento, todos lloran y no trabaja nadie.
El fotógrafo hace con la mano: Costado, costado. Y viene Mustafá y me quita del medio y después la ponen a Tayika con una cabra en brazos. Es una niña muy estúpida; la cabra se escapa, corre debajo de la cosa del fotógrafo, que se le cae. El americano se enoja y dice cosas en las letras de su país; la cosa hace un ruido chis chis. Se le rompió la cosa.

La maestra dice: ¿Qué pasó, Sharbat? Sharbat no sabe qué pasó; a la cabra la agarraron en el camino; después Mustafá y otro se pelearon por la cabra. El americano se sentó a un costado y se puso a jugar con la cosa, la abría, la cerraba, ajustaba la correa de cuero… La maestra le pregunta algo en americano. El contesta. Le cuenta cosas; tiene la voz finita, debe estar triste porque se le rompió la cosa. Estar triste, se puede, dice la maestra, pero no mucho. Porque si un niño está mucho triste empieza a prestar atención a la tristeza y no a lo que debe aprender. El aprendo es lo más importante que venimos a hacer al campamento. La maestra dice que los niños tenemos que agradecer venir al campamento. Casi hay que dar gracias a la desgracia. Porque sino nos pasamos la vida haciendo leche y queso. El americano se va; acá nadie lo saluda, porque no somos amables con los que no son amables. La maestra dice que el americano hace fotos para las revistas americanas y dice los nombres de muchos países de Occidente que no sabemos. América sabemos, Unión Soviética sabemos. Los demás, no. La maestra dice que pondrá en la revista las fotos de todos nosotros. Una revista es como un libro, pero más finito, menos importante. La niña de Tayikistán a la que se le escapó la cabra, llora. Llora porque el americano a ella no le sacó la foto. Qué motivo más estúpido para llorar. Pero ella llora, yo lloro. La clase entera llora. La abuela llora. El hermanito llora, todos lloran. El campamento entero llora. La maestra no; la maestra dice: con lágrimas en los ojos no van a aprender nunca. Y se enoja y nos grita cuatro palabras que Alá no quiere oír. Pero Alá la deja vivir porque allá en lo Alto, Alá llora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dueños de nuestro destino - Parábola judía

El Talmud analiza el ejemplo de lo ocurrido con la hija del Rabí Akiva, quien de acuerdo con los astrólogos estaba destinada a fallecer el d...