Dar al cerebro lo que es del cerebro


Desde una década atrás aproximadamente, las neurociencias cobraron espectacular importancia en los medios de comunicación. Con la publicación de Inteligencia emocional de Daniel Goleman en 1995, se abrió un camino para que periodistas y divulgadores científicos nos ayudaran a entender cómo somos. Por fortuna, ahora contamos con libros, documentales y programas de TV dónde entendés que el flechazo amoroso no es Cupido, ni el Destino, ni una inclinación edípica, sino un cóctel de hormonas donde, por ejemplo, prevalece la dopamina, las endorfinas y la oxitocina. Aquellas campanadas que oías durante el primer beso, no lo son tales, sino que se trata de que estás degustando el PH de la saliva del candidato en cuestión, con el fin de chequear si serán compatibles o no para los juegos de Eros. Y luego todo sigue como aprendiste en las clases de la escuela secundaria: las hormonas mandan la señal al cerebro, el cerebro actúa en consecuencia y vos le abrís la puerta al amor o lo dejás de patitas en la calle. Uno podría preguntarse si las neurociencias matan el romanticismo o en realidad refuerzan la confianza en tu propio cuerpo y tus percepciones. Lo que sí es indudable, es que vivimos un boom de las neurociencias y las publicaciones científicas, y que  la gran vedette del siglo es el cerebro.
En setiembre de 2012 salió a la venta el libro Agilmente, con el poco sutil subtítulo Aprende cómo funciona tu cerebro para potenciar tu creatividad y vivir mejor. El autor es el argentino Estanislao Bahcrach. Antes de el, contábamos también con libros de argentinos sobre cómo funciona el cerebro, por ejemplo Cavernas y palacios de Diego Golombek, Ser inteligente de Elías Norberto Abdala, así como los libros de Alejandro Borgo Por qué a mí?! Los errores más comunes que cometemos al pensar y Te atrevés a ser libre? Conquistar la libertad para ser feliz  e Ideas falsas de Alejandro Rozichtner  los cuales, aunque no son específicamente sobre ciencias, explican desde la filosofía falacias y prejuicios en que caemos. No obstante, el libro de Bachrach se convirtió en un suceso y ya tiene 100 mil ejemplares vendidos. Méritos le sobran para serlo: en un lenguaje ameno distingue el cerebro de la mente y brinda ejercicios y tips para resetear el cerebro. Impulsado por el éxito de este primer libro, Bachrach acaba de sacar En cambio donde se explayará en cómo hacer para predisponer a tu cerebro a cambiar –que hace cien mil años que viene siendo el mismo trasto- y que lo logre. La editorial de la competencia, salió entonces a matar con el libro Usar el cerebro. Conocer nuestra mente para vivir mejor de Facundo Manes y Mateo Niro, un libro excelentemente escrito y fórmula parecida que los de Bachrach. El cerebro no funciona solo, sino con un combusible de sustancias que segregan nuestras glándulas y entonces reacciona con algo que llamamos emociones. Como de las emociones también sabíamos poco y nada, Federico Fros Campelo nos vino a desasnar con dos libros La ciencia de las emociones y Mapas emocionales. Qué química cruza todo nuestro torrente sanguíneo para que cuando la tostada cae al suelo por el lado de la mermelada chilles de ira, te quedará claro leyendo estos libros, asi como Sexo, drogas y biología de Diego Golombek.

En mi propia experiencia como lectora, estos libros (más muchos otros que no nombré porque preferí destacar a los autores argentinos) son absolutamente fascinantes. De hecho, plantean una visión diferente del por qué de la conducta de una persona.

El siglo XX fue tan psicoanalítico, que todo lo que nos ocurría guardaba alguna relación con la primerísima infancia y los deseos reprimidos. Ahora podemos pensar que mucho de lo que nos pasa, además, es porque uno tiene un dinosaurio llamado cerebro, adentro del cráneo al que hay que amaestrar para que se maneje en el mundo de hoy más armoniosamente. El mismo Sigmund Freud decía que el psicoanálisis era una nada más que una técnica basada en el descubrimiento del inconsciete, para ayudar a las personas a vivir mejor y con menos sufrimiento; pero que en el futuro tal vez podría llegar a existir una química que eliminara estos sufrimientos. Al parecer, la psiquiatría, gracias el progreso de la medicación y al estudio del cerebro, viene dándole la razón a esta afirmación de Freud. Muchas enfermedades mentales que hace dos siglos eran estigmatizantes y dejaban al enfermo al margen de la sociedad, hoy son medicables y el enfermo en cuestión puede llegar a tener una calidad de vida similar a la de un diabético o un celíaco. De aquí que la lectura de estos libros me parezca super recomendable siempre y cuando aporten creatividad y energía para nuestras vidas. Ningún sentido tiene leerlos si el hecho de pensarnos como un organismo que reacciona a estímulos externos y a una química interna, va a quitarnos la alegría del calorcito de primavera o del piropo que algún viandante te dice por la calle. Hay que dar a la primavera lo que es de la primavera y al cerebro lo que es del cerebro.

Publicado en la revista Para Ti 

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