martes, 23 de enero de 2018

Dueños de nuestro destino - Parábola judía

El Talmud analiza el ejemplo de lo ocurrido con la hija del Rabí Akiva, quien de acuerdo con los astrólogos estaba destinada a fallecer el día de su boda. Pero ella le dió comida a un pobre, que llegó a pedir ayuda en su boda, y sin darse cuenta, mató un escorpión que debería haberla picado. De esta forma ella cambió su propio destino. (Shabat, 156 a).

Cambio de nombre - Nicanor Parra

A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos
Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.
Mi posición es ésta:
El poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas.
¿Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol?
¡Pido que se llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas!
¿Mis zapatos parecen ataúdes?
Sepan que desde hoy en adelante
Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese
Que los zapatos han cambiado de nombre:
Desde ahora se llaman ataúdes.
Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide
Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como quiera:
Ese es un problema personal.

Por la mañana, pensando en el imperio - Raymond Carver

Apretamos los labios contra el borde esmaltado de las tazas
e intuimos que esta grasa que flota
en el café logrará que el corazón se nos pare cualquier día.
Ojos y dedos se dejan caer sobre los cubiertos de plata
que no son de plata. Al otro lado de la ventana, las olas
golpean contra las paredes desconchadas de la vieja ciudad.
Tus manos se alzan del áspero mantel
como si fueran a hacer una profecía. Tus labios se estremecen…
Te diría que al diablo con el futuro.
Nuestro futuro yace en lo más profundo de la tarde.
Es una calle angosta por la que pasa un carro con su carretero,
el carretero nos mira y vacila,
luego menea la cabeza. Mientras tanto,
rompo indiferente el espléndido huevo de una gallina de raza Leghorn.
Tus ojos se nublan. Te vuelves para mirar el mar
tras la hilera de tejados. Ni las moscas se mueven,
rompo el otro huevo.
Seguramente nos hemos empequeñecido juntos.

lunes, 22 de enero de 2018

Recomendación. Un excelente blog de libros para niños y jóvenes

A todos los lectores jóvenes o que estén interesados en la literatura infantil y juvenil, quiero recomendarles el blog
https://corazoncitoslectores.blogspot.com.ar/

con críticas, reseñas de libros y de series,
escritas por la genial lectora Alita de Pollo, también llamada Sonrisa con Patas. (Alegría Barchilón)

Poema - e. e. cummings

un político es un culo con el 
que  todos se sientan salvo un hombre

Sueño de la libélula - Haiku - Natsume Soseki

Sueño de la libélula: 
una vez, y otra, y otra… 
la punta de una estaca. 






Interpreta el poeta que el sueño de una libélula consiste en evocar su sitio particular de reposo. Tanto si vuela sobre un lago, como si lo hace sobre una ensenada, un humedal o un embarcadero, su descanso lo va a encontrar en los palos hincados de señalización o amarre. Un meritorio intento, por parte del haijin, de «ponerse en el lugar de» la realidad descrita.

domingo, 21 de enero de 2018

El puente de hierro - Billy Collins


Me encuentro de pie en un abandonado puente de hierro
construido en 1902
según reza la placa de metal atornillada a la viga,
la fecha en que mi madre cumplió un año de edad.
Imagínate: una madre en su infancia,
y era una niña canadiense en aquella época,
una de las niñas más admirables de la provincia de Ontario.


Pero yo estoy aquí inclinado sobre el oxidado antepecho
mirando el agua que corre debajo,
que está en calma y refleja la mañana,
el cielo azul entreverado con nubes densas,
y entre más veo el agua,
que es como una imagen que habla,
más pienso en 1902,
cuando los obreros, en camisetas y gorras
remachaban este puente de hierro
por un estrecho canal que entronca en dos lagos
donde las flores silvestres se dispersan a lo largo de las orillas
y un par de cisnes vaga por los frondosos cuévanos.


1902: mi madre era tan diminuta
que cabía en uno de aquellos canastos ovales
para cargar manzanas,
los cuales su madre cubría con un delgado paño
y los colocaba en la mesa de la cocina
para no perder de vista a la pequeña Katherine
mientras, a restregones, limpiaba papas o desvainaba ejotes,
como yo, que no pierdo de vista al cormorán
que acaba de romper la vidriosa superficie
y se aleja del puente y de mí,
haciendo girar su curiosa cabeza,
escabulléndose hacia donde el sol rastrilla el agua
y se filtra a través de los árboles que atestan la ribera.

Y ahora desciende en picado,
desaparece debajo de la superficie,
y mientras aguardo a que aparezca repentinamente
lo imagino volando bajo el agua con sus extrañas alas,
como te imagino a ti, mi diminuta madre,
que desapareciste el año pasado,
que vuelas hacia algún lado con tus extrañas alas,
tus grandes ojos y tu denso traje mojado,
moviendo las piernas hacia lo más profundo de un lago
sin confín y sin nombre, en alguna provincia de agua sin fronteras.

Y no hay salida - Haruki Murakami

"... Tú te has enamorado de una muchacha que ya no existe, estás celoso de un muchacho que ya ha muerto.  Con todo, estos sentimientos son los más reales que has experimentado en toda tu vida, y los más dolorosos.  Y no hay salida.  No hay posibilidad alguna de hallar una salida.  Estás perdido en el laberinto del tiempo.  Y el problema más grave es que tú no tienes ganas en absoluto de encontrar la salida.  ¿Me equivoco?..."

Nevada - Barry Callaghan

Empezó a nevar.
"Sospechas de mi silencio,
pero de este modo mantengo la cabeza clara,
limpiando cada pensamiento
como un espejuelo
o candelero. Las pequeñeces
por las que los hombres matan, yo las mantengo limpias:
es todo lo que podemos hacer, especialmente con heridas."
Un niño tomó un copo de nieve en la lengua.
"Se tragó una lágrima," dijiste,
"y ahora su vida ha comenzado."

Lo más cerca que estuvimos, Barry Callaghan
Versión castellana de Susana Wald.

Haiku - Natsume Soseki

Crisantemos salvajes: 
entre hojas de mi agenda 
metí una flor. 

sábado, 20 de enero de 2018

El caso es que se ve con ojos distintos - Edvard Munch

El caso es que se ve con ojos distintos
en momentos diferentes. Por la mañana
se ven las cosas distintas a por la tarde
La manera en la que se mira también depende
del estado de ánimo y de cómo se encuentra uno
en general.
Esa es la razón
por la que un motivo –
puede verse de muchas maneras
y eso es lo que hace interesante el arte
Si sales por la mañana de un dormitorio oscuro
y te metes en la sala de estar
lo verás todo bajo una luz azulada
por ejemplo. Incluso
sobre las sombras más profundas
habrá un aire claro.
Al cabo de un rato te irás acostumbrando
a la luz, las sombras se tornarán
más profundas y se verá todo con más nitidez.
Si ahora quieres pintar ese ambiente
[es porque] precisamente ese ambiente matutino
azul y luminoso te ha conmovido
Entonces no basta con
sentarte a mirar cada objeto y
pintarlo exactamente como lo ves
hay que pintarlo
tal y como debe ser – tal y como era
cuando el motivo te conmovió.
Y si luego eres
incapaz de pintar de memoria
y te ves obligado a usar modelos,
necesariamente te saldrá mal.
Los pintores detallistas lo llamaban
pintar de un modo deshonesto,
pintar de un modo honesto era
pintar con exactitud fotográfica
esta o aquella silla esta o aquella
mesa tal como la ves en el momento.
Dicen que intentar
reproducir un ambiente
es pintar de un modo deshonesto
Durante una juerga se ve
de un modo distinto, a menudo el dibujo
se emborrona y todo parece más un caos
Como es bien sabido en ese caso
realmente se puede ver de un modo distorsionado.
Pero entonces me parece evidente
[que] para mostrar ese ambiente de borrachera
habrá que pintar también
lo distorsionado
Si se ve doble hay que pintar
dos narices
Y si se ve un vaso torcido
habrá que pintarlo torcido
O si se quiere mostrar algo
que se ha sentido en un momento erótico
en el que se arde de pasión
En un momento así
se ha encontrado un motivo
Y no puede reproducirse
exactamente como se ve
en otra ocasión [cuando] se está frío.
Es normal que la primera imagen
que se ve sea muy
diferente a la última
Todo se percibe de un
modo muy diferente en caliente
que en frío.
Y es precisamente esto lo que confiere
al arte un interés más profundo. Lo que
hay que sacar a la luz es el ser humano,
la vida. No la naturaleza muerta.
Al parecer
una silla puede resultar tan
interesante como una persona.
Pero la silla ha de ser vista por una persona.
De una manera u otra tiene que
haber conmovido [a una persona] y hay
que conseguir que los espectadores se
conmuevan de la misma manera.
No es la silla lo que hay que pintar

sino lo que ha sentido una persona
al verla.
La parodia de esa concepción artesana
del arte también ha sido formulada
por quien lleva hasta el final
la pintura detallista, por Wentzel
Una silla es una silla y no puede
pintarse más que de una manera.
Y por eso los partidarios de este movimiento
sienten tanto desdén por los pintores de ambiente
Son incapaces de entender que una silla
puede verse de miles de maneras.
Una silla es así o asá con este o aquel color
ergo hay que pintarla así.
Se puede admirar la destreza [de esta gente]
se puede decir que es imposible
pintar mejor, así que en el fondo
podrían dejar de pintar
al fin y al cabo no pueden hacerlo mejor
Pero te deja frío
No hace que la sangre te corra más deprisa
No te conmueve
en lo más profundo. – No te ha dado
nada que guardar
nada que después resurja una y otra vez.
Olvidas el cuadro en el mismo
momento en que te alejas de él

Caso Damiana - Por Patricia Suarez

Niñas desaparecidas, niñas ultrajadas, niñas asesinadas, parece ser un signo de la época. Sin embargo, en la historia argentina es una recurrencia. En 1896, unos colonos de Sandoa, en el Paraguay Oriental, deciden ir contra los indios aché (“los que hablan, las personas”)  porque les han robado un caballo. Cuando llegan, están reunidos comiendo y los colonos disparan a quemarropa. La mayoría huye, pero matan a dos hombres y una mujer. Una niña de dos años sobrevive y los colonos se la apropian para criarla. Como es el día de San Damián, según el santoral católico, la llaman Damiana. A fines de 1898, la niña es llevada de Villa Encarnación a San Vicente, Buenos Aires, para trabajar de mucama de la señora madre del doctor Alejandro Korn. El doctor Korn se rodeaba de antropólogos “bienpensantes” como el holandés Hermann ten Kate y el alemán Lehman-Nitsche, obsesionados por la antropometría, cuyo fin no era otro que demostrar la inferioridad racial de los pueblos originarios. Si el indio en cuestión tenía el cráneo más grande, su inteligencia era inferior a la del hombre blanco; si lo tenía más chico, ni hablar, era un primitivo, casi un mono. Todos ellos trabajaban activamente en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, colaborando entre sí en sus investigaciones sobre las tribus argentinas. Damiana no escapa a mediciones durante su corta existencia, es sometida a manipulaciones de diversa índole y fotografiada desnuda por Lehman-Nitsche en 1907, pocos meses antes de su muerte. Según la antropóloga tucumana Patricia Arenas, la nena fue usada de ratón de laboratorio desde muy pequeñita por el científico. Aunque Damiana nunca alcanzará la estatura promedio de una alemana del Rhin, resulta que es hábil para las lenguas y habla español y alemán con soltura. Esto tuvo que haber sido una patada al hígado de la raza superior, así que de pronto la tortilla debe darse vuelta como sea y se viene a descubrir con escándalo que la adolescente Damiana desaparecía de la casa días enteros o invitaba al noviecito a su cuarto. La familia Korn estaba en un grito, y haciendo gala de su educación elegante, le ponen un perro guardián en la puerta de la pieza para que impida entrar a un extraño. Quizás pensaron que hablarle a la indiecita de igual a igual era un esfuerzo inútil. Damiana, entonces, envenena al perro. Charles de la Hitte, antropólogo allegado a los anteriores y empleado en el Museo opinó sobre ella: “Consideraba los actos sexuales como la cosa más natural del mundo y se entregaba a satisfacer sus deseos con la espontaneidad instintiva de un ser ingenuo”. Es decir, practicaba la masturbación, puede aventurarse, como el último bastión de la rebeldía: “me pueden quitar mi gente, mi familia, mi dignidad como ser humano, hasta la vida: pero no me pueden quitar mi cuerpo”. La declaran enferma psiquiátrica y es enviada al Hospital Melchor Romero que fundó y dirigió Alejandro Korn. Al poco tiempo fallece, diagnosticada de una tisis galopante. El destino de toda carne, si uno había tenido la desgracia de nacer en el continente americano y formar parte de un pueblo originario, después de la Campaña del Desierto, era la Sala de Antropología Biológica del Museo de La Plata. Los caciques de distintas tribus, el toba León, el mapuche Kalfucurá, el tehuelche Okerke, fueron trofeos de guerra que una vez muertos y pelados sus huesos por los especialistas, pasaron a las vitrinas del museo y a engrosar lo que tomó el nombre de “patrimonio histórico”, en lugar del más apropiado: “genocidio”. El Perito Moreno, fundador del Museo de La Plata, escribió la siguiente ilustrativa carta: “La cabeza de Catriel sigue aquí conmigo; hace un rato que la revisé, pero aunque la he limpiado un poco, sigue siempre con bastante mal olor. Me acompañará al Tandil, porque no quiero separarme de esa joya, la que me es bastante envidiada”. También el Mal puede ponerse en aras de la ciencia. A Damiana, que no escapa a su destino, se le limpia el esqueleto para su estudio y Lehman-Nitsche le hace serruchar la cabeza (cosa que hacen mal y él protesta), para generosamente enviarla a su amigo Hans Virchow de la Sociedad Antropológica de Berlín, lugar donde se encuentra aun el cráneo en la actualidad.


En 2001 se sancionó la Ley 25.517 de reparación moral, que consta de tres artículos de defensa de los restos humanos de los aborígenes e indica, principalmente, que los mismos deberán ser puestos a disposición de los pueblos de pertenencia que los reclamen. Gracias al colectivo GUIAS (Grupo Universitario de Investigación de Antropología Social), a la antropóloga tucumana Patricia Arenas y del investigador Marcelo Valko, fueron devueltos a sus comunidades algunos restos humanos (hay 30 catalogados en el Museo de La Plata, de los miles de cráneos con que cuenta, los 60 esqueletos armados y la decena de momias). En el 2001 fueron devueltos los restos óseos del cacique Mariano Rozas –su verdadero nombre era Panguithruz Güor- a los ranqueles, y en el 2007 corrieron la misma suerte los cráneos de la tribu Catriel. En 2006, fue encontrado el esqueleto de Damiana y devuelto en 2010, sin la cabeza, a la comunidad aché, en el Paraguay. Durante las primeras semanas de septiembre de 2011, Marcelo Valko viajó a Berlín a solicitar la restitución de su cabeza, para que sea enterrada con el resto de su cuerpo. Aunque la embajada fue exitosa, aun no pudieron traerla. Valko, recientemente entrevistado para Clarín, expresó: “Tuve su cráneo entre mis manos, y los alemanes vieron el escalofrío que me recorrió los brazos.Vi los dos cortes que tiene en el cráneo y los números de inventario. Todo fue muy positivo, solo son necesarios unos trámites pertinentes, Damiana va a avolver y la vamos a enterrar con el resto de su cuerpo para que descanse juntos a los suyos en Caazapá.” En una época en que los ritos funerarios son tan veloces y tienden a la desaparición del cadáver, parece una frivolidad de alto costo ocuparse de los restos humanos de personas muertas hace un siglo. Lamentablemente no hay opción: debe concientizarse el daño ocasionado, desde el Estado, repararlo y evitar así la compulsión a repetirlo. La impunidad es un imán muy atractivo y la madre del cordero de los genocidios. 


El dios de los ciruelos - Haiku - Natsume Soseki

Al dios de los ciruelos 
le pediré un amor, 
sin saber cuál. 

lunes, 15 de enero de 2018

J L Borges - Adolfo Bioy Casares

Borges refiere: «Los otros días llegó a la Biblioteca una carta de un señor de Las Palmas, que parece el principio de un cuento fantástico. Venía con un libro y nos pedía cortésmente que lo hiciéramos llegar al escritor argentino Ricardo Güiraldes, cuya dirección el remitente decía ignorar. ¿Cuándo murió Güiraldes? Creo que en el 27. ¿El señor de Las Palmas también está muerto? ¿O está en un mundo en que Güiraldes vive? ¿Y qué nos pasa a nosotros?».

Haiku. Natsume Soseki


La luna, al este; 
y tú entretanto, 
¿acaso duermes, amigo? 




Se encontró este poema de Sōseki en una carta a Shiki, su amigo enfermo de tuberculosis, cuya dolencia tal vez le estaría vetando contemplar la luna en horas de alborada. Pero para eso está el buen amigo que se lo narra por carta. 

domingo, 14 de enero de 2018

Por la carretera de Sintra - Fernando Pessoa

Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
Al claro de luna y al sueño, en la carretera desierta,
Solitario manejo, manejo casi despacio, y un poco
Me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
Que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
Que sigo sin haber dejado Lisboa, aún sin tener Sintra
Que sigo, ¿y qué más habrá en seguir sino parar pero seguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
Pero, cuando llegue a Sintra, tendré la pena de no haberme quedado en Lisboa
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
Siempre, siempre, siempre,
Esta angustia excesiva del espíritu por ninguna cosa,
En la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida…

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
Abajo salta conmigo el automóvil que me prestaron.
Me sonrío del símbolo, de pensar en él, y al doblar a la derecha.
¡En cuántas cosas que me prestaron yo sigo en el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron manejo como mías!
¡Cuánto que me prestaron, ay de mí, soy yo mismo!

A la izquierda la casucha -sí, la casucha- a la vera del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hace poco parecía darme libertad,
Es ahora una cosa donde estoy encerrado,
Que puedo conducirlo sólo si estoy encerrado en él,
Que domino sólo si me incluyo en él, si él me incluye.

A la izquierda allá hacia atrás, la casucha modesta, más que modesta.
La vida allí debe ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio desde la ventana de la casucha soñará: Aquel debe ser feliz.
Tal vez al niño que espiaba por los vidrios de la ventana del piso superior,
Quedé (con el automóvil prestado) como un sueño, un hada real.
Tal vez a la muchacha que miró, oyendo el motor por la ventana de la cocina en el piso de tierra.
Soy algo del príncipe de todo corazón de muchacha,
Y ella me mira de reojo, por los vidrios hasta la curva en que me pierda.
Dejaré sueños atrás de mí, ¿o es el automóvil el que los deja?
Yo, conductor del automóvil prestado, o ¿el automóvil prestado que conduzco?

En el camino de Sintra al claro de luna, en la tristeza, ante los campos y la noche,
Manejando el Chevrolet prestado desconsoladamente,
Me pierdo en la carretera futura, desparezco en la distancia que alcanzo,
Y en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
Acelero…
Pero mi corazón quedó en el montón de piedras que esquivé al verlo sin verlo,
A la puerta de la casucha,
Mi corazón vacío,
Mi corazón insatisfecho,
Mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra, cerca de la medianoche, al claro de luna, al volante,
En la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
En la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
En la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí…

Álvaro de Campos
Traducción del portugués, Mario Bojórquez

Dueños de nuestro destino - Parábola judía

El Talmud analiza el ejemplo de lo ocurrido con la hija del Rabí Akiva, quien de acuerdo con los astrólogos estaba destinada a fallecer el d...