¡Adiós, corazón de rana,
Cada vez que te veo
Me da más gana!
(Buenos Aires)
¿Qué es lo que dice ese mozo
Que no lo puedo entender?
No tiene para camisa
¡Y se acuerda de mujer!
(Santa Fe)
Dame lo que te pido
Que no es la vida,
Del ombligo abajo
Y del muslo arriba.
(Santiago del Estero)
¡Quién fuera canuto de oro
Donde cuelga el candil,
Para verte desnudar de noche
Y a la mañana vestir!
(Buenos Aires)
Dame un pañuelo blanco
Que vengo herido
En las astas del toro
De tu marido.
(Santiago del Estero)
Trece machos tenía yo
Y se me murieron doce
Y el único que me queda
Dice que no me conoce.
(Buenos Aires)
Para ser puta
Y no ganar nada,
Más vale ser
Mujer honrada.
(buenos Aires)
ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt
Minga de café. Abstención completa. ¿Y qué le queda a usted? Reducirse al capuchino, al innoble y seductor capuchino, que es una mezcla, por partes iguales, de leche y café, servida en una tacita de café. La tacita, para que usted se haga la ilusión de que se manda a bodega una ración de achicoria, y para engañar la visión, como los cocainómanos que cuando no tienen con qué doparse, toman por la nariz ácido bórico o magnesia calcinada. El caso es hacerse la ilusión...
Fidelidad presidencial
"Un día el presidente Coolidge y si mujer estaban de visita en una granja del gobierno. Al poco de llegar los embarcaron en excursiones separadas. Al pasar ante los pollos, la señora Coolidge preguntó al jefe de la granja si los gallos copulaban más de una vez al día. 'Docenas de veces', fue la respuesta. 'Por favor, dígaselo al presidente', pidió la señora Coolidge. Cuando el presidente pasó ante las aves y le contaron lo de los gallos, preguntó: '¿Cada vez con la misma gallina?' 'Ah, no, señor presidente, cada vez con una distinta.' El presidente asintió lentamente y añadió: 'Dígaselo a mi señora'."
citado en una antología de M H Siegel y H P Zeigler
viernes, 30 de diciembre de 2011
Poesías eróticas y lupanares del Río de la PLata (1900/1910) - recogidas por Lehmann Nitsche
Me han dicho que tienes otra
Que la quieres más que a mí;
Querela mucho, mi chino,
Me cago en ella y en ti.
Me han dicho que tienes otra,
Dios te la deje gozar,
Ya sabés que soy muy puta,
Machos no me han de faltar.
Andá y dile a esa dichosa
Que le mando decir yo
Que en los brazos que ella duerme,
Primero he dormido yo.
Andá y dile a esa dichosa
Que le mando decir yo
Que se tape y se reboce
Con lo que a mí me sobró.
Que la quieres más que a mí;
Querela mucho, mi chino,
Me cago en ella y en ti.
Me han dicho que tienes otra,
Dios te la deje gozar,
Ya sabés que soy muy puta,
Machos no me han de faltar.
Andá y dile a esa dichosa
Que le mando decir yo
Que en los brazos que ella duerme,
Primero he dormido yo.
Andá y dile a esa dichosa
Que le mando decir yo
Que se tape y se reboce
Con lo que a mí me sobró.
Poesías eróticas y lupanares del Río de la Plata (1900/1910). Recogidas por Lehmann-Nitzche
Venga para acá, mi chino,
Que le quiero preguntar
Si alguna vez en su vida
De mí se podrá olvidar.
Venga para acá, mi chino,
No sea de mala memoria,
Que ahora le parece infierno,
Después que he sido su gloria.
Dicen que te vas. Te vas,
Vete con Dios, sueño mío,
Cuidado, no bebas el agua
De la fuente del olvido.
Buenos Aires
Que le quiero preguntar
Si alguna vez en su vida
De mí se podrá olvidar.
Venga para acá, mi chino,
No sea de mala memoria,
Que ahora le parece infierno,
Después que he sido su gloria.
Dicen que te vas. Te vas,
Vete con Dios, sueño mío,
Cuidado, no bebas el agua
De la fuente del olvido.
Buenos Aires
martes, 20 de diciembre de 2011
La nariz de Cleopatra como hecho histórico - Alfredo Veiravé
Si la nariz de Cleopatra dicen los manuales hubiera
tenido dos centímetros de más, la historia del Imperio Romano
hubiera cambiado, pero esta lógica no es la que dio veracidad
a lo que verdaderamente ocurrió en Egipto
cuando ellos inventaron los gatos y la arena.
Fue el azar sí es verdad, pero también
la necesidad como dice Jacques Monod
las que se interpusieron entre nosotros, porque yo
no tuve en cuenta para nada su nariz, ni siquiera sus ojos alargados
por las pestañas como los juncos del Nilo. Fue un viento
de pasión en la arena lo que cambió la historia cuando descubrí
el deseo al ver que estaba desnuda debajo de su túnica
cuando levantó su brazo para mostrarme el ave de la
muerte. No fue su nariz la que cambió la historia sino esos
detalles y otros que conocí cuando ella tomó el filo de la
espada del Emperador con su mano pequeña sin cortarse.
Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)
(Tomado del blog de Griselda García)
tenido dos centímetros de más, la historia del Imperio Romano
hubiera cambiado, pero esta lógica no es la que dio veracidad
a lo que verdaderamente ocurrió en Egipto
cuando ellos inventaron los gatos y la arena.
Fue el azar sí es verdad, pero también
la necesidad como dice Jacques Monod
las que se interpusieron entre nosotros, porque yo
no tuve en cuenta para nada su nariz, ni siquiera sus ojos alargados
por las pestañas como los juncos del Nilo. Fue un viento
de pasión en la arena lo que cambió la historia cuando descubrí
el deseo al ver que estaba desnuda debajo de su túnica
cuando levantó su brazo para mostrarme el ave de la
muerte. No fue su nariz la que cambió la historia sino esos
detalles y otros que conocí cuando ella tomó el filo de la
espada del Emperador con su mano pequeña sin cortarse.
Alfredo Veiravé (Gualeguay, 1928- Resistencia, 1991)
(Tomado del blog de Griselda García)
lunes, 19 de diciembre de 2011
El mes - Poema
su voz que hoy carece de interés
y no sé a qué se debe si es al día
el mal mujeril, la desgracia,
el asunto secreto de o la maternidad
o la sangre, hace finalmente
estar de mal humor a cualquiera,
el eterno femenino, como le dicen, a la duda
sobre si es uno o el planeta quién está distinto;
los hombres no padecen estas incertezas;
hay un ovillo en tu vientre que mes a mes
es aniquilado por el viejo gato del destino;
el calor que vive de dentro para afuera,
el entendimiento, el gesto cómplice
de las otras que como vos, sangran,
y te dicen hay que quedarse tranquila
hoy debés estarte oscura y centenaria
como un árbol de una plaza, como una planta.
domingo, 18 de diciembre de 2011
Decálogo con muletas -- Gustavo Valle
Como ya tengo cuarenta y cuatro años, dos hernias discales, casado en segundas nupcias, un hijo y algunos papeles publicados, he decidido compartir este decálogo cojo que me acompaña a todas partes.
- Antes de sentarte a escribir barre la casa y riega las plantas. Puedes comenzar a hacerlo incluso antes de desayunar o antes de tomar tu primera copa, pero nunca antes de barrer la casa y regar las plantas.
- Utiliza una silla poco confortable. Nada de productos ergonómicos, diseños italianos o artefactos reclinables. Procúrate siempre alguna incomodidad. Un cuerpo cómodo escribe cosas cómodas.
- Cuando escribas narrativa lee poesía, cuando escribas poesía lee narrativa. Cuando no escribas nada camina. Caminar es el deporte de los escritores.
- Nunca corrijas demasiado. ¿Cuánto es demasiado? No importa, continúa, corrige. Pero corregir no es quitar o pulir, es encontrar algo. Corregir no es asunto de costureros sino de detectives.
- Si escribes sobre la ciudad haz como si fuera el campo, si escribes sobre el campo haz como si fuera la ciudad. Si escribes libros comprometidos haz como si fueran libros despreocupados. Cuando no escribas nada camina, haz deporte.
- Lee sólo lo necesario y escribe sólo lo imprescindible. Lo que traducido al aberrante idioma de los escritores quiere decir: lee todo lo que puedas y escribe sin parar.
- Nunca digas qué estás escribiendo. Nunca digas que vas a publicar un libro. Tampoco digas lo contrario. Para eso están las redes sociales. Hazte siempre esta pregunta: “¿Por qué diablos hago esto?”. Renueva cada año tu respuesta. De ser posible cada mes. Esto desarrollará tus músculos más que el deporte.
- Huye de la verdad como de la peste. La verdad es la sarna de tu libro. Ama la mentira. A ella te debes. A ella te consagras.
- Miente, miente siempre
Gustavo Valle (Venezuela-Argentina)
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Ocaso de Greuze - John Ashbery
Como grupo éramos algo vulnerables
y hoy seguimos siéndolo. Mi cuñado me ha preparado
una torre en el molino, desde cuyo balcón
veo los moscardones que irritan al cielo
con su insignificancia. ¿Qué esperan que hagan?
¿Fundar familias? ¿Ser diáconos? Si es así, mis cálculos
se hunden en un bric-a-brac, mis ecuaciones
se deshacen.
Al otro lado de la carretera construyen una casa de cemento.
Al parecer no tendrá ventanas. Un palomar
para palomas de cemento. Siempre cuando hablaba contigo
durante decenios en mis cartas había algo que no era seguro:
tu respuesta. De nuevo corremos peligros,
como pájaros muertos, y el salivajo rubí del otoño asciende
por el cielo como un tornado. Intenta mantenerte
sereno y vacío en esta desnuda habitación.
Examina los espejos del estudio.
El destello del lagarto, la manta de terciopelo del caballo
te sorprenderán algún día hasta llegar a ver la esperanza.
traducción de Dámaso López García
Barcelona - Lyon - Juana Bignozzi
a mi edad la gente encuentra finalmente
una casa fija y un lugar claro en su generación
habla de amigos y bares muertos y de ex maridos
y no de visitas a amigas dispersas por el mundo
de la misma explicación con el mismo hombre
a esta edad se debe llegar a un país a un partido
y no a estos viajes
en trenes nocturnos con cambios en la frontera
martes, 13 de diciembre de 2011
Trabajar cansa - Cesare Pavese
Atravesar una calle para escapar de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que anda
todo el día las calles, ya no es un muchacho
y no huye de casa.
Hay en el verano
tardes en que las plazas quedan vacías, tendidas
bajo el sol que ya empieza a ponerse, y este hombre que llega
por una avenida de inútiles plantas, se detiene.
¿Vale la pena estar solo para quedarse siempre solo?
Callejear únicamente, las plazas y las calles
están vacías. Es preciso detener a una mujer
y hablarle y decidirle a que viva con uno.
Si no, uno habla solo. Por eso algunas veces
el borracho nocturno comienza a parlotear
y explica los proyectos de toda su vida.
No es cierto que esperando en la plaza desierta
te encuentres con alguno, pero el que anda las calles
a ratos se detiene. Pero si fueran dos,
aun andando las calles, la casa ya estaría
donde aquella mujer, y valdría la pena.
Por la noche la plaza vuelve a quedar desierta
y este hombre que la cruza no ve los edificios
tras las luces inútiles, pues ya no alza los ojos:
sólo ve el empedrado, que hicieron otros hombres
de endurecidas manos, como lo están las suyas.
No es correcto quedarse en la plaza desierta.
Seguro que está en la calle aquella mujer
que, al pedírselo, quiera ayudar en la casa.
Celos - Cesare Pavese
1
Uno se sienta de frente y se vacían los primeros vasos
lentamente, contemplando fijamente al rival con adversa mirada.
Después se espera el borboteo del vino. Se mira al vacío,
Bromeando. Si tiemblan todavía los músculos,
también le tiemblan al rival. Hay que esforzarse
para no beber de un trago y embriagarse de golpe.
Allende el bosque, se oye el bailable y se ven faroles
bamboleantes -sólo han quedado mujeres
en el entarimado. El bofetón asestado a la rubia
congregó a todo el mundo para regodearse con el lance.
Los rivales notaban en la boca un gusto de rabia
y de sangre; ahora notan el gusto del vino.
Para liarse a golpes, es preciso estar solos,
como para hacer el amor, pero siempre está la noche.
En el entarimado, los faroles de papel y las mujeres
no están quietos con el aire fresco. La rubia, nerviosa,
se sienta e intenta reír, pero se imagina un prado
en que los dos contienden y se desangran.
Les ha oído vocear más allá de la vegetación.
Melancólica, sobre el entarimado, una pareja de mujeres
pasea en círculo; alguna que otra rodea a la rubia
y se informan acerca de si en verdad le duele la cara.
Para liarse a golpes es preciso estar solos.
Entre los compañeros siempre hay alguno que charla
y es objeto de bromas. La porfía del vino
ni siquiera es un desahogo: uno nota la rabia
borboteando en el eructo y quemando el gaznate.
El rival, más sosegado, ase el vaso
y lo apura sin interrupción. Ha trasegado un litro
y acomete el segundo. El calor de la sangre,
al igual que una estufa, seca pronto los vasos.
Los compañeros en derredor tienen rostros lívidos
y oscilantes, las voces apenas se oyen.
Se busca el vaso y no está. Por esta noche
-incluso venciendo- la rubia regresa sola a casa.
2
El viejo tiene la tierra durante el día y, de noche,
tiene una mujer que es suya -que hasta ayer fue suya.
Le gustaba desnudarla, como quien abre la tierra,
y mirarla largo tiempo, boca arriba en la sombra,
esperando. La mujer sonreía con sus ojos cerrados.
Se ha sentado el viejo esta noche al borde
de su campo desnudo, pero no escruta la mancha
del seto lejano, no extiende su mano
para arrancar la hierba. Contempla entre los surcos
un pensamiento candente. La tierra revela
si alguien ha colocado sus manos sobre ella y la ha violado:
lo revela incluso en la oscuridad. Más no hay mujer viviente
que conserve el vestigio del abrazo del hombre.
El viejo ha advertido que la mujer sonríe
únicamente con los ojos cerrados, esperando supina,
y comprende de pronto que sobre su joven cuerpo
pasa, en sueños, el abrazo de otro recuerdo.
El viejo ya no contempla el campo en la sombra.
Se ha arrodillado, estrechando la tierra
como si fuese una mujer que supiera hablar.
Pero la mujer, tendida en la sombra, no habla.
Allí donde está tendida, con los ojos cerrados, la mujer no habla
ni sonríe, esta noche, desde la boca torcida
al hombro lívido. Revela en su cuerpo,
finalmente, el abrazo de un hombre: el único
que podría dejarle huella y que le ha borrado la sonrisa.
Last blues, to be read some day - Cesare Pavese
Era un sólo galanteo,
seguramente lo sabías-
alguien fue herido
hace mucho tiempo.
Todo está igual,
el tiempo ha pasado-
un día llegaste,
un día morirás.
Alguien murió
hace mucho tiempo-
alguien que intentó,
pero no supo.
Versión de Carles José i Solsora
viernes, 9 de diciembre de 2011
Una película de amor - Claudia Masín
(versión del film homónimo del “Decálogo” de Krysztof Kieslowski)
Yo comprendo la pasión de los astrónomos,
las noches en vela, la atención dispuesta
a captar, de entre todo lo que existe,
cierta fosforescencia en el cielo. Podría decir,
como ellos, que las cosas que me importan
no suceden en el mundo. La mirada vive, en lo que ve,
una segunda vida, más real que la primera, más intensa.
Yo pensaba que mirándote siempre, en todos los momentos,
los instantes preciosos que guardabas dentro de tu cuerpo
se transferirían a mi propia constelación
de recuerdos, y lo deseaba con tanta fuerza que creí
ver con tus ojos –sin haberme movido jamás de esta ciudad
o de este cuarto- los detalles de tu casa natal, las tormentas
de nieve en un pueblito del sur, la tierra
completamente roja en el otoño, invadida por las hojas
de los arces, dos pies pequeños y descalzos,
cubiertos por el barro, el rostro de tu madre.
Quizás la intimidad entre dos seres dura
lo que dura ese momento en que sabemos
de los cuerpos y las cosas que otro amó,
en otro tiempo. O acaso nadie alcance a rozar,
ni en su deseo, las imágenes ajenas,
y estés sola, y yo esté solo, y sea el nuestro,
-como el recorrido de las familias de esquimales hacia el sol,
sobre la nieve- un viaje del cual no queda huella.
Mi mundo privado - Claudia Masín
(Versión del film “My own private Idaho” de Gus Van Sant)
Yo ansié tener un cuerpo que practicara,
como un arte, la ignorancia de sí.
Que cayera rendido con la levedad con que caen
las hojas de los árboles. Cuando fuera inevitable,
nunca antes. Pero de tu cuerpo no deseaba
sino lo que había en él de frágil, de imperfecto:
la cicatriz que te cruzaba el pómulo, las pequeñas
arrugas en la frente. La herida
que te asemejaba a mí. Dos ramitas secas
ante la embestida de la menor brisa,
se quiebran. El camino es interminable, te decía,
da vueltas y vueltas alrededor del mundo
y en alguna de esas vueltas los que estaban
destinados a perderse, se encuentran.
Se dice que a la vera
de cierta ruta que atraviesa el desierto,
es posible hundir una vara en la tierra reseca
y en algún momento brotará el petróleo como un géiser.
Anoche tuve un sueño en el que viajábamos por días
y días para encontrar el yacimiento, a la manera
de los scouts o los cazadores de fortuna
del oeste. Al llegar era de noche,
no había una sola estrella, el pozo
estaba seco. Yo me dormía y te quedabas
al lado mío, cuidando mi sueño. No estabas allí
a la mañana siguiente.
En el sueño, alguien decía:
donde tengas tu tesoro tendrás
tu corazón. Y yo me preguntaba qué pasaría
si tu tesoro se perdiera,
qué pasaría en un juego de cajas chinas
si al llegar a la última,
la que debería contener el objeto precioso,
esa, como todas las otras,
estuviera vacía.
Había una vez siete lavanderas locas. Poema
Había una vez siete lavanderas locas
que un día plantaron cara
y dejaron de lavar.
Había una vez un oso
que al despertar dijo:
Están en un error; soy un hombre.
Había una vez un vicario
que al dar sus sermones
por una suerte de encanto
le salían las palabras al revés.
Y había una vez un niño:
vivía entre las hojas del libro
y sólo ahí dentro su existencia
era del todo real; después
su ser se desvaía igual que
la nuez a punto de caer
del nogal, o la rosa tronchada
que se desmaya en un vaso
azul de cristal.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Elogio de la bignonia. Poema
Desenterraste mi corazón de tu
cantero.
Diana Bellessi
Cuatrocientas
noventa y nueve especies existen:
colores
vivos, colores pálidos; a la naranja, yo
la
llamaba madreselva. Pero él me corrigió:
Era
la bignonia venusta; a la fucsia, confundí
con
la santa rita: sin duda otro error:
esta
última es una buganvilla. Yo no sé o
yo
sé muy poco de este asunto de las plantas:
la
palabra achira me encanta más que la flor
de
nombre achira, una que él conoce y yo apenas
si
recuerdo, de otra vida, una vida anterior,
cuando
una mujer de campo cortó una para darme
con
un pan fragante recién hecho allá atrás
en
un horno de barro. Sauce Viejo era el lugar,
mil
años atrás y sin embargo ya entonces
él
y yo sin conocernos estábamos cerca.
Cuántas
veces se cruza uno con el que dice
ser
el amor que distinguirá entre millones
y
no distingue? Cuántas veces esta pregunta
fue
materia de poesía?
Seguramente
pronuncié las gracias.
AJEDREZ - Adelia Prado
Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.
Pusimos un tablero enfrente de nosotros:
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.
Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.
Henos aquí hace un siglo, sentados, meditando
encarnizadamente
cómo dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable, y para siempre, al otro.
Los caranchos. Poema
Gordos, acechando el borde la ruta, esperando
una carne muerta, desmayada en algún choque fatal.
Orondos, quedamos fugazmente en su retina,
y ellos un tiempo más permanecen en la nuestra,
en la mía; él está conduciendo. Tuvimos una pelea
que no fue la primera ni será la última.
Aquella ciudad, ¡enero!, es imposible.
El calor tiene la histeria del catch-as-can:
si me iré, si me dejarás, peleando en el umbral,
calculando como aves de rapiña.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Junio (Campolongo, 5 de julio de 1917) - Giuseppe Ungaretti
Cuando
se me muera
esta noche
y como otro
pueda mirarla
y me adormezca
al rumor
de las olas
que terminan
de enrollarse
a la cinta de acacias
de mi casa
Cuando me despierte
en tu cuerpo
que se modula
como la voz del ruiseñor
Se extenúa
como el color
reluciente
del grano maduro
En la transparencia
del agua
el oro de seda
de tu piel
se encarnecerá de moreno
Librada
de las lajas
sonoras
del aire serás
como un pantera
A los cortes
móviles
de la sombra
te deshojarás
Rugiendo
muda en
aquél polvo
me sofocarás
Después
entornarás los párpados
Veremos nuestro amor reclinarse
como tarde
Después veré
serenado
en el horizonte de alquitrán
de tus iris morirme
las pupilas
Ahora
el sereno está cerrado
como
a esta hora
en mi país de África
los jazmines.
He perdido el sueño
Oscilo
a orillas de un camino
como una luciérnaga
¿Se me morirá
esta noche?
Giugno (Campolongo il 5 luglio 1917). Quando / mi morirá / questa notte / e come un altro / potró guardarla / e mi addormenteró / al fruscio / delle onde / che finiscono / di avvoltolarsi // alla cinta di gaggie / della mia casa // Quando mi risveglieró / nel tuo corpo / che si modula / come la voce dell’usignolo // Si estenua / come il colore / rilucente / del grano maturo // Nella trasparenza / dell’acqua / l’oro velino / della tua pelle / si brenerá di moro // Librata / dalle lastre / squillanti / dell’aria sarai / come una / pantera //Ai tagli / mobili / dell’ombra / ti sfoglierai // Ruggendo / muta in / quella polvere / mi soffocherai // Poi / socchiuderai le palpebre //Vedremo el nostro amore reclinarsi / come sera //Poi vedró / rasserenato / nell’orizzonte di bitume / delle tua iride morirmi / le pupille / Ora / il sereno è chiuso / come / a quest’ora / nel mio paesed’Africa / i gelsomini / Ho perso il sonno / Oscillo / al canto d’una strada / come una lucciola / Mi morirà / questa notte ?
Mañana (Santa María La Longa, 26 de enero de 1917) _ Giuseppe Ungaretti
Me ilumino
de inmenso
Da Allegria di Naufragi (1919). Mattina (Santa Maria La Longa il 26 gennaio 1917). M’illumino / d’immenso
Epitafio para Bice Donnetti - Salvatore Quasimodo
Con los ojos a la lluvia y a los elfos de la noche,
está allá, en el campo quince, en Musocco,
la mujer emiliana que amé
en el tiempo triste de la juventud.
Hace poco fue jugada por la muerte
mientras miraba quieta el viento del otoño
sacudir las ramas de los plátanos y las hojas
desde la casa gris de periferia.
Su rostro está todavía vivo de sorpresa,
como en la infancia, fulminado
por el traga-fuego alto sobre el carro.
Oh, tú que pasas, empujado por otros muertos,
detente un minuto a saludar
a aquella que no se dolió jamás del hombre
que aquí está, odiado, con sus versos,
uno como tantos, obrero de sueños.
Epitaffio per Bice Donnetti. Con gli occhi alla pioggia e agli elfi della notte, / è là, nel campo quindici a Musocco, / la donna emiliana da me amata / nel tempo triste della giovinezza. / Da poco fu giocata dalla morte / mentre guardava quieta il vento dall’autunno / scrollare i rami dei platani e le foglie / dalla grigia casa di periferia. / Il suo volto è ancora vivo di sorpresa, / come fu certo nella infanzia, fulminato / per il mangiatore di fuoco alto sul carro. / O tu che passi, spinto da altri morti, / davanti alla fossa undici sessanta, / fermati un minuto a salutare / quella che non si dolse mai dell’uomo / che qui rimane, odiato, coi suoi versi, / uno come tanti, operaio di sogni.
Rie la urraca, negra sobre los naranjos - Salvatore Quasimodo
Tal vez es un signo verdadero de la vida:
en torno a mí muchachos con ligeros
movimientos de cabeza danzan en un juego
de cadencias y de voces a lo largo del prado
de la iglesia. Piedad del ocaso, sombras,
reencendidas sobre la hierba tan verde,
bellísimas al fuego de la luna.
Memoria os concede breve sueño;
ahora, despertaos. He aquí que cruje el pozo
con la primera marea. Esta es la hora:
no más mía, abrazados, remotos simulacros.
Y tú, viento del sur, fuerte de azahares,
empuja la luna adonde desnudos duermen
muchachos, fuerza al potro sobre los campos
húmedos de pisadas de yeguas, abre
el mar, levanta las nubes de los árboles:
ya la garza se adelanta hacia el agua
y husmea lenta el barro entre las espinas,
ríe la urraca, negra sobre los naranjos.
Da Nuove poesie (1936-1942). Ride la gazza, nera sugli aranci. Forse è un segno vero della vita: / intorno a me fanciulli con leggeri / moti del capo danzano in un gioco / di cadenze e di voci lungo il prato / della chiesa. Pietà della sera, ombre / riaccese sopra l’erba cosí verde, / bellisime nel fuoco della luna! / Memoria vi concede breve sonno; / ora, destatevi. Ecco, scroscia il pozzo / per la prima marea. Questa è l’ora: / non più mia, arsi, remoti simulacri. / E tu vento del sud forte di zàgare, / spingi la luna dove nudi dormono / fanciulli, forza il puledro sui campi /umidi d’orme di cavalle, apri / il mare, alza le nuvole dagli alberi: / giá l’airone s’avanza verso l’acqua / e fiuta lento il fango tra le spine, / ride la gazza, nera sugli aranci.
Garza muerta - Salvatore Quasimodo
En el pantano caliente, clavada en el limo,
querida por los insectos, me duele
una garza muerta.
Yo me devoro en luz y sonido;
derrotado, en ecos escuálidos,
de tiempo en tiempo gime un soplo
olvidado.
Piedad, que yo no sea,
sin voces y figura,
en la memoria un día.
Airone. Nella palude calda confitto al limo, / caro agli insetti, in me dolora / un airone morto. // Io mi divoro in luce e suono; / battuto in echi squallidi / da tempo a tempo geme un soffio / dimenticato. / Pietá, ch’io non sia / senza voci e figure / nella memoria un giorno.
Y de repente la noche . Salvatore Quasimodo
Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y de repente la noche.
Da Acque e terre (1920-1929). Ed è Subito Sera. Ognuno sta solo sul cuor della terra / trafitto da un raggio di sole: / ed è subito sera.
Color de la uva chinche. Poema
Lo que hace él, preguntarme la medida de mi dedo
Diecisiete o quince, porque de pronto he de mudarme
A su ciudad y hay pájaros extraños revoloteando en el aire
Cuyos nombres desconozco; se cierne la luz de otra manera
allá
Estamos los dos iguales planeando y ya somos distintos;
Es el principio del camino; aquello que crece en el borde
Es el sembrado y no parece haber malezas en la región;
Es fruto del esfuerzo del hombre, del amor;
Debemos encerrarnos por la tarde en un motel
Sabiendo que es una de las últimas veces que lo hacemos
Juntos; el atardecer cae del color de la uva chinche
Afuera, nosotros no lo vemos caer:
Estamos concentrados el uno en el otro.
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Chica rara, de 'Frankenweenie'
La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.
Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry
Un ornitorrinco / Un agente secreto.
Conocerlo todo, según Mahfuz
"Un escritor debe conocerlo todo, lo bueno y lo malo, especialmente esto último, pues la maldad es la fuente del teatro." Naguib Mahfuz.
Paradoja del deseo - Oscar Wilde
En este mundo yo sólo sé de dos desgracias: la primera es no conseguir lo que uno desea, y la otra es conseguirlo; ¡esta última es una verdadera tragedia!
Testamento de Florencio Sánchez
"Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido vencer en mi vida ha sido la de vivir. Por lo demás, si algo puede la voluntad de quien no ha podido tenerla, dispongo: primero, que no haya entierro; segundo, que no haya luto; tercero, que mi cadáver sea llevado sin ruido a la Asistencia Pública, y de allí a la Morgue. Sería para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección de cualquiera de mis músculos."
Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar
Ya a los 80 años, al responder una pregunta sobre su edad, dijo que no la notaba. "Cuando me canso -explicó- tengo 10 siglos; cuando trabajo, 40 años."
Siempre idéntica a sí misma
Estaban una pera y un tomate en la parada del autobús. Y el tomate le pregunta a la pera:
-¿Hace cuánto que espera?
Y la pera responde:
-Desde que nací.
Búsquedas desesperadas - Woody Allen
«No solo no existe Dios, sino a ver cómo encuentras un electricista un fin de semana».
Conócete a ti mismo. Oscar Wilde
Yo soy la única persona en el mundo a quien desearía conocer a fondo; pero no veo ninguna posibilidad de hacerlo, por ahora.
He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci
Las promesas engañan; el tiempo decepciona; la muerte burla los cuidados; las ansiedades de la vida son nada.
Etérea. Tradición oral española.
Este es el cuento de María Sarmiento
que fue a cagar y se la llevó el viento
De una Suplicante a Santa Lucía
En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!
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