La sensación de no comprender del todo el mundo y no saber si es uno o los demás...

La sensación de no comprender del todo el mundo y no saber si es uno o los demás...

Brindar con extraños. Libro de cuentos

Hace casi dos años recibí el premio del Programa San Luis libro por el libro de cuentos BRINDAR CON EXTRAÑOS, con un jurado de lujo: Ana María Shua y Alicia Steimberg. Pocos meses después, fue mención en el Casa de las Américas. La gente de San Luis lo editó, el libro es preciosooooo. Pero... no se distribuye, no se puede vender y los derechos vencen en abril del 2013. Mientras algún editor incauto se interesa en mis cuentos, iré publicándolos de a poquito en mi blog.

ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt

Minga de café. Abstención completa. ¿Y qué le queda a usted? Reducirse al capuchino, al innoble y seductor capuchino, que es una mezcla, por partes iguales, de leche y café, servida en una tacita de café. La tacita, para que usted se haga la ilusión de que se manda a bodega una ración de achicoria, y para engañar la visión, como los cocainómanos que cuando no tienen con qué doparse, toman por la nariz ácido bórico o magnesia calcinada. El caso es hacerse la ilusión...

Fidelidad presidencial

"Un día el presidente Coolidge y si mujer estaban de visita en una granja del gobierno. Al poco de llegar los embarcaron en excursiones separadas. Al pasar ante los pollos, la señora Coolidge preguntó al jefe de la granja si los gallos copulaban más de una vez al día. 'Docenas de veces', fue la respuesta. 'Por favor, dígaselo al presidente', pidió la señora Coolidge. Cuando el presidente pasó ante las aves y le contaron lo de los gallos, preguntó: '¿Cada vez con la misma gallina?' 'Ah, no, señor presidente, cada vez con una distinta.' El presidente asintió lentamente y añadió: 'Dígaselo a mi señora'."

citado en una antología de M H Siegel y H P Zeigler

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Prólogo del libro "El Familiar. Del ingenio La Esperanza al Museo de La Plata"


Desde una lectura ingenua, quizás algunos supongan exagerado el título de este prólogo. ¿Acaso es compatible la ciencia con la impunidad? En teoría los científicos son gente meritoria y sus producciones están destinadas a un ámbito preclaro que busca el avance del conocimiento en beneficio de la humanidad. Tal vez otros puedan argumentar, que unas “simples” imágenes son menos peligrosas y casi inocuas frente a lo sucedido con otros aspectos del genocidio indígena como las matanzas de prisioneros, las violaciones masivas a manos de la soldadesca, su hacinamiento en campos de concentración, la contaminación bacteriológica en instalaciones de la Marina o el reparto de niños como si fuesen “perritos”. Todas estas aristas son parte de una misma realidad como las fotos que integran Desmistificando El Familiar... que nada tienen de simples y que evidencian como la ciencia se va a acoplar a la perversa trilogía de la espada, la cruz y el capital, algo que pocos se atreven a mencionar quizás temiendo probables represalias académicas en sus puestos de trabajo o el ostracismo de sus producciones teóricas. La cuidadosa compaginación de las imágenes que ilustran este material, son huellas y pruebas concluyentes de la impunidad de científicos proclives al colonialismo mental. Las reproducciones testimonian el horror silencioso al que fueron sometidos una cantidad indeterminada de personas. Para Estanislao Zeballos, Francisco Pascasio Moreno, Carlos Bruch, Robert Lehmann-Nietsche y tantos otros exponentes ilustrados que dieron por sentado que la historia nunca dejaría atrás la oscura página del racismo, nos encontramos en los albores de un nuevo paradigma. La historia avanza contradiciendo el dogma oficial y oficioso. Tal vez no lo hace con la velocidad que deseamos, pero avanza. Sin embargo esa evolución no es gratuita ni se debe a mutaciones al azar, es producto del empuje de esfuerzos excepcionales de personas imprescindibles. Me permito parafrasear al dramaturgo Bertold Brecht cuando asegura que “existen hombres que luchan un día y son buenos, otros que luchan un año y son mejores, pero existen otros, que luchan toda la vida: esos son imprescindibles”. Afortunadamente en nuestro medio tenemos ejemplos como los de Alberto Rex González y Osvaldo Bayer que supieron trasmitirles a investigadores esclarecidos, como por ejemplo Diana Lenton, que la acumulación del conocimiento resulta inseparable de los valores éticos, condición que va de la mano de la necesidad de justicia y de la reparación histórica. Precisamente, gracias a la extraordinaria labor de esta nueva camada de antropólogos entre los que sin dudas sobresalen los integrantes de GUIAS, nuestros ojos llegan para dar cuenta de la naturalización de la violencia “objetiva”. La tarea desarrollada por Fernando Pepe, Miguel Añon Suárez y Patricio Harrison no consiste ni se remite a la mera publicación de una serie de negativos recuperados de los laberintos del museo platense, algo de por sí meritorio. Retomando de alguna manera la senda iniciada hace unos años por Xavier Kriscautzky en su excelente Desmemoria de La Esperanza, GUIAS también incursiona más allá de los aspectos de forma o editoriales y procura quebrar la invisibilidad a la que fueron sometidos los “trabajadores” del ingenio al relacionar las imágenes con los datos que consiguieron recuperar en un intento por devolverle la dignidad al fotografiado, desligándolo de esa sensación que provoca el muestrario de indígenas de frente y perfil, que remite inevitablemente a los prontuarios criminales, algo que subyace con total claridad en el muestrario de Lehmann-Nitsche. De ese modo, desde una actividad antropológica tan minuciosa como militante de lo que debe ser la ciencia, GUIAS viene bregando por la restitución de restos humanos como los de Damiana, Inacayal, Calfulcurá y tantísimos otros que deben ser prolijamente repatriados a sus comunidades como se pone en evidencia en sus exhaustivos trabajos anteriores Identificación y restitución: “Colecciones” de restos humanos en el Museo de La Plata (2008), “Iconografía”: los prisioneros de la campaña del desierto, de la isla Martín García al Museo de La Plata, 1886 (2009) y Feuguinos en el Museo de La Plata (2010). En su mayoría, las imágenes tomadas a los indígenas durante el último cuarto del siglo XIX hasta mediados del XX siguen un derrotero que pone en escena un itinerario de cosificación, violencia y sometimiento que nada tiene de ingenuo. La invisibilidad desciende sobre el indígena fotografiado y se convierte en un signo que poco y nada tiene que ver con su mismidad de ser humano. Lo podemos rastrear en las tomas de Antonio Pozzo en 1878 a Vicente Catriano Pincén en su estudio de Victoria 590 donde lo expone ante el lente de la cámara como un cacique indómito de torso desnudo al cual El Mosquito califica de “repugnante, inmundo, asquerosísimo” (Valko 2010: 158) hasta desembocar en las imágenes de Estanislao Zeballos tomando mate mientras exhibe displicente y orgulloso un grupo de cráneos que acaba de profanar de una sepultura en Trarú-Lavquen y que “casualmente” posan mirando hacia la cámara (Valko 2010: 389). También en los feuguinos que Juluis Popper acomoda a picaccere una vez asesinados, colocándoles arcos y flechas en las manos para simular una muerte en combate (Popper 1887: albúmina 51). Lo advertimos en los exóticos “caníbales conversos” del padre Beauvoir (GUIAS 2010: 38). Más tarde, ya entrado el siglo XX el rastro continua en el Malón de la Paz de 1946 donde las representaciones muestran a los kollas como un contingente sumiso y “satisfecho” de recibir un par de alpargatas en lugar de sus tierras ancestrales (Valko 2008: 366); incluso en los pilagás que retratan las revistas de la Gendarmería Nacional para afirmar que el Escuadrón 18 de Las Lomitas nada tuvo que ver con la mayor matanza de indígenas del siglo XX producida en 1947 en Rincón Bomba (Revista GN N° 101 y 120), genocidio que a mi juicio marca el fin de la Conquista del Chaco. En dichas publicaciones castrenses, los indígenas asumen un papel de extravagantes danzarines o mendigos pauperizados que reciben dadivas del generoso Escuadrón 18, pese a lo cual, demostrando lo “desagradecidos” que son los pilagás y wichis producen El Ultimo alzamiento indígena tal cual reza el titulo de la nota que la Revista de Gendarmería Nacional adjudica a la tremenda masacre desatada el 10 de octubre de 1947 (Revista GN 120: 17). La ilación de los distintos episodios que acabo de enumerar, aunque parezcan un tanto sinuosos o incluso esquizoides, resulta clara: los indios son sucios, salvajes, exóticos, piadosos, sumisos, mendigos y alzados desagradecidos. Son meros objetos. Son la presentificación de una ausencia impuesta. Son todo eso a la vez. Es decir, no son. Las fotos tomadas a principio del siglo XX por el entomólogo Carlos Bruch, al servicio de la “expedición” de Robert Lehman Nitsche al Ingenio La Esperanza en poco y nada se diferencian de las de sus colegas Antonio Pozzo embarcado en el rally roquista o las de Arturo Mahile durante El Viaje al país de los ranqueles de Zeballos, en ambos casos la iconografía se pone al servicio de los vencedores y nos cuentan su relato de impunidad. Las reproducciones de Bruch de 1906 no hablan, pero dicen. Parecen quietas en su inmovilidad, pero acusan, señalan sin necesidad de apuntar con el índice. Rompen y se evaden de su destino de jaula de papel. Sus miradas eternizadas por el dolor y el espanto incriminan la “objetividad” de científicos que fueron celebrados en su momento por el mundillo académico como autoridades indiscutibles. Zeballos fue uno de los fundadores de la Academia de Ciencias, Moreno fue director vitalicio del mayor museo de ciencias naturales del país y Lehmann-Nitsche durante un largo período fue responsable del Departamento de Antropología Biológica del museo platense. Evidentemente la Zanja de Alsina nunca abandonó del todo el imaginario argentino, y contribuyó a depositar del otro lado del foso a una constelación de individuos, etnias y agrupaciones que fueron inferiorizados, juzgados como indeseables o quistes a extirpar del cuerpo de la Nación. Hoy son ellas quienes juzgan a una elite que fue no sólo opresora del mundo indígena sino también represora feroz de elementales reivindicaciones obreras. Basta recordar que la Ley de Residencia 4.144 redactada por Miguel Cané y puesta en vigor durante la segunda presidencia del general Roca que determinaba la expulsión de los extranjeros de ideología disolvente, data de 1902. Cuatro años después, en momentos en Samuel Lafone Quevedo era director del Museo de La Plata, se realiza la expedición de Roberto Lehman-Nitsche para ver de cerca a esos otros “extranjeros” que habitan más allá de la Zanja. La gran concentraciones de braceros para la zafra fue una gran 'oportunidad' para realizar mediciones de talla, de peso, de tipologías de cabellos y demás caracteres somáticos donde Roger y Walter Leach, dueños del ingenio azucarero pusieron al servicio de la expedición masas de indígenas que Lehmann-Nitsche describió como “brazos baratos que constituyen un cuerpo de obreros sumamente barato y sin pretensiones” (1908: 54). Estos indígenas “sin pretensiones” eran conchabados por sumas irrisorias, sumas que para colmo, terminaban en la caja registradora de los almacenes de La Esperanza. En ese entonces cuando Lehmann-Nitsche se fastidiaba de las mediciones de membranas natatorias, cráneométricas o índices faciales, descansaba la vista de una manera cuando menos 'curiosa', mandando retratar indígenas desnudas, tal como él mismo confiesa “para conseguir algo de variedad y para no cansar a la vista, hemos alternado los relevamientos matemáticos con otros de índole artístico” (Lehmann-Nitsche 1908: 55). Vale aclarar que, cuando el joven investigador ordenaba tales fotografías “artísticas” contaba con 34 años. ¿Hasta donde llegaba la impunidad y la falta de ética del científico europeo? Sin embargo, y más allá del esparcimiento erótico, Lehmann-Nitsche tenía muy en claro que se encontraba del otro lado de la Zanja de Alsina, donde habita la “barbarie”, por eso resulta casi natural que el especialista sumergido en medio de miles de braceros indígenas “descubra” y “describa” fisonomía de matacos “sirios”, de chiriguanos “hebreos”, de chorotes “zulúes” que, como no podía ser de otra manera, poseen rasgos “primitivos” o “degeneramientos” diversos, y obviamente “suciedad” y “piojos”. Las huellas de la impunidad académica impregnan hasta los epígrafes impuestos por estos sucesores del “perito” Moreno que como ya sabemos, no se conformaba en coleccionar cientos de cráneos de “los últimamente vencidos” sino que también se complacía en apropiarse de 'especimenes` vivos como los caciques Foyel e Inacayal con sus respectivas familias a quienes sacaba a relucir cada vez que recibía ilustres visitas del extranjero. Afortunadamente, hoy, otra sensibilidad devela este conjunto de huellas que permiten vislumbrar el destino de millares de seres humanos. Recuperados los rostros de la oscuridad de los sótanos del Museo de La Plata, donde aquellos negativos de vidrio se habían extraviado para que la desmemoria terminara su labor de carcomer las identidades de estos auténticos prisioneros del enorme archipiélago del Gulag argentino. Un siglo después de la exposición forzada ante el ojo de la cámara, resulta conveniente llamar la atención sobre el curioso extravío de tales negativos. Es algo más que la habitual desidia administrativa a la que estamos acostumbrados y que termina arruinando el patrimonio que debe salvaguardar. En este caso, la motivación huele a otra cosa. ¿Por qué un esfuerzo documental tan importante que en su momento insumió recursos considerables como la “Expedición Científica” al Ingenio La Esperanza termina “extraviada” en los sótanos? Dado el problema que últimamente se viene suscitando entre las comunidades que reclaman la restitución de restos ancestrales y cierto establishment académico que, los considera un bien patrimonial cuyo desprendimiento empobrecería al Museo de Ciencias Naturales, parece más probable situar el extravió de estos negativos en tal disputa, a los cuales alguien, con absoluto conocimiento de causa, prefirió hacer desaparecer para ocultar las pruebas de la ignominia y exonerar a los culpables de tanto cautivo de la ciencia. Estas imágenes que aunque pretenden instalarse como excusas de superioridad, en tanto signos, no son univocas, por el contrario su rasgo distintivo es la equivocidad semántica. Significa que poseen más de un sentido. Al igual que una moneda, tienen al menos dos caras y ponen en juego la relación dialéctica de amos y esclavos, circunstancia que de algún modo nos remite a aquel debate entre Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de Las Casas realizado en Valladolid en 1550, donde se puso en discusión la calidad humana del habitante de América. La tesis que sobrevoló la erudita discusión realizada en latín, claro está, y que se desarrolló durante largos meses, fue la concepción aristotélica acerca de que el estado natural de la sociedad humana no es la igualdad sino la jerarquía. Siglos después, en las tomas ordenadas por Lehmann-Nitsche advertimos un posicionamiento similar, una gradación entre fotógrafos y fotografiados, de dueños y siervos, de carceleros y presos, de hombres y subhumanos. De un lado tenemos las miradas que atestiguan un Fin del Mundo. Nos observan desde aquella desolación con ojos que pertenecen a náufragos sin islas. No es una metáfora. ¿Acaso tenían algún sitio donde asirse para refugiarse del accionar de militares, eclesiásticos, empresarios y científicos? Del otro lado, advertimos en los márgenes del punto que captura la atención de la foto, detalles que evidencian la presencia siniestra de los científicos satisfechos de exhibir sus presas colocándolas en el portaobjeto del lente de la cámara, disponiendo de sus especimenes a los que obligan a posar para el zoológico académico. Es muy elocuente ese residuo de significación que se agita con desparpajo en las orillas perceptivas. Algunos pueden suponer que se trata de un producto del descuido o del azar. Sin embargo, tales emergencias subliminales expresan una serie de situaciones tan trascendentes como la figura donde se concentra la atención. Advertimos como por momentos se asoman en la composición de la toma o a través de detalles sutiles como una cama junto a una mujer desnuda, o emergen en la sombra de un asistente frente a las miradas de miedo o de curiosidad del indígena frente al trípode de la cámara. Otros signos son más difíciles o confusos de distinguir como manchas de sangre en los labios de alguna mujer o en el varón que se ve obligado a cerrar sus piernas para ocultar sus genitales y brindar una imagen femenina. ¿Qué significa toda esa parafernalia escenográfica? Tales composiciones fotográficas no son errores, ni deslices, ni mucho menos ciencia, son mensajes mafiosos de la impunidad académica. Los integrantes de la expedición al ingenio tienen un ansia de protagonismo que corre parejo con su sensación de superioridad. Sin embargo estos detalles que venimos mencionando, por su origen sígnico son equívocos, significan y se escapan de la intencionalidad de Roberto Lehmann-Nitsche y Carlos Bruch conducen el recorrido de nuestra percepción haciendo foco en los rostros que, aun en los pocos casos donde esbozan una tímida sonrisa, acusan a una elite opresora e incluso hasta nos avergüenzan de nuestra posición de voayers privilegiados que mira a unos y otros. El ingenio azucarero La Esperanza donde se obtuvieron estas fotos no es otra cosa que una ventana que nos permite asomarnos a uno de los tantos campos de trabajos forzados para indígenas inaugurados en tiempos de Adolfo Alsina y Julio Roca. Es una ventana a la más cruel impunidad que, como el Apocalipsis tuvo cuatro jinetes. El capital que heredó los 42.000.000 de hectáreas de las naciones originarias; la religión con su Consejo para la Conversión de Indios al Catolicismo rememorando los primeros tiempos de la Conquista; el Ejército que repartió medallas al por mayor por la supuesta proeza militar de llegar al río Negro, mientras que diarios de aquel entonces como La Libertad afirmaban “Qué gloria podría reclamar el General Roca, por el hecho de ir a pasear a un campo conquistado” (Valko 2010: 167). Pero también existe un último jinete, una impunidad de la que casi nadie habla, una impunidad científica que, al igual que la religión, sirvió de cobertura ideológica al genocidio y posterior cosificación de los pueblos originarios. No hubo Conquista del Desierto, hubo una Construcción del Desierto que siguió a rajatabla aquel dogma de Zeballos: “La Barbarie está maldita y no quedarán en el desierto ni los despojos de sus muertos” (Zeballos 1881: 237). En definitiva se trató de una cacería donde los cuatro jinetes obtuvieron su regia tajada. Ha pasado largo tiempo desde la época en que Francisco Moreno escribe a su padre dando rienda suelta a su éxtasis ante la abundante cosecha de cráneos que va recolectando en sus expediciones: “la cabeza [de Catriel] sigue aquí conmigo; hace un rato que la revisé pero aunque la he limpiado un poco, sigue siempre con bastante mal olor. Me acompañará al Tandil porque no quiero separarme de esa joya, la que me es bastante envidiada” (Moreno, E. 1997: 66). Hoy nuevos aires soplan en los pasillos del Museo como lo prueba la reciente restitución de Damiana a los Aché, realizada en junio de 2010. Frente al material que devela Desmistificando: El Familiar... Frente a esos ojos muertos que siguen mirándonos desde estas paginas existen dos caminos a seguir; o nos convertimos en una suerte voayers que asisten a una función sin fin de pornografía científica, o nos plegamos a la denuncia de GUIAS y a su trabajo de divulgación de lo ocurrido para que los restos humanos de los prisioneros de las campañas militares dejen de ser trofeos de guerra que habitan frascos, vitrinas, y probetas, puedan recuperar la dignidad humana y sean restituidos a sus comunidades de origen.

Marcelo Valko Titular de la cátedra Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia de la maestría en DDHH de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo

jueves, 15 de septiembre de 2011

El rabo. Cuento popular de las Montañas Escocesas

Erase una vez un pastor que salió al campo para cuidar sus ovejas. Era un día frío y brumoso, y tuvo muchas dificultades para encontrarlas. Por fin las reunió todas menos una, y tras mucho buscar también encontró a aquélla, medio ahogada en una turbera. Así que el pastor se quitó la capa, se agachó, agarró la oveja por el rabo ¡y tiró! La oveja estaba empapada y pesaba mucho, así que el pastor se quitó el abrigo, ¡¡y tiró!!, pero aquello era demasiado para él, así que escupió en sus manos, agarró bien el rabo ¡¡¡y tiróoooo!!! ¡y se rompió el rabo!, y de no ser por eso, este cuento hubiera sido mucho más largo.

Los bellos antílopes


Los antílopes son gente extraña... bellos de mirar, y tramposos. No confiamos en ellos. Aparecen y desparecen; son como sombras en la pradera. Debido a su hermosura, a veces los hombres jóvenes siguen a los antílope y se pierden para siempre. Incluso aquellos que consiguen regresar nunca vuelven a estar en sus cabezas.

Pretty Shield, Escudo Bonito, curandera crow,
transcrito por Frank Linderman, 1932.



martes, 13 de septiembre de 2011

Te solté la rienda. Ranchera. José Alfredo Jiménez



Se me acabó la fuerza
de mi mano izquierda
voy a dejarte el mundo
para ti solita
Como al caballo blanco
le solté la rienda
a ti también te suelto
y te me vas ahorita

Y cuando al fin comprendas
que el amor bonito
lo tenías conmigo
Vas a extrañar mis besos
en los propios brazos
del que esté contigo
Vas a sentir que lloras
sin poder siquiera
derramar tu llanto
y has de querer mirarte
en mis ojos tristes
que quisiste tanto
que quisiste tanto
que quisiste tanto

Cuando se quiere a fuerza
rebasar la meta
y se abandona todo
lo que se ha tenido
Como tú traes el alma
con la rienda suelta
a ti también te suelto
y te me vas ahorita

Y cuando al fin comprendas
que el amor bonito
lo tenías conmigo
Vas a extrañar mis besos
en los propios brazos
del que esté contigo
Vas a sentir que lloras
sin poder siquiera
derramar tu llanto
y has de querer mirarte
en mis ojos tristes
que quisiste tanto
que quisiste tanto
y que quieres tanto

Se me acabó la fuerza
y te solté la rienda.-

No me amenaces. Ranchera. José Alfredo Jiménez


No me amenaces, no me amenaces;
cuando estés decidida a buscar otra vida,
pues agarra tu rumbo y véte;
pero no me amenaces, no me amenaces;
ya estás grandecita, ya entiendes la vida
ya sabes lo que haces.

Porque estás que te vas,
y te vas, y te vas, y te vas
y te vas, y te vas, y no te has ido
y yo estoy esperando tu amor,
esperando tu amor, esperando tu amor
o esperando tu olvido.

No me amenaces, no me amenaces,
si ya fue tu destino olvidar mi cariño
pues agarra tu rumbo y véte;
pero no me amenaces, no me amenaces
ya juega tu suerte, ahí traes la baraja
pero yo tengo los áses.

Porque estás que te vas y te vas...

domingo, 11 de septiembre de 2011

10 cosas que odio de ti


Odio cómo me hablas y tu forma de conducir
odio tu corte de cabello y lo que llegué a sentir
odio tus espantosas botas y que me conozcas bien
te odio hasta vomitar, qué bien va a rimar...

Odio...odio que sepas pensar y que me hagas reír
odio que me hagas sufrir y odio que me hagas llorar
odio tanto estar sola, que no hayas llamado aún
pero más odio que no te pueda odiar y aunque estés tan loco, 

ni siquiera un poco lo he de intentar..


original:
I hate the way you talk to me
And the way you cut your hair.
I hate the way you drive my car.
I hate it when you stare.
I hate your big dumb combat boots and the way you read my mind.
I hate you so much it makes me sick It even makes me rhyme.
I hate the way you're always right.
I hate it when you lie.
I hate it when you make me laugh even worse when you make me cry.
I hate it that you're not around
And the fact that you didn't call.
But mostly I hate the way I don't hate you not even close, not even a little bit, not any at all...



Tomado de la película homónima, dirigida en 1999 por Gill Junger e inspirada en La fierecilla domada, de Shakespeare

Disfuncional para la vida, funcional para la literatura

Dice el escritor Harry Block, en un sueño, a los personajes de sus libros que son quienes les están rindiendo un homenaje:
Los quiero a todos, de veras. Me han dado uno de los momentos más felices de mi vida, y a veces la han salvado por completo. Ahora comprendo que me han enseñado mucho y les estoy agradecido. A veces, un tipo puede no funcionar bien en la vida y sí lo hace en la literatura. De cierta manera es triste, pero es chistoso a la vez


De "Los secretos de harry", de woody allen

viernes, 9 de septiembre de 2011

Sí, creo en el amor. Poema


unas veces, pienso, creo que el amor muere
pero la esperanza resurge siempre.
otras, que la esperanza muere
pero el amor resurge siempre.
en ocasiones, que el adulterio es
el sitio más adrenalínico de la tierra,
y también que es el sitio
donde la cal blanquea a los muertos.
unas veces me parece que el amor
es mágico y sobrenatural,
y otras que el amor es un acto de voluntad
y significa un trabajo.
alguien dijo que el amor no se pasa
sino que nosotros pasamos por el amor
y esto no viene a ser lo mismo;
una mujer dijo que podría habérsela pasado
mejor sin cuatro cosas en la vida:
amor, curiosidad, pecas y dudas.
en ocasiones creo que es esencial
y a veces pienso que la única razón
por la cual el amor es esencial
es que si uno no lo tiene,
se pasa la vida buscándolo.




Poema que escribí hace mucho y entre tormentas eléctricas sucesivas en que se quemaron sucesivas computadoras, lo perdí. Pensé que a veces el universo se cobra un poco de lo que nos dá y que hay que hacerse ducho en el arte de perder. pero ahora lo reencontré gracias al blog de poesía de German Arens. Así que gracias, Germán!

domingo, 4 de septiembre de 2011

discreto encanto: El desastre del sentido moral humano - Mark Twain

discreto encanto: El desastre del sentido moral humano - Mark Twain: Le dije a Satanás que aquella escena era algo bestial. -No, era algo humano. No debes insultar a las bestias con el mal uso de esa palabra;...

El desastre del sentido moral humano - Mark Twain

Le dije a Satanás que aquella escena era algo bestial.
-No, era algo humano. No debes insultar a las bestias con el mal uso de esa palabra; no se lo merecen. Es propio de tu raza mezquina, siempre arrogándose virtudes que no tiene, siempre negándoselas a los animales superiores. Los únicos que las poseen. Una bestia nunca comete una crueldad; cometer crueldades es un monopolio de los que tienen sentido moral. Cuando una bestia causa dolor, lo hace inocentemente; no obra mal; no tiene noción del mal. Y no causa dolor por el placer de hacerlo; sólo el hombre hace eso, inspirado en su bastardo sentido moral. Un sentido cuya función es distinguir entre el bien y el mal, con la libertad de escoger cuál de los dos va a hacer. Ahora, ¿qué ventaja puede sacar de escoger? Siempre está escogiendo, y en nueve de cada diez casos prefiere el mal. No debería haber mal alguno, y sin el sentido moral no existiría. Sin embargo, el hombre es una criatura tan irracional, que no es capaz de percibir que el sentido moral lo degrada hasta los niveles más bajos de los seres animados, y que es una posesión vergonzosa.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Pluma, lápiz y veneno - Oscar Wilde


Ha sido constante motivo de reproche contra los artistas y hombres de letras su carencia de una visión integral de la naturaleza de las cosas. Como regla, esto debe necesariamente ser así. Esa misma concentración de visión e intensidad de propósito que caracteriza el temperamento artístico es en sí misma un modo de limitación. A aquellos que están preocupados con la belleza de la forma nada les parece de mucha importancia. Sin embargo, hay muchas excepciones a esta regla. Rubens sirvió como embajador, Goethe como consejero de Estado, y Milton como secretario de Cromwell. Sófocles desempeñó un cargo cívico en su propia ciudad; los humoristas, ensayistas y novelistas de la América moderna no parecen desear nada mejor que transformarse en representantes diplomáticos de su país; y el amigo de Charles Lamb, Thomas Criffiths Wainewright, terna de esta breve memoria, aunque de un temperamento extremadamente artístico, siguió muchos otros llamados además del llamado del arte; no fue solamente un poeta y un pintor, un crítico de arte, un anticuario, un prosista, un aficionado a las cosas hermosas y un diletante de las cosas encantadoras, sino también un falsificador de capacidad más que ordinaria, y un sutil y secreto envenenador, casi sin rival en ésta o cualquier edad.
Este hombre destacable, tan poderoso con "pluma, lápiz y veneno", como dijo finamente de él un gran poeta de nuestros propios días, había nacido en Chiswick en 1794. Su padre era el hijo de un distinguido abogado de Gray's Inn y Hatton Carden. Su madre era hija del celebrado doctor Griffiths, el editor y fundador de la Monthly Review, el partícipe en otra especulación literaria de Thomas Davis, ese famoso librero de quien Johnson dijo que no era un librero, sino "un caballero que comerciaba en libros", el amigo de Goldsmith y Wedgwood, y uno de los más conocidos hombres de su día. La señora Wainewright murió al darlo a luz, a la temprana edad de veintiuno, y una noticia necrológica en el Gentleman's Magazine nos habla de su "amable disposición y numerosos méritos" y agrega algo extrañamente que "se supone que ella había comprendido los escritos del señor Locke tan bien como quizá no lo hizo ninguna persona de uno u otro sexo hoy viviente". Su padre no sobrevivió mucho a la joven esposa, y el pequeño parece haber sido educado por su abuelo y, tras la muerte de éste en 1803, por su tío, George Edward Griffiths, a quien posteriormente envenenó. Pasó su juventud en Lindon House, Turnham Creen, una de aquellas muchas hermosas mansiones georgianas que, desgraciadamente, han desaparecido ante las incursiones del constructor suburbano, y a sus amorosos jardines y bien arbolado parque debió ese simple y apasionado amor a la naturaleza que no lo abandonó a través de su vida y que lo hizo tan particularmente susceptible a las influencias espirituales de la poesía de Wordsworth.
Sin embargo, no debemos olvidar que este joven cultivado, que fue tan susceptible a las influencias wordsworthianas, fue también uno de los más sutiles y secretos envenenadores de ésta o cualquier edad. Cómo se sintió inicialmente fascinado por este extraño pecado, no nos lo cuenta, y el diario en el que anotó cuidadosamente los resultados de sus terribles experimentos y los métodos que adoptó, infortunadamente se ha perdido para nosotros. Además, se mostró reticente hasta sus últimos días en la materia y prefirió hablar sobre La excursión y los Poemas basados en el afecto. No hay duda, sin embargo, de que el veneno que usaba era la estricnina. En uno de los hermosos anillos que tanto lo enorgullecían, y que le servían para ostentar el fino modelado de sus manos marfileñas, acostumbraba llevar cristales de la nux vomita india, un veneno -nos dice uno de sus biógrafos- "casi insípido, y capaz de una disolución casi infinita". Sus asesinatos, dice De Quincey, fueron más de los que se dieron a conocer judicialmente. De esto no hay duda, y algunos de ellos son merecedores de mención. Su primera víctima fue su tío, Thomas Griffiths. Lo envenenó en 1829 para tomar posesión de Lindon House, un lugar al que se había sentido siempre muy unido. En agosto del año siguiente envenenó a la señora Abercrombie, su suegra, y en diciembre envenenó a la amorosa Helen Abercrombie, su cuñada. Por qué asesinó a la señora Abercrombie no está averiguado. Puede haber sido por un capricho, o para gratificar cierto perverso sentimiento de poder que había en él, o porque ella sospechaba algo, o por ninguna razón. Pero el asesinato de Helen Abercrombie fue llevado adelante por él y su esposa en consideración a una suma de unas 18.000 libras, en la que ellos habían asegurado la vida de ella en varias compañías.
Al agente de una compañía de seguros que lo visitaba una tarde y que creyó que podría aprovechar la ocasión para señalar que, después de todo, el crimen era un mal negocio, le replicó: "Señor, ustedes, hombres de la Ciudad, entran en sus especulaciones y aceptan sus riesgos. Algunas de sus especulaciones tienen éxito, algunas fracasan. Sucede que las mías han fallado, sucede que las suyas han tenido éxito. Esa es la única diferencia, señor, entre mis visitantes y yo. Pero, señor, le mencionaré a usted una cosa en la que yo he tenido éxito hasta el final. He estado determinado a conservar a través de la vida la posición de un caballero. Siempre he hecho eso. Lo hago aún. Es costumbre de este lugar que cada uno de los inquilinos de una celda cumpla su turno de limpieza. ¡Yo ocupo una celda con un albañil y un deshollinador, pero ellos nunca me ofrecen la escoba!". Cuando un amigo le reprochó el asesinato de Helen Abercrombie, él se encogió de hombros y dijo: "Sí, fue cosa espantosa hacerlo, pero tenía tobillos muy gruesos".
Naturalmente, está muy cerca de nuestro propio tiempo para que seamos capaces de formar algún juicio puramente artístico sobre él. Es imposible no sentir un fuerte prejuicio contra un hombre que podría haber envenenado a Tennyson, o al señor Gladstone, o al señor de Balliol. Pero si el hombre hubiera usado un ropaje y hablado un idioma diferente del nuestro, si hubiera vivido en la Roma imperial o en el tiempo del Renacimiento italiano, o en la España del siglo XVII, o en cualquier tierra y cualquier siglo que no fueran los nuestros, hubiéramos sido capaces de arribar a una estimación perfectamente desprejuiciada de su posición y valor. Yo sé que hay muchos historiadores, o al menos escritores sobre asuntos históricos, que aun creen necesario aplicar juicios morales a la historia, y que distribuyen su elogio o reprobación con la solemne complacencia de un maestro de escuela satisfecho. Este es, sin embargo, un hábito tonto, y solamente demuestra que el instinto moral puede ser llevado a un grado tan elevado de perfección que hace su aparición dondequiera no es requerido. Ninguna persona con verdadero sentido histórico soñaría nunca con reprobar a Nerón, regañar a Tiberio, o censurar a César Borgia. Esas personas son como los títeres de una representación. Pueden llenarnos de terror, horror o admiración, pero no pueden hacernos daño. No están en relación inmediata con nosotros. No tenemos nada que temer de ellos. Han pasado a la esfera del arte y de la ciencia, y ni el arte ni la ciencia saben nada de aprobación o desaprobación moral. Y así puede suceder algún día con el amigo de Charles Lamb. Por el momento, siento que él es un poco demasiado moderno para ser tratado con ese fino espíritu de curiosidad desinteresada, al que debemos tantos encantadores estudios de los grandes criminales del Renacimiento italiano, de las plumas del señor John Addington Symonds, la señorita Mary F. Robinson, la señorita Vernon Lee y otros distinguidos escritores. Sin embargo, el Arte no lo ha olvidado. Él es el héroe de Hunted Down, de Dickens; el Varney de la Lucretia, de Bulwer; y es grato notar que la ficción ha rendido algún homenaje a quien fue tan poderoso con "pluma, lápiz y veneno". Ser inspirador para la ficción es mucho más importante que una simple realidad.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Comentario sobre el antisemitismo (1938) Sigmund Freud


Examinando los comentarios de la prensa y de la literatura provocados por las recientes persecuciones a los judíos, encontré un ensayo que me pareció tan inusual que tomé algunas notas para mi propio uso. Lo que el autor de ese ensayo escribía era aproximadamente lo siguiente:
«A modo de prólogo, debo explicar que no soy judío y, por ende, no me impulsa a hacer estas observaciones ningún propósito egoísta. Pero he sentido vivo interés por los excesos
antisemitas actuales y he dirigido particular atención a las protestas contra ellos. Estas protestas vienen de dos direcciones: la eclesiástica y la laica; las primeras, en nombre de la religión; las segundas, apelando a la humanidad. Las primeras fueron escasas y llegaron tarde, pero cierto es que llegaron, y aun Su Santidad el Papa elevó su voz. Confieso que eché en falta algo en las manifestaciones provenientes de ambos lados: alguna cosa al principio y otra al final. Intentaré proporcionarlo ahora. »Pienso que todas esas protestas podrían ir precedidas por una introducción especial que dijera: "Es verdad: tampoco a mí me gustan los judíos. Me parecen en cierto modo extraños y antipáticos. Tienen muchas cualidades desagradables  y grandes defectos. Pienso, también, que la influencia que han ejercido en nosotros y en nuestros asuntos ha sido sobre todo negativa. Su raza, comparada con la nuestra, es evidentemente inferior; todas sus actividades hablan en favor de ello". Y después de esto, lo que en realidad contienen esta.. protestas podría continuar sin que hubiera discrepancia alguna: "Pero nosotros profesamos una religión de amor. Debemos amar como a nosotros mismos incluso a nuestros enemigos. Sabemos que el Hijo de Dios dio su vida
en la Tierra para redimir a todos los hombres de la carga del pecado. El es nuestro modelo y, por consiguiente, consentir que los judíos sean insultados, maltratados, robados y sumidos en la miseria es pecar contra su intención y contra los mandamientos de la religión cristiana. Debemos protestar contra esto, sin tener en cuenta si los judíos merecen poco o mucho este trato". Los escritores laicos que creen en el evangelio de la Humanidad protestan en términos similares.
"Confieso que no me ha satisfecho ninguna de estas manifestaciones. Aparte de la religión de amor y humanidad hay también una religión de verdad, que ha salido mal parada de estas protestas. Pero lo cierto es que durante muchos siglos hemos tratado injustamente a los judíos y que
continuamos haciéndolo al juzgarlos injustamente.
Cualquiera de nosotros que no empiece por admitir nuestra culpa no ha cumplido con su deber en esto. Los judíos no son peores que nosotros; tienen otras características y otros defectos, pero en conjunto no tenemos derecho a despreciarlos.
Incluso en algunos aspectos son superiores a nosotros. Ellos no necesitan tanto alcohol para hacer la vida tolerable; son muy raros entre ellos los crímenes brutales, los asesinatos, los robos a mano armada y las violencias sexuales; siempre han concedido gran valor a las realizaciones e intereses intelectuales; su vida familiar es más íntima; cuidan mejor de los pobres; consideran la caridad un deber sagrado. Tampoco
podemos llamarlos inferiores en ningún sentido. Desde que les hemos permitido cooperar en nuestros
quehaceres culturales, se han hecho meritorios por sus valiosas contribuciones en todas las esferas de la ciencia, el arte y la tecnología, y nos han pagado abundantemente por nuestra tolerancia. Así pues, cesemos por fin de hacerles concesiones como si fueran favores, cuando ellos tienen derecho a que
se les haga justicia».
Era natural que tan decidida adhesión de parte de alguien que no era judío causara en mí una profunda impresión. Pero tengo que hacer una extraña confesión. Soy un hombre muy viejo y mi memoria no es ya la que era. No puedo recordar dónde leí el ensayo del que.. tomé las notas ni quién era su autor. ¿Tal vez uno de los lectores de esta revista podrá venir en mi ayuda?
Acaba de llegar a mis oídos el rumor de que probablemente tenía presente el libro del conde Heinrich Coudenhove-Kalergi titulado Das Wesen des Antisemitismus {La esencia del antisemitismo}, que contiene precisamente lo que el autor que ahora no puedo recordar echaba en falta en las recientes protestas, y algunas cosas más. Conozco el libro. Apareció por vez primera en 1901 y fue reimpreso por su hijo [el conde Richard Coudenhove-Kalergq en 1929 con una admirable introducción. Pero no puede ser. Yo
me refiero a un pronunciamiento más breve y reciente. ¿O estoy equivocado, no existe tal cosa, y el trabajo de los dos Coudenhoves no ha tenido influencia alguna en nuestros contemporáneos?

Tradución de Etcheverry

El exilio de Helena

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Botticelli

Chica rara, de 'Frankenweenie'

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La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.

Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry

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Un ornitorrinco / Un agente secreto.

Fiera venganza la del tiempo

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el joven Bono

Tiéntame, Liam...

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Los viernes me siento así

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Ilsutración de Walter Crane sobre La Bella y la Bestia

Conocerlo todo, según Mahfuz

"Un escritor debe conocerlo todo, lo bueno y lo malo, especialmente esto último, pues la maldad es la fuente del teatro." Naguib Mahfuz.

Paradoja del deseo - Oscar Wilde

En este mundo yo sólo sé de dos desgracias: la primera es no conseguir lo que uno desea, y la otra es conseguirlo; ¡esta última es una verdadera tragedia!

Testamento de Florencio Sánchez

"Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido vencer en mi vida ha sido la de vivir. Por lo demás, si algo puede la voluntad de quien no ha podido tenerla, dispongo: primero, que no haya entierro; segundo, que no haya luto; tercero, que mi cadáver sea llevado sin ruido a la Asistencia Pública, y de allí a la Morgue. Sería para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección de cualquiera de mis músculos."

A veces no soy prudente en asuntos de amor

A veces no soy prudente en asuntos de amor
Caperucita Roja. Gustavo Doreé.

Leonard Cohen

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Celeste Albaret

Celeste Albaret
Pintada por Jean Claude Fourneaur, 1957

Quiero el sillón presidencial

Quiero el sillón presidencial
Mother Gothel, Rapunzel

Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar

Ya a los 80 años, al responder una pregunta sobre su edad, dijo que no la notaba. "Cuando me canso -explicó- tengo 10 siglos; cuando trabajo, 40 años."

Sobre la vejez. André Maurois

Envejecer es una mala costumbre.

Siempre idéntica a sí misma

Estaban una pera y un tomate en la parada del autobús. Y el tomate le pregunta a la pera:
-¿Hace cuánto que espera?
Y la pera responde:
-Desde que nací.

Búsquedas desesperadas - Woody Allen

«No solo no existe Dios, sino a ver cómo encuentras un electricista un fin de semana».

Conócete a ti mismo. Oscar Wilde

Yo soy la única persona en el mundo a quien desearía conocer a fondo; pero no veo ninguna posibilidad de hacerlo, por ahora.

He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci

Las promesas engañan; el tiempo decepciona; la muerte burla los cuidados; las ansiedades de la vida son nada.

Casi perfecta

Casi perfecta
Pavo real albino del zoo de Colombia

La Rana Más Bella del Mundo

La Rana Más Bella del Mundo
La Más Venenosa!

Etérea. Tradición oral española.

Este es el cuento de María Sarmiento

que fue a cagar y se la llevó el viento

Así de camella han estado mis vacaciones

Así de camella han estado mis vacaciones

Chirimoyas del amor

Chirimoyas del amor

Ser tu ángel de la guarda

Ser tu ángel de la guarda
Porno victoriano

Porno Victoriano

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Una chica común

Topless

Topless
Porno victoriano

Hacerte un poco de daño

Hacerte un poco de daño
Porno Victoriano

Peggy Olsen

Peggy Olsen
Una puede ser como ella...

De una Suplicante a Santa Lucía

En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!

Santa Lucía

Santa Lucía
Patrona de los Ojos

La niña que baila

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Miniatura de Antonio Esquivel

Este fin de semana viajo fuera...

Este fin de semana viajo fuera...
Anita Ekberg, 1953

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