Caminaré entre las piedras

Este es el cuento del Ratón que se comió un
melón...

Pensaba la Reina Batata: "Ahora me pincha y me mata..."

"...sino puedo arrancarte una palabra, al menos te arrancaré un gemido". (Alejandro Magno.)

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale
Un libro que debes leer!

jueves 30 de julio de 2009

O fantasías sexuales de Homero Simpson...


o deseos de Marge!
Este 2 de Agosto por Canal Fox

miércoles 22 de julio de 2009

Sting y el Doctor Levitin tocando acordes de Roxanne...

Qué tienen los músicos en la cabeza. Crónica de un documental. P.S.

La fan prende el tele a tiempo para ver Inteligencia musical, el nombre que NatGeo dio a su documental estrenado el domingo. La fan todo lo que sabe sobre el cerebro humano lo aprendió: a) en la escuela secundaria, b) en la serie Dr. House. Pero aquí se sintió convocada a no perder un instante de mayúscula emisión, porque la estrella era nada menos que Sting. Lo eligieron porque también ellos lo consideran un músico creativo y que constantemente acepta nuevos desafíos de aprendizaje: con más de 50 años, Sting aprendió a tocar el laúd por sí mismo. La fan, que apenas si puede mover los dedos para tapar uno y otro agujero de la flauta dulce escolar, se queda admirada.
Vivo y coleando, Sting se sometió como conejillo de Indias a la resonancia magnética para mostrar su actividad cerebral cuando escuchaba determinadas canciones. Cuando le pusieron música ambiental, la actividad cerebral de Sting se detuvo en línea mortal prácticamente y después explicó a cámara: “La música ambiental es una peste”.
Quien conducía estas investigaciones fue el Dr Daniel Levitin, también llamado Dr. Rock and Roll porque además de neurocientífico, es comediante de escena, toca el saxo –en las cortinas acompañó a Sting en Roxanne- y la fan se pregunta con desolación por qué médicos así no están en las deprimentes guardias de hospitales, que te mandan a casa con una aspirina después de un diagnóstico apocalíptico.
Los otros doctores a cargo fueron Peter Janata y Lola Cuddy, especialista en pacientes con Alzheimer. Un paciente que no puede recordar el nombre de la comida en el plato, puede tararear las canciones que escuchaba en Shangai en 1930. O sea que la música del dinosaurio Barney ha quedado inscripta para siempre y para horror de muchos en el patrón cerebral de más de uno. Otros músicos invitados a mostrar su actividad cerebral y la relación entre música y movimiento, fueron Leslie Feist, Wyclef Jean y Michael Bublé, ahora novio de Luisana Lopilato. Por suerte para Bublé, a él no lo sometieron a la resonancia pidiéndole que pensara en Luisana mientras estaba dentro para comprobar su actividad cerebral. Pero él, sin que viniera a cuento y no haciéndose cargo de su sobrepeso, largó: “Puede entender por qué las mujeres se enamoran de los cantantes: es como si uno estuviera desnudo”. Un fanfarrón.
Al final, los doctores afirman lo mismo que los dealers: el placer es una cuestión de sustancias. Cuando la música gusta, el cerebro fabrica endorfina. Wyclef Jean asintió enfáticamente: “Se me iluminan los ojos cuando toco la guitarra”. La música libera tres sustancias: endorfina, dopamina (en el canto) y oxitocina (en el baile) y la conclusión es que el sentido de la música es crear y mantener los nexos sociales. El hombre es el único animal que conoce el sentido del ritmo y al parecer las fanáticas no se enamoran de los músicos por ser unas simples taradas, sino que existe una explicación evolutiva: los músicos liberan en sus exhibiciones una gran cantidad de energía física y creativa, lo cual resulta imprescindible para la generación siguiente. Aquí es cuando la fan –y cualquier espectador del montón- se pregunta qué vio su madre en su padre, dado que el pobre apenas si puede rascar una vidalita en la guitarra.
Cuando preguntaron a Sting por su primer recuerdo musical, él comentó que fue su madre, tocando en el piano un tango. (Acá la fan suspira.) Siempre le gustó el compás espasmódico del tango, declaró, a tal punto que aunque algunos digan que Roxanne es una canción reggae, él dice que es un tango. ¿Quién, que tenga un nombre de tres sílabas, no tarareó la canción con su propio nombre? Cris-ti-ne, Te-re-se, etc. La fan se promete buscar en la web la dirección de Gordon Matthew (nombre real de Sting) para escribirle y proponerle casamiento.
En otras palabras, el programa fue un éxito, aunque para la fan la visión de un cerebro tomografiado no sea muy diferente a la fotografía en blanco y negro de una milanesa a caballo. Sin duda, llevar famosos a los documentales incrementa el interés del público y el rating de los programas. Una experiencia parecida fueron los programas sobre la vida animal “In the wild” que filmó Anthony Hopkins con los leones, y a Julia Roberts con los orangutanes en Borneo (imperdible, cuando un oranguntán, casi la acogota: seguro al pobre bicho le habían pasado Pretty Woman antes.) Quedan ahora PRODUCIR documentales más al alcance de la vida cotidiana del espectador: en breve tal vez lleven a los Rolling al dentista por un implante dental más o a Marilyn Mason a la cosmetóloga.

La Gatita Siamesa - Nizar Qabbani

Fátima se quita los zapatos...
y se acurruca,
cual gatita siamesa, en el hueco de mi mano.
Deja el bolso
y las bolsas de compras en el sofá...
y entra
en la primera arteria que encuentra.

Fátima se despoja de sus nombres
y declara con impresionante coraje
que será mi mujer.
Se quita los pendientes
y las pulseras.
Deja los anillos,
las horquillas del pelo,
sus recuerdos y sus monótonos días en el suelo
y se introduce, como una planta de cacao, bajo mi ropa.

Fátima coloca un gran retrato suyo en el cuarto de estar,
elige el color de mis cortinas
y el color de mis cuadernos,
me impone sus gustos en la comida y en el amor
y ronronea de placer
cual gatita siamesa.

Fátima entra
envuelta en el torbellino de su pelo negro,
deja sus revistas femeninas en mi mesa,
el camisón en mi armario
y las peinetas en el cajón;
coloca su cepillo de dientes
junto al mío,
y comprendo que ha decidido ocuparme.

Fátima está cansada de la forma de sus pechos
e intenta diseñarlos de nuevo,
está cansada de su ombligo inmóvil
y le ordena que se transforme en pájaro.
No hay nada tan admirable como Fátima
cuando sale del domicilio conyugal
y relincha, como un potro,
bajo el sol de la libertad.

Fátima encabeza una revolución histórica contra su cuerpo:
el poder se rinde.
Encarcela a sus ministros,
a sus consejeros,
a Qays ben Al Mulawwah [1],
a Yamil-Buzayna [2],
a todos los poetas udríes,
a los que escriben sobre el arte del amor
sin haber tocado ni un dedo de mujer...
a los que hablan de sus conquistas amorosas
sin haber logrado ni un lance,
ni un beso,
ni un infarto
y a los que escriben sobre el infierno del sexo
sin haber cohabitado ni con una mosca.
Fátima anuncia ante las multitudes que han acudido a entronizarla,
en un momento de sinceridad, poco común a los árabes,
que ella es mi amada.

Fátima rechaza todos los textos de dudosa veracidad
y comienza por la primera línea,
rompe todos los manuscritos que los hombres compusieron
y comienza por el alfabeto de su feminidad,
tira todos sus libros escolares
y lee en el libro de mi boca,
emigra de las ciudades de polvo
y me sigue, descalza, a las ciudades de agua,
salta del tren de la yahiliyya [3]
y habla conmigo el lenguaje del mar,
rompe su reloj de arena
y me lleva con ella fuera del tiempo...

Fátima cree
-y ella siempre tiene razón-
que el movimiento de la historia comienza en sus ojos,
que el primer hombre
construyó su cueva entre sus pechos,
que el lenguaje, si no fuera por ella, no se plasmaría,
la música no tendría sonido
ni los colores tonos,
y que la poesía -si retirase la mano de ella-
cerraría la puerta
y se suicidaría..

Me fascina la decisión de Fátima
cuando, de piedra circular, se transforma
en fuente de casa andaluza,
de poema rimado
en paloma que se posa en mi hombro
y de esclava en el país de Harún Dieciséis
en reina en el palacio de la poesía...

Me fascina la insensatez de Fátima
cuando traspasa las señales rojas
que los historiadores pusieron en torno a sus palabras
y en torno a sus sueños
y los sacrifica en sus jaimas,
uno a uno..
Me fascina la exageración de Fátima
cuando despide a todos sus guardianes
y me nombra guardián de sus pechos
por un sueldo de diez mil besos
por noche...

Amo a Fátima
cuando se bebe el café matutino
y me bebe,
y la quiero más
cuando me asegura
que dominará el mundo
y me dominará.

He sorprendido a Fátima
pescando un pez rojo
en las riberas de mi sangre.

Fátima me encarcela en sus pestañas
y no sé cuándo termina la noche
y comienza el día.

De la mano de Fátima
he aprendido a ser buen escritor
y buen combatiente,
y he aprendido a amarla.
De la mano de Fátima
he aprendido que la liberalidad es una mujer
y que el hombre -aunque sea culto-
es un espía...

Quien no conozca a Fátima
no sabrá que ella es la mayor obra de Dios,
ni sabrá qué es poesía.

Fátima destruye
todos los tarros de la medicina árabe
y todos los presidios del amor árabe,
me saca de la seguridad del texto árabe
y me abre la puerta del valor.

Fátima
es la mujer más importante del mundo
y yo el hombre más importante que la ha amado
y ha llevado las armas con ella.

TRAD María Luisa Prieto

[1] Poeta omeya, más conocido como Machnún (El loco) perteneciente al grupo de los que cultivaron un tipo de poesía denominada udrí, en la que preconizan un amor sublime. Este concepto desmesurado del amor, a veces provoca la locura del amante.

[2] Yamil fue un conocido poeta de la época omeya, cuyo nombre ha pasado a la historia literaria unido al de su amada, Buzayna. Fueron una de las parejas de amantes que encarnaron el amor udrí.

[3] Período preislámico de Arabia.

Amor al estilo español - Nizar Qabbani

¿Cómo alejarme de ti? Si nuestra historia

es más bella que la llegada de la primavera,

más bella que una gardenia

en el pelo negro de una mujer española.

ESCRITORES SIN DEDOS. Nizar Qabbani

Gracias a quien nos lee

en este extenso mapa de arena.

Gracias a quien nos lee

en las alcobas secretas:

somos escritores sin dedos

y profetas sin alfabeto.

Proverbio Arabe

En invierno usa un paraguas.
En el verano, ponte un sombrero.
En el otoño, quédate en casa.

domingo 19 de julio de 2009

La fiesta en el Kindergarten. Cuento

Mi marido me habló momentos antes de viajar a Washington D.C. Fue una larga comunicación telefónica en la que salió a relucir el tema de siempre. Nunca nos cansamos de hablar de lo mismo; en ese sentido hay algo de cierto en la frase que dice que los que más se aman, son entre ellos su peor enemigo. Viajaba a un Congreso de Cardiología; él es cardiólogo; se especializa en enfermedades del miocardio, el músculo cardíaco. Podría decirse que él del corazón sabe mucho, pero no lo creo. ¿Qué me importaba a mí qué cosa hacía él con su ejercicio de la medicina, tres años después de vivir separados? En Washington, nunca hemos estado. Incluso cuando vivíamos en Estados Unidos, para lo único que salíamos de New York era para venir a la Argentina de visita a los parientes o para ir a Las Vegas de vacaciones cuando teníamos dinero. Después, nos establecimos en Buenos Aires: había que buscar un lugar en el mundo adonde comprar una casa y tener un hijo. Esta parte, a mi marido no se le dio con mucha facilidad, porque a él le gustaba decir que era un ciudadano del mundo, una especie de bailarín de un ballet itinerante. Para mí la vida de nómade no es y tuve que hacer con él un esfuerzo trabajoso para convencerlo. Al final, comprendió mis necesidades. En Buenos Aires, un judío se está bien, pensábamos, a pesar de la voladura de la bomba en la Asociación Mutual Israelita Argentina, hace de esto como quince años. Entonces no establecimos en Buenos Aires: gente mala hay en todas partes. En el teléfono, mi marido me pregunta por las plantas y si sigo teniendo los ratones, dos hamsters. Le cuento que los hamsters ya no están; una mañana de un invierno muy frío amanecieron muertos. Pero tal vez no fuera el frío, sino la composición del agua potable, que aquí tiene mucho cloro, o algún alimento. Le digo que me he traído un gato gris, tipo persa, pero que no lo es; tuve que hacerlo castrar, para que no manchara con orín los libros en la época de celo. En esta casa hay muchos libros, más que ninguna otra cosa; ni prendas, ni ollas. El no vé con buenos ojos que haya hecho operar el gato; me dice que así no se interesará por los ratones y yo le replico que en un departamento de un ambiente, en un noveno piso, no hay ratones. Además, ¿no era que él tenía cariño hacia nuestros hamsters?, ¿por qué quiere ahora que un gato capón me mate las lauchas y ratones? Mi marido me viene con que él nunca quiso a los hamsters, que ésa fue una idea mía para divertir al niño, porque yo no quería comprarle un perro. Un niño debe tener un perro y vos fuiste y le compraste los primeros animalitos indefensos que te ofrecieron en la tienda de mascotas. Le contesto que eso no es cierto, porque lo primero que me ofrecieron fue un canario Roller que costaba una fortuna y que nosotros no podíamos pagar. Aparte, yo temía que el aire frío después matara al pobrecito canario de neumonía y todo ese platal gastado fuera a parar a la basura. Pero Maxele quería un perro, insistió. Al niño le llamábamos Maxele, el diminutivo en idish, a pesar de vivir aquí, donde el diminutivo correspondiente para su nombre hubiera sido Maxi. Nosotros nunca le llamábamos así; no nos gustaba. De modo, me dije, que ya estábamos en tema y no había forma de recular. Para eso, después de todo, me hablaba él antes de partir a Washington. Viajaba aquí, viajaba allá, había vuelto a ser un ciudadano del mundo y tendría un harén de mujeres esperándolo en cada ciudad a donde iba o en el hospital adonde trabajaba; todos saben que las enfermeras son muy enamoradizas y mi marido tenía estatura considerable y una sonrisa tan seductora como la de Cary Grant, si es que mi marido conserva aun todos sus dientes. Pero mi marido tenía que hablar con alguien que le recordara que alguna vez había tenido un hogar, una familia, una esposa, un hijo.
-¿Irás otra vez a la fiesta? –me preguntó él.
-Sí –le contesté.
-¿Cuándo es?
-Lo tienen planeado para el 5 de diciembre. Van a contratar el salón de un teatro. El Teatro Margarita Xirgu, claro. Como todos los años. Cobrarán veinte pesos la entrada y después hay un brindis. Sidra y algún tentempié propio de España o de Cataluña, no lo sé. No creo que esta vez vaya a quedarme al brindis. La última vez salí con dolor de estómago.
-Este año no podré acompañarte, Layla.
-El año pasado tampoco viniste. No es nada, no te preocupes.
-Estaba cuando llevaba su traje de super héroe. Con aquella capa roja y el traje azul, que alquilamos en la tienda de disfraces y…
-No lo alquilamos, lo compramos.
-No, no. Después fui yo a devolver. La tienda de la calle Rincón, en el Abasto.
-No, lo pagué con la tarjeta de crédito. Lo recuerdo muy bien. Vos hablás del disfraz que usó antes nuestro Maxele, para un cumpleaños quizás…
-Recuerdo que iba como un super héroe y bailaba una canción… Una canción para niños, ¿cómo se llamaba?, muy popular…
-El Twist del Mono Liso.
-Eso. ¿Siguen bailando lo mismo?
-A veces. Hace dos años las maestras les hicieron bailar El Twist del Mono Liso con una coreografía parecida, pero con otros trajes. Más acordes con la canción.
-Maxele bailaba muy bien.
-Oh, sí.
-Era un niño muy inteligente. Hubiera podido ser médico, como yo.
-Sí, sí. Cuando compré mi entrada para la fiesta, este año, la Directora me dijo que recordaba mucho a Maxele. Lo inteligente que era, y lo tranquilo. Ella no lo llamó Maxele, por supuesto. Le gustaba que le leyeran historias.
-Cuando le leíste La Biblia por primera vez, confundía a Adán y Eva con Hansel y Gretel.
-Era un niño de cuatro años.
-Ya lo sé.
-Compartía todos sus juguetes y no peleaba jamás. Eso fue lo que me iba diciendo la Directora. Cuando le pegaban o lo peleaban, él no hacía ningún escándalo. Iba y buscaba la justicia de la señorita. Pero no le devolvía el golpe y nunca, nunca lloraba. Era muy valiente. Bueno, fue valiente hasta el final. Todos esos tubos que le habían puesto…
-…
-La Directora está apenada, porque el Ministerio la removió del cargo, ascendió o algo así, la promueven a otro lugar y deja de trabajar en el Kinder La Tortuguita. Ahora vendrá otra Directora, una nueva, que envían desde el Ministerio, alguien que no conoció a nuestro Maxele y tendré que explicarle todo.
-Le habías pintado bigotes. Le dibujaste bigotes con tu lápiz para las cejas y después le hiciste barba con un corcho quemado. Pero él no quiso la barba y tuviste que borrársela. Para que los niños no te entendieran, vos puteabas en inglés. Todos te miraban, me acuerdo de eso… -rió.
-Te desternillabas de risa viéndome. Te quedabas ahí parado riéndote y no hacías nada.
-No lo tomes así, Layla. Me gustaría volver a tiempo de Washington y acompañarte.
-No hace falta. Ya te lo dije. Es mejor que vengas el próximo año. Hay que ver cómo lo tome la Directora nueva. Aquí, cuando Maxele ya no estaba, la Directora y las maestras comprendieron. Las mamás se impactaron un poco; todavía recordaban a Maxele, pero al año siguiente, ellas tampoco estaban. Estaban llevando a sus hijos a la escuela primaria. Pero cinco años después, de aquella promoción del Kindergarten ya no queda nadie…
-Nuestro Maxele tendría ahora nueve años.
-Nueve años y medio.
-Me gustaría que no fueras sola, Layla.
-Voy a tomar una pastilla antes de ir. Estaré tranquila.
-Podríamos ir al Cementerio juntos, cuando vuelva.
-Prefiero recordar a nuestro Máxele así.
-Layla…
-Lo prefiero así.
-Te gusta infringirte un daño con su recuerdo.
-Hay daños que dan placer.
Entonces colgamos los dos casi a la vez. Así era siempre: yo colgaba o él colgaba, no se sabía bien quién lo había hecho primero. Nunca nos decíamos adiós; nunca nos despedíamos.


Poco después el teléfono volvió a sonar.
-Layla … -dijo.
Era un hombre al que yo conocía desde hacía un tiempo. Iba al cine con él o a cenar a un restaurant chino. Me besaba en las mejillas, en la boca, en los senos. Pocas veces pasaba algo más que eso. La historia con este nuevo hombre, sin embargo, es harina de otro costal. Arreglo para ir al cine, al restaurante chino otra vez: la vida sigue aquí, allá y acullá. El se despide de mí con un beso; yo cuelgo. Miro el reloj de pared y por estas horas, pienso, mi marido ya estará volando a Washington D.C, a su Congreso de Médicos Cardiólogos, para hablar de los males del corazón. Aun debe conservar la fotografía del niño en su billetera con olor a alcanfor y la mía en el bolsillo interno de su chaqueta, prendida con un alfiler. No le he preguntado pero estoy segura de que aun la tiene; la debe tener.

lunes 6 de julio de 2009

La cafeína puede frenar el Alzheimer. Publicado en Clarín 06/07/09

Los amantes del café pueden tener una nueva excusa para tomarse una taza extra: una dosis de cafeína equivalente a cinco tazas diarias de café logró que ratones con síntomas de Alzheimer recuperaran la memoria, en un experimento llevado a cabo en Florida (EE. UU.).

La cafeína redujo de forma significativa los niveles anormales de proteína Beta-amiloide -uno de los principales responsables del Alzheimer- en el cerebro y la sangre de los ratones, según científicos de la Universidad de South Florida que publican los resultados de su estudio en la versión digital del Journal of Alzheimer's Disease.

"Este es uno de los experimentos más prometedores sobre Alzheimer en ratones hasta la fecha", afirmó Huntington Potter, director del Centro de Investigación del mal de Alzheimer de Florida (ADRC).

Según el autor principal del estudio, el neurocientífico Gary Arendash, del ADRC, "el hallazgo es una evidencia de que la cafeína puede ser un tratamiento viable para la enfermedad de Alzheimer y no simplemente una estrategia protectora".

Ahora, los científicos esperan poder llevar a cabo ensayos clínicos para evaluar si la cafeína puede beneficiar a personas con trastornos cognitivos leves o en una fase temprana de Alzheimer.

El equipo ya ha podido comprobar que una única dosis de cafeína reduce en las personas los niveles de Beta-amiloide en la sangre, pero sería necesario un estudio más a largo plazo -seis meses como mínimo- para evaluar si mejora la memoria en pacientes con Alzheimer, explicó Arendash.

El Beta-amiloide es el principal componente de las placas seniles en el tejido cerebral y se cree que es el gran responsable de la enfermedad de Alzheimer, que afecta en alguna medida a casi la mitad de las personas de más de 85 años.

En el estudio fueron utilizados 55 ratones alterados genéticamente para desarrollar en la vejez problemas de memoria como los causados por el Alzheimer. A la mitad les fue suministrado durante dos meses 1,5 miligramos de cafeína diarios -el equivalente a 500 miligramos para un ser humano-. Los cerebros de los ratones que tomaron cafeína experimentaron una reducción de cerca del 50% en los niveles de Beta-amiloide.

Según Arendash, se cree que hay mayores esperanzas de combatir esta enfermedad si se trata en una fase temprana, por lo que la cafeína debería administrarse como muy tarde en la mediana edad, entre los 40 y 50 años. Esa dosis equivale a cinco tazas de café, 14 tazas de té o 20 gaseosas con cafeína.

domingo 5 de julio de 2009

¿Reflejan los media la realidad del mundo? Nuevas censuras, sutiles manipulaciones. - Ryszard Kapuscinski

¿En qué medida los medios de comunicación son un espejo fiel del mundo?
Desde que las nuevas tecnologías han convulsionado el periodismo y permitido
la constitución de grandes grupos mediáticos con ambiciones planetarias, esta
cuestión resulta más pertinente que nunca.
La instantaneidad y el directo han cambiado las condiciones del periodismo de
investigación. Y el imperativo del beneficio ha reemplazado a las más nobles
exigencias cívicas. Pero, en todas partes, resiste otro periodismo, más
preocupado por la verdad y el rigor, como se ha constatado en Irán, en Burkina
Faso, en Argelia y en otros lugares...
En los debates sobre los media se concede una atención excesiva a los
problemas técnicos, a las leyes del mercado, a la competencia, a las
innovaciones y a la audiencia. Y una atención insuficiente a los aspectos
humanos. No soy un teórico de los media sino un simple periodista, un escritor
que, desde hace 40 años, se dedica a recoger y tratar la información (y también
a consumirla). Me gustaría compartir las conclusiones a las que he llegado al
final de esta larga experiencia.
Mi primera observación se refiere a las dimensiones.
Afirmar, como se hace a menudo, que "toda la
humanidad" está pendiente de lo que hacen o dicen
los media es una exageración. Incluso cuando
acontecimientos como la apertura de los Juegos
Olímpicos son vistos por dos millardos de
telespectadores, eso no representa más que un tercio
de la población del planeta. Otros mega
acontecimientos (Copa del Mundo de Futbol,
matrimonios o funerales de personalidades) son
difundidos masivamente en las pantallas, y apenas 10 o 20% de humanos los
miran. Ciertamente eso representa masas gigantescas pero no "toda la
humanidad". Cientos de millones de personas no tienen ningún contacto con
los media. En diversas regiones de Africa, la televisión, la radio e incluso los
periódicos, son inexistentes. En Malaui no hay más que un periódico; en
Liberia, dos, bastante mediocres por otra parte, pero ninguna televisión.
En numerosos países la televisión no funciona más que dos o tres horas al día.
Y en vastas extensiones de Asia por ejemplo en Siberia, en Kazajstán o en
Mongolia hay algunas redes de televisión pero las personas no disponen de
receptores que les permitan captar los programas. En la época de Leonidas
Breznev, en los grandes espacios de la Siberia soviética, los programas de las
radios occidentales no se interceptaban porque, a falta de receptores, nadie
podía escucharlos.
Una gran parte de la humanidad vive todavía fuera de la influencia de los media
y no tiene ninguna razón para inquietarse por las manipulaciones mediáticas o
la mala influencia de los medios de masas. A menudo, en particular en América
Latina y en Africa, la única función de la televisión es divertir. Se encuentran
televisores en los bares, los restaurantes y los hoteles. Las personas tienen la
costumbre de ir al bar para tomar una copa y mirar la televisión. Y a nadie se le
ocurre la idea de exigir que este media sea serio o que tenga cualquier función
informativa o educativa. La mayor parte de los africanos o latinoamericanos no
esperan de la televisión una interpretación seria del mundo, lo mismo que no la
esperarían de un circo.
La gran revolución de las nuevas tecnologías es un fenómeno reciente. Su
primera consecuencia importante ha sido un cambio radical en el universo del
periodismo. Pensemos en la primera cumbre de jefes de Estado de Africa. Se
celebró en 1963, en Addis Abeba, Etiopía. Para cubrirla llegaron periodistas del
mundo entero. Cerca de 200 enviados especiales y corresponsales de grandes
periódicos internacionales, de agencias de prensa y de estaciones de radio.
Algunos equipos rodaban para documentales informativos pero no había ni un
solo equipo de televisión. Nos conocíamos todos; sabíamos lo que hacía cada
uno y éramos incluso amigos. Auténticos maestros de la pluma y verdaderos
expertos de las grandes cuestiones internacionales estaban presentes. Cuando
pienso en ello, y sin ninguna nostalgia de una edad de oro que nunca existió,
me parece que fue la última gran reunión de reporteros del mundo, el final de
una época heroica en la que el periodismo estaba considerado como un
profesión reservada a los mejores, una vocación elevada, noble, a la que el
interesado se consagraba plenamente, de por vida.
Después ha cambiado todo. La búsqueda y la difusión de información se han
convertido en una ocupación practicada en cada país por miles de personas.
Las escuelas de periodismo se han multiplicado formando, año tras año, a
noveles que llegan a la profesión. Esto no tiene ya nada que ver. En otros
tiempos, el periodismo era una misión, no una carrera. Hoy, no se cuentan los
individuos que practican el periodismo sin identificarse con esta profesión, o sin
haber decidido dedicarle plenamente su vida y lo mejor de ellos mismos. Es,
para algunos, una especie de hobby, que pueden abandonar en cualquier
momento para hacer otra cosa. Numerosos periodistas actuales podrían
trabajar mañana en una agencia de publicidad y convertirse, pasado mañana,
en agentes de cambio.
Las tecnologías punta han provocado una multiplicación de los media. ¿Cuáles
son las consecuencias? La principal es el descubrimiento de que la información
es una mercancía cuya venta y difusión pueden proporcionar importantes
beneficios. Antaño, el valor de la información iba asociado a diversos
parámetros, en particular al de la verdad. También se concebía como un arma
que favorecía la lucha política. Todavía está fresco el recuerdo de los
estudiantes que, en la época del comunismo, quemaban en la calle ejemplares
de los periódicos del partido al grito de "la prensa miente". Hoy todo ha
cambiado. El precio de la información depende de la demanda, del interés que
suscita. Lo que prima es la venta. Una información será juzgada sin valor si no
consigue interesar a un público amplio.
El descubrimiento del aspecto mercantil de la información ha motivado la
afluencia del gran capital hacia los media. Los periodistas idealistas, esos
dulces soñadores en búsqueda de la verdad que antes dirigían los periódicos,
han sido reemplazados, a menudo, a la cabeza de las empresas, por hombres
de negocios.
Todos los que visitan las redacciones de los soportes más diversos, pueden
constatar estos cambios. Antes, los media estaban instalados en inmuebles de
segunda categoría y disponían de oficinas estrechas, oscuras y mal
amuebladas, donde hormigueaban periodistas andrajosos y sin dinero,
rodeados de montañas de papeles en desorden, de periódicos y de libros. Hoy,
basta visitar los locales de una gran cadena de televisión: los inmuebles son
palacios suntuosos, todos de mármol y espejos. Al visitante le guían
maniquíes-azafatas a través de largos pasillos enmoquetados. Estos palacios
son ahora las sedes de un poder del que antes sólo disponían los presidentes
de los Estados o los jefes de gobierno. Este poder se encuentra ahora en
manos de los patronos de los nuevos grupos mediáticos.
Es el mercado quien verifica
Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de
verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad o
el error. Ahora se rige por las leyes del mercado. Esta evolución es la más
significativa entre todas las que han afectado al terreno de la cultura.
Consecuencia: se ha sustituido a los antiguos héroes del periodismo por un
número imponente de trabajadores de los media, prácticamente todos hundidos
en el anonimato. La terminología utilizada en Estados Unidos es reveladora de
este fenómeno: el media worker suplanta, frecuentemente, al periodista.
El mundo de los media ha explotado de tal manera
que comienza a vivir por sí mismo, como una entidad
autosuficiente. La guerra interna entre los grupos
mediáticos es una realidad más intensa que la del
mundo que les rodea. Importantes equipos de
enviados especiales recorren el mundo. Forman una
gran jauría, en el seno de la cual cada reportero vigila
al otro. Hay que tener la información antes que el
vecino. El scoop o la muerte. Por eso, aunque varios
acontecimientos se producen simultáneamente en el mundo, los media sólo
cubrirán uno: el que haya atraído a toda la jauría.
En más de una ocasión he formado parte de esa jauría. Además la he descrito
en mi libro D'une guerre a l'aurtre1 y sé cómo funciona. La crisis provocada en
1979 por la captura de rehenes estadounidenses en Teherán es un ejemplo.
Aunque, en la práctica, no pasaba nada en la capital de Irán, miles de enviados
especiales llegados del mundo entero permanecieron durante meses en la
ciudad. La misma jauría se desplazó, años más tarde, al Golfo Pérsico, durante
la guerra de 1991, a pesar de que no se podía hacer nada porque los
estadounidenses prohibían a cualquiera acercarse al frente. En el mismo
Foto: Fortune
momento, se producían acontecimientos atroces en Mozambique y Sudán;
pero eso no emocionó a nadie porque la jauría se encontraba en el golfo. En
diciembre de 1991, durante el golpe de Estado, Rusia tuvo derecho a las
mismas atenciones. Mientras que los hechos realmente importantes, las
huelgas y las manifestaciones, tenían lugar en Leningrado, el mundo lo
ignoraba porque los enviados de todos los media no se movían de la capital,
esperando que ocurriera algo en Moscú, donde reinaba una calma absoluta.
Las nuevas tecnologías, sobre todo el teléfono móvil y el correo electrónico,
han transformado radicalmente las relaciones entre los reporteros y sus jefes.
Antes, el enviado de un periódico, el corresponsal de una agencia de prensa o
de una cadena de televisión, disponía de una gran libertad y podía dar libre
curso a su iniciativa personal. Buscaba la información, la descubría, la
verificaba, la seleccionaba y le daba forma. Actualmente, y cada vez más a
menudo, no es más que un simple peón que su jefe desplaza a través del
mundo desde sus oficinas, que pueden encontrarse en la otra punta del
planeta. Por su parte, este jefe tiene al alcance de su mano informaciones
procedentes de multitud de fuentes (cadenas de informaciones en continuo,
despachos de agencias, Internet) y puede, de esta manera, tener su propia
visión de los hechos, eventualmente muy distinta de la del reportero que cubre
el acontecimiento en el lugar de los hechos.
A veces, el jefe no puede esperar pacientemente a que el reportero termine su
trabajo. Y es él quien informa al reportero del desarrollo de los acontecimientos
y lo único que espera de su enviado especial es la confirmación de la idea que
se ha hecho sobre el asunto. Muchos reporteros, hoy, tienen miedo a buscar la
verdad por sí mismos.
En México, uno de mis amigos trabajaba para las cadenas de televisión
estadounidenses. Me lo encontré en la calle; estaba a punto de filmar
enfrentamientos entre estudiantes y policía. "¿Qué ocurre, John?", le pregunté.
"No tengo la menor idea, me respondió sin dejar de filmar. No hago más que
grabar, me contento con tomar las imágenes; después, las envío a la cadena
que hace lo que quiere con este material".
La ignorancia de los enviados especiales sobre los acontecimientos que están
encargados de describir es, a veces, sorprendente. Cuando las huelgas de
Gdansk, en agosto de 1981, que dieron nacimiento al sindicato Solidarnosc, la
mitad de los periodistas extranjeros llegados a Polonia a cubrir el
acontecimiento no podían situar Gdansk (el antiguo Dantzig) en un mapa. Aún
sabían menos sobre Ruanda cuando las masacres de 1994: la mayor parte de
ellos pisaban por primera vez el continente africano y habían desembarcado
directamente en el aeropuerto de Kigali, en aviones fletados por la ONU,
sabiendo apenas dónde se encontraban. Casi todos ignoraban las causas y las
razones del conflicto. Pero el defecto no es culpa de los reporteros. Ellos son
las primeras víctimas de la arrogancia de sus patronos, de los grupos
mediáticos y de las grandes redes de televisión. "¿Qué más me pueden exigir?
me decía recientemente el camarógrafo del equipo de una gran cadena de
televisión estadounidense. En una semana he tenido que filmar en cinco países
de tres continentes distintos".
La historia "telefalsificada"
Esta metamorfosis de los media plantea una cuestión fundamental: ¿cómo
entender el mundo? Hasta ahora se aprendía la historia gracias al saber que
nos legaban nuestros ancestros, a lo que contenían los archivos y a lo que
descubrían los historiadores. Hoy, la pequeña pantalla es la nueva (y
prácticamente la única) fuente de la historia, destilando la versión concebida y
desarrollada por la televisión. Mientras que el acceso a los documentos sigue
siendo difícil, la versión que difunde la televisión, incompetente e ignorante, se
impone sin que podamos cuestionarla. El ejemplo más esclarecedor de este
fenómeno es, quizá, Ruanda, país que conozco bien. Cientos de millones de
personas en el mundo han visto las imágenes de las víctimas de las matanzas
étnicas con comentarios, en su mayor parte, completamente erróneos.
¿Cuántos telespectadores han completado esta visión recurriendo a obras
fiables sobre Ruanda? El peligro es que se consumen mucho mas fácilmente
los media que los libros.
La civilización se vuelve cada vez más dependiente de la versión de la historia
imaginada por la televisión. Una versión a menudo falsa y sin fundamento. El
telespectador de masas, al filo del tiempo, no conocerá más que la historia
"telefalsificada", y sólo un pequeño número de personas tendrán conciencia de
que existe otra versión más auténtica de la historia.
Rudolph Arnheim, gran teórico de la cultura, ya predijo, en los años 30, en su
libro Film as Art,2 que el ser humano confundiría el mundo percibido por sus
sensaciones y el mundo interpretado por el pensamiento, y creería que ver es
comprender. Pero eso es falso. La televisión, escribió Arnheim, "será un
examen más riguroso para nuestro conocimiento. Podrá enriquecer nuestros
espíritus, lo mismo que podrá volverlos letárgicos". Tenía razón.
La confusión, en general inconsciente, entre ver y saber, y ver y comprender, la
utiliza la televisión para manipular a las personas. En una dictadura se sirve de
la censura; en una democracia de la manipulación. El blanco de estas
agresiones es siempre el mismo: el ciudadano de a pie. Cuando los media
hablan de ellos mismos, enmascaran el problema de fondo con la forma,
sustituyen con la técnica, la filosofía. Se preguntan cómo editar, cómo montar o
cómo imprimir. Discuten problemas de montaje, de bases de datos o de la
capacidad de los discos duros. En cambio, cuestionan el contenido de lo que
quieren editar o imprimir. El problema del mensajero es reemplazado por el del
mensaje. Desgraciadamente, como lamentaba Marshall McLuhan, el mensajero
tiene tendencia a convertirse en el contenido del mensaje.
Tomemos el ejemplo de la pobreza en el mundo que es, sin duda, el problema
más grave de este fin de siglo. ¿Cómo lo tratan las grandes redes de
televisión? La primera manipulación consiste en presentar la pobreza como
sinónimo del drama del hambre. Pero los dos tercios de la humanidad viven en
la miseria a causa de un reparto no equitativo de las riquezas en el mundo. La
hambruna, en cambio, aparece en ciertos momentos y en regiones muy
precisas, pero es generalmente un drama de dimensión local. Además, sus
causas se deben, la mayoría de las ocasiones al clima, a cataclismos como la
sequía o las inundaciones; y a veces también a las guerras. Hay que añadir
que los mecanismos de lucha contra el hambre, en tanto que plaga imprevista y
puntual, son relativamente eficaces. Para combatirla, se utilizan los excedentes
alimentarios de que disponen los países ricos y se les envía masivamente allí
donde la necesidad se deja sentir. Estas operaciones de lucha contra el
hambre, como en Sudán o en Somalia, son las que se nos han enseñado en
las pantallas de televisión. En cambio, no se ha pronunciado ni una palabra
sobre la necesidad de erradicar la miseria mundial.
La segunda estratagema utilizada por los manipuladores de la miseria es su
presentación en emisiones de carácter geográfico, etnográfico y turístico, que
descubren regiones exóticas del planeta. De esta manera, la miseria es
asimilada al exotismo, y la televisión difunde el mensaje de que los lugares
predilectos de la miseria son las regiones exóticas. Vista desde este ángulo, la
miseria aparece como un fenómeno curioso, una atracción casi turística. Tales
imágenes abundan, particularmente, en cadenas temáticas como Travel,
Discovery, etcétera.
La ultima artimaña de estas manipulaciones consiste en presentar la miseria
como un dato estadístico, un banal parámetro del mundo real. Esta manera de
ver la miseria la condena a perpetuidad; el ser humano no puede así sentirla
más que como una amenaza para la civilización dado que necesita aprender a
vivir con ella.
Volvamos al punto de partida: ¿Los media reflejan el
mundo? Digamos que de manera muy superficial y
fragmentaria. Se concentran en las visitas
presidenciales o los atentados terroristas; e incluso
esos temas parecen interesarles menos. Durante estos
cuatro últimos años, la audiencia de los telediarios de
las tres principales cadenas estadounidenses ha
bajado de 60 a 38% el total de telespectadores. El
72% de los temas son de carácter local y se refieren a
la violencia, drogas, agresiones y delitos. Sólo 5% de
su tiempo está dedicado a noticias del extranjero; e incluso numerosas
ediciones ignoran este apartado. En 1987, la edición estadounidense del
semanario Time dedicó 11 portadas a temas internacionales; diez años más
tarde, en 1997, solamente una. La selección de las informaciones se basa en el
principio "cuanta más sangre haya mejor se vende".3
Los "anticuerpos necesarios"
Vivimos en un mundo paradójico. Por una parte se nos dice que el desarrollo
de los medios de comunicación ha conseguido unir a todas las partes del
planeta entre sí, para formar una "aldea global"; y, por otra, la temática
internacional ocupa cada vez menos espacio en los media, ocultada por la
información local, por los titulares sensacionalistas, por los cotilleos, los
personajillos y toda la información-mercancía.
Pero, seamos justos, la revolución de los media está en plena carrera. Se trata
de un fenómeno reciente en la civilización humana; demasiado reciente para
que ya haya podido producir los anticuerpos necesarios para combatir las
patologías que genera: la manipulación, la corrupción, la arrogancia, la
veneración de la pornografía. La literatura sobre los media es, a veces muy
crítica, a menudo incluso implacable. Más pronto o más tarde, esta crítica
influirá, al menos en parte, en el contenido de los media.
Foto: Brill's Content
Además, hay que reconocer que muchas personas se sientan delante del
televisor porque esperan ver exactamente lo que la televisión les ofrece. En los
años 30, el filósofo español Ortega y Gasset escribía en su libro La rebelión de
las masas, que la sociedad es una colectividad de personas satisfechas de
ellas mismas, de sus gustos y sus opciones. Finalmente, el mundo de los
media es diverso. Es una realidad de varios pisos. Junto a los "media basura"
hay otros formidables: existen algunos prodigiosos programas de televisión,
excelentes emisiones de radio y destacables periódicos. Para quien desee
realmente una información honesta, de reflexión en profundidad y basada en
sólidos conocimientos, no faltan los media de calidad. A veces es difícil
disponer del tiempo necesario para asimilar la oferta existente. Los media son
frecuentemente vilipendiados para justificar el letargo en el que han caído
nuestras propias conciencias, y nuestra pasividad.
Y nadie ignora que, en la redacción de los periódicos, en los estudios de radio y
televisión, hay periodistas sensibles y de gran talento, personas que tienen la
estima de sus contemporáneos, que consideran que nuestro planeta es un
lugar apasionante, que vale la pena que sea conocido, comprendido y salvado.
La mayor parte del tiempo, esos periodistas trabajan dando muestras de
abnegación y de dedicación, con entusiasmo y espíritu de sacrificio,
renunciando a las facilidades, al bienestar, hasta llegar a ignorar su seguridad
personal. Con el único objetivo de dar testimonio del mundo que nos rodea. Y
de la multitud de peligros y esperanzas que entraña.


Notas
1 París, Flammarion, 1998.
2 Léase de Rudolph Arnheim, La Pensée visuelle, París, Flammarion, 1976.
3 Léase a Serge Halimi, "Un journalisme de racolage", en Le Monde
Diplomatique, agosto de 1998.
Ryszard Kapuscinski es periodista y escritor polaco.
Este texto retoma, en lo esencial, el discurso pronunciado por el autor, en
Estocolmo, durante la ceremonia de entrega de los premios de periodismo
Stora Jurnalstpriset y fue publicado en Le Monde Diplomatique, julio-agosto de
1999.
Agradecemos a Le Monde Diplomatique, edición mexicana, la autorización para
publicar este texto.

jueves 2 de julio de 2009

La Gata Mujer. Obra para marionetas.

La obra para marionetas LA GATA MUJER escrita por Leonel Giacometto y Patricia Suárez (yo)acaba de recibir Premio del Teatro Guiñol, organizado por Maison d’Amérique Latine en Rhône-Alpes, Francia.
Es una versión de una fábula de Samaniego, que habla de la naturaleza del amor.
Aquí debajo, la primera escena.

Personajes
Venus
Félix
Zapaquilda

Escena 1
Félix está sentado con una gata en la falda.
La acaricia a contrapelo.

Félix:
Ah, si la bella Venus consintiera mis favores! Ah, si alguna vez se dignara mirarme! Tanta soledad que sufro... tantos años de soledad porque ninguna de las ingratas de esta cuadra ni de la otra me quiere para marido. ¿Y por qué, eh? ¿Porque soy tacaño, dicen unas? Mucha mentira, no soy tacaño y testigo es esta gata que come bocado de jamón todos los días. ¿Porque tengo mal carácter, dicen las otras? Mayores mentiras, que esta gata, mi buena Zapaquilda, me ha visto prodigarle mil caricias... ¿No es cierto, gatita? Ah, buenita, buenita. Por eso, Venus, no seas injusta conmigo. Te llevaré a tu templo en la isla un gran ramo de flores, las que más te gusten. Margaritas no ha de ser lo tuyo, diosa, sino tamañas rosas, rojas y enormes como melones...

Venus:
Estoy oyéndote, Félix. Continúa.

Félix:
¿Eres tú, diosa Venus?

Venus:
Sí.

Félix:
¡Ah! No vendrás a matarme, ¿verdad? Por haberte sacado de tus divinas ocupaciones...

Venus:
En realidad, me estaba tiñendo el cabello. Con aceite de nuez.
Cuando me distrajo este deseo tan estúpido que tienes, y eso que yo estoy tan acostumbrada a oír deseos estúpidos y barbaridades sin nombre que se les ocurren a los hombres...
Las mujeres son un poco más modestas en los pedidos, y a decir verdad, le cansan la paciencia más a Diana que a mí, siempre pidiendo por sus hijos, por la salud cuando están enfermos y por la gloria cuando están sanos... Que a Aristidito le va mal en el gimnasium, que Fedrita tiene la escarlatina...

Félix:
Sigue con tu cabello, diosa. No vaya a manchársete.

Venus:
¿Qué?

Félix:
Es que tengo vergüenza de interrumpir tus...

Venus:
Decía que no había conocido a nadie con un deseo tan estúpido como el tuyo.
¡Hacer de una gata una mujer!
Qué idea tan descabellada...

Félix:
Ella es mi mejor compañera.

Venus:
Sí, sí. Porque no habla sino que solo maúlla.

Félix:
Es una gran cazadora de ratones.

Venus:
¿Para eso quieres una esposa?

Félix:
Es suave al tacto... y... mira sus ojos, qué bellos. Parecen dos auténticas esmeraldas... Dime si no es cierto...

Venus:
No lo sé. Como nunca he visto esmeraldas falsas no puedo decirte si parecen auténticas o...
Ah, vamos.
¿Con qué la alimentarás?
No irás a creer que va a pasar los días mordisqueando el queso.

Félix:
No...
Cazaré...
Iré al bosque a cazar...

Venus:
¿Qué pasó con Clea, la morena?

Félix:
No me quiso. Era caprichosa, quería regalos costosos. Me despreció por pobre.

Venus:
¿Y con Filis, la rubia?

Félix:
Altanera. Quería que fregara con un trapo el piso antes de que ella lo pisara. Quería que la llamara Señora y no Filis. Era presumida y a cada rato hablaba de cuántos pretendientes tenía y cuán mejores que yo eran, y del gran favor que ella me hizo al rebajarse a posar sus ojos en mí...

Venus:
¿Y las demás?
Euterpe, Talía, Febe?

Félix:
No me quisieron.
¡Ten piedad de mí, diosa!
¡Vuelve a esta gata, mujer, para que me ame para siempre!

Venus:
Para siempre, para siempre... qué capricho ustedes los hombres en hablar así. El para siempre de ustedes es para nosotros un suspiro... apenas un sorbo de ambrosía...

Félix:
Te lo suplico, diosa.

Venus:
Hágase, Félix.
Pero conste que te advierto que esto te dará mayores jaquecas que Talía, Febe, Filis, Euterpe y Clea, las cinco juntas.

Félix:
Verás que no, diosa.
Verás que al fin se dará para mí el amor.

Venus:
Qué porfiado...
Mejor volver a mis cabellos...

CUATROCUENTOS 3 - Revista On Line

Nuevamente salió la revista de cuento hispanoamericano. Esta vez presentan relatos de Patricia Suárez (Argentina), Miguel Gomes (Venezuela), Viviana Paletta (Argentina) y Uriel Quesada (Costa Rica).

Los Editores son Pía Bouzas y Gustavo Valle

http://cuatrocuentos.wordpress.com/

NO-RETORNABLE

Ya salió No-Retornable 4. Con cuentos de Hebe Uhart, Martín Rejtamn y Romina Doval. Aquí Claudia Piñeiro cuenta el secreto de su éxito. También, un popurrí de poetas argentinos. Y como si fuera poco, autores patrios escriben ensayos sobre su relación con Tolstoi (me included). Revista hecha con amor y pulmón por Marcelo López
¡Qué la disfruten!
www.no-retornable.com.ar

25 de Mayo de 2010, una crónica para el Diario Critica

  • http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=27688

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!
Lobo de Tasmania

Octubre

Octubre
Cosas extrañas que pueden suceder...

Setiembre...

Setiembre...
Pájaro de Oro

Agosto

Agosto
Recortando y pegando muñequitas de papel

Junio. Bobo e imposible...

Junio. Bobo e imposible...
Dodo.

Mayo

Mayo
Cómeme o bébeme.

Octubre

Octubre
As de Espadas

FEBRERO...

FEBRERO...
Trabajando en equipo...

SETIEMBRE. Crisantemo...

SETIEMBRE.  Crisantemo...
Una flor como una luna

Noviembre en Madrid

Noviembre en Madrid
Zapato para bailar flamenco

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