Caminaré entre las piedras

Este es el cuento del Ratón que se comió un
melón...

Pensaba la Reina Batata: "Ahora me pincha y me mata..."

"...sino puedo arrancarte una palabra, al menos te arrancaré un gemido". (Alejandro Magno.)

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale
Un libro que debes leer!

miércoles 27 de mayo de 2009

El soldado en Iraq - Poema

El soldado en Iraq
dijo que cada vez
que matas a alguien
una parte de tu alma muere;
está deprimido,
las tropas no se van,
no se retiran,
por momentos
eso no le preocupa demasiado,
a la guerra parece
que uno se acostumbra
pero no se acostumbra nunca;
la madre le pidió al partir
que vuelva entero,
los miembros de su cuerpo, enteros,
el resto, volverá muerto.

Esperando oír de ti. Poema

Hola, querida, ¿cómo estás hoy?
gracias por tu email; espero que estés bien.
Aquí hace un pequeño calor horrible hoy.
Mi nombre es Vera, tengo veintitrés, soy
de la Costa de Marfil. Mido cinco pies
y siete pulgadas de alto. Nunca estuve casada.
Vivo en un campo de refugiados
con mi padre adoptivo, el doctor Hakam.
Mi padre y mi madre murieron a sangre fría:
los rebeldes atacaron mi casa en la mañana temprano;
fui la única sobreviviente y manejé mis negocios
para venir a dar aquí, al país vecino de Senegal.
El computer del que te escribo pertenece
al Reverendo, quien tiene iglesia, acá en el camp.
Mis hobbys son leer, cocinar, ver cine,
bailar, y correr fondo con los niños pequeños.
Quiero saber más de ti,
dime tus gustos y tus disgustos.
Y qué haces en el presente.
Te contaré más de mí en el próximo email.
Esperando muy pronto oír tus noticias,
tuya Vera Verababy Hakam.

martes 26 de mayo de 2009

Corazón de vidrio - Crónica

El plan, por supuesto que imperfecto, que tengo es el siguiente. Si gano algo más de plata con la literatura, a los 35, como las prostitutas ya cansadas, me retiro del oficio y pongo un restaurant o un pub. Y tengo cinco hijos.
Se lo digo a mi marido. Me mira como si estuviera padeciendo un brote psicótico.
Yo no soy un comerciante, protesta.
Podríamos comprar una casa, digo.
Ambos hemos ganados becas y estamos con dinero encima, el cambio nos favorece.
El dice que es un ciudadano del mundo, no quiere afincarse en ninguna parte. No sé por qué estas palabras me suenan a la de Jorge Donn en la época en que bailaba el Bolero de Ravel.
Muy bien, no compramos una casa, ni una librería, ni un restaurante. No tendremos hijos este año, ni el que viene y tal vez nunca. Hemos pasado la mitad de nuestro matrimonio medio muertos de hambre, viviendo en casas alquiladas con un montón de gente, oyendo cómo los otros jadean de amor o roncan por las noches, comiendo papas cocinadas de todas las formas posibles, porque las papas eran lo más barato que había para comer. Papas a la miel, papas con pimentón. Tenemos un gato rayado, come alimento para gatos inglés. No nos animamos a castigarlo por la vida que llevamos.
Ahora que estamos mejor económicamente, resulta que a él esta vida le gustaba. La de la extreme austeridad. Lo considera un entrenamiento. Piensa, como Baudelaire, que la pobreza es una escuela para el artista. Yo, en cambio, deseo demasiadas cosas. Objetos: perfumes, vestidos, un par de zapatos sexy. Libros.
Al fin, recibo otro dinero.
Así que le digo: Hagamos un viaje. Un viaje importante.
El es reacio a gastar su dinero.
Le digo que pongamos todo lo que tenemos en una pila y gastemos en un viaje.
Solo hemos tenido vacaciones comunes y corrientes, de esas que hace la gente normal. Nos fuimos a la sierra o a la playa, lo pasamos mas o menos. Igual yo siempre lo paso bien, porque adonde voy llevo un libro por día de estadía, para leer. Nunca me aburro; no sé lo que es el aburrimiento.
Está bien, dice él. Vamos a España.
Está bien, agrego yo. Crucemos a Tánger. Quiero conocer a Paul Bowles.
El me mira desencajado. Leí casi todo lo que pude encontrar de Paul Bowles. Los cuentos, las novelas. Leí el epìstolario con Jane Bowles. Los libros de Jane Bowles. No era fanática de ellos, pero me interesaba cómo el talento puede pasar de uno a otro, por efecto del amor. De pronto el otro es más talentoso y el que aparecía como dador, como Pigmalión en la relación, se queda vacío. Como si el futuro talentoso se apropiara de un bien que era la esencia de su amado. Algo así le pasa a Joe Orton con su amante.
Paul Bowles?, pregunta él como escupiendo las cáscaras de unas semillitas de girasol imaginarias.
Viste la película de Bertolucci.
Prefiero conocer a Bertolucci.
Para qué?
Para qué Paul Bowles?
No puedo explicárselo.
Nada más sé que tiene 89 años y la gente no vive mil.
Le digo que planeemos un viaje.
Me dice que vaya con mi hermana, igual que diría que me vaya a la mierda.
El tiene el corazón de vidrio.
No siempre, pero muchas veces no parece una persona real.
Acto seguido le propongo el viaje a mi hermana. Estudia Bellas Artes, pero estuvo internada la mitad del año anterior, por un mal emocional. La conciencia es un mal, una vez despierta, un mal por la eternidad.
Mi hermana pregunta:
Dónde comeríamos?
En Mac Donald’s o en los Burger King o compramos cosas por ahí. La comida no debería ser lo que nos preocupe.
Yo, si no vamos a comer bien, no viajo. Hambre no paso.
Está bien.
Está bien.
Por esos días, a mi marido le ofrecen poner un estudio de televisión con unos socios. Cámaras, equipos para editar, una computadora, esas cosas. Me dice que invertirá su dinero ahí. Que vé imposible hacer el viaje conmigo. Pero que me ama.
Como sea, me quedo.
Los socios, un año después, lo estafan.
La plata se va, se esfuma.
Paul Bowles se muere.
Me lo perdí por titubear, pienso.
Estoy sentada en mi silla, con el gato en la falda. El gato ronronea; me pongo a llorar.

El Aura - Crónica

Es jurado de un concurso donde mencionan mi cuento. Es un concurso menor, organizado por una compañía que fabrica productos de belleza. Cosméticos, perfumes, esas cosas. Está destinado a mujeres con inquietudes literarias, pero sobre todo mujeres que se preocupan por su belleza. Yo escribo, mando un cuento. Lo mencionan.
Después, este mismo escritor es jurado en un concurso de mayor importancia, una institución que hace décadas avala el crecimiento literario de una nación. Eso es lo que pretende. Obtengo una mención aquí también, pero por un libro de cuento esta vez. Soy empeñosa, no paro de escribir. Esto es algo que todos notan, los que me leen. Los jurados, quiero decir. No me lee nadie más que ellos y mi marido. Leo todo lo que escribo a mi marido, lo hago hasta que pone los ojos en blanco. Lo tengo harto.
Un día, el escritor le dice a alguien que me conoce, que me lee atentamente, que me premia sin saber quién soy yo. Tiene miedo, le dice, que crean que él me conoce y por eso me premia. Pero él no me conoce. Esa chica, ¿quién es?, le pregunta a la solterona emperifollada que organiza el concurso de belleza. Ella me lo cuenta en una fiesta, un congreso de mujeres literatas, donde ella bebió unas copas de más, de hesperidina. El es el mejor cuentista argentino, el de mayor humor. Nunca ha escrito una novela, pero cuando leo sus cuentos me doblo de la risa. El humor es un mérito, un don. Yo garrapateo en una servilleta de papel “Usted es el hombre de mi vida” y pongo mi número de teléfono. Tiene cincuenta años más que yo, pero a mí no tiembla el pulso cuando anoto que él es el hombre de mi vida. Ella lo guarda en su monedero, ella le dá el papelito un tiempo después. No sé cuánto tiempo después.
Un día, publico una novela. A través de un premio literario, organizado por la municipalidad de una ciudad pequeña. Él no tuvo nada que ver, ni siquiera sabe que ese premio existe. Como sea, consigo su dirección postal y le envío el libro. Él me llama, muy gentil, su voz tan dulce que me parece que puedo verlo a través del llamado de larga distancia. Así que me pregunta, inquiere. Me pregunta si tal personaje secundario de mi novela, que es una novela muy mala en realidad, dispersa y con una hilación muy endeble, es alguien tomado de la realidad. Si se trata de alguien que yo conozco; porque él conoce a alguien idéntico a quien yo describo.
¿Cómo puede preguntarme esto, pienso, él que es un gran escritor?
Los escritores saben que nadie de la realidad es real después.
El aura, nada más.
Le digo que es una ficción.
Él se ríe, yo también.
Cortamos.
Nunca nos vemos.
Él escribe una novela, finalmente.
Al poco tiempo fallece, como si el esfuerzo de esta escritura lo hubiera consumido. Lo empalidece, lo vampiriza, se lo lleva.
Me queda en el pecho un agujero, un balazo.
Me falta un maestro.

lunes 25 de mayo de 2009

Herencia - María Teresa Andruetto

Quería ser pintora o profesora.
Después conocí a Dylan, a Burroughs,
a Warhol. Fui a la tumba de Morrison,
a lo de Jim, a París, a París. Y no sentí
nada. Después visité a Rimbaud. A Genet.
Al Conde de Lautremont. De pintora pasé
a cantante de rock. Y más tarde al Dakota
a recordar a Lennon. Y a Greg. Y a Fred.
Y a Mapplethorpe. De ahí a estrella
con mi hermano Todd. Años buscando
palabras, queriendo decir de otro modo,
pero no encontré nada, así que vuelvo
a casa. ¡No voy a quedarme parada
sobre las tumbas de esta gente!

Películas - María Teresa Andruetto

En mi pueblo había un cine. El dueño saludaba
a los vecinos como un cura a la entrada de su iglesia
y era el cine, en verdad, como una iglesia
a la que íbamos, por la tarde, los domingos. Estaba
sobre la ruta, frente a los trenes que cruzaban
la llanura. Por el veredón paseaban las parejas
con cucuruchos de helado y escuchaban los hombres
el partido en pantalón de baño y camiseta. En el atrio
había un kiosco y en el kiosco una mujer vendía
titas y rodhesias. Con vestidos de piqué, los domingos
por la tarde las dos íbamos al cine, a ver a Marisol,
a Doris Day, a Joselito. Un día no llegaron
las películas y pasaron un drama en blanco y negro.
Recuerdo a la salida la cabeza borracha, el veredón
donde arrastraban su tedio las parejas, los hombres
traspirando sus camisetas de tira y los camiones
que rugían por la ruta, con las luces encendidas,
las primeras de la noche que llegaba.

domingo 24 de mayo de 2009

Por la noche me dice que estuvo en el agua. Poema

Por la noche me dice que estuvo en el agua;
está aprendiendo a flotar,
su padre le está enseñando.
No le tiene miedo a la corriente,
se mete hasta la cintura,
su respiración balbucea
y después se deja estar.
Le digo que yo nunca estuve
en un agua así; de paso apenas
con otro marido, en un hotel derrumbado
entre ruinas viejas, conocí algo parecido.
Me pregunta si aquella calidez me gustó.
No sé qué contestarle; no recuerdo mucho
-un cementerio de alpinistas,
el camino bordeado de jaramillos-,
agrega rápido que extraña y que se cansa,
el resto de la tarde lo pasó
mirando dibujos animados
en el aparato de televisión.
Hace un sonido antes de colgar,
ahoga un sollozo, rápido le largo
que yo también la extraño, que la amo,
pero al otro lado ya no hay nada posible
que escuchar.

Domingo por la noche - Raymond Carver

Utiliza las cosas que te rodean.
Esta ligera lluvia
Del otro lado de la ventana, por ejemplo.
Este cigarrillo entre los dedos,
Estos pies en el sofá.
El débil sonido del rock and roll,
El Ferrari rojo en el interior de mi cabeza.
La mujer que anda a tropezones
Borracha por la cocina…
Toma todo eso,
Utilízalo.


Trad de Graciela Cros

Chica de Ucrania - Teresa Andruetto

¿Cómo van en tu tierra las cosas?, pregunto.
Siempre peor, me responde, es todo una mafia.
Mi prima allá abajo levanta la mano. La chica
se llama Alexandra y va a trabajar a Gerona.
Tiene a su padre en Valencia y a su madre limpiando
un albergue en Milano.
Su hermano,
que cumple catorce, se ha quedado en Ucrania
cuidando la casa. Hablo tres lenguas, me dice,
ucraniano, moldavo y rumano, pero eso no sirve
en España. En el bus van gitanos, letones y húngaros,
y esta chica que tiene a su madre en Milano.
También va una mujer de Trujillo que no tiene
papeles, me lo dijo comprando el pasaje. Hay
un sitio mejor y está lejos.

(Por la tarde
he llamado a mis hijas.
No estaban)

Yo quería quedarme
cuidando la casa, me dice la chica de Ucrania,
pero es mejor que se quede mi hermano.
Conversando, he olvidado que estoy todavía
en Torino, que el bus no ha arrancado,
que mi prima allá abajo levanta
la mano.

viernes 22 de mayo de 2009

Ser judío - Georges Perec (fragm de Ellis Island)

no sé con precisión qué significa
ser judío
qué me hace ser sólo judío

es una evidencia, si se quiere, pero una evidencia
mediocre, que no me ata a nada;
no es un signo de pertenencia, no está ligado a
una creencia, a una religión, a una práctica,
a un folklore, a un idioma;
sería más bien un silencio, una ausencia,
una pregunta, una puesta en duda,
una fluctuación, una preocupación:

una certeza inquieta,
detrás de la cual se perfila otra certeza,
abstracta, pesada, insoportable:
la de haber sido designado como judío,
y porque judío víctima,
y de no deberle la vida más que al azar y al exilio
podría haber nacido, como primos cercanos o
lejanos, en Haifa, en Baltimore, en Vancouver
podría haber sido argentino, australiano, inglés o
sueco
pero en el abanico más o menos ilimitado de
esos posibles,
una sola cosa me estaba precisamente prohibida:
nacer en el país de mis ancestros,
en Lubartow o en Varsovia,
y crecer en la continuidad de una tradición,
de una lengua, de una comunidad.

jueves 21 de mayo de 2009

La rutina del escritor - Erskine Caldwell

La experiencia me ha demostrado que todos los cuentos de algún valor, se escriben bajo las circunstancias que engendra el procedimiento siguiente: 1) disponga su despertador para que lo recuerde dos horas antes de lo acostumbrado; 2)dedique una hora a caminar por la casa dando portazos; 3) entre en la cocina y haga con la cafetera y la sartén tanto ruido como pueda; 4) cuando baje su esposa critique a) su dicción, b) su peinado, c) su vestido, d) su familia; 5) después del desayuno enciérrese en su cuarto y mire por la ventana por espacio de hora y media; 6) cuando comience a sentir que el cuello se le envara, coloque en la máquina de escribir una hoja de papel y escriba la palabra "ello" lo más rápidamente que pueda; 7) arranque la hoja, arrúguela y arrójela a un costado; 8) repita la operación, escribiendo la misma palabra en otra hoja; 9) mire fijamente la palabra hasta que se convierta en un borrón ilegible, luego arranque la hoja y coloque otra; 10) escriba la palabra "él", y luego siga adelante con su cuento.

martes 19 de mayo de 2009

El hijo de perra - Erskine Caldwell

Trabajé durante toda la semana en la construcción de una presa en el río y la noche del sábado fui a la ciudad con uno de los obreros. Con el dinero que había ganado durante la semana, jugamos a los dados en un garito y bebimos whiskey.
El domingo por la noche compramos varias botellas de whiskey y contratamos a dos mujeres para que pasaran la noche con nosotros. Cuando me levanté a las cinco de la mañana del día siguiente para ir a trabajar, desperté a mi compañero y le dije que se vistiera. Se levantó, se miró durante un rato en el espejo y se bebió otro trago de la botella. Le dije que se diera prisa. Y
me contestó que Dios le había estado pellizcando en los talones desde que tenía diez años, y luego cogió su pistola y gritó:
-¡Mira hacia otra parte! ¡Voy a matar a un hijo de perra!
La bala le penetró en su cabeza, en pocos segundos rodó por la cama y cayó al suelo, donde, en medio de un gran charco de sangre, quedó como un guiñapo. La mujer que había dormido en ,su cama, se incorporó y dijo.
-Otro pobre loco víctima de la melancolía de las mañanas del lunes.

domingo 17 de mayo de 2009

Vidas breves. Fragmento. Anita Brookner

" Mi error fue yacer en sus brazos, con los ojos húmedos de ternura y gratitud, cuando la actitud correcta habría sido actuar con cierto desapego, con algo de ironía, como dando a entender que él debía amarme mucho más para convencerme de tomarlo en serio. Esa táctica me habría parecido odiosa, pero ahora veo que a veces es necesario responder a la reticencia con reticencia, al rechazo con rechazo... Veo que si una mujer tiene el propósito de tener a un hombre a sus pies, debe desempeñar un papel contrario a sus propios instintos, a menos que sus instintos sean los de un agresor. "

No se lo cuentes a nadie. Fragmento. Alison Lurie

En nuestro mundo hay una tribu semisalvaje muy especial, muy antigua y ampliamente extendida, a la que antropólogos e historiadores sólo han comenzado a prestar atención recientemente. Todos nosotros hemos pertenecido a esta tribu; hemos conocido sus costumbres, sus hábitos y sus ritos, su folklore y sus textos sagrados. Me estoy refiriendo a los niños. Sin embargo, estos textos sagrados de la infancia no siempre son los que recomiendan los mayores, según descubrí muy pronto.
En cuanto comencé a ir a las librerías me di cuenta de que existían dos tipos de libros en las estanterías de los más pequeños. En el primer grupo, que era el más importante, me encontraba con lo que los adultos habían decidido que yo debía saber o conocer sobre el mundo que me rodeaba. Muchos de esos libros tenían un contenido práctico; querían hacerme saber cómo funcionaba un automóvil, o quién era George Washington. Con ello, y no por casualidad, pretendían que admirara tanto a los automóviles como al padre de la patria (en esa época no se hablaba mucho de las madres de la patria). Junto a esos libros había muchos otros que nos permitían albergar esperanzas de aprender modales y moralejas, o ambas cosas a la vez. Estos no llevaban en sus lomos ningún número decimal de Dewey y las lecciones que enseñaban venían disfrazadas de cuentos. Eran historias de niños o conejitos o pequeñas máquinas que se encontraban con dificultades o fallos que los conducían a situaciones o encrucijadas complejas, a veces cómicas y otras serias. Pero al final siempre eran salvados por alguna persona, conejo o ingenio mecánico serviciales, más sabios y de más edad o antigüedad.
Los protagonistas de estos libros por tanto, aprendían a depender de la autoridad establecida para recibir consejos y ayuda. También a ser trabajadores, responsables y prácticos: a seguir el camino que les estaba destinado y a contentarse con su propio estilo de vida. Dicho de otra forma, aprendían a parecerse más a adultos respetables. Se trataba del mismo tipo de mensaje que tanto mis amigos como yo oíamos todos los días: Siéntate bien, niño. No te internes mucho en el bosque. Dale las gracias a la tía Etta. Vamos, deja de soñar despierto y haz los deberes. Cariño, por favor, no debes inventarte cosas. Pero yo descubrí que existía otra clase de literatura infantil.
Algunos de estos libros, como Tom Sawyer, Mujercitas, Peter Pan y Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas se encontraban en las estanterías de cualquier biblioteca; otros, como El Mago de Oz o las series de Nancy Drew, había que comprarlos en las librerías o pedírselos prestados a los amigos. Y estos eran los libros sagrados para los niños: los de esos autores que nunca habían olvidado lo que era ser un niño. Leerlos era experimentar la emoción del reconocimiento, sentir un torrente de energía liberadora. Estos libros, y otros como ellos, recomendados e inclusive famosos, nos transportan a la ensoñación, nos llevan a la desobediencia, a contestar, a escaparnos de casa y a guardar nuestros sentimientos más íntimos, ocultándolos a los mayores que no nos comprenden. Ponen del revés todos los valores de los adultos, burlándose de sus instituciones, como la familia y la escuela. En pocas palabras, podemos decir que son subversivos, al igual que las rimas, burlas y juegos que yo he aprendido en los patios de recreo. "

La pasión. Sacha Guitry

Te deseo como si fueras la mujer de otro.

Una linda idea de la vida conyugal. Napoleón Solo y ella

Teléfono - Sacha Guitry

¡Qué bonita estabas ayer noche por teléfono!

Excesivo - Jules Renard

¡Oh, hacer el viaje de novios completamente solo!

sábado 16 de mayo de 2009

Doris Lessing opina

El escritor se tornó en una mera personalidad. Los festivales literarios, por ejemplo, son muy agradables, pero nada de eso tiene que ver con la escritura. Todos sabemos que la escritura proviene de un hombre o de una mujer sentada sola en un cuarto, con el teléfono descolgado, una taza de café y -en los viejos tiempos- un cigarrillo.

jueves 14 de mayo de 2009

El Narrador - Luis Pescetti

—Cierto dí­a iba Caperucita por el bosque de… che ¿cómo se llamaba ese bosque?

—¿Cuál? El de… ¿el bosque de Sherwood?

—No, ése era el de Robin Hood.

—¿Robin Hood no era el compañero de Batman?

—No, el compañero de Batman era Mandrake.

—¡Si Mandrake era un mago!

—¿Y qué tiene? Además era el ayudante de Batman.

—… ¿seguro?

—Claro, ¿para qué te contarí­a mentiras, eh? ¿Querés que siga?

—Y, sí­…

—El bosque quedaba en Transilvania…

—Che, no jodas. ¿Transilvania no era donde viví­a el Conde Drácula?

—Vos tenés todo mezclado. No prestás atención a lo que te cuento y se te mezcla todo. Transilvania queda en Estados Unidos… si me vas a cuestionar todo mejor me callo.

—Sí­, mejor.

—… ahora no me callo nada.

—Te callás porque no querés contarme el cuento, porque no lo sabés.

—Claro que lo sé; ahí­ te va, cierta noche, Caperucita estaba cerrando su famoso restaurante…

—¿¡Su famoso restaurante!?

—Sí­, cuando de repente recibió una llamada telefónica…

—… era uno que le avisaba que vos le estabas haciendo bolsa su cuento.

—No, era su mamá, que le pedí­a que pasara de la abuelita a dejarle algo de comer. Le dijo así­, “Blancanieves…”

—¿¡”Blancanieves” le dijo!?

—Sí­, “Caperucita” se llama el cuento, pero a ella le encantaba que le dijeran “Blancanieves”. Entonces el tí­o le dijo así­…

—Che, ¿no era la mamá la que estaba en el teléfono?

—¡Nunca dije que fuera la madre… por favor, prestá atención! Dejáme seguir, le dijo así­, “Blancanieves, cuando cierres tu famoso restaurante llevále algo a tu abuelita que recién me habló y dice que está con un hambre terrible”.

—¿Y por qué la abuelita no la llamó directamente al restaurante?

—Porque se le olvidaba el número.

—¿Y por qué no lo tení­a anotado en un papelito al lado del teléfono?

—Porque el lápiz se lo habí­a prestado a un humilde cazador.

—¿El que aparece al final del cuento?

—Exactamente, que fue el que atendió el teléfono.

—… che ¿No lo habí­a atendido la misma Caperucita?

—¿Quién? ¿Blancanieves?

—Sí­.

—No creo, ella no tení­a teléfono.

—¿¡Y dónde recibió la llamada si no tení­a teléfono!?

—Ahí­ está la gracia, escuchá, entonces el humilde cazador le dijo a la mamá…

—¿Por qué era “humilde cazador”?

—Porque si hubiera sido rico tendrí­a empresas pero no serí­a cazador. Ahora calláte y dejáme contarte el cuento.

—… ¿no tenés otro? No entiendo nada.

—Porque no prestás atención. Entonces el humilde cazador le dijo, “Mire, señora, su hija se fue a un baile a que le probaran un zapatito”.

—¿Ese no es el de Cenicienta?

—No, en el que hay un baile es el de Pinocho.

—En el de Pinocho nunca hubo un baile, porque él no era como los demás niños.

—El que no era como los demás niños era Frankestein.

—¡Pero si él era un monstruo!

—Por eso no era como los demás niños, ¿querés que siga o cambio?

—… y no, seguí­…

—Entonces la abuelita le dijo…

—¿Qué abuelita? ¿No estaba hablando con la mamá?

—¿Ves? No atendés. ¿No te dije que la mamá era sorda?

—¿Sorda?

—Y claro, le habí­an hecho una operación, pero no quedó bien.

—¿En el cuento dice eso?

—Por supuesto, yo nunca te mentirí­a. Sigo. Entonces le dijo, “No importa yo igual la llamo después, no se olvide de darle mi mensaje”. Pero ni bien colgó el cazador ya se habí­a olvidado y ese mismo dí­a la abuelita hubiera muerto de hambre… si no fuera porque pasó un lobo y se la comió. Y colorí­n colorado, este cuento se ha acabado. ¿Te gustó?

—… al medio no lo entendí­, pero estuvo bueno.

—¿Qué parte?

—La de los ladrones que entran a la pizzerí­a.

—Porque no prestás atención. Mañana te cuento otro.

martes 12 de mayo de 2009

CAPERUCITA ROJA (versión políticamente correcta) . James Finn Garner

Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.

De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

-Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.

-No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.

Respondió Caperucita:

-Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.

Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho.

Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

-Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

-Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.

-¡Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

-Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

-Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!... relativamente hablando, claro está, y a su modo indudablemente atractiva.

-Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.

-Y... ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!

Respondió el lobo:

-Soy feliz de ser quién soy y lo qué soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.

Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.

Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnico en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.

-¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.

El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.

-¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?

Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.

Cómo nació la literatura - Vladimir Nabokov

La literatura no nacio el día en que un chico llegó corriendo del valle neandertalense gritando "el lobo, el lobo", con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nación el día en que un chico llegó gritando "el lobo, el lobo", sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.

lunes 11 de mayo de 2009

Historia - Blanca Varela

puedes contarme cualquier cosa
creer no es importante
lo que importa es que el aire mueva tus labios
o que tus labios muevan el aire
que fabules tu historia tu cuerpo
a toda hora sin tregua
como una llama que a nada se parece
sino a una llama

Curriculum vitae - Blanca Varela

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora

TRES SONETOS DEL AMOR PERDIDO. Alejandro Margulis

a N.B.


I
Esperanza

Como nosotros dos la Santa Rita
dio por crecer en marzo bifurcada;
de sus flores quedó la enamorada
en la reja (subió por la marchita

senda la otra, bella jovencita
y así se fue de mí la niña alada).
Lloré grité rogué: quedó cansada
y firme con su voluntad fortuita.

Su rama con espinas nos unía
y de repente ahora nos distancia.
Me dicen: "Quizá el tiempo venga un día

-si la raíz que ustedes dos plantaron
vive en ella como una buena infancia-
y otra vez se amarán como se amaron"


II
Desazón

Alzar la vista y verte abandonado
eso te dolió más que el solo engaño;
tampoco es poca cosa que aquel año
te inaugurase triste y desolado.

Creíste tener naipes que a su lado
te harían ganar siempre sobre el paño
verde, y en vez de amor te vino el daño
de ser un perdedor, un despechado.

Un otro ella en la manga ya tenía
mientras vos te sentías protegido;
y la buscaste hasta la manía.

"No exijo que me esperes ni tampoco
que estés solo", dijo. Entumecido
la viste irse lejos, poco a poco.



III
Rencor

Leer la noche como el buey cornudo
pensar jajajá cómo me la hicieron
la ex gacela y el buen cabrón; se fueron
se gustaban y yo como un boludo

que me creí el tío patilludo
quedé en bolainas cuando me la dieron.
Si sigo barruntando cómo hicieron
voy de artista fachero a ser felpudo.

A nadar sola aprendió conmigo
de mí ganó confianza y la gastó
al usar otra piel como su abrigo.

Lo que firmó por siempre lo mató
y así digámoslo, y así lo digo:
andate a la puta que te parió.


Mayo, 2009

sábado 9 de mayo de 2009

encontrado mientras limpio la casa - Gabriela Comte

Mis amigas y yo
nos acercamos
en la compartida vocación de lavanderas
en sabernos el oficio
de azular y planchar
los tristes trajes
de hombres pequeñitos
y guardarnos en la piel
cada arruga
cada mácula golpeada entre las piedras

Llevamos a la casa
las agujas
los hilos que zurcieron cada pena
y escondemos las marcas de la diestra
que, sin dedal,
aun enrojecen las camisas
que por entregar nos van quedando
sin reclamo
para traer alguna tela en qué bordar
verdes tréboles
y pétalos caídos.
(1983)

Desde hace tiempo, Dido - Gabriela Comte

Nunca descansará en mis costas
apenas roza las orillas,
raudamente,
tras un destino peregrino.

Vuelve el rostro con otras cicatrices,
lamido por la sal,
el mismo y diferente.
Y ya pasaron tantas estaciones
que apenas puedo enumerar otoños,
más duras penas que han hollado el sueño.

Anoto en el papel,
en las cuerdas,
lo que no cabrá en el sitio breve,
vocativo.
No amarra nunca
en este muelle incierto,
que arderá como Cartago
en la pupila fugaz
de ese abismo extranjero.

martes 5 de mayo de 2009

De qué ocurrió al prefecto Yuzhang llamado Jia Yong, diestro en obrar prodigios y maestro en artes, en tiempos de la dinastía Han, siendo emperador Wu

En una ocasión que Jia Yong había partido en expedición militar ofensiva, fracasó y fue descabezado en la batalla. Montó tal cual en su caballo y regresó a palacio donde todos se aglomeraron para verlo; y de su pecho salió una voz que dijo:
-Obvio es que la ofensiva ha fracasado y ando maltrecho. Pero lo que en verdad quería es preguntarles cómo me ven ustedes mejor: con o sin cabeza.
Horrorizados y entre llantos respondieron que con cabeza.
-Craso error-arguyó Jia Yong-, yo no me veo tan mal sin ella, y al punto cayó muerto.

Noticia de un lugar en Taiyuan

En un lugar de Taiyuan, en tiempos de la dinastía Wei, fue abierto un panteónm partida la lápida de una tumba y, en un féretro, hallada una mujer que aun vivía. La ayudaron a salir y habló: es indudable que vivía. La llevaron a palacio y le hicieron mil preguntas, a las que no supo responder. Miraron la edad de los cipreses plantados junto al panteón y les calcularon unos treinta años. ¿Había estado treinta años viva en una tumba, o más bien había revivido en el instante en que la abrían?

De qué ocurrió a Qin Zhan

Habitante de la zona salvaje y despoblada de Qu’a, Qin Zhan es un hombre al que se le apareció de repente un animal extraordinario, semejante a una serpiente, que se le metió en el cerebro. Ocurrió como sigue: la serpiente llegó, lo olisqueó, le entró por la nariz, llegó al centro del cerebro y allí se enroscó, creándole a Qin Zhan una sensación de ligera turbación, como si escuchara a alguien mascándole algo entre los sesos. Al cabo de muchos días, la serpiente salió y se fue. Y regresó. Y al verla venir, se tapó con un pañuelo las fosas nasales, pero fue en vano, porque entró igual. Ahora bien, Qin Zhan no padeció ninguna enfermedad en muchos años –salvo aquella pesantez de cabeza, claro está.

viernes 1 de mayo de 2009

Joyce Carol Oates

CUATROCUENTOS 3 - Revista On Line

Nuevamente salió la revista de cuento hispanoamericano. Esta vez presentan relatos de Patricia Suárez (Argentina), Miguel Gomes (Venezuela), Viviana Paletta (Argentina) y Uriel Quesada (Costa Rica).

Los Editores son Pía Bouzas y Gustavo Valle

http://cuatrocuentos.wordpress.com/

NO-RETORNABLE

Ya salió No-Retornable 4. Con cuentos de Hebe Uhart, Martín Rejtamn y Romina Doval. Aquí Claudia Piñeiro cuenta el secreto de su éxito. También, un popurrí de poetas argentinos. Y como si fuera poco, autores patrios escriben ensayos sobre su relación con Tolstoi (me included). Revista hecha con amor y pulmón por Marcelo López
¡Qué la disfruten!
www.no-retornable.com.ar

25 de Mayo de 2010, una crónica para el Diario Critica

  • http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=27688

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!
Lobo de Tasmania

Octubre

Octubre
Cosas extrañas que pueden suceder...

Setiembre...

Setiembre...
Pájaro de Oro

Agosto

Agosto
Recortando y pegando muñequitas de papel

Junio. Bobo e imposible...

Junio. Bobo e imposible...
Dodo.

Mayo

Mayo
Cómeme o bébeme.

Octubre

Octubre
As de Espadas

FEBRERO...

FEBRERO...
Trabajando en equipo...

SETIEMBRE. Crisantemo...

SETIEMBRE.  Crisantemo...
Una flor como una luna

Noviembre en Madrid

Noviembre en Madrid
Zapato para bailar flamenco

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