La sensación de no comprender del todo el mundo y no saber si es uno o los demás...

La sensación de no comprender del todo el mundo y no saber si es uno o los demás...

Brindar con extraños. Libro de cuentos

Hace casi dos años recibí el premio del Programa San Luis libro por el libro de cuentos BRINDAR CON EXTRAÑOS, con un jurado de lujo: Ana María Shua y Alicia Steimberg. Pocos meses después, fue mención en el Casa de las Américas. La gente de San Luis lo editó, el libro es preciosooooo. Pero... no se distribuye, no se puede vender y los derechos vencen en abril del 2013. Mientras algún editor incauto se interesa en mis cuentos, iré publicándolos de a poquito en mi blog.

ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt

Minga de café. Abstención completa. ¿Y qué le queda a usted? Reducirse al capuchino, al innoble y seductor capuchino, que es una mezcla, por partes iguales, de leche y café, servida en una tacita de café. La tacita, para que usted se haga la ilusión de que se manda a bodega una ración de achicoria, y para engañar la visión, como los cocainómanos que cuando no tienen con qué doparse, toman por la nariz ácido bórico o magnesia calcinada. El caso es hacerse la ilusión...

Fidelidad presidencial

"Un día el presidente Coolidge y si mujer estaban de visita en una granja del gobierno. Al poco de llegar los embarcaron en excursiones separadas. Al pasar ante los pollos, la señora Coolidge preguntó al jefe de la granja si los gallos copulaban más de una vez al día. 'Docenas de veces', fue la respuesta. 'Por favor, dígaselo al presidente', pidió la señora Coolidge. Cuando el presidente pasó ante las aves y le contaron lo de los gallos, preguntó: '¿Cada vez con la misma gallina?' 'Ah, no, señor presidente, cada vez con una distinta.' El presidente asintió lentamente y añadió: 'Dígaselo a mi señora'."

citado en una antología de M H Siegel y H P Zeigler

lunes, 20 de abril de 2009

Consejos para empezar a escribir. Joyce Carol Oates

«Trabajo con gente joven en la Universidad de Princeton. Llevo enseñando allí desde
1978 y siempre le digo lo mismo a mis alumnos: que vivan la vida y que lean con
voracidad sin una planificación muy definida. Que viajen, que conozcan gente, que
hablen con la gente, que escuchen con mucha atención y sin interrumpir, y que
escuchen a sus propios abuelos hablar de su familia, porque la gente mayor de
nuestras familias tiene mucho que contar y uno, en cierto modo, les tiene que inspirar
para que empiecen a contarte cosas. Por eso les digo que sean muy curiosos y que
adopten una cierta posición neutral y libre de juicios, que sean abiertos; pues eso, que miren al mundo y vean lo que hay. Es algo muy hermoso. Es un mundo emocionante
aunque traicionero en ciertos sentidos, y todo esto se traslada a la escritura.»

domingo, 19 de abril de 2009

Oración por Marilyn Monroe - Ernesto Cardenal.

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...

Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.

Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú el teléfono!

JONÁS. Enrique Lihn

Todo lo podría condenar igualmente, no se me pregunte en nombre de qué.
En nombre de Isaías, el profeta, pero con el grotesco gesto inconcluso de su colega Jonás
que nunca llegó a cumplir su pequeña comisión sujeto a los altos y bajos
del bien y del mal, a las variables circunstancias históricas
que lo hundieron en la incertidumbre de un vientre de ballena.
Como Jonás, el bufón del cielo, siempre obstinado en cumplir su pequeña comisión, el porta-documentos incendiario bajo la axila sudorosa, el paraguas raído a modo de pararrayos.
Y la incertidumbre de Jehová sobre él, indeciso entre el perdón y la cólera, tomándolo y arrojándolo, a ese viejo instrumento de utilidad dudosa
caído, por fin, en definitivo desuso.

Yo también terminaré mis días bajo un árbol
pero como esos viejos vagabundos ebrios que abominan de todo por igual, no me pregunten
nada, yo sólo sé que seremos destruidos.
Veo a ciegas la mano del señor cuyo nombre no recuerdo,
los frágiles dedos torpemente crispados. Otra cosa, de nuevo, que nada tiene que ver. Recuerdo algo así como...
no, no era más que eso. Una ocurrencia, lo mismo da. Ya no sé a dónde voy otra vez.
Asísteme señor en tu abandono.

sábado, 18 de abril de 2009

La calle del ángel. Cuento de María Rosa Pfeiffer

Hoy fui a buscar a mi hija a la salida de la escuela de artes. Queda por Constitución. La mayoría de las veces voy caminando. Salvo que llueva. Son unas veinticinco cuadras desde mi barrio. Aprovecho para hacer gimnasia, si no, nunca me doy tiempo. Tardo, a paso medio, cerca de 30 minutos. Si no me distraigo mirando alguna vidriera, o algún edificio que me llame la atención. Quizás con el hábito, pueda llegar a hacer un mejor promedio.
Ya probé tomar varios colectivos para volver. El que me deja más cerca es el 168. Pero no el que viene por Juan de Garay, sino el que dobla por calle Constitución y toma Saénz Peña.
Así que tomo a mi hija de la mano, cruzamos la avenida y atravesamos la plaza. Hoy me pidió quedarse un ratito en los juegos. Se hamacó, se tiró por el tobogán, trepó a esos tachos que hacen las veces de caballito, volvió a hamacarse.
Estaba tan hermoso el día. Una perfecta mañana de otoño. El sol hacía firuletes entre las hojas de los árboles y caía suave sobre la piel. Una brisa tenue alivianaba el aire. Daba gusto estar ahí.
Le hice señas para que nos fuéramos. Yo tenía que llegar a casa, cocinar y ayudarle a que se prepare para ir a la escuela.
Teníamos el tiempo casi justo. Avanzamos por la plaza en diagonal y llegamos a la calle. Es un poco confusa esa esquina, porque la calle se bifurca y cuando el hombrecito del semáforo se pone blanco autorizando a cruzar, me asalta la duda de si alguien de la otra calle no podrá doblar.
Cuando ya estamos en la vereda, mi hija me tira de la mano y me dice: - Mirá má. Esa mujer, qué fea vestida está. Yo miro hacia la vereda de enfrente y le digo: -Sí, qué verde loro el vestido que tiene puesto ¿no? -Pero no es sólo el color, má, todo el vestido es feo, la forma. Y mirá cómo se le ven las tetas.- - Sí, de mal gusto-, le respondo, y acelero el paso. -Es gorda y tiene toda la cara pintada-, dice Luisina siguiéndome el paso pero mirando hacia atrás. -¡Ahí hay otras! - Señala cuando estamos a mitad de cuadra. Y miro a dos mujeres : una morena con medias de red, tacos altos dorados y un vestido amarillo, y otra de rasgos más orientales, con una mini muy ceñida de color violeta vibrante y una remera del mismo color que le dejaba el vientre fláccido expuesto. Las dos hacían gestos exuberantes a los transeúntes y también a los hombres que pasaban en auto.
-¿Por qué se visten tan feo mamá?- - Porque quieren llamar la atención, le respondo. -¿Pero por qué?- ¿Cómo le explico? -Porque son mujeres de la calle- le digo. -¿Y eso qué quiere decir?- Respiro hondo. -Putas. Son putas, hijita-, y me apuro a aclarar: -aunque suene fea esa palabra.-
Ella se queda mirándome con sus ojos azules muy grandes, seria, esperando más.
Llegamos a la parada. Alcanzamos justo el último 168 porque se puso rojo el semáforo y no alcanzó a doblar. En el trayecto yo había visto cómo se iban dos, y rogaba llegar al tercero. No sé por qué, pero es así con la mayoría de las líneas de urbanos. O al menos con las líneas de mi zona. El 101, el 115, el 64. Pasan tres juntos y después hay que esperar quince minutos, o más.
Por suerte iba casi vacío y pudimos elegir donde sentarnos.
Yo sentía los ojos serios de mi hija clavados en mí, esperando. Esta mañana en el desayuno, le había preguntado al papá si de veras lo había visto al conejo el año pasado en la ruta, cuando él volvía de un viaje justo el domingo de Pascua, y le había alcanzado los huevos de chocolate para ella. –Claro que lo vi- le dijo él. -¿Y corría rápido?- Tanto como los autos. -¿Pero corría o saltaba?- - Saltaba.- le contestó su padre. Lo dijo con tanta convicción que hasta yo me imaginé al conejo, gigante, persiguiendo a mi marido por la autopista. Ella se quedó pensando un rato, el mentón apoyado en la mesa. –Pero debería ir más rápido que los autos- dijo al cabo de un rato. -¿Por qué?- pregunté yo. -Porque es mágico- dijo y se terminó la leche de un trago.
-¿Qué es ser puta?- . – Es… un trabajo. Feo, pero trabajo al fin. Salen con hombres, les dan caricias, abrazos y les cobran por eso. - -¿Y por qué eligen trabajar de putas?- - Y… porque a veces no consiguen otros trabajos, o no saben hacer otras cosas.- - ¿Y por qué algunos hombres compran abrazos?- -Porque están solos, o tristes, porque nadie los quiere.- -¿Y besos también?- - Sí, mi amor, besos también.
Giró la cabeza hacia la ventanilla y se quedó un rato largo en silencio.
-¿Tuvieron títeres hoy? -. –Sí, y música-, me dijo sin dejar de mirar hacia afuera.
Pasó otro rato en silencio. -¿A dónde se compran esas ropas feas?-
-En los negocios, en las tiendas.- -Pero yo nunca vi ropas así en las tiendas donde vamos. - -Porque hay otras tiendas, que venden ropas así ¿viste que son como disfraces? Son… lugares especiales. – Ah-, me dijo y pareció conformarse.
Me acordé de mi viaje a Bruselas. De la calle de las prostitutas. Yo había oído hablar, pero ver, estar, fue una experiencia inquietante.
Ángela me había ido a esperar a la estación de trenes. Era la amiga de un amigo, y nos conocimos ahí. Yo estaba parando en Tournai, y tenía un día para recorrer Bruselas. Habíamos programado el día anterior, por teléfono, conocer la casa donde vivió Magritte, que es mi pintor favorito, ya que el Museo estaba cerrado por reparaciones.
Cuando me bajé del tren se me acercó, cálida. -Julia- dijo en un tono intermedio, en el que el afirmativo le ganaba al interrogativo. La abracé. -¡Qué rápido me encontraste! Con tanta gente- Rió. -La pollera violeta que me dijiste y esa cara inconfundible de alguien que llega por primera vez-.
Me tomó del brazo como si nos conociéramos de toda la vida. Hablamos de Alejandro, nuestro amigo en común, mientras me conducía entre la multitud hacia la salida de la estación.
- Vení, antes de ir a la casa de Magritte, te voy a mostrar otra cosa- Salimos a una calle por una de las puertas de medio arco de la estación y me señaló con el dedo: -Mirá allá arriba ¿qué ves? – Un ángel- digo -la escultura de un ángel.- Me quedo arrobada mirándolo. Precioso, con las alas extendidas, en la cúpula de un edificio de dos pisos, en una esquina.
-Bonito ¿verdad? – me dice Ángela. –Bueno, ahora mirá qué está cuidando el ángel.- Bajo la vista y me encuentro con una gran vidriera de porno-show.
- Exactamente debajo de este ángel comienza la calle de las prostitutas- me dice y señala dibujando con el gesto de su brazo la calle paralela a los paredones de la estación.
Y empezamos a andar. Despacio. Porque quiero ver bien. No perderme un detalle. Son vidrieras, una al lado de la otra. Con mujeres adentro. La mayoría en ropa interior, dos piezas. Algunas, las menos, en bombachas y con los pechos descubiertos.
En todas las vidrieras hay una cortina de fondo, símil telón, y una especie de tarima, adonde se ubican ellas. Algunas están solas, apoyadas en una columna, o semi-sentadas en una banqueta, posando, mirando hacia afuera, sonriendo o acariciándose al ver pasar a los clientes.
-Suele haber muchos choques- me dice Ángela. – Fijate cómo los hombres que pasan manejando se pierden-. Es verdad, la mayoría de los automovilistas pasan desviando sus miradas hacia los negocios. Y aunque la calle es de una sola mano, la distracción es lo suficientemente fuerte, como para atropellar al auto que va delante. Y deduzco que es lo más normal, que en esta calle, no chocar sería lo extraño.
Hay de todas las edades. De todas las razas, de todos los colores y formas. Exuberantes, delgadas, gordas, bonitas, feas, graciosas. Para todos los gustos, pienso. La mayoría están de a dos. Algunas tienen un espejo en un costado y se peinan, se maquillan. Pasan hombres de variados estilos, obreros, oficinistas, bien vestidos, de sport, de fajina, algunos con portafolios, parecen profesionales. Creo que sólo uno pasó apurando el paso y con la cabeza pensando en quién sabe qué, como si esas vidrieras fueran ferreterías o mercaditos, o librerías, le daba lo mismo. La mayoría iba mirando. Contestaba a alguna seña que venía de adentro. Sonreía.
Algunos recorrían, y volvían atrás, eligiendo. Otros pasaban con una meta distinta (se les notaba en la manera de andar), pero no podían sustraerse a ese mudo canto de sirenas. Y volvían sus pasos atrás. Se detenían. Miraban. Algunos seguían su camino y otros, irremediablemente abrían la puerta lateral y se dejaban atrapar.
-Tienen libreta de sanidad, hacen aportes jubilatorios, pagan impuestos- me dijo Ángela. Todas las seguridades. Como cualquier empleada en blanco. Pero con la ventaja de que son independientes, sus propias dueñas. No tienen que rendirle cuentas a ningún cafisho. Ellas alquilan el local, y algunas hasta llegan a ser propietarias. –me comentaba Ángela mientras caminábamos. -También están las otras, las de la calle. Pero son más peligrosas. Para los hombres porque no dan garantía de salud, y para ellas mismas, porque cada dos por tres terminan en un destacamento de policía.- Suspiró. – A veces pienso que seguramente tendría una mejor posición si hubiese elegido esta carrera en vez de la docencia- Rió Ángela. Y yo dudé por un momento si lo había dicho en serio o en broma. –De todos modos, ya es tarde para volver atrás- dijo haciendo alusión a sus sesenta años. Justo en ese momento veo en una de las vidrieras a una mujer entrada en carnes y en años, sentada en un silla, con las piernas abiertas y tejiendo a dos agujas, muy entretenida en su labor. – Mirá eso, me parece que todavía estarías a tiempo- la chanceé. Y reímos juntas.
Después tomamos un tranvía y fuimos hasta la casa de Magritte. Al final del día nos sentamos en un bello cementerio parquizado a comernos un sándwich de atún. Pero yo tuve la sensación de que lo mejor de ese día ya lo había vivido.
¿Podría haber sido puta? me pregunto a veces. En muchas de mis fantasías eróticas lo soy. Es la manera de excitarme que no falla en mis relaciones. Pero no puedo explicarle ésto a mi hija pequeña. Al menos ahora. Tal vez cuando sea más grande.
Mientras escribo recuerdo a una profesora de filosofía a la que admiraba muchísimo. Eran fascinantes sus clases. Un despliegue de erudición y sapiencia. Seducía a sus alumnos con cada palabra, con cada gesto. Un día, en una de sus clases tuvo un derrame cerebral. El primer síntoma fue que se quedó dando vueltas y vueltas a las hojas de sus apuntes, sin parar. Luego se desmayó. Cuando volvió en sí, mientras llamaban a urgencia, se aferró con ambos brazos del cuello de uno de los alumnos que la habían auxiliado y le dijo las mayores obscenidades que escuché en mi vida. A los seis meses murió. Mucho tiempo quedé hondamente impresionada por ese suceso, pensando que detrás de tanta belleza podía haber tanta basura encubierta.
Bueno, no sé por qué digo basura.
Desde ese día trato, si no de verbalizar, al menos, hacer conscientes mis lados oscuros. Para que la vida (o la muerte, vaya uno a saber) no me sorprenda en una actitud indigna.
Decir es conjurar. Después de todo, las mujeres, de distintas maneras, a veces sólo por unos instantes, con consciencia o no, somos unas putas. Lo que no suprime la existencia de un ángel en nuestro costado.

sábado, 4 de abril de 2009

El calvario diario del escritor... - Philip Roth

Doy vuelta a las frases. Ésa es mi vida. Escribo una frase y luego le doy la vuelta. Después la contemplo y le doy otra vez la vuelta. Luego voy a comer. Después me instalo de nuevo y escribo otra frase. Luego tomo el té y le doy la vuelta a la nueva frase. Luego releo las dos frases y les doy la vuelta a ambas. Después me acuesto en mi sofá y pienso. Luego me levanto y las tiro a la papelera y empiezo desde el principio otra vez. Y si me aparto aunque sea sólo durante un día entero de esta rutina, me siento frenético de aburrimiento y de una sensación de estar desperdiciando el tiempo. Los domingos desayuno tarde y leo los periódicos con Hope. Luego vamos a dar un paseo por las colinas y me atormenta la idea de que estoy perdiendo todos esos buenos momentos. Los domingos por la mañana me despierto casi enloquecido ante la perspectiva de todas esas horas inutilizables. Estoy inquieto, malhumorado, pero ella también es un ser humano, comprendes, de modo que la acompaño. Para evitar problemas, ella me hace dejar el reloj en casa. El resultado es que me dedico a mirar mi muñeca en vez del reloj. Estamos paseando, ella habla, entonces yo lanzo una mirada a mi muñeca... y generalmente ahí acaba todo, si mi humor de perros no lo ha estropeado ya antes. Ella arroja la toalla y volvemos a casa. ¿Y una vez en casa en qué se diferencia un domingo de un jueves? Me siento otra vez frente a mi pequeña Olivetti y empiezo a observar las frases y a darles la vuelta. Y me pregunto: ¿por qué no puedo llenar mis horas de otra manera que no sea ésta?

El exilio de Helena

El exilio de Helena
Botticelli

Chica rara, de 'Frankenweenie'

Chica rara, de 'Frankenweenie'
La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.

Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry

Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry
Un ornitorrinco / Un agente secreto.

Fiera venganza la del tiempo

Fiera venganza la del tiempo
el joven Bono

Tiéntame, Liam...

Tiéntame, Liam...

Los viernes me siento así

Los viernes me siento así
Ilsutración de Walter Crane sobre La Bella y la Bestia

Conocerlo todo, según Mahfuz

"Un escritor debe conocerlo todo, lo bueno y lo malo, especialmente esto último, pues la maldad es la fuente del teatro." Naguib Mahfuz.

Paradoja del deseo - Oscar Wilde

En este mundo yo sólo sé de dos desgracias: la primera es no conseguir lo que uno desea, y la otra es conseguirlo; ¡esta última es una verdadera tragedia!

Testamento de Florencio Sánchez

"Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido vencer en mi vida ha sido la de vivir. Por lo demás, si algo puede la voluntad de quien no ha podido tenerla, dispongo: primero, que no haya entierro; segundo, que no haya luto; tercero, que mi cadáver sea llevado sin ruido a la Asistencia Pública, y de allí a la Morgue. Sería para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección de cualquiera de mis músculos."

A veces no soy prudente en asuntos de amor

A veces no soy prudente en asuntos de amor
Caperucita Roja. Gustavo Doreé.

Leonard Cohen

Leonard Cohen

Celeste Albaret

Celeste Albaret
Pintada por Jean Claude Fourneaur, 1957

Quiero el sillón presidencial

Quiero el sillón presidencial
Mother Gothel, Rapunzel

Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar

Ya a los 80 años, al responder una pregunta sobre su edad, dijo que no la notaba. "Cuando me canso -explicó- tengo 10 siglos; cuando trabajo, 40 años."

Sobre la vejez. André Maurois

Envejecer es una mala costumbre.

Siempre idéntica a sí misma

Estaban una pera y un tomate en la parada del autobús. Y el tomate le pregunta a la pera:
-¿Hace cuánto que espera?
Y la pera responde:
-Desde que nací.

Búsquedas desesperadas - Woody Allen

«No solo no existe Dios, sino a ver cómo encuentras un electricista un fin de semana».

Conócete a ti mismo. Oscar Wilde

Yo soy la única persona en el mundo a quien desearía conocer a fondo; pero no veo ninguna posibilidad de hacerlo, por ahora.

He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci

Las promesas engañan; el tiempo decepciona; la muerte burla los cuidados; las ansiedades de la vida son nada.

Casi perfecta

Casi perfecta
Pavo real albino del zoo de Colombia

La Rana Más Bella del Mundo

La Rana Más Bella del Mundo
La Más Venenosa!

Etérea. Tradición oral española.

Este es el cuento de María Sarmiento

que fue a cagar y se la llevó el viento

Así de camella han estado mis vacaciones

Así de camella han estado mis vacaciones

Chirimoyas del amor

Chirimoyas del amor

Ser tu ángel de la guarda

Ser tu ángel de la guarda
Porno victoriano

Porno Victoriano

Porno Victoriano
Una chica común

Topless

Topless
Porno victoriano

Hacerte un poco de daño

Hacerte un poco de daño
Porno Victoriano

Peggy Olsen

Peggy Olsen
Una puede ser como ella...

De una Suplicante a Santa Lucía

En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!

Santa Lucía

Santa Lucía
Patrona de los Ojos

La niña que baila

La niña que baila
Miniatura de Antonio Esquivel

Este fin de semana viajo fuera...

Este fin de semana viajo fuera...
Anita Ekberg, 1953

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