Caminaré entre las piedras
Este es el cuento del Ratón que se comió un
melón...Pensaba la Reina Batata: "Ahora me pincha y me mata..."
"...sino puedo arrancarte una palabra, al menos te arrancaré un gemido". (Alejandro Magno.)
jueves 29 de enero de 2009
Extraño Interludio
Para no hacer del Discreto encanto una ensalada, pensé que mejor era abrir un blog nuevo que pudiera contener material de teatro como monólogos y escenas breves. Así que lo hice y se llama Extraño Interludio, por la maravillosa obra de O'Neill.
La dirección es:
http://extraniointerludio.blogspot.com/
Ojalá les guste y lo disfruten.
La dirección es:
http://extraniointerludio.blogspot.com/
Ojalá les guste y lo disfruten.
Cómo preparar una ídische mame. Jorge Schussheim
Primero, hace falta una olla bien grande, como esa que le prestó a la vilde jaie de la vecina y que se la devolvió toda abollada y se hizo la distraída, ¿se acuerda?
Y bueno: a goie blaibt a goie.
¿Tiene una gallina, de esas bien gordas?
¡Bien!. Sáquele las plumas, las entrañas, los huesos y la carne.
¿Qué le queda? !Schmaltz! !Lo más sano que hay! ¡Excelente para el colesterol!
Pique 4 o 5 cebollas grandes, de esas medio chatas que son las que hacen llorar mejor y fríalas junto con la piel cortada en pedacitos, para ir creando la piedra filosofal: los gríbalaj.
Bueno, ya tiene la base.
Ahora comienza propiamente la preparación del plato.
Vaya a la baulera y busque los viejos álbumes de discos de 78.
Saque 'In der Finster', cantado por Sarah Gorbi, baje el fuego a mínimo y póngalo en la olla. Agregue, de a poco (para que la preparación no se enfríe, porque si se enfría, sufre) dos fotos suyas de cuando era bebé, en Miramar; un buen puñado de suspiros; dos cucharadas soperas de quejas (mejor que sean catorce las cucharadas) y medio litro de lágrimas. Si su idische mame era rusa, una pizca de sal. Si era polaca, medio kilo de azúcar.
Matze con manteca y réitaj, como el que le daban para la merienda; una ráfaga de eso olor a arenques y a pepinos y a wurst, que a uno le aromatizaba el alma cada vez que entraba a las famosas perfumerías Nemirowski, Bruselowsky, ó Szmedra; y un cuarto kilo de esa luz dorada que daban las velas durante el séder de Péisaj y que no sé porqué ahora las velas de porquería ya no dan más.
Bata en un bowl algunas imágenes de sus bobes y zeides y tíos y tías, incluso algunas de los tíos y tías que usted no conoció personalmente, pero sí por las fotos que su mamá guardó durante toda la vida y que fueron lo único de esos tíos y tías que pudo salir de Polonia y de Lituania y de Ucrania.
Por un colador fino, vaya dejando caer hilitos de los mejores recuerdos.
Y no se preocupe por los malos: si es un colador lo suficientemente fino, no hay peligro.
Deje cocinar un rato, hasta que todo se haya unido muy bien y formado una masa homogénea.
Saque porciones, haga knéidalaj y hiérvalos en el caldo que habrá hecho, aparte, con la gallina.
Decore con un pedacito de cielo azul bien picadito; del mismo cielo que iluminaba y embellecía aquella mañana tan triste en Tablada.
Y sírvales un buen plato a sus hijos nietos y vigile que se lo coman hasta el fondo, que tan mal no les va a hacer.
Y bueno: a goie blaibt a goie.
¿Tiene una gallina, de esas bien gordas?
¡Bien!. Sáquele las plumas, las entrañas, los huesos y la carne.
¿Qué le queda? !Schmaltz! !Lo más sano que hay! ¡Excelente para el colesterol!
Pique 4 o 5 cebollas grandes, de esas medio chatas que son las que hacen llorar mejor y fríalas junto con la piel cortada en pedacitos, para ir creando la piedra filosofal: los gríbalaj.
Bueno, ya tiene la base.
Ahora comienza propiamente la preparación del plato.
Vaya a la baulera y busque los viejos álbumes de discos de 78.
Saque 'In der Finster', cantado por Sarah Gorbi, baje el fuego a mínimo y póngalo en la olla. Agregue, de a poco (para que la preparación no se enfríe, porque si se enfría, sufre) dos fotos suyas de cuando era bebé, en Miramar; un buen puñado de suspiros; dos cucharadas soperas de quejas (mejor que sean catorce las cucharadas) y medio litro de lágrimas. Si su idische mame era rusa, una pizca de sal. Si era polaca, medio kilo de azúcar.
Matze con manteca y réitaj, como el que le daban para la merienda; una ráfaga de eso olor a arenques y a pepinos y a wurst, que a uno le aromatizaba el alma cada vez que entraba a las famosas perfumerías Nemirowski, Bruselowsky, ó Szmedra; y un cuarto kilo de esa luz dorada que daban las velas durante el séder de Péisaj y que no sé porqué ahora las velas de porquería ya no dan más.
Bata en un bowl algunas imágenes de sus bobes y zeides y tíos y tías, incluso algunas de los tíos y tías que usted no conoció personalmente, pero sí por las fotos que su mamá guardó durante toda la vida y que fueron lo único de esos tíos y tías que pudo salir de Polonia y de Lituania y de Ucrania.
Por un colador fino, vaya dejando caer hilitos de los mejores recuerdos.
Y no se preocupe por los malos: si es un colador lo suficientemente fino, no hay peligro.
Deje cocinar un rato, hasta que todo se haya unido muy bien y formado una masa homogénea.
Saque porciones, haga knéidalaj y hiérvalos en el caldo que habrá hecho, aparte, con la gallina.
Decore con un pedacito de cielo azul bien picadito; del mismo cielo que iluminaba y embellecía aquella mañana tan triste en Tablada.
Y sírvales un buen plato a sus hijos nietos y vigile que se lo coman hasta el fondo, que tan mal no les va a hacer.
lunes 26 de enero de 2009
Después de todo. Cuento
Los últimos días en Madrid comió en el Doner Kebap. Pedía siempre el kebab número nueve; el hombre kurdo atrás de la barra, indefectiblemente le servía el siete o el cinco. Alguna vez ella trató de protestar, señaló con el índice el número del menú elegido. El hombre miró sin entender, no lee las letras. Ella no sabe si es miope o no comprende el castellano. Luego vino su jefe, un hombre turco bajito y barrigón, con un sombrero de fieltro color claro. Color manteca, color yogur. Entonces el primero, el hombre kurdo, se volvió hacia ella, le pidió silencio. Puso su dedo sobre sus labios, como las enfermeras en el cuadro. Ella asiente, come el nueve muy callada. El turco vocifera en una lengua incomprensible; si es en turco al hombre kurdo le debe sonar como la lengua del opresor, de la dominación: la catástrofe. Pero a lo mejor no es en turco que le está hablando, sino en algún dialecto de Medio Oriente. Habla del oro; hace la seña inconfundible y universal que significa plata, pasta, lana, dinero: la seña de echar pizcas de sal con el índice y el pulgar. Uno puede empezar lejos, en un sitio agreste y acabar en una casa de comidas rápidas en el fin de un continente, sirviendo algo que se parece a lo que cocinaban tu madre y tus tías, piensa ella. Lejanamente parecido y que no sabe igual.
En el Doner Kebap la mujer pasa horas enteras; horas como días, días como plantas. Escucha el susurro, el chirrido de los engranajes del mundo. Toma agua envasada, no sirven café ahí. Sólo té verde, de ese color como un pantanal: es fácil desdecirse, caer en el arrepentimiento, si uno pide esa clase de tés.
Las historias son siempre las mismas; historias como ésta han sido muchas veces contadas. El momento, infinitesimal, en que el péndulo se detiene antes de volver a comenzar. El tipo que arranca un segundo antes de que cambie el rojo del semáforo y mata a cualquiera. Captar ese momento; presentir el golpe como lo hace el buen boxeador, el más intuitivo: atajarse, protegerse: un plan inútil. La mujer muerde el kebab a trozos chicos; su lengua, sus dientes, el paladar: todo lo está pensando. El queso de cabra, blando, se le desliza por la garganta, ella domina la náusea. Se detiene, mira al frente, el afiche colgado en la pared. Hay un paisaje del Kurdistán: la montaña, la roca pelada, en medio de la aridez una flor orgullosa, púrpura, todavía no acabó de abrirse. El cielo es de un azul pintado con un crayón por un niño. El kebab pasa, logró pasar, abrirse paso hacia su estómago. Cuenta de cien para abajo; no quiere vomitar en la calle ni cuando llegue al hostal. Necesita retener la comida. Le tiemblan las rodillas, suda frío: no debe seguir así. Hace un par de días hizo el test, le dio positivo. Un descuido, una relación inconveniente, un accidente que hay que remediar a la vuelta, a tiempo. Buscar un médico que solucione este mal paso, conseguir la plata, poner el cuerpo. Falta todavía para que salga el avión; no puede adelantar el vuelo, no puede irse. Sonríe y señala la flor del afiche.
-¿Qué flor es?- pregunta.
Quiere concentrarse en la flor que se abre.
Parece un lirio, pero ella no entiende mucho de flores, de botánica. La naturaleza la pone perpleja. El hombre la mira con expresión vacía:
-Kurdistán –responde – mi país.
Ella asiente, sonríe, saluda con la mano en alto cuando se va.
Cuando se quita los anteojos de sol, tiene los ojos rojos. El hombre kurdo se dá cuenta; cualquiera puede darse cuenta. No es una actriz para disimular sus emociones; no está ofreciendo un show. Le acerca un vaso de agua y ella señala el cielo, y la calle, la vereda: relumbra ese mediodía como un territorio lunar. Dice algo sobre el verano en Madrid, qué temporada terrible. El hombre le acerca un vaso de agua y una servilleta de papel. No de las que están ahí, por todas partes, sino de las que guarda él, las más suaves. Ella se limpia los ojos. Después pide un menú, cualquier kebab de los de la lista. Total, el hombre le traerá cualquiera y ella tendrá que tragarlo. Hay que vivir después de todo; hay que comer. El jefe turco aparece; es la hora en la que hace el control: grita, se lleva la plata. Ella mira a través del cristal; enfrente hay una capilla de San Antonio de Padua. ¿No era el santo al que uno recurre por asuntos de amor, al que se le pide cuando se anda con el corazón roto y por lo otro, las cosas, las agujas, las llaves, los objetos perdidos? Puede hacer una promesa; es buena para cumplir las promesas. Hacer una ofrenda. Se levanta y sale del Doner Kebap sin saludar; nadie le pedirá cuentas cuando lo que de verdad importa ahí es que la comida haya quedado paga. Cuando está delante de la urna de San Antonio cae en la cuenta de que no tiene una sola moneda de euro. Ni una sola maldita moneda; eso no puede importarle al santo, calcula. Se arrodilla, hace su promesa. Introduce en la ranura una moneda de un peso argentino. En dos días parte el vuelo a Buenos Aires; ya finalizó los papeles con los parientes de Extremadura. El pueblo de su padre, unas tierras que nunca conoció y se vendieron. Ahora regresa; hace la promesa en el barrio de Antón Martín pero es casi como si la hiciera en la parroquia del suyo, San Cristóbal, piensa. Sale de la pequeña iglesia, al otro lado de la calle el hombre kurdo está mirándola. Ella baja la vista y sigue caminando, sigue su camino. ¿Qué hay, que puede haber para que dos personas, dos desconocidos crucen la calle?
Los nervios no ayudan a que la comida anide y siga su curso en el cuerpo. Ella sabe que debería probar con una manzana, una fruta fresca. Pero no tiene ánimo para preguntar dónde puede hacerlo y vuelve al Doner Kebap. Las siete de la tarde y el hombre kurdo está cerrando. La persiana está a medio bajar, pero la hace pasar igual. Puede sentarse en la banqueta. Le pone en un plato pan pita, queso, dos rodajas de tomate. En un vaso de dudosa limpieza, el agua limpia. El hombre dice que está esperando a una visita, Teresa. No es su esposa, la esposa verdadera está dormida en Kirkuk. La esposa duerme en Kirkuk, Irak, cuando fue allá de viaje por un trámite, unos papeles. Cuando uno deja su país, le pasan las cosas peores. La atacaron, ahora duerme. Las guerras, los asaltantes, la escoria. Lo bueno de lo malo es que no tuvieron hijos, huérfanos desperdigados, aunque quién sabe si eso fue bueno. No tuvieron el tiempo para hacerlo: suena chistoso, pero no lo es. No: es trágico, dice. Había una tierra sobre la escuchaste en una canción de cuna, donde los sueños se realizan. Donde los problemas se disuelven como gotas de limón, en fin: una canción; una realidad que no existe. El hombre tiene la piel como la seda, pero ella se contiene de tocarlo. Se contiene de hacer la pregunta con claridad: ¿cuánto de ese dormir quiere decir estar muerto para su esposa? ¿Cuánto de esa soledad se traduce en te necesito? El hombre kurdo va hacia la trastienda y vuelve con una chaqueta de terciopelo negro, elegante. Es un talle más chica; está apretado ahí dentro. Teresa, la mujer a la que espera, golpea fuera el cristal. Las ojos del hombre se vuelven suaves. Ojos que podrían ser para ella y no para Teresa. Las primeras estrellas de esa noche parecen un polvillo al que no sirve cepillar. Teresa entra, es baja y movediza; usa un lápiz de labios que combina con el mantón rojo sobre los hombros. Pasa a su lado e increpa al hombre kurdo. Está haciéndose tarde. Es un hombre acostumbrado a que lo levanten en peso; la exaltación de la mujer lo hace sonreír, le causa gracia. Después de todo, el enojo es un modo del interés. Teresa la mira a ella con odio, que se excusa: estaba yéndose en este momento. Pide disculpas; nadie acepta las disculpas. Agacha un poco la cabeza al salir, para no golpearse con la persiana. El pan le ha caído bien, el tomate le sentó. Ahora puede irse a dormir, dormir el resto de la tarde, dormir toda la noche.
Se sienta frente a la pantalla, en un cyber-café; las letras minúsculas titilan. En Argentina es la primera hora de la mañana; calcula cuánto tardará el hombre allá lejos en leerlo. Su amor, su autocastigo. Tiene una idea básica en mente: resolver todo por ella misma y no comunicarle nunca de los nunca lo que acaba de pasar; y no verlo jamás. Despedirlo, como a un cadete de pizzería que te trajo el pedido equivocado. La otra idea, la de la unión y la familia, no se le pasa por la cabeza. Escribe un correo, le expone la situación; enseguida lo borra. ¿Qué debe uno decir en estos casos a un hombre al otro lado del Atlántico, cómo se hace? Probar con un poco de suavidad, de ternura: estamos tallando una calabaza de Halloween con un bisturí. Lee sus dos correos anteriores: en el primero, él le preguntaba si fue a Toledo, si vio las pinturas de El Greco. El Greco no pintaba las cosas como eran en la realidad, las veía distinto: tenía un problema en la vista, probablemente astigmatismo. En el otro, le decía que encontró una foto de ella, una que le sacó dormida una vez que se quedó hasta la media mañana. Este último relato le da valor, redacta el correo en cuestión. No lo relee, no lo borra: lo envía.
Historias como ésta se cuentan por miles; no hay nada original. Cuando pasa el tiempo, el dolor destiñe: una prenda demasiadas veces vuelta a lavar, tendida, tambaleándose en una soga a pleno sol. Se vuelven una anécdota de bar.
Ella vuelve a la madrugada, ya se va. La persiana está bajada, pero ella ve su sombra detrás. Ir y venir, aprontar los platos, las tazas de té, los vasos, los cubiertos de latón. El hombre se asoma, la hace pasar. Quince minutos, media hora. Tiene la valija consigo; está volviéndose a su país. Después de todo, a los problemas hay que enfrentarlos, dice ella. Alguna vez hay que irse. Ella le pregunta qué tal fue la cita, anoche. Todavía está el perfume de la mujer en el aire, roncando. El hombre kurdo no le contesta; sonríe. Pone en su plato el menú número nueve. El kebab de pollo es una falsedad; el de verdad, el shish o el doner, son de carne de cordero.Por eso no lo sirve, no le gusta servirlo. Si el pollo no recibió el suficiente frío, enseguida se echa a perder. La gente se intoxica, se enferma. Hablan mal de los Doner Kebap, dejan de concurrir a ellos. Crean una mala opinión. Todo por culpa del pollo; el pollo es una desgracia. En cambio, el cordero o la ternera, llegado el caso, son carnes nobles. La preparación, la cocción del cordero lleva mucha dedicación, cuenta el hombre, cortar con un cuchillo especial, machacar, no se puede tener piedad con el cordero, nada de lonjas, de fetas: desmenuzar: dejar de la carne, fibras. Ella siente la arcada regresar; descomponerse ahora sería un desastre, no la dejarían subir al avión. Le pide al hombre que detenga el relato, por favor. En el afiche del Kurdistán, la flor púrpura, solitaria y erguida, se vé muy pálida a esta hora, en esta luz. Ella insiste con la pregunta: cómo le ha ido anoche con la otra mujer. Un cuento puede consolar a una persona. La boca y el corazón, que te delatan. El hombre kurdo no cede, es hermético. A veces a uno se le duermen las esposas, no es común que eso suceda, pero pasa, puede pasar. Es como cuando te dejaste una pierna mucho rato apoyada sobre la otra, y entonces empieza a hormiguear. Si se saca la pierna a tiempo, cuando el hormigueo, la sangre vuelve a correr. Pero si no, la pierna de abajo se pone azul y hasta puede morirse. El que tuvo una gangrena sabe de lo que él habla. Su esposa kurda sueña un sueño feliz en un hospital y en poco tiempo dejará este mundo. Al fin y al cabo ya hay parte de sí que lo dejó, se fue con los dioses, y dejó su cuerpo tendido en una camilla, como un extraño en el paraíso. Dicen, le comentaron a él, que en un hospital en Nueva Delhi podrían salvarla. ¿Pero cómo hace él para llevarla a Nueva Delhi, quién pagará semejante cosa, cómo podría él afrontar semejante gasto? Hay que resignarse y la resignación cae sobre uno y sobre los demás como una lápida. Hay que hacer lo correcto, ¿no es así? En Occidente, pensó alguna vez, se haría rico. Bailaría el vals una y más veces con las muchachas de verdad hermosas, fragantes como nardos. Hubo una época en que uno quería ser el mejor, el mejor en todo. El más rico y si no el más rico, ser rebosante de talentos, o el de impulso más rápido, o el mejor amante, el más amado. Está el apuro por lograrlo y el apremio en la sangre le juegan a uno una mala pasada. A veces las cosas no funcionan; hay días, hay noches en que las cosas no salen como estaban previstas. El hombre kurdo se sienta frente a ella. Pone una tetera de loza con café recién hecho, un café de índole personal. Hace la pregunta: ¿de verdad tiene que irse en quince minutos, hoy? ¿Es cierto que tiene que irse y no puede quedarse? ¿No puede estar un poco más? ¿Un día, un tiempo más? El podría charlar con ella, abrirle su alma, quién sabe. Están tomando el café en un sitio donde no se expende café; tiene un gusto borrascoso. Afuera seguramente salió la estrella de la mañana; se despiden. Un rollo de un solo día, en la mente. Cuando ella se levanta, se alisa la falda: que la ropa esté sin arrugas, intacta. Carga su pesada valija rumbo al aeropuerto. El hombre kurdo entra a su negocio; ella no se vuelve a mirarlo.
Historias así, pequeñas historias, se cuentan por millones, pasan todos los días. No se sabe muy bien adónde empiezan ni adónde terminan. A veces ni siquiera terminan; son llevadas y traídas por la brisa: hojitas en el viento. Astronautas perdidos en el espacio. Casi nadie pierde el sueño por este tipo de historias; pasan, así de simple, como las estaciones del año. Después de todo, la vida sigue por todas partes.
En el Doner Kebap la mujer pasa horas enteras; horas como días, días como plantas. Escucha el susurro, el chirrido de los engranajes del mundo. Toma agua envasada, no sirven café ahí. Sólo té verde, de ese color como un pantanal: es fácil desdecirse, caer en el arrepentimiento, si uno pide esa clase de tés.
Las historias son siempre las mismas; historias como ésta han sido muchas veces contadas. El momento, infinitesimal, en que el péndulo se detiene antes de volver a comenzar. El tipo que arranca un segundo antes de que cambie el rojo del semáforo y mata a cualquiera. Captar ese momento; presentir el golpe como lo hace el buen boxeador, el más intuitivo: atajarse, protegerse: un plan inútil. La mujer muerde el kebab a trozos chicos; su lengua, sus dientes, el paladar: todo lo está pensando. El queso de cabra, blando, se le desliza por la garganta, ella domina la náusea. Se detiene, mira al frente, el afiche colgado en la pared. Hay un paisaje del Kurdistán: la montaña, la roca pelada, en medio de la aridez una flor orgullosa, púrpura, todavía no acabó de abrirse. El cielo es de un azul pintado con un crayón por un niño. El kebab pasa, logró pasar, abrirse paso hacia su estómago. Cuenta de cien para abajo; no quiere vomitar en la calle ni cuando llegue al hostal. Necesita retener la comida. Le tiemblan las rodillas, suda frío: no debe seguir así. Hace un par de días hizo el test, le dio positivo. Un descuido, una relación inconveniente, un accidente que hay que remediar a la vuelta, a tiempo. Buscar un médico que solucione este mal paso, conseguir la plata, poner el cuerpo. Falta todavía para que salga el avión; no puede adelantar el vuelo, no puede irse. Sonríe y señala la flor del afiche.
-¿Qué flor es?- pregunta.
Quiere concentrarse en la flor que se abre.
Parece un lirio, pero ella no entiende mucho de flores, de botánica. La naturaleza la pone perpleja. El hombre la mira con expresión vacía:
-Kurdistán –responde – mi país.
Ella asiente, sonríe, saluda con la mano en alto cuando se va.
Cuando se quita los anteojos de sol, tiene los ojos rojos. El hombre kurdo se dá cuenta; cualquiera puede darse cuenta. No es una actriz para disimular sus emociones; no está ofreciendo un show. Le acerca un vaso de agua y ella señala el cielo, y la calle, la vereda: relumbra ese mediodía como un territorio lunar. Dice algo sobre el verano en Madrid, qué temporada terrible. El hombre le acerca un vaso de agua y una servilleta de papel. No de las que están ahí, por todas partes, sino de las que guarda él, las más suaves. Ella se limpia los ojos. Después pide un menú, cualquier kebab de los de la lista. Total, el hombre le traerá cualquiera y ella tendrá que tragarlo. Hay que vivir después de todo; hay que comer. El jefe turco aparece; es la hora en la que hace el control: grita, se lleva la plata. Ella mira a través del cristal; enfrente hay una capilla de San Antonio de Padua. ¿No era el santo al que uno recurre por asuntos de amor, al que se le pide cuando se anda con el corazón roto y por lo otro, las cosas, las agujas, las llaves, los objetos perdidos? Puede hacer una promesa; es buena para cumplir las promesas. Hacer una ofrenda. Se levanta y sale del Doner Kebap sin saludar; nadie le pedirá cuentas cuando lo que de verdad importa ahí es que la comida haya quedado paga. Cuando está delante de la urna de San Antonio cae en la cuenta de que no tiene una sola moneda de euro. Ni una sola maldita moneda; eso no puede importarle al santo, calcula. Se arrodilla, hace su promesa. Introduce en la ranura una moneda de un peso argentino. En dos días parte el vuelo a Buenos Aires; ya finalizó los papeles con los parientes de Extremadura. El pueblo de su padre, unas tierras que nunca conoció y se vendieron. Ahora regresa; hace la promesa en el barrio de Antón Martín pero es casi como si la hiciera en la parroquia del suyo, San Cristóbal, piensa. Sale de la pequeña iglesia, al otro lado de la calle el hombre kurdo está mirándola. Ella baja la vista y sigue caminando, sigue su camino. ¿Qué hay, que puede haber para que dos personas, dos desconocidos crucen la calle?
Los nervios no ayudan a que la comida anide y siga su curso en el cuerpo. Ella sabe que debería probar con una manzana, una fruta fresca. Pero no tiene ánimo para preguntar dónde puede hacerlo y vuelve al Doner Kebap. Las siete de la tarde y el hombre kurdo está cerrando. La persiana está a medio bajar, pero la hace pasar igual. Puede sentarse en la banqueta. Le pone en un plato pan pita, queso, dos rodajas de tomate. En un vaso de dudosa limpieza, el agua limpia. El hombre dice que está esperando a una visita, Teresa. No es su esposa, la esposa verdadera está dormida en Kirkuk. La esposa duerme en Kirkuk, Irak, cuando fue allá de viaje por un trámite, unos papeles. Cuando uno deja su país, le pasan las cosas peores. La atacaron, ahora duerme. Las guerras, los asaltantes, la escoria. Lo bueno de lo malo es que no tuvieron hijos, huérfanos desperdigados, aunque quién sabe si eso fue bueno. No tuvieron el tiempo para hacerlo: suena chistoso, pero no lo es. No: es trágico, dice. Había una tierra sobre la escuchaste en una canción de cuna, donde los sueños se realizan. Donde los problemas se disuelven como gotas de limón, en fin: una canción; una realidad que no existe. El hombre tiene la piel como la seda, pero ella se contiene de tocarlo. Se contiene de hacer la pregunta con claridad: ¿cuánto de ese dormir quiere decir estar muerto para su esposa? ¿Cuánto de esa soledad se traduce en te necesito? El hombre kurdo va hacia la trastienda y vuelve con una chaqueta de terciopelo negro, elegante. Es un talle más chica; está apretado ahí dentro. Teresa, la mujer a la que espera, golpea fuera el cristal. Las ojos del hombre se vuelven suaves. Ojos que podrían ser para ella y no para Teresa. Las primeras estrellas de esa noche parecen un polvillo al que no sirve cepillar. Teresa entra, es baja y movediza; usa un lápiz de labios que combina con el mantón rojo sobre los hombros. Pasa a su lado e increpa al hombre kurdo. Está haciéndose tarde. Es un hombre acostumbrado a que lo levanten en peso; la exaltación de la mujer lo hace sonreír, le causa gracia. Después de todo, el enojo es un modo del interés. Teresa la mira a ella con odio, que se excusa: estaba yéndose en este momento. Pide disculpas; nadie acepta las disculpas. Agacha un poco la cabeza al salir, para no golpearse con la persiana. El pan le ha caído bien, el tomate le sentó. Ahora puede irse a dormir, dormir el resto de la tarde, dormir toda la noche.
Se sienta frente a la pantalla, en un cyber-café; las letras minúsculas titilan. En Argentina es la primera hora de la mañana; calcula cuánto tardará el hombre allá lejos en leerlo. Su amor, su autocastigo. Tiene una idea básica en mente: resolver todo por ella misma y no comunicarle nunca de los nunca lo que acaba de pasar; y no verlo jamás. Despedirlo, como a un cadete de pizzería que te trajo el pedido equivocado. La otra idea, la de la unión y la familia, no se le pasa por la cabeza. Escribe un correo, le expone la situación; enseguida lo borra. ¿Qué debe uno decir en estos casos a un hombre al otro lado del Atlántico, cómo se hace? Probar con un poco de suavidad, de ternura: estamos tallando una calabaza de Halloween con un bisturí. Lee sus dos correos anteriores: en el primero, él le preguntaba si fue a Toledo, si vio las pinturas de El Greco. El Greco no pintaba las cosas como eran en la realidad, las veía distinto: tenía un problema en la vista, probablemente astigmatismo. En el otro, le decía que encontró una foto de ella, una que le sacó dormida una vez que se quedó hasta la media mañana. Este último relato le da valor, redacta el correo en cuestión. No lo relee, no lo borra: lo envía.
Historias como ésta se cuentan por miles; no hay nada original. Cuando pasa el tiempo, el dolor destiñe: una prenda demasiadas veces vuelta a lavar, tendida, tambaleándose en una soga a pleno sol. Se vuelven una anécdota de bar.
Ella vuelve a la madrugada, ya se va. La persiana está bajada, pero ella ve su sombra detrás. Ir y venir, aprontar los platos, las tazas de té, los vasos, los cubiertos de latón. El hombre se asoma, la hace pasar. Quince minutos, media hora. Tiene la valija consigo; está volviéndose a su país. Después de todo, a los problemas hay que enfrentarlos, dice ella. Alguna vez hay que irse. Ella le pregunta qué tal fue la cita, anoche. Todavía está el perfume de la mujer en el aire, roncando. El hombre kurdo no le contesta; sonríe. Pone en su plato el menú número nueve. El kebab de pollo es una falsedad; el de verdad, el shish o el doner, son de carne de cordero.Por eso no lo sirve, no le gusta servirlo. Si el pollo no recibió el suficiente frío, enseguida se echa a perder. La gente se intoxica, se enferma. Hablan mal de los Doner Kebap, dejan de concurrir a ellos. Crean una mala opinión. Todo por culpa del pollo; el pollo es una desgracia. En cambio, el cordero o la ternera, llegado el caso, son carnes nobles. La preparación, la cocción del cordero lleva mucha dedicación, cuenta el hombre, cortar con un cuchillo especial, machacar, no se puede tener piedad con el cordero, nada de lonjas, de fetas: desmenuzar: dejar de la carne, fibras. Ella siente la arcada regresar; descomponerse ahora sería un desastre, no la dejarían subir al avión. Le pide al hombre que detenga el relato, por favor. En el afiche del Kurdistán, la flor púrpura, solitaria y erguida, se vé muy pálida a esta hora, en esta luz. Ella insiste con la pregunta: cómo le ha ido anoche con la otra mujer. Un cuento puede consolar a una persona. La boca y el corazón, que te delatan. El hombre kurdo no cede, es hermético. A veces a uno se le duermen las esposas, no es común que eso suceda, pero pasa, puede pasar. Es como cuando te dejaste una pierna mucho rato apoyada sobre la otra, y entonces empieza a hormiguear. Si se saca la pierna a tiempo, cuando el hormigueo, la sangre vuelve a correr. Pero si no, la pierna de abajo se pone azul y hasta puede morirse. El que tuvo una gangrena sabe de lo que él habla. Su esposa kurda sueña un sueño feliz en un hospital y en poco tiempo dejará este mundo. Al fin y al cabo ya hay parte de sí que lo dejó, se fue con los dioses, y dejó su cuerpo tendido en una camilla, como un extraño en el paraíso. Dicen, le comentaron a él, que en un hospital en Nueva Delhi podrían salvarla. ¿Pero cómo hace él para llevarla a Nueva Delhi, quién pagará semejante cosa, cómo podría él afrontar semejante gasto? Hay que resignarse y la resignación cae sobre uno y sobre los demás como una lápida. Hay que hacer lo correcto, ¿no es así? En Occidente, pensó alguna vez, se haría rico. Bailaría el vals una y más veces con las muchachas de verdad hermosas, fragantes como nardos. Hubo una época en que uno quería ser el mejor, el mejor en todo. El más rico y si no el más rico, ser rebosante de talentos, o el de impulso más rápido, o el mejor amante, el más amado. Está el apuro por lograrlo y el apremio en la sangre le juegan a uno una mala pasada. A veces las cosas no funcionan; hay días, hay noches en que las cosas no salen como estaban previstas. El hombre kurdo se sienta frente a ella. Pone una tetera de loza con café recién hecho, un café de índole personal. Hace la pregunta: ¿de verdad tiene que irse en quince minutos, hoy? ¿Es cierto que tiene que irse y no puede quedarse? ¿No puede estar un poco más? ¿Un día, un tiempo más? El podría charlar con ella, abrirle su alma, quién sabe. Están tomando el café en un sitio donde no se expende café; tiene un gusto borrascoso. Afuera seguramente salió la estrella de la mañana; se despiden. Un rollo de un solo día, en la mente. Cuando ella se levanta, se alisa la falda: que la ropa esté sin arrugas, intacta. Carga su pesada valija rumbo al aeropuerto. El hombre kurdo entra a su negocio; ella no se vuelve a mirarlo.
Historias así, pequeñas historias, se cuentan por millones, pasan todos los días. No se sabe muy bien adónde empiezan ni adónde terminan. A veces ni siquiera terminan; son llevadas y traídas por la brisa: hojitas en el viento. Astronautas perdidos en el espacio. Casi nadie pierde el sueño por este tipo de historias; pasan, así de simple, como las estaciones del año. Después de todo, la vida sigue por todas partes.
miércoles 21 de enero de 2009
George Constanza
Publicado por
Patricia Suárez
Etiquetas:
Perla visual
las
03:09
2
comentarios
Enlaces a esta entrada
viernes 16 de enero de 2009
En la iglesia. Poema
la canción decía: sé mi chico,
por cada beso que me des,
yo te devolveré tres; estarás
orgulloso de mí; la cantaban
seis chicas blancas en el atrio
de una iglesia protestante;
chasqueaban los dedos
para seguir el ritmo; no
nos quitamos los abrigos
y chorreábamos la nieve
que se escurría; estábamos
en el banco de más atrás sentados,
-yo pensé en el Evangelio,
en los que se esconden
para dar una limosna
y en aquello de que los últimos
serán los primeros-;
pero entonces dijiste vamos
y fue tal vez porque una
de las jóvenes cantantes
lo hacía desafinado.
por cada beso que me des,
yo te devolveré tres; estarás
orgulloso de mí; la cantaban
seis chicas blancas en el atrio
de una iglesia protestante;
chasqueaban los dedos
para seguir el ritmo; no
nos quitamos los abrigos
y chorreábamos la nieve
que se escurría; estábamos
en el banco de más atrás sentados,
-yo pensé en el Evangelio,
en los que se esconden
para dar una limosna
y en aquello de que los últimos
serán los primeros-;
pero entonces dijiste vamos
y fue tal vez porque una
de las jóvenes cantantes
lo hacía desafinado.
En el medio de la noche. Poema
estaba parada en el medio de la nieve,
como en el medio de la noche,
después no sé cuántos martinis
nos tomamos a la salud del pueblo;
no más de dos habrán sido:
un hombre como él
y yo, que no podía recordar
de mi inglés una sola palabra;
una chica rubia lloraba
debajo de una farola,
al pasar con el auto,
él la saludó con la mano; cosas así,
una sola vez en la vida; y al otro día
amanecimos durmiendo juntos.
como en el medio de la noche,
después no sé cuántos martinis
nos tomamos a la salud del pueblo;
no más de dos habrán sido:
un hombre como él
y yo, que no podía recordar
de mi inglés una sola palabra;
una chica rubia lloraba
debajo de una farola,
al pasar con el auto,
él la saludó con la mano; cosas así,
una sola vez en la vida; y al otro día
amanecimos durmiendo juntos.
Zapatos de caballero. Poema
Para S.K.
aquello que relató la actriz armenia:
cuando estaba sola, cuando se sentía sola,
iba y compraba un par de zapatos de caballero;
no uno muy costoso, pero sí, de cuero,
en general número cuarenta y dos,
que es el número que calza un hombre
que se dice hombre; después ella ponía
los zapatos debajo de la cama y se tendía a esperar;
podían pasar días o meses; como sea, él
siempre aparecía. A veces duraba
un poco tiempo, a veces más.
Básicamente, tenían algo de sexo,
se calzaba los zapatos y se alejaba
por donde había venido. También podían surgir
las otras cosas: el amor, por ejemplo.
Cuando el hombre se marchaba,
se llevaba sus zapatos y ella lo añoraba
un tiempo, una estación: todo el otoño
o todo el invierno; luego empezaba
a sentirse solitaria otra vez: las noches se estiraban
hasta hacerse muy largas
-el alma de lombriz que tiene la noche
nadie puede comprenderlo-;
hasta que por fin la actriz decidía
salir a la calle de nuevo y buscar otra zapatería.
aquello que relató la actriz armenia:
cuando estaba sola, cuando se sentía sola,
iba y compraba un par de zapatos de caballero;
no uno muy costoso, pero sí, de cuero,
en general número cuarenta y dos,
que es el número que calza un hombre
que se dice hombre; después ella ponía
los zapatos debajo de la cama y se tendía a esperar;
podían pasar días o meses; como sea, él
siempre aparecía. A veces duraba
un poco tiempo, a veces más.
Básicamente, tenían algo de sexo,
se calzaba los zapatos y se alejaba
por donde había venido. También podían surgir
las otras cosas: el amor, por ejemplo.
Cuando el hombre se marchaba,
se llevaba sus zapatos y ella lo añoraba
un tiempo, una estación: todo el otoño
o todo el invierno; luego empezaba
a sentirse solitaria otra vez: las noches se estiraban
hasta hacerse muy largas
-el alma de lombriz que tiene la noche
nadie puede comprenderlo-;
hasta que por fin la actriz decidía
salir a la calle de nuevo y buscar otra zapatería.
Él hablaba de mujeres. Poema
él hablaba de mujeres, pero no de cualquiera
sino, de las que conoció últimamente, en la red;
el aire acondicionado estaba muy frío,
pero no sentíamos frío y yo tenía ganas
de comer melón –había medio en la heladera-,
una, criaba perros en la montaña;
otra, le robó de malos modos un beso;
después me preguntó qué había hecho yo
todo este largo tiempo; qué pasó con mi alma
que está del cuerpo tan desconectada;
no supe qué contestar y nos quedamos así
hasta que el sol bajó por completo
y él dijo hay que prender la luz.
sino, de las que conoció últimamente, en la red;
el aire acondicionado estaba muy frío,
pero no sentíamos frío y yo tenía ganas
de comer melón –había medio en la heladera-,
una, criaba perros en la montaña;
otra, le robó de malos modos un beso;
después me preguntó qué había hecho yo
todo este largo tiempo; qué pasó con mi alma
que está del cuerpo tan desconectada;
no supe qué contestar y nos quedamos así
hasta que el sol bajó por completo
y él dijo hay que prender la luz.
jueves 15 de enero de 2009
Oración de Démeter para Hades. Rita Dove
Sólo esto deseo para ti, el conocimiento.
Entender que cada deseo tiene un límite,
para saber en que medida somos responsables de las vidas
que cambiamos. Ninguna fe viene sin costo,
nadie cree sin morir.
Ahora, por primera vez
veo claramente el sendero que plantaste,
qué tierra se abrió para dilapidarse,
aunque soñaste con una riqueza
de flores.
No existen maldiciones - sólo espejos
sostenidos en las almas de dioses y mortales.
Y entonces yo abandono también este destino.
Cree en ti,
continúa - mira adónde te lleva.
Versión de Raúl Jaime Gaviria
Entender que cada deseo tiene un límite,
para saber en que medida somos responsables de las vidas
que cambiamos. Ninguna fe viene sin costo,
nadie cree sin morir.
Ahora, por primera vez
veo claramente el sendero que plantaste,
qué tierra se abrió para dilapidarse,
aunque soñaste con una riqueza
de flores.
No existen maldiciones - sólo espejos
sostenidos en las almas de dioses y mortales.
Y entonces yo abandono también este destino.
Cree en ti,
continúa - mira adónde te lleva.
Versión de Raúl Jaime Gaviria
Perséfone cayendo - Rita Dove
Un asfódelo en medio de hermosas
flores comunes ¡una flor como ninguna otra! Ella haló,
se inclinó para halar con más fuerza...
cuando, saliendo fuera de la tierra
en su reluciente y terrible carruaje
Él exigió su pago.
Todo terminó. Nadie la oyó.
¡Nadie! Ella se había desviado de la manada.
(Recuerda: ve derecho a la escuela.
¡Esto es importante, déjate de tonterías!
No contestes a extraños. Mantente
con tus compañeros de juegos. Mantén tus ojos en el suelo.)
Así de fácil el abismo se
abre. Es así como un pie se hunde en la tierra.
Versión de Raúl Jaime Gaviria
flores comunes ¡una flor como ninguna otra! Ella haló,
se inclinó para halar con más fuerza...
cuando, saliendo fuera de la tierra
en su reluciente y terrible carruaje
Él exigió su pago.
Todo terminó. Nadie la oyó.
¡Nadie! Ella se había desviado de la manada.
(Recuerda: ve derecho a la escuela.
¡Esto es importante, déjate de tonterías!
No contestes a extraños. Mantente
con tus compañeros de juegos. Mantén tus ojos en el suelo.)
Así de fácil el abismo se
abre. Es así como un pie se hunde en la tierra.
Versión de Raúl Jaime Gaviria
miércoles 14 de enero de 2009
La canción. Rita Dove
Cuando yo era joven, la luna habló en acertijos
y las estrellas rimaron. Yo era un nuevo juguete
esperando ser recogido por mi dueño.
Cuando yo era joven, puse al día de rodillas al correr.
Había árboles por mecerse, grillos por atrapar.
Era apenas dulce, infinitamente cruel,
seductora y mimada en leche,
quemada por el sol y plateada y costrosa como un potro.
Y el mundo ya era viejo.
Y yo era más vieja que lo que soy hoy.
Versión de Raúl Jaime Gaviria
y las estrellas rimaron. Yo era un nuevo juguete
esperando ser recogido por mi dueño.
Cuando yo era joven, puse al día de rodillas al correr.
Había árboles por mecerse, grillos por atrapar.
Era apenas dulce, infinitamente cruel,
seductora y mimada en leche,
quemada por el sol y plateada y costrosa como un potro.
Y el mundo ya era viejo.
Y yo era más vieja que lo que soy hoy.
Versión de Raúl Jaime Gaviria
martes 13 de enero de 2009
Lamento de amor - Langston Hugues
Ojalá que mi niña
A un hombre nunca quiera.
Digo que ojalá que mi niña
A un hombre nunca quiera.
El amor te hace daño
mucho más que una fiera.
Yo voy por el río abajo
Y yo no voy a nadar;
Por el río voy abajo,
Y yo no voy a nadar.
Mi gran amor me ha dejado
Y allí en él voy a pensar.
El amor es como el whisky,
Como el vino, el vino rojo,
El amor es como el whisky,
Como el dulce vino rojo,
Hay siempre que estar queriendo
Para sentirse dichoso.
Voy a subir a una torre
Alta como el árbol es,
Allá arriba, a una torre
Alta como el árbol es,
Voy a pensar en mi hombre-
Y me dejaré caer.
Versión de Maribel Cruzado
A un hombre nunca quiera.
Digo que ojalá que mi niña
A un hombre nunca quiera.
El amor te hace daño
mucho más que una fiera.
Yo voy por el río abajo
Y yo no voy a nadar;
Por el río voy abajo,
Y yo no voy a nadar.
Mi gran amor me ha dejado
Y allí en él voy a pensar.
El amor es como el whisky,
Como el vino, el vino rojo,
El amor es como el whisky,
Como el dulce vino rojo,
Hay siempre que estar queriendo
Para sentirse dichoso.
Voy a subir a una torre
Alta como el árbol es,
Allá arriba, a una torre
Alta como el árbol es,
Voy a pensar en mi hombre-
Y me dejaré caer.
Versión de Maribel Cruzado
El blues de la añoranza. Langston Hugues
Es el puente del tren
Canción triste en el aire.
Es el puente del tren
Canción triste en el aire.
Siempre que pasa el tren
Quiero ser yo el que parte.
Bajé hacia la estación
Muy triste y apenada.
A la estación bajé
Muy triste y apenada.
En busca de un vagón
Que hasta el sur me llevara.
Añorar, es, Señor,
Lo peor que te puede pasar.
La añoranza es
Lo peor que te puede pasar.
Abro la boca y río
Me río por no llorar.
Canción triste en el aire.
Es el puente del tren
Canción triste en el aire.
Siempre que pasa el tren
Quiero ser yo el que parte.
Bajé hacia la estación
Muy triste y apenada.
A la estación bajé
Muy triste y apenada.
En busca de un vagón
Que hasta el sur me llevara.
Añorar, es, Señor,
Lo peor que te puede pasar.
La añoranza es
Lo peor que te puede pasar.
Abro la boca y río
Me río por no llorar.
Desdicha. Langston Hugues
Un blues por favor.
Un blues por favor.
Ninguna otra musica
me alivia el dolor
Canta un dulce canto.
Dime un dulce canto,
Porque el hombre que amo
Me ha hecho mucho daño.
¿Cómo no comprendes,
es que tú no entiendes
mi llanto por alguien
que no lo merece?
Cualquier chica negra,
Negra como yo
Si es muy desdichada
Quiere oír un blues
Versión Maribel Cruzado
Un blues por favor.
Ninguna otra musica
me alivia el dolor
Canta un dulce canto.
Dime un dulce canto,
Porque el hombre que amo
Me ha hecho mucho daño.
¿Cómo no comprendes,
es que tú no entiendes
mi llanto por alguien
que no lo merece?
Cualquier chica negra,
Negra como yo
Si es muy desdichada
Quiere oír un blues
Versión Maribel Cruzado
De madre a hijo. Langston Hugues
Déjame que te diga algo, hijo:
La vida para mí no ha sido una escalera de cristal.
La escalera ha tenido tachuelas,
Y astillas,
Y tablones levantados,
Y lugares en los que no había ni alfombra-
Pelados.
Pero en ningún momento
He dejado de subirla,
Ni de alcanzar rellanos,
Ni de torcer recodos,
Y a veces, he avanzado en la oscuridad
Allí donde no había luz.
Así que, no te des por vencido, hijo.
No te quedes abajo
Porque descubras que es difícil el ascenso.
No decaigas ahora-
Ya ves, cariño, que yo aún sigo,
Yo todavía sigo subiendo,
Y la vida para mí no ha sido una escalera de cristal.
Versión Maribel Cruzado
La vida para mí no ha sido una escalera de cristal.
La escalera ha tenido tachuelas,
Y astillas,
Y tablones levantados,
Y lugares en los que no había ni alfombra-
Pelados.
Pero en ningún momento
He dejado de subirla,
Ni de alcanzar rellanos,
Ni de torcer recodos,
Y a veces, he avanzado en la oscuridad
Allí donde no había luz.
Así que, no te des por vencido, hijo.
No te quedes abajo
Porque descubras que es difícil el ascenso.
No decaigas ahora-
Ya ves, cariño, que yo aún sigo,
Yo todavía sigo subiendo,
Y la vida para mí no ha sido una escalera de cristal.
Versión Maribel Cruzado
domingo 11 de enero de 2009
Alguien hizo estallar EE.UU. LeRoi Jones (Amiri Baraka)
(Todos los que piensan
se oponen al terrorismo
interior
e internacional...
Pero el uno no debiera
ser utilizado
para encubrir el otro)
Dicen que es algún terrorista, algún
bárbaro
Árabe, en
Afganistán
No fueron nuestros terroristas americanos
No fue el Klan ni los Skinheads
O los que vuelan negros
Iglesias o nos reencarnan en el corredor de la muerte
No fue Trent Lott
Ni David Duke ni Giuliani
Ni Schundler, Helms jubilado
No fue
la gonorrea disfrazada
las enfermedades de sábana blanca
Que han asesinado a los negros
Aterrorizado la razón y la cordura
La mayor parte de la humanidad, como desean
Dice -¿Quién dice? Quiénes son los que dicen
Quiénes son los que pagan
Quién dice las mentiras
Quién se disfraza
Quién tenía los esclavos
Quién le quitó el dinero a los negros
Quién se enriqueció en las plantaciones
Quién exterminó a los indios
Trató de liquidar a la nación negra
Quién vive en Wall Street
La primera plantación
Quién os cortó los cojones
Quién violó a tu mamá
Quién linchó a tu papá
Quién proporcionó el alquitrán, quién las plumas
Quién tenía el fósforo, quién lo encendió
Quién mató por encargo de quién
Quién dijo Dios sin dejar de ser Satanás
Quién es el más grande
Quién es el mejor
A quién se parece Jesús
Quién creó todo
Quién es el más listo
Quién es el más grande
Quién es el más rico
Quién dice que eres feo y ellos los más guapos
Quién define el arte Quién define la ciencia
Quién hizo las bombas Quién hizo los rifles
Quién compró los esclavos, quién los vendió
Quién te insultó Quién dijo que Dahmer no estaba loco
Quién / Quién / Quién /
Quién robó Puerto Rico Quién robó las Indias, las Filipinas, Manhattan
Australia y Las Hébridas
Quién impuso el opio a los chinos
Quién posee los edificios
Quién tiene el dinero
Quién piensa que eres raro
Quién te encerró
Quién controla los periódicos
Quién poseía el barco negrero
Quién dirige el ejército
Quién es el presidente impostor
Quién gobierna
Quién lo financia
Quién / Quién / Quién /
Quién posee la mina
Quién altera tu mente
Quién tiene pan
Quién necesita paz
Quién piensas tú que necesita la guerra
Quién posee el petróleo
Quién es el que no trabaja
Quién posee la tierra
Quién no es negro
Quién es tan grande que no hay nada mayor
Quién posee esta ciudad
Quién es dueño del aire
Quién es dueño del agua
Quién es dueño de tu cuna
Quién asalta y roba y engaña y asesina
y hace de mentiras verdad
Quién te llama ordinario
Quién vive en la casa más grande
Quién comete el crimen más grande
Quién va de vacaciones cuando quiere
Quién mató más negros
Quién mató más judíos
Quién mató más italianos
Quién mató más irlandeses
Quién mató más africanos
Quién mató más japoneses
Quién mató más latinos
Quién / Quién / Quién
Quién posee el océano
Quién posee los aviones
Quién posee los centros comerciales
Quién posee la televisión
Quién posee la radio
Quién posee hasta lo que nadie cree que se pueda poseer
Quién posee a los dueños que no son los dueños verdaderos
Quién posee los suburbios
Quién empobrece las ciudades
Quién hace las leyes
Quién hizo que Bush fuera presidente
Quién cree que la bandera confederada deba ondear
Quién habla de democracia y miente
QUIÉN / QUIÉN / QUIÉNQUIÉN
Quién es la Bestia del Apocalipsis
Quién el 666
Quién decide
crucificar a Jesús
Quién es Satanás en la vida real
Quién se enriqueció con el genocidio armenio
Quién es el mayor terrorista
Quién altera la biblia
Quién mató más gente
Quién hizo más mal
Quién no se preocupa de la supervivencia
Quién tiene las colonias
Quién robó más tierras
Quién dirige el mundo
Quién dice que es bueno pero sólo hace mal
Quién ejecuta más gente
Quién / Quién / Quién
Quién posee el petróleo
Quién quiere más petróleo
Quién te dijo lo que piensas y después descubres que es mentira
¿Quién? / ¿Quién? ¿¿¿???
Quién creó a Bin Laden, tal vez son Satanás
Quién paga a la CIA,
Quién sabía que la bomba iba a estallar
Quién sabe por qué los terroristas
Aprendieron a volar en Florida, San Diego
Quién sabe por qué cinco israelíes estaban filmando la explosión
Muertos de risa de sólo pensarlo
Quién necesita combustible fósil si el sol no se va
Quién hace las tarjetas de crédito
Quién ahorra más impuestos
Quién se fue de la Conferencia
Contra el Racismo
Quién mató a Malcom, a Kennedy y a su hermano
Quién mató al Dr. King. ¿Quién deseaba su muerte?
¿Tienen algo que ver con el asesinato de Lincoln?
Quién invadió Granada
Quién ganó dinero con el Apartheid
Quién mantiene a los irlandeses como una colonia
Quién derrocó después a Chile y Nicaragua
Quién mató a David Sibeko, a Chris Hani,
los mismos que mataron a Biko, Cabral,
Neruda, Allende, Che Guevara, Sandino,
Quién mató a Kabila, los que liquidaron a Lumumba, a Mondlane, a Betty Shabazz, a la princesa Margaret, a Ralph Featherstone, a Little Bobby
Los que encerraron a Mandela, a Dhoruba, a Geronimo,
a Assata, a Mumia, a Garvey, a Dashiell Hammett, a Alphaeus Hutton
Los que mataron a Huey Newton, a Fred Hampton,
a Medgar Evers, a Mikey Smith, a Walter Rodney,
¿Fueron los que trataron de envenenar a Fidel
Los que trataron de mantener oprimidos a los vietnamitas?
Los que pusieron precio a la cabeza de Lenin
Los que metieron a los judíos en hornos,
y los que les ayudaron a hacerlo
Los que dijeron “América Primero”
Y aprobaron las estrellas amarillas
QUIÉN/QUIÉN/
Quién mató a Rosa Luxemburgo, a Liebneckt
Quién asesinó a los Rosenberg
Y a toda la gente buena aniquilada,
Torturada, asesinada, desaparecida
Quién se enriqueció en Argelia, Libia, Haití,
Irán, Irak, Arabia Saudí, Kuwait, Líbano,
Siria, Egipto, Jordania, Palestina
Quién cortó manos en el Congo
Quién inventó el sida Quién puso los gérmenes
en las sábanas de los indios
Quién imaginó “El Sendero de las Lágrimas”
Quién hizo volar el Maine
y comenzó la Guerra Hispano-Americana
Quién puso de nuevo a Sharon en el poder
Quién respaldó a Batista, a Hitler, a Bilbo,
a Chiang kai Chek quién QUIÉN Q U I É N
Quién decidió que la Acción Afirmativa debía desaparecer
La Reconstrucción, el New Deal, la Nueva
Frontera, la Gran Sociedad,
Para quién trabaja el idiota de Tom Clarence
Qué mierda sale de la boca del Colin
Quién sabe qué clase de puta es Condoleeza
Quién le paga a Connelly para que sea un negro de madera
Quién le da Premios de Genio al Homo Locus
Subsidere
Quién derrocó a Nkrumah, a Bishop,
Quién envenenó a Robeson,
Quién trató de encarcelar a DuBois
Quién preparó la trampa para Rap Jamil al Amin, Quién se la preparó a los Rosenberg, Garvey,
a los Scottsboro Boys, a los Hollywood Ten
Quién incendió el Reichstag
Quién sabía que iban a bombardear el World Trade Center
Quién les dijo a los 4000 empleados israelíes de las Torres Gemelas
Que se quedaran en casa ese día
Por qué no acudió Sharon
Quién, quién, quién/
Los periódicos dijeron que aquella explosión era un presagio
que revelaba el rostro del diablo Quién QUIÉN Quién QUIÉN
Quién gana dinero con la guerra
Quién se hace rico con miedo y mentiras
Quién quiere que el mundo sea como es
Quién quiere que el mundo sea regido por el imperialismo, la opresión nacional y el terror
La violencia y el hambre y la pobreza.
¿Quién dirige el infierno?
Quién es el más poderoso
¿Conoces a alguien
Que haya visto a Dios?
Pero todos han visto
Al Diablo
Como un canto fúnebre de lechuza que estalla
En tu vida en tu cerebro en tu ser
Como una lechuza que conoce al diablo
Toda la noche, todo el día si escuchas. Como el canto de una lechuza
Que se convierte en fuego. Escuchamos brotar las preguntas
Entre llamas terribles como el silbido de un perro enloquecido
Como el ácido vómito del fuego del infierno
Quién y Quién y QUIÉN(+) quién quién
¿Quiéééééééénnnnnn y Quiiiiiiiéééééeéééénnnnnnnnn!!!!
AMIRI B 10/01
Traducido por Germán Leyens; revisado por Manuel Talens
se oponen al terrorismo
interior
e internacional...
Pero el uno no debiera
ser utilizado
para encubrir el otro)
Dicen que es algún terrorista, algún
bárbaro
Árabe, en
Afganistán
No fueron nuestros terroristas americanos
No fue el Klan ni los Skinheads
O los que vuelan negros
Iglesias o nos reencarnan en el corredor de la muerte
No fue Trent Lott
Ni David Duke ni Giuliani
Ni Schundler, Helms jubilado
No fue
la gonorrea disfrazada
las enfermedades de sábana blanca
Que han asesinado a los negros
Aterrorizado la razón y la cordura
La mayor parte de la humanidad, como desean
Dice -¿Quién dice? Quiénes son los que dicen
Quiénes son los que pagan
Quién dice las mentiras
Quién se disfraza
Quién tenía los esclavos
Quién le quitó el dinero a los negros
Quién se enriqueció en las plantaciones
Quién exterminó a los indios
Trató de liquidar a la nación negra
Quién vive en Wall Street
La primera plantación
Quién os cortó los cojones
Quién violó a tu mamá
Quién linchó a tu papá
Quién proporcionó el alquitrán, quién las plumas
Quién tenía el fósforo, quién lo encendió
Quién mató por encargo de quién
Quién dijo Dios sin dejar de ser Satanás
Quién es el más grande
Quién es el mejor
A quién se parece Jesús
Quién creó todo
Quién es el más listo
Quién es el más grande
Quién es el más rico
Quién dice que eres feo y ellos los más guapos
Quién define el arte Quién define la ciencia
Quién hizo las bombas Quién hizo los rifles
Quién compró los esclavos, quién los vendió
Quién te insultó Quién dijo que Dahmer no estaba loco
Quién / Quién / Quién /
Quién robó Puerto Rico Quién robó las Indias, las Filipinas, Manhattan
Australia y Las Hébridas
Quién impuso el opio a los chinos
Quién posee los edificios
Quién tiene el dinero
Quién piensa que eres raro
Quién te encerró
Quién controla los periódicos
Quién poseía el barco negrero
Quién dirige el ejército
Quién es el presidente impostor
Quién gobierna
Quién lo financia
Quién / Quién / Quién /
Quién posee la mina
Quién altera tu mente
Quién tiene pan
Quién necesita paz
Quién piensas tú que necesita la guerra
Quién posee el petróleo
Quién es el que no trabaja
Quién posee la tierra
Quién no es negro
Quién es tan grande que no hay nada mayor
Quién posee esta ciudad
Quién es dueño del aire
Quién es dueño del agua
Quién es dueño de tu cuna
Quién asalta y roba y engaña y asesina
y hace de mentiras verdad
Quién te llama ordinario
Quién vive en la casa más grande
Quién comete el crimen más grande
Quién va de vacaciones cuando quiere
Quién mató más negros
Quién mató más judíos
Quién mató más italianos
Quién mató más irlandeses
Quién mató más africanos
Quién mató más japoneses
Quién mató más latinos
Quién / Quién / Quién
Quién posee el océano
Quién posee los aviones
Quién posee los centros comerciales
Quién posee la televisión
Quién posee la radio
Quién posee hasta lo que nadie cree que se pueda poseer
Quién posee a los dueños que no son los dueños verdaderos
Quién posee los suburbios
Quién empobrece las ciudades
Quién hace las leyes
Quién hizo que Bush fuera presidente
Quién cree que la bandera confederada deba ondear
Quién habla de democracia y miente
QUIÉN / QUIÉN / QUIÉNQUIÉN
Quién es la Bestia del Apocalipsis
Quién el 666
Quién decide
crucificar a Jesús
Quién es Satanás en la vida real
Quién se enriqueció con el genocidio armenio
Quién es el mayor terrorista
Quién altera la biblia
Quién mató más gente
Quién hizo más mal
Quién no se preocupa de la supervivencia
Quién tiene las colonias
Quién robó más tierras
Quién dirige el mundo
Quién dice que es bueno pero sólo hace mal
Quién ejecuta más gente
Quién / Quién / Quién
Quién posee el petróleo
Quién quiere más petróleo
Quién te dijo lo que piensas y después descubres que es mentira
¿Quién? / ¿Quién? ¿¿¿???
Quién creó a Bin Laden, tal vez son Satanás
Quién paga a la CIA,
Quién sabía que la bomba iba a estallar
Quién sabe por qué los terroristas
Aprendieron a volar en Florida, San Diego
Quién sabe por qué cinco israelíes estaban filmando la explosión
Muertos de risa de sólo pensarlo
Quién necesita combustible fósil si el sol no se va
Quién hace las tarjetas de crédito
Quién ahorra más impuestos
Quién se fue de la Conferencia
Contra el Racismo
Quién mató a Malcom, a Kennedy y a su hermano
Quién mató al Dr. King. ¿Quién deseaba su muerte?
¿Tienen algo que ver con el asesinato de Lincoln?
Quién invadió Granada
Quién ganó dinero con el Apartheid
Quién mantiene a los irlandeses como una colonia
Quién derrocó después a Chile y Nicaragua
Quién mató a David Sibeko, a Chris Hani,
los mismos que mataron a Biko, Cabral,
Neruda, Allende, Che Guevara, Sandino,
Quién mató a Kabila, los que liquidaron a Lumumba, a Mondlane, a Betty Shabazz, a la princesa Margaret, a Ralph Featherstone, a Little Bobby
Los que encerraron a Mandela, a Dhoruba, a Geronimo,
a Assata, a Mumia, a Garvey, a Dashiell Hammett, a Alphaeus Hutton
Los que mataron a Huey Newton, a Fred Hampton,
a Medgar Evers, a Mikey Smith, a Walter Rodney,
¿Fueron los que trataron de envenenar a Fidel
Los que trataron de mantener oprimidos a los vietnamitas?
Los que pusieron precio a la cabeza de Lenin
Los que metieron a los judíos en hornos,
y los que les ayudaron a hacerlo
Los que dijeron “América Primero”
Y aprobaron las estrellas amarillas
QUIÉN/QUIÉN/
Quién mató a Rosa Luxemburgo, a Liebneckt
Quién asesinó a los Rosenberg
Y a toda la gente buena aniquilada,
Torturada, asesinada, desaparecida
Quién se enriqueció en Argelia, Libia, Haití,
Irán, Irak, Arabia Saudí, Kuwait, Líbano,
Siria, Egipto, Jordania, Palestina
Quién cortó manos en el Congo
Quién inventó el sida Quién puso los gérmenes
en las sábanas de los indios
Quién imaginó “El Sendero de las Lágrimas”
Quién hizo volar el Maine
y comenzó la Guerra Hispano-Americana
Quién puso de nuevo a Sharon en el poder
Quién respaldó a Batista, a Hitler, a Bilbo,
a Chiang kai Chek quién QUIÉN Q U I É N
Quién decidió que la Acción Afirmativa debía desaparecer
La Reconstrucción, el New Deal, la Nueva
Frontera, la Gran Sociedad,
Para quién trabaja el idiota de Tom Clarence
Qué mierda sale de la boca del Colin
Quién sabe qué clase de puta es Condoleeza
Quién le paga a Connelly para que sea un negro de madera
Quién le da Premios de Genio al Homo Locus
Subsidere
Quién derrocó a Nkrumah, a Bishop,
Quién envenenó a Robeson,
Quién trató de encarcelar a DuBois
Quién preparó la trampa para Rap Jamil al Amin, Quién se la preparó a los Rosenberg, Garvey,
a los Scottsboro Boys, a los Hollywood Ten
Quién incendió el Reichstag
Quién sabía que iban a bombardear el World Trade Center
Quién les dijo a los 4000 empleados israelíes de las Torres Gemelas
Que se quedaran en casa ese día
Por qué no acudió Sharon
Quién, quién, quién/
Los periódicos dijeron que aquella explosión era un presagio
que revelaba el rostro del diablo Quién QUIÉN Quién QUIÉN
Quién gana dinero con la guerra
Quién se hace rico con miedo y mentiras
Quién quiere que el mundo sea como es
Quién quiere que el mundo sea regido por el imperialismo, la opresión nacional y el terror
La violencia y el hambre y la pobreza.
¿Quién dirige el infierno?
Quién es el más poderoso
¿Conoces a alguien
Que haya visto a Dios?
Pero todos han visto
Al Diablo
Como un canto fúnebre de lechuza que estalla
En tu vida en tu cerebro en tu ser
Como una lechuza que conoce al diablo
Toda la noche, todo el día si escuchas. Como el canto de una lechuza
Que se convierte en fuego. Escuchamos brotar las preguntas
Entre llamas terribles como el silbido de un perro enloquecido
Como el ácido vómito del fuego del infierno
Quién y Quién y QUIÉN(+) quién quién
¿Quiéééééééénnnnnn y Quiiiiiiiéééééeéééénnnnnnnnn!!!!
AMIRI B 10/01
Traducido por Germán Leyens; revisado por Manuel Talens
A pesar de todo me levanto - Maya Angelou
Podrás inscribirme en la historia
Con tus mentiras amargas y retorcidas,
Podrás arrastrarme en la basura misma
Y a pesar de todo, como el polvo, me levantaré.
¿Te desconcierta mi insolencia?
¿Por qué te acosa la melancolía?
Porque camino como si tuviese pozos de petróleo
Bombeando en mi sala de estar.
Igual que las lunas y los soles,
Con la certeza de las mareas,
Igual que las esperanzas que alto vuelan
A pesar de todo me levantaré.
¿Querías verme destruida?
¿Con la cabeza inclinada y los ojos cerrados?
Los hombros caídos como lágrimas.
Debilitada por mis gritos conmovedores.
¿Te ofende mi arrogancia?
No lo tomes tan a mal
Porque me río como si tuviera minas de oro
Cavándose en el patio de atrás.
Puedes dispararme las palabras,
Puedes cortarme con los ojos,
Puedes matarme con tu odio,
Y a pesar de todo, como el aire, me levantaré.
¿Te desconcierta mi sensualidad?
¿Te resulta una novedad
Que baile como si tuviera diamantes
En el medio de mis muslos?
Desde los cobertizos de una vergüenza histórica
Me levanto
De un pasado enraizado en el dolor
Me levanto
Soy un océano negro, impetuoso y extenso,
Fluyendo y embraveciendo soporto la marea.
Dejando atrás noches de espanto y miedo
Me levanto
En un nuevo día asombrosamente claro
Me levanto
Con los talentos que mis ancestros dieron,
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto
Me levanto.
Con tus mentiras amargas y retorcidas,
Podrás arrastrarme en la basura misma
Y a pesar de todo, como el polvo, me levantaré.
¿Te desconcierta mi insolencia?
¿Por qué te acosa la melancolía?
Porque camino como si tuviese pozos de petróleo
Bombeando en mi sala de estar.
Igual que las lunas y los soles,
Con la certeza de las mareas,
Igual que las esperanzas que alto vuelan
A pesar de todo me levantaré.
¿Querías verme destruida?
¿Con la cabeza inclinada y los ojos cerrados?
Los hombros caídos como lágrimas.
Debilitada por mis gritos conmovedores.
¿Te ofende mi arrogancia?
No lo tomes tan a mal
Porque me río como si tuviera minas de oro
Cavándose en el patio de atrás.
Puedes dispararme las palabras,
Puedes cortarme con los ojos,
Puedes matarme con tu odio,
Y a pesar de todo, como el aire, me levantaré.
¿Te desconcierta mi sensualidad?
¿Te resulta una novedad
Que baile como si tuviera diamantes
En el medio de mis muslos?
Desde los cobertizos de una vergüenza histórica
Me levanto
De un pasado enraizado en el dolor
Me levanto
Soy un océano negro, impetuoso y extenso,
Fluyendo y embraveciendo soporto la marea.
Dejando atrás noches de espanto y miedo
Me levanto
En un nuevo día asombrosamente claro
Me levanto
Con los talentos que mis ancestros dieron,
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto
Me levanto.
Monday in B Flat. Amiri Baraka (Antes Le Roi Jones)
Puedo orar
todo el día
y Dios
no vendrá.
Pero si llamo
al 911
El Diablo
está aquí en un minuto!
todo el día
y Dios
no vendrá.
Pero si llamo
al 911
El Diablo
está aquí en un minuto!
Fragmento de Maya Angelou
" Me embarqué hacia los siete mares y me detuve en cada tierra.
He visto las maravillas del mundo, pero ni a un solo hombre común.
Conozco a 10 mil mujeres que se llaman Jane o Mary Jane,
pero no he visto ni siquiera a dos que fueran idénticas.
Buscamos éxito infinito, pero todos nacemos, morimos y partimos.
Diferimos en cosas muy pequeñas, pero nos parecemos en cosas importantes.
Noto las diferencias obvias entre cada clase y cada tipo.
Pero somos más parecidos, amigos míos, de lo que somos diferentes.
Somos más parecidos, amigos míos, de lo que somos diferentes. "
He visto las maravillas del mundo, pero ni a un solo hombre común.
Conozco a 10 mil mujeres que se llaman Jane o Mary Jane,
pero no he visto ni siquiera a dos que fueran idénticas.
Buscamos éxito infinito, pero todos nacemos, morimos y partimos.
Diferimos en cosas muy pequeñas, pero nos parecemos en cosas importantes.
Noto las diferencias obvias entre cada clase y cada tipo.
Pero somos más parecidos, amigos míos, de lo que somos diferentes.
Somos más parecidos, amigos míos, de lo que somos diferentes. "
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
CUATROCUENTOS 3 - Revista On Line
Nuevamente salió la revista de cuento hispanoamericano. Esta vez presentan relatos de Patricia Suárez (Argentina), Miguel Gomes (Venezuela), Viviana Paletta (Argentina) y Uriel Quesada (Costa Rica).
Los Editores son Pía Bouzas y Gustavo Valle
http://cuatrocuentos.wordpress.com/
NO-RETORNABLE
Ya salió No-Retornable 4. Con cuentos de Hebe Uhart, Martín Rejtamn y Romina Doval. Aquí Claudia Piñeiro cuenta el secreto de su éxito. También, un popurrí de poetas argentinos. Y como si fuera poco, autores patrios escriben ensayos sobre su relación con Tolstoi (me included). Revista hecha con amor y pulmón por Marcelo López
¡Qué la disfruten!
www.no-retornable.com.ar
¡Qué la disfruten!
www.no-retornable.com.ar

