Brindar con extraños. Libro de cuentos
ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt
Fidelidad presidencial
miércoles, 27 de agosto de 2008
Los dos elefantes. Cuento popular inglés
Muchas, muchas, muchas millas más tarde, el explorador se encontró otro elefante. Esta vez estaba de espaldas a él, pero por lo demás estaba del mismo modo que el primero. El explorador estaba tan sorprendido que gritó:
-¿Qué están haciendo?
-Shh! -dijo el elefante-, no nos molestes. Estamos jugando a ser sujetadores de libros!
martes, 26 de agosto de 2008
El doble. Txt
Para Adriana
Cuando entro, veo que él está sentado más allá con otra mujer. Ni siquiera levanta los ojos para mirarme y nuestras miradas no se cruzan. La mujer a su lado es muy fea, tiene el pelo rojo y raído y se le notan los huesos de la cara, la calavera. Pienso que quizás sea su ex mujer, él me dijo una vez que ella estaba enferma. Pienso que está avergonzado de estar sentado junto a una mujer tan fea y verme de pronto a mí. Pero no puede quitarme el saludo así de repente; hago el cálculo y mis matemáticas fallan: ¿cuánto hace que lloré en sus brazos, ¿tres semanas? ¿hace ya un mes? ¿O dos? El, pienso también, me hubiera olido apenas pisé el teatro. El sabía de mi paso, de mi perfume, de mi risa: siempre estaba dándome caza. Así que no es él, debe ser otro que se le parece mucho y así se lo digo a mi amiga a mi lado. ¿Qué estaría haciendo él en el teatro, un lugar al que nunca iba, qué cosa se le habría perdido ahí? No podía ser él.
La obra que vemos sucede en un tren. Hay dos personajes, un hombre y una mujer. La actriz, que es una mujer encantadora, hace en voz alta la siguiente pregunta: ¿Para qué deseamos tanto, si al final sentimos tan poco?
Estoy clavada en su perfil. El hombre, su doble, tiene la nariz recta, fina. Su nariz no era así. Trato de recordar los detalles del cuerpo del que era mi amante, los detalles que lo hacían singular, las particularidades. Tiene una mancha en la nalga, por ejemplo, pero no puedo pedirle a un hombre, para saber si es un desconocido o no, que se baje los pantalones. Yo, me digo, conozco su cuerpo a la perfección, porque yo me adueñé de su cuerpo en algún momento y dejó de ser agua que pasa. El hombre seis butacas más allá rechaza las pastillas que le ofrece la mujer a su lado. Mira hacia mí, pero no me mira. En un momento sonríe, me parece que me quiere decir algo, pero no es a mí. Tiene un gesto idéntico al que era mi amante, pero debo reconocer que es un gesto común, que es patrimonio de cualquiera. No puedo quitarle los ojos de encima. Trato de imaginarlo a él, en esa butaca, ver cómo encajaría él, recortarlo. Es más menudo y de piel tal vez más oscura que su doble. Este hombre es más fino, más largo. Tiene una leve papada, graciosa. Tiene exactamente sus mismos ojos, los ojos que no dirige hacia mí, pero con una mirada más suave. El hombre en la butaca no quiere convertirse en un peligro para nadie; lo leo en la silueta que veo de él, en la oscuridad. La del doble. La mujer y el doble no están tomados de la mano, así que tal vez son amigos. De pronto tengo la certeza de que es mi ex amante. ¿Cuándo fue la última vez que tuve noticias de él? El, mi ex amante, se hubiera parado y hubiera venido a saludarme. No iba a perderse de demostrar a la mujer fea a su lado, que me conoce.
En el escenario, la actriz, que es una mujer que exuda dulzura, pronuncia algo así: “Tengo que decirle al hombre enfrente mío, a este hombre inesperado: ‘Estoy dispuesta por usted a vivir cualquier clase de aventura. Si no es en esta vida, que sea en otra, porque yo no quiero incomodarlo.’ Si el hombre, el pasajero, se ríe, estará todo bien. Pero, ¿y si no se ríe? Si no se ríe, me echo de cabeza del tren”.
Lo miro con descaro. Elevo una súplica y ruego que no sea él, mi ex amante. Ruego que sea otro hombre que se le parece demasiado. Dicen que hay siete personas en el mundo que son demasiado parecidas a uno. Siete personas por cada uno de nosotros. Si este hombre, no es él, toda la historia, toda mi historia con él tiene explicación. Ha habido un error, eso es. El hombre seis butacas más allá era el que a mí correspondía y no el que he tenido, el del sufrimiento. Eso es todo; la obra termina con los protagonistas a punto de besarse. Es como en esas películas de Hollywood en blanco y negro, donde el beso final lo arregla todo: un beso largo, dulce, en primer plano. Pero aquí no hay beso, sino la sospecha de que el beso sucede cuando cae el telón. Hay aplausos, aplausos. El doble y la mujer fea se paran y aplauden de pie. Yo no lo vi a él tan conmovido con la obra como para aplaudir de pie. ¿Lo hará para congraciarse con la mujer fea? La actriz, a escasas tres filas de nosotros, los mira y asiente. Deben ser sus amigos. El -el que era mi amante- no hubiera podido tener una amiga tan famosa y bella, me lo hubiera dicho apenas conocerme. Para darme celos, para hacerme rabiar, no se hubiera privado de lanzármelo a la cara.
Mi amiga pregunta: ¿Es, no es?
Le pido que nos quedemos de pie a un lado y los dejemos pasar.
Por la estatura podré darme cuenta, por su cuerpo.
Pero él pasa y no me reconoce.
Momentos después, salió del teatro con la mujer. Salieron, se pierden entre las luces de la Avenida. Mi amiga repite su pregunta:
-¿Y? ¿Era?
-No.
-Habrá pensado qué noche se perdió esta noche. No le quitamos los ojos de encima.
-No. Ni los ojos ni el corazòn.
lunes, 18 de agosto de 2008
Una de las "Pequeñas Teorías sobre el Comportamiento Animal" -- Andrés Sobico
domingo, 17 de agosto de 2008
Hallelujah - Leonard Cohen (Versión de Jeff Buckley)
que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
Pero tú realmente no le das mucha
importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.
Aleluya…
Bueno, tu fé era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleja, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla de su cocina.
Rompió tu trono, y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.
Aleluya…
Cariño ya he estado aquí antes.
He visto ésta habitación y he caminado sobre éste suelo.
Solía vivir solo antes de conocerte.
He visto tu bandera sobre el arco de mármol,
pero el amor no es una marcha victoriosa.
Es un frío y roto aleluya.
Aleluya…
Bueno, hubo un tiempo en que me dejabas saber
que era lo que realmente sucedía allá abajo.
Pero ahora nunca me lo enseñas.
Pero recuerda cuando me uní a tí,
cuando la paloma blanca volaba también,
y cuando cada suspiero que dibujábamos era un aleluya.
Aleluya…
Bueno, quizá haya un dios allá arriba.
Pero todo lo que he aprendido sobre el amor
fue cómo dispararle a alguien que ha desenfundado más rápido.
No es un lamento que oigas por la noche.
No es nadie que haya visto la luz.
Es un frio y roto aleluya.
Aleluya…
Tomada de la página http://letras-traducidas.net/
Ahí se puede escuchar además las versiones de Rufus Wainwright, Leonard Cohen, Dylan, Bono y la mejor: ¡la de Jeff Buckley!!
Mujeres. Nicanor Parra
La mujer de dos metros de estatura,
La señora de mármol de Carrara
Que no fuma ni bebe,
La mujer que no quiere desnudarse
Por temor a quedar embarazada,
La vestal intocable
Que no quiere ser madre de familia,
La mujer que respira por la boca,
La mujer que camina
Virgen hacia la cámara nupcial
Pero que reacciona como hombre,
La que se desnudó por simpatía
(Porque le encanta la música clásica),
La pelirroja que se fue de bruces,
La que sólo se entrega por amor,
La doncella que mira con un ojo,
La que sólo se deja poseer
En el diván, al borde del abismo,
La que odia los órganos sexuales,
La que sólo se une con su perro,
La mujer que se hace la dormida
(El marido la alumbra con un fósforo),
La mujer que se entrega porque sí,
Porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó doncella a la vejez,
La profesora miope,
La secretaria de gafas oscuras,
La señora pálida de lentes
(Ella no quiere nada con el falo),
Todas estas walkirias,
Todas estas matronas respetables
Con sus labios mayores y menores
Terminarán sacándome de quicio.
domingo, 10 de agosto de 2008
Coming around again. Carly Simon
El bebé estornuda
Mami pide por favor,
Papi resopla.
Todo tan romántico,
Tan desconcertante
Yo no sé nada de cómo estar igual
Pero si querés jugar el mismo juego
Otra vez está volviendo, otra vez
Por eso, no importa si caigo sola y aparte
Hay una habitación más en un corazón roto
Paga el almacén
Arregla la tostadora
Saluda al invitado con un beso.
Entonces, rompés una ventana
Quemás el sufflé
Gritás una canción de cuna
Yo creo en el amor,
¿pero qué más puedo hacer,
si estoy tan enamorada de vos?
Yo creo, sí,
De verdad yo creo en el amor.
Poema de Interior con poeta - Juana Bignozzi
he pasado cientos de domingos a solas con tu voz
dibujando tu dedicatoria
hoja perdida en los vaivenes de tu ánimo
nunca logro organizar los días por mí misma
sábado, 9 de agosto de 2008
Poema de Interior con poeta - Juana Bignozzi
¿ayudan las palabras de los poetas a los propios poetas?
¿ayuda al camino de los poetas
el desamparo de su propia anécdota?
¿ayuda mi presencia en tu destino
a mi propio destino?
¿mi compañía en tanta pasión desgraciada
se convierte en compañía de mi nebulosa pasión?
jueves, 7 de agosto de 2008
Inspiración - Augusto Monterroso
Otros mandamientos del DECALOGO DEL ESCRITOR de Augusto Monterroso
*No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
Receta casera - Juan José Arreola
Espérelas detrás de la puerta y dígale a cada una que ella es la niña de sus ojos, cuidado de que no lo oigan las demás, hasta que les llegue su turno.
El espejo mágico puede imporvisarse fácilmente, profundizando en la tiña de baño. Como todas son unas narcisas, se inclinarán irresistiblemente hacia el abismo doméstico.
Usted puede entonces ahogarlas a placer o salpimentarlas a gusto.
Algunos Mandamientos del DECALOGO DEL ESCRITOR de Augusto Monterroso
*Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para está lucha ejercítate día y noche.
*No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta El Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Crímenes ejemplares - Max Aub
Yo no quise darle tan fuerte.
Era bizco y yo creí que me miraba feo. ¡Y me miraba feo! A poco aquí a cualquier desgraciado muertito lo llaman cadáver…
¡Tenía el cuello tan largo!
Nos conocemos. Marin Sorescu
Nos vimos un día
En la tierra,
Yo iba por un lado de ella
Tú por el otro.
Tú eras así y asá,
Oh, eras como todas las mujeres,
Fíjate cómo he retenido
Tu rostro.
Yo me emocioné
Y dije algo con la mano en el corazón,
Pero no había manera de que me escucharas.
Porque entre nosotros pasaban todo el tiempo
Automóviles y aguas y especialmente montes,
En fin, todo el globo.
Me miraste a los ojos
Pero, ¿qué podías ver?
En mi hemisferio
Se había hecho justamente la noche.
Extendiste la mano: diste con una nube.
Yo abracé los hombros de una hoja.
Suicidios. Crímenes ejemplares. Max Aub
¿Quién no se ha suicidado?
-Dormir es suicidarse un poco cada noche.
-Usted es soltero.
-¿Cómo lo sabe?
Se suicida uno por cualquier cosa.
Los que dicen:
-Dan ganas de matarse.
-Dan ganas de desaparecer.
-Dan ganas de morirse,
No se suicidan nunca.
Pude dar vida, luego me la puedo quitar. Que los mantenga su abuela.
De Balbino López D., comerciante:
“Me mato, señores, porque dos y dos son cuatro”.
Señales - Marin Sorescu
Es buena señal, llegas al paraíso.
Si tropiezas con una montaña
Es mala señal, llegas a la silla.
Si tropiezas con la Osa Mayor,
Es buena señal, llegas al paraíso.
Si tropiezas con un caracol,
Es mala señal, llegas al caracol.
Si tropiezas con una mujer,
Es buena señal, llegas al paraíso.
Si tropiezas con un mantel
Es mala señal, llegas al cajón.
Si tropiezas con una serpiente
Es buena señal, ella muere y tú llegas al paraíso.
Si la serpiente tropieza contigo
Es mala señal, mueres tú y ella llega al paraíso.
Si mueres tú
Es mala señal.
Cuídate de esta señal.
Y de todas las otras.
4 Crímenes ejemplares de Max Aub
Matar, matar sin compasión para seguir adelante, para allanar el camino, para no cansarse. Un cadáver, aunque esté blando, es un buen escalón para sentirse más alto. Alza. Matar, acabar con lo que molesta para que sea otra cosa, para que pase más rápido el tiempo. Servicio a prestar hasta que me maten; a lo que tienen perfecto derecho.
Había jurado hacerlo con el próximo que volviera a pasarme un billete de lotería por la joroba.
No, si yo me iba a suicidar. Pero se me encasquilló la pistola. Juro que la última bala era para mí. ¿Qué más me daba que me llevara a unos cuantos por delante? Allí, desde la ventana, no se me escapaba uno. Me recordaba mis buenos tiempos de cazador.
Matar a Dios sobre todas las cosas, y acabar con el prójimo a como haya lugar, con tal de dejar el mundo como la palma de la mano. Me cogieron con la mano en la masa. En aquel campo de fútbol: ¡tantos idiotas bien acomodados! Y con la ametralladora, segando, segando, segando. ¡Qué lástima que no me dejaran acabar!
Chica rara, de 'Frankenweenie'
La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.
Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry
Un ornitorrinco / Un agente secreto.
Conocerlo todo, según Mahfuz
Paradoja del deseo - Oscar Wilde
Testamento de Florencio Sánchez
Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar
Siempre idéntica a sí misma
Búsquedas desesperadas - Woody Allen
Conócete a ti mismo. Oscar Wilde
He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci
Etérea. Tradición oral española.
Este es el cuento de María Sarmiento
que fue a cagar y se la llevó el viento
De una Suplicante a Santa Lucía
En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!
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