La sensación de no comprender del todo el mundo y no saber si es uno o los demás...

La sensación de no comprender del todo el mundo y no saber si es uno o los demás...

Brindar con extraños. Libro de cuentos

Hace casi dos años recibí el premio del Programa San Luis libro por el libro de cuentos BRINDAR CON EXTRAÑOS, con un jurado de lujo: Ana María Shua y Alicia Steimberg. Pocos meses después, fue mención en el Casa de las Américas. La gente de San Luis lo editó, el libro es preciosooooo. Pero... no se distribuye, no se puede vender y los derechos vencen en abril del 2013. Mientras algún editor incauto se interesa en mis cuentos, iré publicándolos de a poquito en mi blog.

ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt

Minga de café. Abstención completa. ¿Y qué le queda a usted? Reducirse al capuchino, al innoble y seductor capuchino, que es una mezcla, por partes iguales, de leche y café, servida en una tacita de café. La tacita, para que usted se haga la ilusión de que se manda a bodega una ración de achicoria, y para engañar la visión, como los cocainómanos que cuando no tienen con qué doparse, toman por la nariz ácido bórico o magnesia calcinada. El caso es hacerse la ilusión...

Fidelidad presidencial

"Un día el presidente Coolidge y si mujer estaban de visita en una granja del gobierno. Al poco de llegar los embarcaron en excursiones separadas. Al pasar ante los pollos, la señora Coolidge preguntó al jefe de la granja si los gallos copulaban más de una vez al día. 'Docenas de veces', fue la respuesta. 'Por favor, dígaselo al presidente', pidió la señora Coolidge. Cuando el presidente pasó ante las aves y le contaron lo de los gallos, preguntó: '¿Cada vez con la misma gallina?' 'Ah, no, señor presidente, cada vez con una distinta.' El presidente asintió lentamente y añadió: 'Dígaselo a mi señora'."

citado en una antología de M H Siegel y H P Zeigler

miércoles, 27 de agosto de 2008

Los dos elefantes. Cuento popular inglés

Un entusiasta explorador iba a través de la selva. Después de mucho rato vio a un elefante. Estaba sentado, absolutamente quieto y silencioso. El explorador lo miró pero el elefante no se movió. El hombre continuó su camino.
Muchas, muchas, muchas millas más tarde, el explorador se encontró otro elefante. Esta vez estaba de espaldas a él, pero por lo demás estaba del mismo modo que el primero. El explorador estaba tan sorprendido que gritó:
-¿Qué están haciendo?
-Shh! -dijo el elefante-, no nos molestes. Estamos jugando a ser sujetadores de libros!

martes, 26 de agosto de 2008

El doble. Txt

Para Adriana

Cuando entro, veo que él está sentado más allá con otra mujer. Ni siquiera levanta los ojos para mirarme y nuestras miradas no se cruzan. La mujer a su lado es muy fea, tiene el pelo rojo y raído y se le notan los huesos de la cara, la calavera. Pienso que quizás sea su ex mujer, él me dijo una vez que ella estaba enferma. Pienso que está avergonzado de estar sentado junto a una mujer tan fea y verme de pronto a mí. Pero no puede quitarme el saludo así de repente; hago el cálculo y mis matemáticas fallan: ¿cuánto hace que lloré en sus brazos, ¿tres semanas? ¿hace ya un mes? ¿O dos? El, pienso también, me hubiera olido apenas pisé el teatro. El sabía de mi paso, de mi perfume, de mi risa: siempre estaba dándome caza. Así que no es él, debe ser otro que se le parece mucho y así se lo digo a mi amiga a mi lado. ¿Qué estaría haciendo él en el teatro, un lugar al que nunca iba, qué cosa se le habría perdido ahí? No podía ser él.

La obra que vemos sucede en un tren. Hay dos personajes, un hombre y una mujer. La actriz, que es una mujer encantadora, hace en voz alta la siguiente pregunta: ¿Para qué deseamos tanto, si al final sentimos tan poco?

Estoy clavada en su perfil. El hombre, su doble, tiene la nariz recta, fina. Su nariz no era así. Trato de recordar los detalles del cuerpo del que era mi amante, los detalles que lo hacían singular, las particularidades. Tiene una mancha en la nalga, por ejemplo, pero no puedo pedirle a un hombre, para saber si es un desconocido o no, que se baje los pantalones. Yo, me digo, conozco su cuerpo a la perfección, porque yo me adueñé de su cuerpo en algún momento y dejó de ser agua que pasa. El hombre seis butacas más allá rechaza las pastillas que le ofrece la mujer a su lado. Mira hacia mí, pero no me mira. En un momento sonríe, me parece que me quiere decir algo, pero no es a mí. Tiene un gesto idéntico al que era mi amante, pero debo reconocer que es un gesto común, que es patrimonio de cualquiera. No puedo quitarle los ojos de encima. Trato de imaginarlo a él, en esa butaca, ver cómo encajaría él, recortarlo. Es más menudo y de piel tal vez más oscura que su doble. Este hombre es más fino, más largo. Tiene una leve papada, graciosa. Tiene exactamente sus mismos ojos, los ojos que no dirige hacia mí, pero con una mirada más suave. El hombre en la butaca no quiere convertirse en un peligro para nadie; lo leo en la silueta que veo de él, en la oscuridad. La del doble. La mujer y el doble no están tomados de la mano, así que tal vez son amigos. De pronto tengo la certeza de que es mi ex amante. ¿Cuándo fue la última vez que tuve noticias de él? El, mi ex amante, se hubiera parado y hubiera venido a saludarme. No iba a perderse de demostrar a la mujer fea a su lado, que me conoce.

En el escenario, la actriz, que es una mujer que exuda dulzura, pronuncia algo así: “Tengo que decirle al hombre enfrente mío, a este hombre inesperado: ‘Estoy dispuesta por usted a vivir cualquier clase de aventura. Si no es en esta vida, que sea en otra, porque yo no quiero incomodarlo.’ Si el hombre, el pasajero, se ríe, estará todo bien. Pero, ¿y si no se ríe? Si no se ríe, me echo de cabeza del tren”.

Lo miro con descaro. Elevo una súplica y ruego que no sea él, mi ex amante. Ruego que sea otro hombre que se le parece demasiado. Dicen que hay siete personas en el mundo que son demasiado parecidas a uno. Siete personas por cada uno de nosotros. Si este hombre, no es él, toda la historia, toda mi historia con él tiene explicación. Ha habido un error, eso es. El hombre seis butacas más allá era el que a mí correspondía y no el que he tenido, el del sufrimiento. Eso es todo; la obra termina con los protagonistas a punto de besarse. Es como en esas películas de Hollywood en blanco y negro, donde el beso final lo arregla todo: un beso largo, dulce, en primer plano. Pero aquí no hay beso, sino la sospecha de que el beso sucede cuando cae el telón. Hay aplausos, aplausos. El doble y la mujer fea se paran y aplauden de pie. Yo no lo vi a él tan conmovido con la obra como para aplaudir de pie. ¿Lo hará para congraciarse con la mujer fea? La actriz, a escasas tres filas de nosotros, los mira y asiente. Deben ser sus amigos. El -el que era mi amante- no hubiera podido tener una amiga tan famosa y bella, me lo hubiera dicho apenas conocerme. Para darme celos, para hacerme rabiar, no se hubiera privado de lanzármelo a la cara.

Mi amiga pregunta: ¿Es, no es?

Le pido que nos quedemos de pie a un lado y los dejemos pasar.

Por la estatura podré darme cuenta, por su cuerpo.

Pero él pasa y no me reconoce.

Momentos después, salió del teatro con la mujer. Salieron, se pierden entre las luces de la Avenida. Mi amiga repite su pregunta:

-¿Y? ¿Era?

-No.

-Habrá pensado qué noche se perdió esta noche. No le quitamos los ojos de encima.

-No. Ni los ojos ni el corazòn.

domingo, 17 de agosto de 2008

Hallelujah - Leonard Cohen (Versión de Jeff Buckley)

He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
Pero tú realmente no le das mucha
importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.

Aleluya…

Bueno, tu fé era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleja, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla de su cocina.
Rompió tu trono, y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.

Aleluya…

Cariño ya he estado aquí antes.
He visto ésta habitación y he caminado sobre éste suelo.
Solía vivir solo antes de conocerte.
He visto tu bandera sobre el arco de mármol,
pero el amor no es una marcha victoriosa.
Es un frío y roto aleluya.

Aleluya…

Bueno, hubo un tiempo en que me dejabas saber
que era lo que realmente sucedía allá abajo.
Pero ahora nunca me lo enseñas.
Pero recuerda cuando me uní a tí,
cuando la paloma blanca volaba también,
y cuando cada suspiero que dibujábamos era un aleluya.

Aleluya…

Bueno, quizá haya un dios allá arriba.
Pero todo lo que he aprendido sobre el amor
fue cómo dispararle a alguien que ha desenfundado más rápido.
No es un lamento que oigas por la noche.
No es nadie que haya visto la luz.
Es un frio y roto aleluya.

Aleluya…

Tomada de la página http://letras-traducidas.net/
Ahí se puede escuchar además las versiones de Rufus Wainwright, Leonard Cohen, Dylan, Bono y la mejor: ¡la de Jeff Buckley!!

Mujeres. Nicanor Parra

La mujer imposible,
La mujer de dos metros de estatura,
La señora de mármol de Carrara
Que no fuma ni bebe,
La mujer que no quiere desnudarse
Por temor a quedar embarazada,
La vestal intocable
Que no quiere ser madre de familia,
La mujer que respira por la boca,
La mujer que camina
Virgen hacia la cámara nupcial
Pero que reacciona como hombre,
La que se desnudó por simpatía
(Porque le encanta la música clásica),
La pelirroja que se fue de bruces,
La que sólo se entrega por amor,
La doncella que mira con un ojo,
La que sólo se deja poseer
En el diván, al borde del abismo,
La que odia los órganos sexuales,
La que sólo se une con su perro,
La mujer que se hace la dormida
(El marido la alumbra con un fósforo),
La mujer que se entrega porque sí,
Porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó doncella a la vejez,
La profesora miope,
La secretaria de gafas oscuras,
La señora pálida de lentes
(Ella no quiere nada con el falo),
Todas estas walkirias,
Todas estas matronas respetables
Con sus labios mayores y menores
Terminarán sacándome de quicio.

domingo, 10 de agosto de 2008

Coming around again. Carly Simon

El bebé estornuda

Mami pide por favor,

Papi resopla.

Todo tan romántico,

Tan desconcertante

Yo no sé nada de cómo estar igual

Pero si querés jugar el mismo juego

Otra vez está volviendo, otra vez

Por eso, no importa si caigo sola y aparte

Hay una habitación más en un corazón roto

Paga el almacén

Arregla la tostadora

Saluda al invitado con un beso.

Entonces, rompés una ventana

Quemás el sufflé

Gritás una canción de cuna

Yo creo en el amor,

¿pero qué más puedo hacer,

si estoy tan enamorada de vos?

Yo creo, sí,

De verdad yo creo en el amor.

Carly Simon



Poema de Interior con poeta - Juana Bignozzi

he pasado cientos de domingos a solas con tu voz

dibujando tu dedicatoria

hoja perdida en los vaivenes de tu ánimo

nunca logro organizar los días por mí misma

sábado, 9 de agosto de 2008

Poema de Interior con poeta - Juana Bignozzi

¿ayudan las palabras de los poetas a los propios poetas?

¿ayuda al camino de los poetas

el desamparo de su propia anécdota?

¿ayuda mi presencia en tu destino

a mi propio destino?

¿mi compañía en tanta pasión desgraciada

se convierte en compañía de mi nebulosa pasión?

jueves, 7 de agosto de 2008

Inspiración - Augusto Monterroso

Hay quienes sostienen que existe y quienes sostienen que no. Sin embargo, aunque hipócrita no siempre lo dice, la historia literaria sabe que todo escritor genial lleva escondido muy hondo un gran amor secreto que inspira la mejor y mayor parte de su obra, y que pierde su carácter de tal cuando es conocido por su esposa o, como sucede en la mayoría de los casos, únicamente por su público.

Otros mandamientos del DECALOGO DEL ESCRITOR de Augusto Monterroso

*Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

*No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Receta casera - Juan José Arreola

Haga correr dos rumores. El de que está perdiendo la vista y el de que tiene un espejo mágico en su casa. Las mujeres caerán como moscas en la miel.
Espérelas detrás de la puerta y dígale a cada una que ella es la niña de sus ojos, cuidado de que no lo oigan las demás, hasta que les llegue su turno.
El espejo mágico puede imporvisarse fácilmente, profundizando en la tiña de baño. Como todas son unas narcisas, se inclinarán irresistiblemente hacia el abismo doméstico.
Usted puede entonces ahogarlas a placer o salpimentarlas a gusto.

Algunos Mandamientos del DECALOGO DEL ESCRITOR de Augusto Monterroso

*Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

*Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para está lucha ejercítate día y noche.

*No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta El Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Crímenes ejemplares - Max Aub

No lo hice adrede.


Yo no quise darle tan fuerte.


Era bizco y yo creí que me miraba feo. ¡Y me miraba feo! A poco aquí a cualquier desgraciado muertito lo llaman cadáver…


¡Tenía el cuello tan largo!

Nos conocemos. Marin Sorescu

Nos conocemos.
Nos vimos un día
En la tierra,
Yo iba por un lado de ella
Tú por el otro.

Tú eras así y asá,
Oh, eras como todas las mujeres,
Fíjate cómo he retenido
Tu rostro.

Yo me emocioné
Y dije algo con la mano en el corazón,
Pero no había manera de que me escucharas.
Porque entre nosotros pasaban todo el tiempo
Automóviles y aguas y especialmente montes,
En fin, todo el globo.

Me miraste a los ojos
Pero, ¿qué podías ver?
En mi hemisferio
Se había hecho justamente la noche.
Extendiste la mano: diste con una nube.
Yo abracé los hombros de una hoja.

Suicidios. Crímenes ejemplares. Max Aub

Se suicida uno por todo.

¿Quién no se ha suicidado?

-Dormir es suicidarse un poco cada noche.
-Usted es soltero.
-¿Cómo lo sabe?

Se suicida uno por cualquier cosa.

Los que dicen:
-Dan ganas de matarse.
-Dan ganas de desaparecer.
-Dan ganas de morirse,
No se suicidan nunca.

Pude dar vida, luego me la puedo quitar. Que los mantenga su abuela.

De Balbino López D., comerciante:
“Me mato, señores, porque dos y dos son cuatro”.

Señales - Marin Sorescu

Si tropiezas con una silla
Es buena señal, llegas al paraíso.
Si tropiezas con una montaña
Es mala señal, llegas a la silla.
Si tropiezas con la Osa Mayor,
Es buena señal, llegas al paraíso.
Si tropiezas con un caracol,
Es mala señal, llegas al caracol.
Si tropiezas con una mujer,
Es buena señal, llegas al paraíso.
Si tropiezas con un mantel
Es mala señal, llegas al cajón.
Si tropiezas con una serpiente
Es buena señal, ella muere y tú llegas al paraíso.
Si la serpiente tropieza contigo
Es mala señal, mueres tú y ella llega al paraíso.
Si mueres tú
Es mala señal.

Cuídate de esta señal.
Y de todas las otras.

4 Crímenes ejemplares de Max Aub

Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos sus juguetes fueran para ella.


Matar, matar sin compasión para seguir adelante, para allanar el camino, para no cansarse. Un cadáver, aunque esté blando, es un buen escalón para sentirse más alto. Alza. Matar, acabar con lo que molesta para que sea otra cosa, para que pase más rápido el tiempo. Servicio a prestar hasta que me maten; a lo que tienen perfecto derecho.

Había jurado hacerlo con el próximo que volviera a pasarme un billete de lotería por la joroba.

No, si yo me iba a suicidar. Pero se me encasquilló la pistola. Juro que la última bala era para mí. ¿Qué más me daba que me llevara a unos cuantos por delante? Allí, desde la ventana, no se me escapaba uno. Me recordaba mis buenos tiempos de cazador.

Matar a Dios sobre todas las cosas, y acabar con el prójimo a como haya lugar, con tal de dejar el mundo como la palma de la mano. Me cogieron con la mano en la masa. En aquel campo de fútbol: ¡tantos idiotas bien acomodados! Y con la ametralladora, segando, segando, segando. ¡Qué lástima que no me dejaran acabar!

El exilio de Helena

El exilio de Helena
Botticelli

Chica rara, de 'Frankenweenie'

Chica rara, de 'Frankenweenie'
La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.

Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry

Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry
Un ornitorrinco / Un agente secreto.

Fiera venganza la del tiempo

Fiera venganza la del tiempo
el joven Bono

Tiéntame, Liam...

Tiéntame, Liam...

Los viernes me siento así

Los viernes me siento así
Ilsutración de Walter Crane sobre La Bella y la Bestia

Conocerlo todo, según Mahfuz

"Un escritor debe conocerlo todo, lo bueno y lo malo, especialmente esto último, pues la maldad es la fuente del teatro." Naguib Mahfuz.

Paradoja del deseo - Oscar Wilde

En este mundo yo sólo sé de dos desgracias: la primera es no conseguir lo que uno desea, y la otra es conseguirlo; ¡esta última es una verdadera tragedia!

Testamento de Florencio Sánchez

"Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido vencer en mi vida ha sido la de vivir. Por lo demás, si algo puede la voluntad de quien no ha podido tenerla, dispongo: primero, que no haya entierro; segundo, que no haya luto; tercero, que mi cadáver sea llevado sin ruido a la Asistencia Pública, y de allí a la Morgue. Sería para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección de cualquiera de mis músculos."

A veces no soy prudente en asuntos de amor

A veces no soy prudente en asuntos de amor
Caperucita Roja. Gustavo Doreé.

Leonard Cohen

Leonard Cohen

Celeste Albaret

Celeste Albaret
Pintada por Jean Claude Fourneaur, 1957

Quiero el sillón presidencial

Quiero el sillón presidencial
Mother Gothel, Rapunzel

Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar

Ya a los 80 años, al responder una pregunta sobre su edad, dijo que no la notaba. "Cuando me canso -explicó- tengo 10 siglos; cuando trabajo, 40 años."

Sobre la vejez. André Maurois

Envejecer es una mala costumbre.

Siempre idéntica a sí misma

Estaban una pera y un tomate en la parada del autobús. Y el tomate le pregunta a la pera:
-¿Hace cuánto que espera?
Y la pera responde:
-Desde que nací.

Búsquedas desesperadas - Woody Allen

«No solo no existe Dios, sino a ver cómo encuentras un electricista un fin de semana».

Conócete a ti mismo. Oscar Wilde

Yo soy la única persona en el mundo a quien desearía conocer a fondo; pero no veo ninguna posibilidad de hacerlo, por ahora.

He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci

Las promesas engañan; el tiempo decepciona; la muerte burla los cuidados; las ansiedades de la vida son nada.

Casi perfecta

Casi perfecta
Pavo real albino del zoo de Colombia

La Rana Más Bella del Mundo

La Rana Más Bella del Mundo
La Más Venenosa!

Etérea. Tradición oral española.

Este es el cuento de María Sarmiento

que fue a cagar y se la llevó el viento

Así de camella han estado mis vacaciones

Así de camella han estado mis vacaciones

Chirimoyas del amor

Chirimoyas del amor

Ser tu ángel de la guarda

Ser tu ángel de la guarda
Porno victoriano

Porno Victoriano

Porno Victoriano
Una chica común

Topless

Topless
Porno victoriano

Hacerte un poco de daño

Hacerte un poco de daño
Porno Victoriano

Peggy Olsen

Peggy Olsen
Una puede ser como ella...

De una Suplicante a Santa Lucía

En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!

Santa Lucía

Santa Lucía
Patrona de los Ojos

La niña que baila

La niña que baila
Miniatura de Antonio Esquivel

Este fin de semana viajo fuera...

Este fin de semana viajo fuera...
Anita Ekberg, 1953

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