Aceituneros del pío-pío,
muertos de hambre
y muertos de frío.
El zagalejo encarnado,
ciñe tu cuerpo arrecido.
—¿Mocita, quieres bailar
en medio de los olivos?
Yo cogeré tu tarea
y tu bailarás conmigo.
¡Vente chiquilla hacia los olivos!
Hoy cuando demos de mano,
quisiera bailar contigo.
—¿Mocita, quieres cantar
debajo de los olivos?
Yo tocaré la guitarra
y tú cantarás bajito.
¡Vente chiquilla hacia los olivos!
Aceituneros del pío-pío,
muertos de hambre
y muertos de frío.
ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt
Fidelidad presidencial
domingo, 27 de enero de 2008
Canción de los aceituneros. José María Hinojosa
sábado, 26 de enero de 2008
La superación y la distancia. Philip Roth
De Patrimonio (Seix Barral, 2003)
Consejo. Philip Roth
De Elegía, (Mondadori, 2007)
jueves, 24 de enero de 2008
El demonio que vimos ayer. Sandra Cerdau
El demonio que vimos ayer,
se quedó rondando en mi cabeza.
Me dejó inquieta
y como en medio de una pirueta.
Me dejó roja en la espera,
azul en el deseo y negro quedo,
también,
el destierro de ese sueño
que provocaste inconsciente
con la imagen
de la araña en la ventana.
domingo, 20 de enero de 2008
So long. Canción
Entonces cuando pienso que no te pienso
que hasta paso días sin nombrarte
a lo mejor sin acordarme de tu porte
que traté todo para olvidarte y que
el olvido me fue concedido como un don
la miel y el ajenjo, la luz,
las líneas de mi mano bailaron
y se comportan diferente, ningún punto,
cruz o estrella significan tu nombre
en ellas, ya no puedo verte;
el vientre terso, los ojos limpios,
soy yo otra vez; aquella voz
en el dormitorio, grave, farfullante,
no puede ser sino la de un ángel;
la calidez en la cama, en el sueño:
las plumas del edredón;
revuelta por no sé qué viento nocturno
despierto, susurro, qué suerte tengo
ya no llega él al extremo de mi pensamiento.
Después no duermo, ya no duermo.
sábado, 19 de enero de 2008
No volveré. Pedro Infante
cuando quieras que esté yo contigo
no tendrás un recuerdo de mí
ni tendras mas amores conmigo.
Te lo juro que no volveré
aunque me haga pedazos la vida
si una ves con locura te amé
ya de mi alma estarás despedida.
No... volveré
te lo juro por Dios que me mira.
Te lo digo llorando de rabia,
yo no volveré.
No... pararé
hasta ver que mi llanto ha formado
un arroyo de olvido anegado
donde yo tu recuerdo ahogaré.
Fuimos nubes que el viento apartó,
fuimos piedras que siempre chocamos,
gotas de agua que el sol resecó.
borracheras que no terminamos.
En el tren de la ausencia me voy,
mi boleto no tiene regreso
lo que quieras de mí te lo doy
pero no te devuelvo tus besos.
miércoles, 16 de enero de 2008
ESCRIBIENDO EL CURRICULUM . Wislawa Szymborska
De tantos viajes, sólo los internacionales. Pertenecer a algo y no: ¿por qué? Menciones honoríficas sin su razón. Escribe como si nunca hubieras hablado contigo. Y pasarás de largo. No hables de perros, gatos, pájaros. Arrumba los recuerdos, los amigos, los sueños. Más sobre el precio, menos sobre el valor. Mejor el título que el contenido. Mejor la talla de tus zapatos que a dónde llevan.
A quién se supone que eres. Anexar una foto, la oreja descubierta: lo que importa es su forma, no lo que oye.
¿Y qué es lo que se oye? El estruendo de la trituradora que destruye expedientes.
lunes, 14 de enero de 2008
Stormy weather. Poema
Desde que te fuiste, no hay sol arriba;
viento y nubes nada más, las hojas revueltas
y este malestar en la piel que preanuncia tormenta;
no hace tanto tiempo pero no puedo recordar
exactamente aquel dolor ni cómo fue
aquella noche que nos dijimos adiós,
si había luna no lo recuerdo; igual quedó
en mi mente que sí la había,
un gajo de luna fina y amarilla
cortada de esa naranja por una niña china;
llueve, ahora llueve todo el tiempo,
los versos se pusieron cursis, desde
que no estás, la tristeza vino a mí
y se me metió dentro, una tristeza
como una droga con la que me doy placer,
y después me deja cansada y vacía,
cosas que antes tenía se fueron con vos
y afuera sigue, sigue lloviendo.
The man I love. Poema
Vendrá con la mano extendida, diciendo paz
luego pronunciará mi nombre; si cierro los ojos
puedo ver cómo el hombre que amo llegará hasta mí;
agotado por este largo camino, se quitará los botines
y yo le lavaré los pies; un legionario;
voy a agradecer haber vivido hasta ese momento;
a lo mejor sea un jueves, un viernes, un miércoles
el día que llegue el hombre que amo;
por nada del mundo creo que pueda ser un lunes,
el malhumor no permite a nadie que se me acerque
lo suficiente; si cierro los ojos logro verlo,
su estampa, su modo de sonreír tan franco,
el brillo alegre de su mirar, la seguridad
que tiene de saber que yo lo estaba esperando,
él, el hombre que amo, el olor a limón,
edificará una casa pequeña, solo para nosotros dos,
allá me llevará él, tal vez sea en la playa,
tal vez no; yo voy a hacer todo lo posible
para que él se quede conmigo, aunque
no habrá necesidad de retenerlo,
todo pensamiento cuando esté con él,
será absurdo y no tendré desesperación
de hallar las palabras para abrir
el libro de quién soy y enseñarle;
él, el hombre que amo está tranquilo,
está callado y toma mi mano,
dirá basta de angustias por hoy, entonces
mi nombre en sus labios y luego habrá el sol.
domingo, 13 de enero de 2008
At last. Poema
Por fin eres mío; te hubiera perseguido
hasta el fin del mundo, corrido
detrás tuyo para traerte de las orejas
como a un conejo; me hubiera postrado
a tus pies ofreciéndome como tu perra,
sin importarme patadas ni golpes;
hubiera aceptado ser esclava
por la eternidad y hasta los infiernos
nunca me hubiera detenido,
con tal de tenerte en mi regazo
como un niño a quien quitarle los piojos;
tu boca la cierro con mis besos,
tus ojos con mis caricias,
tus brazos los ato con mis abrazos,
tus piernas se enredan con las mías,
en el baile no puedes dar ni un paso;
qué sencilla era la vida,
qué asesina esta angustia,
pero ahora al final eres mío completamente
y yo completamente te pertenezco,
mis días solitarios acabaron,
toda mi necesidad de ti es una canción pasada,
echo los tres cerrojos de nuestro dormitorio,
tranco la puerta cancel con el hierro,
y si, al fin, por fin, bendito día de los días,
tapio la puerta de calle y las ventanas.
All I could do was cry. Poema
Todo lo que puedo hacer es llorar,
perdí al hombre que amaba,
dice una canción de otros tiempos,
no importa de cuánto atrás,
las canciones de amor, la luna,
son algo que nunca pasa de moda,
los besos que siguen a los besos,
estar juntos lado a lado,
sentir que la noche es una bendición
porque fue creada para los amantes,
algún día voy a levantarme,
algún día cuando despierte
ya no estarás en mi alma, en mi mente.
Seré libre y hasta tal vez me queje
de no saber para qué sirve
tanta libertad y me pesará el dolor
de no recordar cómo fue exactamente
aquel dolor: pertenecerte, pero tu nombre
no vendrá -si tengo buena fortuna, suerte-
otra vez a mi memoria,
y olvido será como nacer otra vez,
y aspirar de una flor, inocente.
viernes, 11 de enero de 2008
I'm in the mood for love. Txt
Es una fiesta y bailamos. Pero yo no sé bailar. El me dice que me deje llevar y yo lo hago. Creo que bailo muy mal, creo que lo piso. Me la paso diciendo Perdón a cada momento. Ahora no hablamos nada, antes hablamos de cosas concienzudas, la novela de Lezama Lima, la poesía de Williams Carlos Williams, de los hijos. Yo no tengo hijos pero él tiene un bebé; yo sólo estoy casada. Igual, no le digo que lo estoy: no hace falta y no me parece un dato relevante que él quiera saber. Ahora él susurra estrofas, fragmentos de la canción. El tema que bailamos termina, se hace un silencio, una pausa pequeñísima y todo se detiene, pero nosotros no nos desenlazamos, seguimos unidos. Ahora somos uno, pienso. Luego la música recomienza y seguimos bailando. Alguien nos alcanza un vaso; es vodka. Yo tomo un trago largo, hasta que me arde la garganta. Dice, cuenta, que él toma clases de baile. Nada importante, agrega, una pequeña actividad de burgués: usa zapatillas de baile y lo hace en el parquet de su casa: su maestra es una mujer venida de Cuba poco tiempo atrás, una extranjera ilegal. Trato de imaginar toda la escena, pero el vodka hace su trabajo. Por último, ya no hago ningún esfuerzo de imaginación. El toma de mi mano tres dedos y me hace hacer un giro extraño y él gira a mi alrededor. Dice, comenta, que debió haberme conocido muchos años atrás, cuando él todavía no estaba con su mujer. De esa manera, supongo que quiere decir, su mujer hubiera sido yo. Le sonrío y giro para el lado equivocado. El, minucioso, deshace mi giro y me acomoda para que lo haga para el lado correcto. No entiende, dice, jadea, cómo una mujer como yo puede estar sola. ¿Cómo es que estoy sola? Sonrío y aprieto su mano izquierda, la del corazón, que envuelve mi mano derecha. Antes, digo, bailé con alguien que para hacerlo me llevaba de las muñecas. No de la mano, sino de las muñecas. Me apretaba muy fuerte; no era de mi gusto. Cuando le hablo me acerco; él es un poco más alto que yo y sus ojos quedan a la altura de mi frente; hay gotas de sudor ahí. Azul ultramar, algo así es el color de los ojos. No quiero pensar más en la hora, en mi tardanza después, en cualquier otra estupidez: se me debe notar que creo que este es un pequeño sueño que el destino me puso delante. Si me aprieto contra él, siento su barriga. Una lástima, mejor hubiera sido el corazón. No me importa, no impide que él y yo seamos uno, y ahora que somos uno yo no tengo miedo. Otro giro y siento que me voy a desmayar. Es el amor o el vodka, uno de los dos, estoy segura. Sólo porque está cerca de mí, me siento dispuesta a amarlo toda la noche. La música se detiene, algunos aplauden. El sigue tomado de mi mano, en algún momento saldremos y él llamará un taxi. Pero yo tengo que volver, hay alguien esperándome en casa. Al taxi debo subir sola. Le pido que bailemos una vez más, por favor. Hoy estoy de humor para bailar. El accede una vez más, ya un poco impaciente: así es como me enamoro de él.
sábado, 5 de enero de 2008
Libertad chifa. Cocina chino peruana. Txt
Descubrí el restaurante de comida chifa el día que me separé. Vinieron tres amigas a ayudarme con la mudanza, más la niñera de mi hija. En cuatro horas abandoné la casa de mi marido. Me mude a un departamento de dos ambientes, en la calle Independencia. Todo un símbolo, pensábamos, mudarse a una calle así. Estábamos muy cansadas, sucias y polvorientas y salimos al restaurante.
Es modesto, con aires de bodegón. Tiene un mural donde está el Macchu Pichu y pequeños cuadros colgados con garzas con leyendas en caracteres chinos.
Hay una repisa con abanicos de nácar.
Hay pinturas de langostas y bichos de mar.
Hay sonrisas, música del trópico, valsecitos.
Hay apetito.
Los chinos estuvieron en Perú desde el siglo XIX. Traían un contrato esclavo por siete años, pero luego de trabajar a destajo por ese tiempo, estaban tan pobres como al principio y no podían volverse a Cantón, de donde venían. Así que se pusieron a cocinar su arroz con tanto esmero y tan sabroso, que lo introdujeron como un plato básico en el Perú.
Esto fue lo que me contó el dueño del restaurante.
Un amigo limeño dice que si los chef del Perú hubieran sabido más de mercadeo y publicidad, hoy la ‘haute cuisine’ sería peruana y no francesa.
Pedimos arroz chifa.
Tanto nos gustó y tantas veces volví al lugar que acabé por pedir la receta. Es claro que volvía porque la comida chifa embargó mi corazón y mi estómago, pero también porque veía una conexión entre esclavitud y liberación y yo lo celebraba cenando chaufán o chaw mien.
Mi preferido es el arroz chaufán (o chifa) con almendras. A veces, cuando no hay almendras, lo mezclan con Castañas de Cajú y es todavía más rico. Otros sazones o combinaciones posibles son: pedacitos de cerdo frito, carne mechada frita, marisquillos, maní, huevo saltado y sabores de fantasía de nuestra propia ocurrencia. Se adereza con salsa de soja, o con salsa de tomate agridulce, ketchup o catsup (que en chino quiere decir ‘salsa de tomate’).
-Llévale el arroz a la señora de la calle Independencia... –oía yo a través del teléfono la orden que daba Eder, el cocinero, al cadete.
O bien, cuando entraba mi hija (que ahora tiene tres años):
-Oh! Ya viene la niña hermosa a comerse harto su arrocito.
ARROZ CHAUFÁN. Receta
La receta es la siguiente:
¿Qué se necesita?
1 kilo de arroz.
2 ó 3 ajos
Aceite de Oliva
Agua
Recuerden que para hervir arroz conviene utilizar una cazuela u olla lo más ancha posible, nunca alta y estrecha.
¿Cómo se prepara?
*Cortamos los ajos en láminas casi transparentes y los freímos en una cazuela con una fina capa de aceite de oliva a fuego lento para que se doren sin quemarse.
*Lavamos el arroz para que suelte el almidón. Una vez escurrido, lo añadimos en la cazuela con ajos y lo calentamos a fuego lento con aceite suficiente para que el arroz quede impregnado con él. Lo conseguiremos removiendo constantemente a fuego lento pues la finalidad no es freír el arroz sino rehogarlo con el aceite.
*Añadimos a la cazuela la misma cantidad de agua que de arroz; en este caso, como hemos usado 1 kilo de arroz pondremos 1 litro de agua. Añadimos sal a gusto. Llevamos a ebullición a fuego vivo, removiendo el fondo de la cazuela para que no se pegue. Cuando hierva, bajamos el fuego completamos la cocción dejándola hervir a fuego lento durante 10 ó 15 minutos, con la cazuela tapada.
*Seguidamente lo retiramos del fuego y lo dejamos reposar.
Luego de brindar por la libertad (¿y por qué no hacerlo con un traguito de Pisco o Singane?), uno cena el arroz.
Hay otro plato chifa que es muy interesante de describir y se llama Felicidad para todos. Pero ese, lo dejo para otra ocasión.
Con su permiso, voy a comer.
miércoles, 2 de enero de 2008
Insensatez. Txt
Un día le cuento a B que un hombre con el que salí tiene todavía mis llaves. Se las dí por pereza, para no bajar las escaleras a abrirle, o por amor talvez. Ella larga, con naturalidad:
-Yo todavía tengo las llaves de M.
Era su novio, el último que cumplió con el rol de novio. Algo así. Vivían a pocas cuadras y cada uno tenías las llaves del otro. Ella se las pidió explícitamente; con alguna excusa seguro, porque ninguna razón explica que uno pueda querer tener las llaves de la casa de otro. Salvo como signo de posesión amorosa. Si tengo tus llaves, estoy en tu vida. El novio tenía una vida enredada de ex novias y cosas así. Es comediante, pero su aspecto es el de un funebrero. Es dudoso que pueda hacer reír a alguna persona, tiene la mirada adusta, oscura. Le falta una cierta ligereza propia de la comedia. Por una razón o por otra, la relación dura seis meses y se termina. Ella dice no haber lamentado tanto el final, parece no haberla afectado, como a una estatua de hielo. Tal vez llora de dolor, pero no lo comenta. Un corazón se puede romper con mucha delicadeza, también. Igual: ¿qué debería haber hecho ella, qué se puede hacer cuando un amor se termina?
Pero las llaves permanecen en su poder.
Un día, al cabo de un año, B las usa y entra en su casa. Calcula la hora a la que él no está y entra. Calcula a qué hora puede regresar. No hace demasiado: anda por la sala, se mete en el dormitorio, husmea con mucho cuidado el botiquín del año. Enciende la computadora. No busca especialmente si hay indicios de otra mujer, pero no deja de prestar atención al asunto. No parece haberlos. Cuida no dejar nada fuera de lugar, que ninguna señal delate su presencia. En el dormitorio está todo perfecto, igual: con el desorden habitual que es ya como un orden. No siente nostalgia; es insensible al pasado. Se acuesta en la alfombra de la sala: hay olor a sucio, a lana mojada. Permanece tirada ahí, sin pensamiento. Abre los brazos en cruz y se queda así un buen rato. Después, se levanta, sale, cierra con sus propias llaves y se va.
Chica rara, de 'Frankenweenie'
La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.
Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry
Un ornitorrinco / Un agente secreto.
Conocerlo todo, según Mahfuz
Paradoja del deseo - Oscar Wilde
Testamento de Florencio Sánchez
Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar
Siempre idéntica a sí misma
Búsquedas desesperadas - Woody Allen
Conócete a ti mismo. Oscar Wilde
He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci
Etérea. Tradición oral española.
Este es el cuento de María Sarmiento
que fue a cagar y se la llevó el viento
De una Suplicante a Santa Lucía
En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!
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