Brindar con extraños. Libro de cuentos
ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt
Fidelidad presidencial
miércoles, 31 de octubre de 2007
martes, 30 de octubre de 2007
Cruzando el agua - Sylvia Plath
¿Adónde van los árboles negros que beben aquí?
Sus sombras deben cubrir Canadá.
Un poco de luz se filtra de las flores acuáticas.
Sus hojas no desean que nos apresuremos:
Son redondas, chatas y cargadas de secretos consejos.
Mundos fríos se sacuden del remo.
El espíritu de la negrura está en nosotros, está en los peces.
Un tronco levanta ahora una pálida mano, como despedida;
Las estrellas se abren entre los lirios.
¿No te enceguecen estas sirenas sin expresíon?
He aquí el silencio de almas confundidas.
domingo, 28 de octubre de 2007
Oh, qué será. Chico Buarque
Oh que será, que será
Que andan suspirando por las alcobas
Que andan, susurrando versos y trovas
Que andan, escondiendo bajo las ropas,
Que andan en las cabezas y anda en las bocas
Que va encendiendo velas los callejones
Que están hablando alto en los bodegones
Gritan en el mercado, están con certeza
Es la naturaleza, será que será
Que no tiene certeza, ni nunca tendrá
Lo que no tiene arreglo, Ni nunca tendrá
Que no tiene tamaño
Oh que será, que será
Que vive en las ideas delos amantes
Que cantan los poetas mas delirantes
Que juran los profetas embriagados,
Que esta en la romería de mutilados
Que esta en las fantasías mas infelices
Lo sueñan de mañana las meretrices
Lo piensan los bandidos, los desvalidos
Y en todos los sentidos, será que será
Que no tiene decencia, ni nunca tendrá
Que no tiene censura, ni nunca tendrá
Que no tiene sentido
Oh que será, que será
Que todos los avisos no van a evitar
Porque todas las risas van a desafiar
Y todas las campanas van a replicar
Porque todos los signos van a consagrar
Porque todos los niños se habrán de zafar
Y todos los vecinos se irán a encontrar
Y el mismo padre eterno que nunca fue allá
Al ver aquel infierno lo bendecirá,
Que no tiene gobierno, ni nunca tendrá
Que no tiene vergüenza, ni nunca tendrá
Lo que no tiene juicio
Y el mismo padre eterno que nunca fue allá
Al ver aquel infierno lo bendecirá,
Que no tiene gobierno, ni nunca tendrá
Lo que no tiene juicio
sábado, 27 de octubre de 2007
Diarimente. Nando Reis. Canta Marisa Monte
Para calar a boca: Rícino
Pra lavar a roupa: Omo
Para viagem longa: Jato
Para difíceis contas: Calculadora
Para o pneu na lona: Jacaré
Para a pantalona: Nesga
Para pular a onda: Litoral
Para lápis ter ponta: Apontador
Para o Pará e o Amazonas: Látex
Para parar na pamplona: Assis
Para trazer à tona: Homem - Rã
Para a melhor azeitona: Ibéria
Para o presente da noiva: Marzipã
Para Adidas o Conga: Nacional
Para o outono a folha: Exclusão
Para embaixo da sombra: Guarda-Sol
Para todas as coisas: Dicionário
Para que fiquem prontas: Paciência
Para dormir a fronha: Madrigal
Para brincar na gangorra: Dois
Para fazer uma toca: Bobs
Para beber uma coca: Drops
Para ferver uma sopa: Graus
Para a luz lá na roça: 220 volts
Para vigias em ronda: Café
Para limpar a lousa: Apagador
Para o beijo da moça: Paladar
Para uma voz muito rouca: Hortelã
Para a cor roxa: Ataúde
Para a galocha: Verlon
Para ser moda: Melancia
Para abrir a rosa: Temporada
Para aumentar a vitrola: Sábado
Para a cama de mola: Hóspede
Para trancar bem a porta: Cadeado
Para que serve a calota: Volkswagen
Para quem não acorda: Balde
Para a letra torta: Pauta
Para parecer mais nova: Avon
Para os dias de prova: Amnésia
Pra estourar pipoca: Barulho
Para quem se afoga: Isopor
Para levar na escola: Condução
Para os dias de folga: Namorado
Para o automóvel que capota: Guincho
Para fechar uma aposta: Paraninfo
Para quem se comporta: Brinde
Para a mulher que aborta: Repouso
Para saber a resposta: Vide - o - Verso
Para escolher a compota: Jundiaí
Para a menina que engorda: Hipofagi
Para a comida das orcas: Krill
Para o telefone que toca
Para a água lá na poça
Para a mesa que vai ser posta
Diariamente
Tierra de fuego. (fragm.) Adam Zagajewski
la lámpara de aceite brillaba con suavidad
y los objetos, alentados por su quietud,
surgieron en medio de la oscuridad para decirnos
sus nombres: silla, jarra, mesa.
A medianoche, me invitaste a contemplar
el oscuro cielo de agosto, recorrido
por una explosión de estrellas.
El pálido resplandor de la noche infinita
temblaba encima de nosotros.
El mundo ardía en silencio,
un fuego blanco que lo envolvía todo,
ciudades, iglesias, pilas de heno con perfumes
de trébol y yerbabuena. Los árboles ardían
en sus copas, el viento, las llamas, el agua, el aire.
¿Por qué es tan silenciosa la noche, si los volcanes
mantienen los ojos abiertos y el pasado
es presente, amenazando, acechando
en su guarida, como el enebro o la luna?
Tus labios están fríos y la aurora
será un pañuelo en una frente enfebrecida. "
La cosa más sencilla del mundo. Poema
La cosa más sencilla del mundo,
la copa de vino, aquella que juntos más queríamos,
disfrutábamos, al principio; la frase de mi madre, creo:
‘al hombre se le conoce en la copa, en la cama y en la cólera’,
y yo te conocía, ¡cómo te conocía!; ahora que lo pienso
sería un aforismo del Talmud, un decir tomado de los pelos
del tesoro bíblico que ella traía de alguna parte,
ella también bebía; en mi familia era un signo de salud y alegría;
no ahogábamos penas, brindábamos,
nos reíamos de la tristeza, eso nos hacía dignos,
si es que alguna dignidad nos envolvía aun
entre las quiebras, las mudanzas, los negocios fraudulentos;
nuestras penas eran nadadoras y sobrevivían:
no tenía sentido ahogarlas: eran gusanillos en el mescal.
Pero eso era en mi familia, no en tu copa, tu ley,
escanciada silenciosa; sentada enfrente tuyo, en los sillones blancos,
podía oír cómo goteaba el whisky hacia abajo en tu garganta:
en el invierno comprábamos whisky escocés;
no encendíamos la estufa, nos nos abrazábamos:
no se nos ocurría una salida semejante.
Ya no era época de usar la bebida para seducirnos,
hacía largo rato de eso y ahora la seducción
alzaba vuelo como un pato salvaje, distraído,
que en el soto del bosque oye un disparo;
en mi familia no se perdía la cabeza por un trago de vino,
esto tampoco pasaba entre nosotros,
que ya por ese entonces teníamos ideas muy claras
de lo que es una pasión y lo peor, qué y cómo es el final
de una pasión; apurábamos el trago,
la vista perdida en los alambiques de la alfombra persa;
de vez en cuando hacíamos una observación o un chiste,
vos o yo buscábamos los dedos helados del otro, para estrecharlos;
no se puede tener los dedos fríos para escanciar los amores;
así que volvían las manos a su función de sostén de los vasos,
los dos pálidos, en el aire viciado de la desolación,
haciendo crujir el vidrio último de nuestra última ventana tapiada.
Queimada. Conxuro
Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas.
Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras.
Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas.
Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios.
Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello.
Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello.
Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida.
Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida.
Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas.
¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente, quedando asi purificadas.
E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento.
Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.
Traducción
Buhos, lechuzas, sapos y brujas.
Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas.
Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas.
Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas.
Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos.
Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo.
Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo.
Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, mugido de la mar embravecida.
Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo, pelo malo y sucio de la cabra mal parida.
Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gordas.
¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas.
Y cuando este brebaje baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento.
Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada.
Aquello que le sucedía a tu madre... - Poema
ah, tu corazón, esa zona manida de ti, sabia,
anestesiada, infeliz.
Dario Jaramillo Agudelo
aquello que le sucedía a tu madre,
el relato maravilloso de lo inesperado,
la angustia de tu propio nacimiento;
pronto se convierte en lo prosaico,
este accidente en esta relación circunstancial
donde la palabra amor no se menciona
para evitar el enredo de las decisiones:
la concepción o es milagro o es mera estupidez.
Los gestos de la pena secretan como glándulas
y entonces se piensa en el instante pasado
en que la insatisfacción se hizo vértigo
y el vértigo arribó a esta agua salobre,
la del pánico. Parece que estamos juntos,
uno al lado del otro, ni siquiera hablando
a los gritos como en el infierno de Dante,
sino haciendo caer los argumentos
en el saco roto del silencio.
No queda mucho por decir;
ni suspiros ni llanto.
viernes, 26 de octubre de 2007
Alta alta es la luna.- Canción sefardita en ladino
Alta alta es la luna
Kuando empesa a 'sklareser
I ja ermoza sin ventura
Nunka yege a naser.
Los ojos ya me s'incheron
De tanto mirar la mar.
Vaporikos van i vienen,
Letras para mi no ay.
Pasharikos chuchulean
En los arvoles de flor.
Ay debasho se asentan
Los ke sufren del amorjueves, 25 de octubre de 2007
El comerciante. Poema
El sale antes que ningún cliente pise el local,
el lunes a primera hora de la mañana,
con una tetera hasta el borde llena de vinagre blanco
y la esparce por la vereda y la entrada
del negocio familiar que hace diez años está en quiebra.
Es el rito para atraer compradores y dinero,
después se lava las manos, y se echa a leer el diario
detrás del mostrador. Así pasa el día,
tedioso, convenciendo a las personas
-y a él especialmente- que el único sentido
de la vida es afanarse por pagar las expensas;
eso que enrojece allá afuera es el crepúsculo:
avanza sobre la ciudad con una sed vampírica;
tremenda, pertinaz y cargada de deudas.
Él bosteza, él hace crujir los nudillos.
Él baja la persiana, él cierra.
La madre. Poema
Ella pone la cabeza de ajo a arder
sobre la hornalla; se queman los barbechos
y hace un olor insoportable,
pero ella nos dice que hay que soportarlo,
es un hechizo para traer la buena suerte
a nuestra casa. Mucho le falta para ser bruja,
pero para ser madre la falta es más grande,
apaga el fuego, la llama se extingue,
va hacia el teléfono y hace un pedido
al restaurant. Pregunta el menú
y después ordena ‘traiga usted lo de siempre’.
domingo, 21 de octubre de 2007
Mala prensa para el sexo. Groucho Marx
No quiero ser irreverente, pero creo que estarás de acuerdo en que quienquiera que creó el sexo ciertamente sabía lo que hacía. Aunque todo el mundo está loco por él, la palabra en sí, pese a su brevedad, parece asustar a muchísima gente. Los autores de canciones, en especial, siempre suprimen esta adorable palabrita y la sustituyen por "amor". Ningún cantante (ni siquiera un tenor) se atrevería a cantar El sexo es algo maravilloso. Con ese título la canción obtendría un éxito multitudinario, pero el cantante sería puesto en la lista negra por algún comité de moralidad. ¿La acusación? Incitar a la gente a que haga una cosa perfectamente natural.
Sobre la escritura. Fragm de Emily L. Marguerite Durás
Quería decirte que no bastaba escribir bien o mal, realizar textos bellos o muy bellos, que eso no bastara para que fuera un libro que se leyera con una avidez personal y poco corriente. Que tampoco bastaba escribir así, presumir de que se hacía sin control alguno, guiado sólo por la mano, del mismo modo que era excesivo escribir con sólo el pensamiento, que vigila la actividad de la locura. Es demasiado poco el pensamiento y la moral y también los casos más frecuentes del ser humano, los perros por ejemplo, es demasiado poco y es mal encajado por el cuerpo que lee y que quiere conocer la historia desde los orígenes, y a cada lectura ignorar siempre lo anterior a lo que ignora ya.
Te dije también que había que escribir sin corrección, no necesariamente deprisa, a toda velocidad, no, sino según uno mismo, en aquel momento, lanzar la escritura fuera, maltratarla casi, sí, maltratarla, no quitar nada de su masa inútil, nada, dejarla entera con el resto, no enjuiciar nada, ni rapidez ni lentitud, dejarlo todo en su estado de aparición.
For a while, (Por un momento) de Bob Gaudio, Jack Holmes. (1970) For a while, (Por un momento) de Bob Gaudio, Jack Holmes. 1970
Perdida en el día a día cambié de camino (tomé otro rumbo), con una risa, un saludo amable, una pequeña charla (una charla sin importancia) con los que conozco, olvidé que no terminé con vos, por un momento (en el sentido de que aún no lo superó, "que sigue enganchada").
Una señal, una mueca cómoda, una sonrisa donde ponerlas; con historias de otras vidas para escuchar, y con algo de trabajo que debo terminar, olvidé que no terminé con vos, por un momento.
Los días pasan sin sentimientos vacíos hasta que recuerdo que ya no estás. La gente me dice "Necesitás compañía, cuando tengas algo de tiempo libre salí a pasear y encontrá un amigo". Olvidan que no terminé con vos, por un momento.
Versión traducida y anotada por Luis Pescetti.
recomendación de gourmet: el video en YouTube con Nina Simone cantándola
Fragm. de Emily L. Marguerite Durás
Quería decirle lo que creo, que había que conservar siempre ante uno un lugar, una especie de lugar personal, eso es, para estar solo y para amar. Para amar no se sabe qué, ni a quién, ni cómo, ni cuánto tiempo. Para amar, para conservar en sí el lugar de una espera, nunca se sabe, de la espera de un amor quizá sin destinatario todavía, pero de esto y sólo de esto, del amor.
viernes, 19 de octubre de 2007
Aceituneros. Canción tradicional
que avareando tiene mucho salero
cuando me ve me dice:
- Voy a morir por ti.
- Madre yo tengo un novio aceitunero,
aceitunero me gusta a mí.
Dale y dale a la vara,
dale bien que las verdes son las más caras
y las otras pa ti, tipití, tipití.
¡Ay, que me voy a morir por ti!
Recogiendo aceituna él me decía
con palabritas, madre, que se moría.
Se acabó la faena y no lo he vuelto a ver
y eso que me decía que se moría por mi querer.
pastillita de gourmet: hay una versión cantada por Amalia Rodrigues, altamente recomedable.
martes, 16 de octubre de 2007
Tres hojitas madre - Canción tradicional
tiene el arbolé,
la una en la rama,
las dos en el pié,
las dos en el pié,
las dos en el pié.
Inés, Inés, Inesita, Inés.
Dábales el aire,
meneábanse,
dábales el aire,
jaleábanse,
jaleábanse,
jaleábanse.
Inés, Inés, Inesita, Inés.
Arbolito verde
secó la rama,
debajo del puente
retumba el agua,
retumba el agua,
retumba el agua.
Inés, Inés, Inesita, Inés.
19. De Romancero y cancionero de Ausencias. Miguel Hernández
tus ojos la reflejan.
Ausencia en todo escucho:
tu voz a tiempo suena.
Ausencia en todo aspiro:
tu aliento huele a hierba.
Ausencia en todo toco:
tu cuerpo se despuebla.
Ausencia en todo pruebo
tu boca me destierra.
Ausencia en todo siento:
ausencia, ausencia, ausencia.
15. De Romancero y cancionero de Ausencias. Miguel Hernández
Si te encontrara
bajo la tierra.
Bajo la tierra
del cuerpo mío,
siempre sedienta.
lunes, 15 de octubre de 2007
Afilador paragüero - Canción Gallega
Afilador paragüero
arregla potas porcelanas
compra cacharros de cobre
mulas vellas e máis latas.
Áila la rá lála tráila
Lá la lálala rála
Tra i lala lá la lala
Traila lá la lálala rá
Todos os que arreglan potas
porcelanas e máis latas
tanén teñen a costumbre
de subir polas ventanas
Áilala…
Que teñan cuidado as mozas
con esto dos paragüeros
que depois desque se casan
van a remachar a outros pueblos.
domingo, 14 de octubre de 2007
Las dos naranjas - Edith Vera
Una vez que se ha pronunciado
la palabra amapola
hay que dejar pasar algo de tiempo
para que se recompongan
el aire
y nuestro corazón.
Desde hace largo rato
Miro pastar a una oveja.
Olfatea, elige
Y muerde la hierba
Suave, suavemente.
De tanto en tanto
Se detiene
Y bala.
Rosa amarilla en su garganta.
Color deshecho en el aire.
Casamento - Adelia Prado
Meu marido, se quiser pescar, pesque,
mas que limpe os peixes.
Eu não. A qualquer hora da noite me levanto,
ajudo a escamar, abrir, retalhar e salgar.
É tão bom, só a gente sozinhos na cozinha,
de vez em quando os cotovelos se esbarram,
ele fala coisas como "este foi difícil"
"prateou no ar dando rabanadas"
e faz o gesto com a mão.
O silêncio de quando nos vimos a primeira vez
atravessa a cozinha como um rio profundo.
Por fim, os peixes na travessa,
vamos dormir.
Coisas prateadas espocam:
somos noivo e noiva.
Objeto de Amar - Adelia Prado
o que devo dizer-lhes
que não posso guardá-lo
sem que me oprima a sensação de um roubo:
cu é lindo!
Fazei o que puderdes com esta dádiva.
Quanto a mim dou graças
pelo que agora sei
e, mais que perdôo, eu amo.
Sexta-feira à noite - Marina Colasanti
Os homens acariciam o clitóris das esposas
Com dedos molhados de saliva.
O mesmo gesto com que todos os dias
Contam dinheiro, papéis, documentos
E folheiam nas revistas
A vida dos seus ídolos.
Sexta-feira à noite
Os homens penetram suas esposas
Com tédio e pénis.
O mesmo tédio com que todos os dias
Enfiam o carro na garagem
O dedo no nariz
E metem a mão no bolso
Para coçar o saco.
Sexta-feira à noite
Os homens ressonam de borco
Enquanto as mulheres no escuro
Encaram seu destino
E sonham com o príncipe encantado.
Muerte bajo el sol. Marina Colasanti
no se clava el hacha de un solo golpe
bien de raíz.
Ni es de pie que ella cae
con sus ramajes.
Una casa
se mata despacio.
Se arrancan primero los pasamanos de la escalera
abriendo a la ruina los peldaños inútiles.
Se retiran los herrajes
y las vigas.
Después se arrancan puertas y ventanas
se vacían en la fachada los dinteles ciegos.
Y quien pasa ya sabe.
Aquí no se vive más.
Entonces es la hora de las tejas
despellejadas sin sangre una por una.
Mostrando los huesos
yace
más que muerto
el descarnado esqueleto
en el jardín.
Cruel laparoscopia de mis fantasmas
la casa en que viví fue tirada abajo.
Se van los espectros, todos sin abrigo
deshaciendo las imágenes superpuestas.
Vamos nosotros sin marcas en el polvo.
Y las palabras
tantas palabras que hilamos juntos
y que las paredes guardan en sus entrañas
son deshechas a mazazos.
Trad. María Teresa Andruetto
Pavese. María Teresa Andruetto
el trabajo en el corazón.
C.P.12 de setiembre de 1942.
Diario.
uno de estos días de marzo,
y de la tarde en que mi padre lo vio
pasando la caserma. Dos perros
lo arrastraban y esa tristeza
que no ha vencido nadie. Il diavolo
sulle coline acecha. Es el 45 y la guerra
cansa . Están en Piazza Cavour
o en Superga. En Torino, no en Le Langhe.
Mi padre muerto parece que me dice
al oído "he pasado Stupinigi
hacia mi pueblo". El otro se llama Cesare
y escribe en plenitud acerca de esas cosas
pequeñas que nos suceden a todos
y de volver y no encontrar ya nada.
Mi padre es partisano, un partisano
de Ghío, y ha cumplido veintitrés. Antes
que cante el gallo me dará esas voces
que se oyen desde lejos, el eco
en la colina. Están cerca las tierras
fértiles, el cuerno de oro devastado,
y la ciudad que es gris, no tiene
cielo. Alguna vez dirá no escribo más,
el lápiz cruzado sobre el diario,
y acabará el oficio de vivir. No habrá
qué hacer en la ciudad vacía sino esperar
y esperarás que llegue. Por esta calle
hasta el hotel mañana, vendrá la muerte
y tendrá tus ojos.
Del Latin recordis. María Teresa Andruetto
evitándola, sino solamente
atravesándola.
C.P. 22 de setiembre de 1945
Diario
El nos leía a Pascoli en la luz
de la mañana y hablaba de las tardes
aquellas del otoño, los perros oliendo
entre las setas, cuando iba con su padre
a buscar trufas. Ella sabía de memoria
la vida de él. El nombraba la guerra,
los años escapando, el abrazo
de Paolo y Etiopía. Ella escondía
bajo el plato las cartas que llegaban,
y les sabía los nombres a los primos
lejanos. A veces en las tardes
recientes del otoño, ella recuerda
a Pascoli y a un pueblo que no ha visto:
hay un niño con su padre y unos perros,
y hay un hombre que se larga por los techos,
y un amigo, y es otoño,
y es la guerra.
viernes, 12 de octubre de 2007
Canción del lino. Popular gallega
Xa ven o tempo de troupelear,
Xa ven o tempo de mazar o liño
Xa ven o tempo de o liño mazar
A la mar voy todavía. Pedro García Cabrera
Dime tú, mar, ahora ¿a qué naranja
he de tender mi frente?
¿Debo arrancar de cuajo tus arenas,
golpear tus rumores,
escupir tus espumas,
matar tus olas de gallina de oro
que sólo ponen huevos de esperanza?
La paz te he suplicado y me la niegas,
mi ternura te ofrezco y no la quieres.
Pero algo he de pedirte todavía:
que no hagas naufragar a mi palabra
ni apagar el amor que la mantiene.
Aún mi mano en la mar, así lo espero.
(La esperanza me mantiene, 1959)
lunes, 8 de octubre de 2007
De los álamos vengo. Canción
De los álamos vengo, madre,
de ver cómo los menea el aire.
De los álamos de Sevilla
de ver a mi linda amiga.
De los álamos vengo, madre, 5
de ver cómo los menea el aire.
Que me coma el tigre. Canción
que me coma el tigre
que me coma el tigre
mi carne morena
Tú lo que quiere e' que me coma el tigre
que me coma el tigre
que me coma el tigre
mi carnecita tan buena
Tú lo que quiere e' que me coma el tigre
que me coma el tigre
que me coma el tigre
mi carne sabrosa
Tú lo que quiere e' que me coma el tigre
que me coma el tigre
que me coma el tigre
mi carne de rosa
Y entonce'
Me subo en la loma
me subo en el árbol
me tiro en el río
Y entonce'
Se sube en la loma
se sube en el árbol
se tira en el río
Entonce'
me salgo del río
me meto en mi casa
pa' que no me vea
El tigre
se sale
El tigre
se sale del río
se mete en mi ca'sa
la cosa e'tá fea
Gallo rojo, gallo negro. Chicho Sánchez Ferlosio
Cuando canta el gallo negro
Es que ya se acaba el dia
Si cantara el gallo rojo
Otro gallo cantaria
Ay! si es que yo miento
Qu'el cantar qué yo canto
Lo borre el viento
Ay! qué desencanto
Si me borrara el viento
Lo que yo canto.
Se encontraron en la arena
Los dos gallos frente a frente
El gallo negro era grande
Pero el rojo era valiente
Se miraron a la cara
Y ataco el negro primero
El gallo rojo es valiente
Pero el negro es traicionero
Gallo negro, gallo negro
Gallo negro, te lo advierto
No se rinde un gallo rojo
Mas que cuando està ya muerto
Lágrimas negras. Versión de Diego el Cigala
y aunque tú has muerto mis ilusiones.
En vez de maldecirte con justo encono
en mis sueños te colmo
en mis sueños te colmo
de bendiciones.
Sufro la inmensa pena de tu extravío,
siento el dolor profundo de tu partida.
Y yo lloro sin que tu sepas que el llanto mío
tiene lagrimas negras como mi vida.
Viendo el Guadalquivir las gitanas lavaban,
los niños en las orillas viendo los barcos pasar.
Agua del limonero, agua del limonero,
si te acaricio la cara tienes que darme un beso.
En el Guadalquivir mi gitana lavaba
pañuelos de blanco y oro que yo te daba que yo te daba,
agua del limonero, agua del limonero
si te acaricio la cara tienes que darme un beso.
Tu me quieres dejar
yo ya no quiero sufrir
contigo me voy gitana
aunque me cueste morir.
Al olivo, al olivo. Canción
al olivo subì.
Por coger una rama
del olivo caí.
Del olivo caí,
quién me levantará?
Una niña morena
que la mano me da.
Que la mano me da,
que la mano me dio,
una niña morena
que es la que quiero yo.
Que es la que he de querer,
una niña morena,
que ha de ser mi mujer.
Que ha de ser y será
esta niña morena
que la mano me da.
Líquenes - Pedro García Cabrera
con dos lapas de la mar.
Cuando suben las mareas
se ponen a repicar.”
“Uno tras otro, saltaron
cinco puentes aplaudiendo.
Cinco pescaditos rubios.
Cinco arco iris pequeños.”
A la mar fui por naranjas. Canción
cosa que la mar no tiene,
vine toda mojadita
de olas que van y vienen.
¡Ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello!
Ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello es un traidor!
La farola de Tazones
está partida en dos cachos,
uno alumbra a los marinos
y otro alumbra a los borrachos.
¡Ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello!
¡Ay, mi dulce amor.
ese mar que ves tan bello es un traidor!
A la mar fui por naranjas. Otra versión
cosa que la mar no tiene.
Metí la mano en el agua;
la esperanza me mantiene.”
Eres alta y delgada. Canción
morena y saladá
como tu madre.
Bendita sea la rama que al tronco sale
morena y salada que al tronco sale .
Desde que te vi con la pata de palo
dije para mí malo, malo, malo,
desde que te vi con la pata de madera,
dije para mí, pa tu abuela, pa tu abuela.
Toda la noche estoy,
niña pensando en ti.
Yo de amores me muero desde que te vi,
morena salada desde que te vi.
Eres baja y rechoncha como tu tía
morena salada como tu tía.
Morenita de noche, blanca de día,
morena salada blanca de día.
Toda la noche estoy,
niña pensando en ti.
Yo de amores me muero
desde que te vi
morena salada, desde que te vi.
Eres como la rosa de Alejandría,
morena, salada, de Alejandría;
colorada de noche, blanca de día,
morena, salada blanca de día.
Enviada por Rocío Hernández. ¡Gracias, morenita!
sábado, 6 de octubre de 2007
Molondrón. Canción popular gallega
molondrón, molondrero,
molo, molondrón,
molondrón, molondrero.
Me pegó mi padri,
Me pegó mi güelo
por hablar de nochi
con el mi pasiegu.
Molo, molondrón,
molondrón, molondrero,
molo, molondrón,
molondrón, molondrero.
Por hablar de nochi
con el mi pasiegu
m'han zumbau la cra
m'han zumbau el cuerpu.
Molo, molondrón,
molondrón, molondrero.
viernes, 5 de octubre de 2007
Simple conversación entre un negro grandote y una viejita. Pequeño cuento
-Y qué, señora? Cada uno llora por lo que más le duele.
Así dijo el hombre. Era un negro grandote, con una espalda ancha y pesada como un bolsa de papas de sesenta kilos, y lloraba escondiendo la cara entre las manos, hipeando. La viejita a su lado ni lo conocía, pero sacó de la cartera negra un pañuelo como para un mosquito, festoneado con puntilla y se lo tendió. El negro grandote se sonó; el aire de sus pulmones por la nariz era como de trombón.
-Los boleros que le habré cantado a esa ingrata. Y para qué? Para que ni me diga hasta la vista cuando me abandona.
La viejita pone su mano de canario sobre un hombro del negro y lo compadece.
La vida es triste, le dice con los ojos.
-Miréla. Ahí la tiene.
La ingrata está adentro de un cuadradito de la computadora.
Camina aquí y allá, lleva un top muy ajustado sobre unos senos enormes y tiene el cabello color rosa claro, un color que no existe. Es una prostituta o le pasa cerca. De pronto, como si supiera que la vieja la está estudiando al otro lado de la pantalla, apoya sus labios carnosos de flor carnívora sobre el micrófono y dice:
-Calláte, negro. Que te den por culo.
La vieja se sobresalta.
El negro comenta, con el tono de hablar sobre el pronóstico meteorológico:
-Es muy boca sucia. Hace tres años de la última vez que la vi, cuando la dejé en Cuba.
La viejita asiente.
Va hacia el mostrador para pagar sus centavitos, el de la llamada que hizo. Quiere saber si su hija terminó el trabajo y le habló al celular. Su hija no atendió, respondió la voz grabada que dice sólo: No estoy. Deje su número y ya no fastidie.
El negro grandote le impide que ella pague la llamada.
-Yo la invito –dice.
Pone unas monedas sobre el mostrador y tiende su mano:
-Juan Pedro.
La vieja asiente otra vez, asiente.
Tiene la palidez de los pétalos de una flor blanca, desvaída.
-Encarnación – anuncia en un suspiro.
Hubiera preferido que el negro no supiera su nombre.
Tal vez le hubiera gustado llamarse de otra manera.
-Venga –sigue el negro, solitario como un perro reseco –tome conmigo un café con leche, una ginebra, una horchata.
La vieja asiente otra vez, con ese gesto tan suyo, casi copiado de la Sibila de Delfos.
Jandira, comienza el negro avivando el llanto con el alcohol, es el amor de su vida. Se ahoga un poco entre los sollozos y el ardor de la garganta, y le pregunta a la vieja si ella amó mucho alguna vez, si tuvo un gran amor.
La vieja contesta que a ella en el pueblo se le murieron todos.
Primero se murió Quinto cuando le cayó una rama del árbol que estaba hachando. Le dio en el espinazo y lo partió en dos, pero no se murió enseguida. Estuvo tres días con sus noches agonizando. Los de la pompa fúnebre esperaban sentados a la puerta de la casa y cada vez que asomaban la nariz para ver si por fin había expirado, Quinto volvía a la carga con la respiración y vivía tres horas más. Lo hacía a propósito: la viuda y los hijos estaban seguros. Al final se murió igual; no por terco iba a dejar de morirse. Después se murió Andrés, el que era medio hijo de Quinto, se trenzó a cuchillo con otro por un asunto de faldas y el filo le entró en el riñón y lo dejó seco ahí mismo. La madre lo lloró mucho, pero los hermanos no porque él era un violento.
Reventaron toditas todas las ponedoras y el gallo pinto en un día y medio, de pepilla. Se les llenó la lengua de úlceras, les vinieron temblores y cagaron amarillo verdoso; ese fue el final de las gallinas.
También se murió Azucena, la sobrina, de parto. Con el bebé adentro, el hijo también se lo murió aunque lo quisieron sacar con sopapa y con fórceps. Hasta el abrieron la panza con la cuchilla, en la cesárea; no hubo caso.
Sultán, que era un perro dogo, murió de viejo.
El negro grandote se pone pálido de golpe y se le empequeñecen las tripas.
-Jandira –comenta- tiene malos hábitos.
La vieja hace que sí con la cabeza, aunque ella no sabe qué quiere decir él con esa frase.
El negro carraspea y ya se está lanzando a entonar un bolero, cuando la viejita, envalentonada, pone en voz alta su cuenta interior:
-Antes de venirnos –dice- lo perdí Cristián, mi hijo el mayor. Yo le hablaba mucho pero él hacía lo que quería. Murió Rigoberto en el ferrocarril (era mi hermano), murió mi otro hermano, Segundo, que era menor que Quinto pero se llamaba Segundo, no sé por qué. También en el ferrocarril, un día que trabajaba en la zorra y estaba borracho como una cuba le pasó por encima el tren. Todos mis hermanos, hasta Eulalia; algunos se murieron lento y otros bien rápido; ninguno debe estar en la paz del Señor. Los pobres cuando se mueren mal, deben ir a otra parte. ¿Quién sabe adónde? Falleció Benedicto también, el marido que tuve, el último. (Los otros no los cuento.) Pero ya hace mucho de eso y ni me acuerdo bien de la cara de Benedicto; tengo que esforzarme para acordarme de él y no vale la pena.
-No vale la pena llorar a los muertos –comenta el negro grandote con un hilo de voz.
Está muy asustado.
-No vale la pena acordarse de Benedicto –corrige ella.
El negro trae a colación el recuerdo de un pajarito, un canario que perteneció Jandira. Ella lo cuidaba más que a sus ojos, lo bañaba, lo perfumaba. Un día, le abrió la puertita para que vuele hasta la yedra a tomar el aire, saltó un gato, lo atrapó, se lo comió. Jandira estuvo muy deprimida, hasta tomó pastillas para quitarse la depresión.
-Allá en el pueblo, en el norte, los pajaritos se comían saltados con harina de maíz –sentencia la vieja.
-Jandira –insiste el negro- tenía un pena enorme.
La vieja asiente con su gesto predilecto.
La verdad es que ella piensa que lo único que puede apenar a esta Jandira es la falta de clientes nocturnos con que acostarse y hacer la plata.
-Dionisio –menciona la vieja- que era el primo, criaba palomas y los bichos le contagiaron la tuberculosis. Porque la llevan acá en el buche y se la pasan a los cristianos. Los pájaros no son buenos amigos del hombre.
-Las palomas son el símbolo de la paz…
-Ah, si? Acá en el buche tienen la tuberculosis y si uno las mira fuerte o las toca, se la pasan. Acá –explica la vieja y extiende su manita blanca y delicada para tocar el cuello del hombre.
Éste se aparta de un salto.
Hace fondo blanco con el vasito de ginebra.
Pone el dinero encima de la mesa.
Se toca el ala imaginaria de un sombrero, a modo de saludo, y sale.
Ya no piensa en Jandira, ni siente su ausencia como un dolor.
Está feliz de saberse vivo.
La vida es una hermosura.
Jandira, con todos sus caprichos, es una patada en el hígado.
La viejita se encoge de hombros cuando él sale. Le dedica un gesto leve, párvulo, con sus largos dedos de pollo, así le dice adiós. Fija en él sus ojos y asiente.
El negro grandote al llegar a la esquina se concentra en la luz del semáforo. Cambia de verde a rojo; le dá el paso. Un chico en bicicleta que reparte pizza, pasa a contramano y lo atropella. El negro trastabilla pero no cae al suelo. Enseguida recupera el aplomo y cruza.
El chico le grita:
-Borracho!
El murmura:
-Vieja bruja.
Escupe tres veces en el bordillo de la vereda.
El último salivazo le parece que contiene un hilillo de sangre.
Prefiere pensar que es el reflejo de la luz del semáforo, rojo, muy rojo, en lo alto.
jueves, 4 de octubre de 2007
Si se ha de escribir correctamente poesía - Enrique Lihn
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Su laberinto: un juego para atrasados mentales
en que da risa verlo moverse como un buey
un lector integral de novelas por entrega.
Desde el momento en que coge el violín
ni siquiera el Vals triste de Sibelius
permanece en la sala que se llena de tango.
Salvo las honrosas excepciones las poetisas uruguayas
todavía confunden la poesía con el baile
en una mórbida quinta de recreo,
o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.
Si se ha de escribir correctamente poesía
en cualquier caso hay que tomarlo con calma.
Lo primero de todo: sentarse y madurar.
El odio prematuro a la literatura
puede ser de utilidad para no pasar en el ejército
por maricón, pero el mismo Rimbaud
que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,
y esa náusea gloriosa le vino de roerla.
Se juega al ajedrez
con las palabras hasta para aullar.
Equilibrio inestable de la tinta y la sangre
que debes mantener de un verso a otro
so pena de romperte los papeles del alma.
Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas
de marfil y de cuerno o lo que fuere;
lo importante es moverlas en el jardín a cuadros
de manera que el peón que baila con la reina
no le perdone el menor paso en falso.
Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres
como si fueran claras y sencillas
las llenan simplemente de nuevos ornamentos.
No las expresan, giran en torno al diccionario,
inutilizan más y más el lenguaje,
las llaman por sus nombres y ellas responden por sus
nombres
pero se nos desnudan en los parajes oscuros.
Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,
todas estas cositas por las que vamos tirando.
Si se ha de escribir correctamente poesía
no estaría de más bajar un poco el tono
sin adoptar por ello un silencio monolítico
ni decidirse por la murmuración.
Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,
algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra
y no la sombra misma ni el Leviatán entero.
Es algo que merezca recordarse
por alguna razón parecida a la nada
pero que no es la nada ni el Leviatán entero,
ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.
Por qué escribe usted? Oscar Hahn
porque mañana porque sí porque no
Porque el principio porque la bestia porque el fin:
porque la bomba porque el medio porque el jardín
Porque góngora porque la tierra porque el sol:
porque san juan porque la luna porque rimbaud
Porque el claro porque la sangre porque el papel:
porque la carne porque la tinta porque la piel
Porque la noche porque me odio porque la luz:
porque el infierno porque el cielo porque tú
Porque casi porque nada porque la sed
porque el amor porque el grito porque no sé
Porque la muerte porque apenas porque más
porque algún día porque todos porque quizás
Puedo, podría, debo. Marianne Craig Moore
parece infranqueable, entonces
te diré por qué pienso que
puedo atravesarlo si lo intento.
Traducción de Olivia de Miguel
LAST BLUES, TO BE READ SOME DAY - Cesare Pavese
seguramente lo sabías,
alguien fue herido
hace mucho tiempo.
Todo está igual,
el tiempo ha pasado,
un día llegaste,
un día morirás.
Alguien murió
hace muchotiempo,
alguien que intentó,
pero no supo.
miércoles, 3 de octubre de 2007
Eurídice. Horacio Castillo
horror de que me vieras así, con este tocado de sombra,
el pelo sin brillo -el pelo, que el sol no se cansaba de dorar.
Terror también de que no fueras el mismo -el que permanecía en mi memoria-
y al mismo tiempo curiosidad por ver de nuevo un ser vivo.
Hace tanto que nadie venía por aquí,
tanto que nadie se llevaba un alma o un perro,
que cuando oí tus pasos y tu voz llamándome,
cuando por fin te estreché, más que a ti estaba abrazando a la vida.
Después tu calor me condensó, me secó como una vasija,
y caminé por el sombrío corredor
otra vez con aquella máquina atronadora dentro del pecho
y un carbón encendido en medio de las piernas.
Caminé de tu brazo, imaginando ya la luz,
los árboles junto a los cuales caminábamos,
aquella habitación llena de espejos
donde flotábamos como dos ahogados.
Hasta que de pronto tu paso se hizo nervioso,
tu pensamiento se espantó como un caballo,
y vi que tratabas de desprenderte de mí,
de librarte de la trampa de la materia mortal.
"No te vayas -supliqué- no me dejes aquí,
déjame ver de nuevo las nubes y el sol,
suéltame por el mundo como una potranca tracia."
Pero tú ya corrías hacia la salida,
y durante siete días y siete noches oí cómo llorabas,
cómo cantabas en la ribera del río infernal
nuestra vieja canción: "Lo lejano, sólo lo más lejano perdura."
La mujer de Lot. Wislawa Szymborska
Dicen que miró hacia atrás por curiosidad.
Pero yo podría haber tenido otras razones aparte de la curiosidad.
Miré hacia atrás por pena de una fuente de plata.
Por distracción mientras me ataba el cordón de mi sandalia.
Para evitar seguir mirando el justo cuello
de Lot, mi esposo.
Por una repentina certidumbre de que si yo hubiera muerto
él ni siquiera habría atenuado su marcha.
Por la desobediencia de los humildes.
Alerta a la persecución.
Repentinamente serena, esperanzada de que Dios hubiera cambiado de parecer.
Nuestras dos hijas ya estaban casi en la cima de la colina.
Sentí la ancianidad dentro de mí. Lejanía.
La futilidad de nuestro vagar. Somnolencia.
Miré hacia atrás mientras dejaba mi atado en el suelo.
Miré hacia atrás por miedo de dónde poner a continuación mi pie.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratas de campo y buitres jóvenes.
Entonces no había justos ni malvados -simplemente todas las criaturas vivientes
reptaban y saltaban en medio de un pánico común.
Miré hacia atrás por soledad.
Por vergüenza de que estaba huyendo.
Por un deseo de gritar, de volver.
Justo cuando una súbita ráfaga de viento
me deshizo el peinado y me levantó mis vestidos.
Tuve la impresión de que lo estaban viendo todo desde las murallas de Sodoma
y estallaban en risas sonoras de vez en cuando.
Miré hacia atrás por rabia
para gozar de su gran ruina
miré hacia atrás por todas las razones que he mencionado.
Miré hacia atrás a pesar de mí misma.
Fue sólo una roca que se desprendió, resonando bajo los pies.
Una repentina grieta que cortó mi camino.
Al borde un hámster correteó parado en sus patas traseras.
Fue entonces que miramos los dos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
repté y gateé hacia arriba,
hasta que la oscuridad me aplastó desde el cielo,
y con ella, grava ardiente y pájaros muertos.
Por falta de aliento me balanceaba repetidamente.
Si alguien me hubiera visto podría haber pensado que estaba bailando.
No se descarta que mis ojos hayan estado abiertos.
Podría ser que siento mi cara vuelta hacia la ciudad.
(1976)
Alabanza a los sueños. Wislawa Szymborska
En mis sueños
pinto como Vermeer van Delft.
Hablo fluidamente griego
y no sólo con los vivos.
Conduzco un auto
que me obedece.
Tengo talento,
escribo poemas largos, grandiosos.
Escucho voces
no menos que los grandes santos.
Se sorprenderían
de mi virtuosismo en el piano.
Floto en el aire como se debe,
es decir, por mí misma.
Si caigo del techo
puedo aterrizar suavemente en el verde césped.
No me es difícil
respirar bajo el agua.
No me puedo quejar :
he logrado descubrir la Atlántida.
Me complace que justo antes de morir
siempre me las arreglo para despertar.
Inmediatamente tras el estallido de la guerra
me vuelvo a mi lado favorito.
Soy, mas no necesito ser,
hija de mi tiempo.
Hace unos pocos años
vi dos soles.
Y antes de ayer un pingüino,
con toda claridad.
(1972)
Chica rara, de 'Frankenweenie'
La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.
Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry
Un ornitorrinco / Un agente secreto.
Conocerlo todo, según Mahfuz
Paradoja del deseo - Oscar Wilde
Testamento de Florencio Sánchez
Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar
Siempre idéntica a sí misma
Búsquedas desesperadas - Woody Allen
Conócete a ti mismo. Oscar Wilde
He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci
Etérea. Tradición oral española.
Este es el cuento de María Sarmiento
que fue a cagar y se la llevó el viento
De una Suplicante a Santa Lucía
En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!
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