Caminaré entre las piedras

Este es el cuento del Ratón que se comió un
melón...

Pensaba la Reina Batata: "Ahora me pincha y me mata..."

"...sino puedo arrancarte una palabra, al menos te arrancaré un gemido". (Alejandro Magno.)

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale
Un libro que debes leer!

viernes 31 de agosto de 2007

Will You Still Love Me Tomorrow? Amy Winehouse

Anoche eras mío por completo

Me diste tu amor tan suavemente

Anoche, la luz del amor estaba en tus ojos

Vas a seguir amándome mañana?

Este es un tesoro duradero

O sólo un momento de placer?

Puedo creer en la magia de tus suspiros?

Vas a seguir amándome mañana?

Anoche, con palabras silenciosas

Me dijiste que yo era la única, la única, la única, sí

Pero irá a romperse mi corazón

Cuando la noche se haga día?

Me gustaría saber que tu amor

Es amor; eso puedo asegurarlo.

Pero decímelo ahora; no quiero volver a preguntarte

Vas a seguir amándome mañana?

Vas a seguir amándome mañana?

Sí…

Versión PS

Just friends. Amy Winehouse

Cuando encontremos el tiempo para ser amigos

No es bueno que sea una tardecita

Porque habré estado bebiendo,

Tampoco en la mañana cuando vas a tu puto trabajo;

Es siempre peligroso cuando los demás duermen

Y yo estuve pensando…

Podemos estar solos?

Podemos estar solos?

Cuando tengamos el tiempo para ser amigos

Cuando tengamos el tiempo para ser amigos…

Y no me lastima, pero la culpa te va a matar

Si ella no es la primera;

Yo nunca voy a amarte como ella

Aunque necesitemos encontrar el tiempo

Para hacer esta puta cosa juntos

Antes de que empeore

Quiero tocarte,

Pero eso duele.

Cuando encontremos el tiempo para ser amigos

Cuando encontremos el tiempo para ser amigos, sólo amigos

Cuando encontremos el tiempo para ser amigos, sólo amigos

Cuando encontremos el tiempo para ser amigos, sólo amigos

Sólo amigos.

Version PS

domingo 26 de agosto de 2007

El amor es el juego de perder. Relato

Ocurre así. El y yo ya estamos viviendo juntos, hace un tiempo. Un año o poco más. Nos llevamos bien, estamos de acuerdo en todo. Tenemos un arreglo respecto del cuidado de la casa y él hace cosas que a mí no me gusta hacer, como limpiar los pisos o lavar los platos. Yo me ocupo de lo otro, la ropa, la cena.

Un día, cae a la ciudad otra persona. Trae películas para pasar en un cine arte: Luna de Papel, esa donde Ryan O’Neill y su hija van por el sur de los Estados Unidos vendiendo Biblias. Como sea, este hombre me ve, lo saludo. Tiene los ojos azul oscuro y me mira fascinado. Después pienso que me mira así no por fascinación, sino porque es miope. Salimos a comer un sandwich entre pasada y pasada. Hablamos de cine, nada más. Me doy cuenta que le gusto y él me gusta. La cosa queda ahí; el hombre se vuelve a su ciudad. Dos días después me llama. Dice que está enamorado de mí. Son las nueve de la mañana de un lunes y él me larga que está enamorado de mí.

Así que viajo a verlo.

Digo que viajo por trabajo, pero viajo a verlo.

Apenas llego, él me quita la ropa.

No es trascendente lo que pasa. Lo usual entre un hombre y una mujer.

Tentada por una carne dispuesta frente a mí como un guante abandonado.

Me dejé tentar ¿por qué? por unos huesos hechos deprisa por su madre y su padre.

Cuando vuelvo a casa, estoy muy enojada.

Conmigo, supongo.

Estoy tan enojada que termino descargándome con él. Con el hombre que vive conmigo hace un año y a quien quiero por sobre todas las demás personas en el mundo. En plena furia, le digo que me voy. El no entiende que pasa, pero me deja ir. El hace siempre eso: me deja ir.

Salgo, afuera hay viento norte. Doy una o dos vueltas de manzanas.

Me siento en las hamacas de la plaza.

Vivimos en un departamento desde donde oímos moverse las hamacas de la plaza, mecidas por el viento. Me siento horrible, un ser abominable, la ogresa de un cuento para niños. Así que vuelvo. Toco timbre, porque cuando me fui le tiré la llave por la cabeza. El baja y me abre. Me pregunta qué pasa. Qué carajo me pasa. Le digo que me siento sola y mal. Le digo que nos casemos. El me abraza, me besa. Cuándo?, pregunta. Me encojo de hombros. El mes que viene, dice él. Yo acepto y el me besa más, besos con chasquidos. Dios mío, pienso, voy a arrepentirme. Cómo voy a arrepentirme.

Sé que estoy cavando mi propia fosa. Porque a él nunca voy a decirle que estoy arrepentida. No, no. Ni aun delante del cura, nunca. El amor es el juego de perder.

Cascado. Poema de Samuel Beckett

1.
por qué no simplemente no esperar
a ser ocasión de
un vertedero de palabras

¿no es mejor abortar que ser estéril?

después de tu partida las horas son tan tristes
siempre empiezan a rastras demasiado pronto
los garfios desgarrando con ceguedad el lecho de miseria
rescatando los huesos los amores antiguos
cuencas una vez llenas con ojos como tuyos
¿es mejor siempre demasiado pronto que jamás?
negra necesidad salpicando los rostros
diciendo una vez más nunca flotó lo amado nueve días
ni nueve meses
ni nueve vidas

2.
diciendo una vez más
si no me enseñas tú no aprenderé
diciendo una vez más existe un último
atardecer de últimas veces
últimas veces de mendigar
últimas veces de amar
de saber no saber simular
un último atardecer de últimas veces de decir
sino me amas nunca seré amado
si no te amo ya no amaré nunca

un batir de palabras gastadas una vez más en el corazón
amor amor amor golpe de un émbolo antiquísimo
moliendo el suero inalterable
de las palabras

una vez más aterrado
de no amarde amar
pero no a ti
de ser amado y no por ti
de saber no saber simular
simular

yo y todos los otros que te amen
si te aman

3.
a menos que te amen

Versión de Jenaro Talens

¡Ay Dios mío! Poema de Djuna Barnes

¡Ay, Dios mío, qué es lo que amamos!
¿Esta carne puesta en nosotros como un guante arrugado?
Huesos tomados deprisa de alguna lujuriosa cama,
Y por ímpetu, el empujón del diablo.

Qué es lo que besamos con prisa,
Esta boca que busca la nuestra, o aún más ese
Pequeño ojo lastimoso en la engañada cabeza,
Como si lamentara aquello que a nosotros nos falta.

Este pálido, este más que anhelante oído atento
Que oye de la lastimosa boca el suave lamento,
Para marcar la silenciosa y la angustiada caída
De aún otra caliente y deformada lágrima.

Brazos cortos y magullados pies muy separados
Para caminar eternamente con nosotros desde la salida.
¿Ay Dios, es esta la razón que amamos
No son tales cosas golpes mortales al corazón?


Versión de Osías Stutman y Rosa Lentini

Gente que brilla, feliz. Relato

Al final no sé por qué lo hago, por qué viajo y voy a verlo.

Esa noche me llega un email de él, dice que vendió su alma al diablo por dinero, pero no su corazón. Por eso y porque tiene libre el feriado, me invita a pasarlo con él. Yo no estoy segura; es la ciudad de mis padres. Pero yo sé que él es el refugio frente a la nostalgia que es volver a la ciudad. Porque él apareció en mi vida, después que yo dejé la ciudad.

Unos amigos viajan, ellos me llevan.

Tienen un auto nuevo, quieren conocer los alrededores de Buenos Aires. Los pueblos, las pequeñas cuidades. Llevo un vestido rojo señal, no lo llevo puesto, sino en el bolso. Para que a él lo deslumbre.

Nos detenemos en una estación de servicio, yo saco plata de un cajero. Compro golosinas, bizcochitos de grasa, néctar de durazno. Estoy exultante.

Cuando llego a mi ciudad, me sorprende siempre lo mismo: el gran cartel que anuncia la entrada, de un lado, para los que llegan se trata de una foto enorme de un jamón cocido; para los que se van, del otro lado, hay fotografiada una mortadela. Seguimos por la larga calle de los gitanos que comercian con camiones y autos usados y robados. Al final de la calle, el parque con los juegos para chicos, el gusano, la rueda de la fortuna, el tren fantasma. Yo cuento que una vez dentro del gusano alguien puso una yarará, que picó a un chico casi se muere. Hubo que llevarlo a la sala de emergencias, nadie estaba seguro de que hubiera antídoto. Cuando pasó eso, alguien dejó correr que fue una amante despechada, sabiendo que su novio pasearía con otra por ahí, haciéndole el novio y el enamorado, le dejó la víbora.

Como sea, una vez en la ciudad apenas puedo voy a verlo.

Me invita a cenar a su casa. Están sus hijos. Eso no es un problema para mí. Me gustan los chicos. El cría sus hijos y eso siempre me hizo sentirlo cerca; no hay histerias. El me recibe contento, yo no llevo nada para comer. Pienso que saldremos después o algo. Viene a buscarme en su auto nuevo, la hija de 12 que parece una Madonna de cuadro, tan dulce es, y la chiquita, nerviosa. La noche está teñida de una sombra que no distingo. Cuando llego a la casa conozco a su otro hijo. Adolescente, escribe una novela anarquista, dice. La protagonista es una chica que él conoce y de la que está enamorado todo el curso. Me río; me hace leer cuatro capítulos de su novela. Son casi las doce de la noche. Pedimos pizza, los chicos hablan, llega una niñera que no permanece más de diez minutos, la bebé ensucia el pañal, él lo cambia, vuelve a ensuciarlo. Llama la mamá de la bebé para hablar con ella, la bebé grita “¡No!”. Al rato, vuelve a llamar. De a poco, recuerdo mis propios problemas. Dejé a mi hija con mi madre; tengo que volver. Nada indica que esa noche la vayamos a pasar juntos.

Me quedo sentada a la mesa, inmóvil.

No se me cruza por la cabeza levantar los platos, los vasos, ayudarlo a lavarlos.

Estoy ahí, ceñuda.

Cansada, muy cansada.

No se me ocurre que él busca una esposa.

El busca una esposa y yo un poco de amor.

No demasiado, no tanto que se alteren nuestros sentidos.

El suficiente para sentirnos radiantes, felices, por esa noche. Que nos permita despegarnos al día siguiente, yo retomar mi viaje, él su vida. Que no haya tiempo para llorar. Solo luces, plateadas y doradas, y él guarde el recuerdo, él me meta así en su corazón.

Es la una y media cuando los chicos se van a dormir.

Cómo estás?, le pregunto.

Vayamos a un hotel, dice él.

Vayamos por un rato a un hotel, repite.

El cansancio es tremendo. No puedo abrir los ojos y mirarlo.

Me lleva a casa de mi madre.

En la puerta, nos besamos.

Mucho, muy largo, como adolescentes.

Apoyados en el plátano.

Si me concentro, puedo oír a las arañas reparar las telas que hemos roto con el abrazo.

Te veo mañana, dice.

Pero yo sé que no nos veremos.

No soy la que busca.

Si me concentro, oigo las arañas.

Tejen, tejen, cómo tejen.

Corazón de vidrio. Relato

El plan, por supuesto que imperfecto, que tengo es el siguiente. Si gano algo más de plata con la literatura, a los 35, como las prostitutas ya cansadas, me retiro del oficio y pongo un restaurant o un pub. Y tengo cinco hijos.

Se lo digo a mi marido. Me mira como si estuviera padeciendo un brote psicótico.

Yo no soy un comerciante, protesta.

Podríamos comprar una casa, digo.

Ambos hemos ganados becas y estamos con dinero encima, el cambio nos favorece.

El dice que es un ciudadano del mundo, no quiere afincarse en ninguna parte. No sé por qué estas palabras me suenan a la de Jorge Donn en la época en que bailaba el Bolero de Ravel.

Muy bien, no compramos una casa, ni una librería, ni un restaurante. No tendremos hijos este año, ni el que viene y tal vez nunca. Hemos pasado la mitad de nuestro matrimonio medio muertos de hambre, viviendo en casas alquiladas con un montón de gente, oyendo cómo los otros jadean de amor o roncan por las noches, comiendo papas cocinadas de todas las formas posibles, porque las papas eran lo más barato que había para comer. Papas a la miel, papas con pimentón. Tenemos un gato rayado, come alimento para gatos inglés. No nos animamos a castigarlo por la vida que llevamos.

Ahora que estamos mejor económicamente, resulta que a él esta vida le gustaba. La de la extreme austeridad. Lo considera un entrenamiento. Piensa, como Baudelaire, que la pobreza es una escuela para el artista. Yo, en cambio, deseo demasiadas cosas. Objetos: perfumes, vestidos, un par de zapatos sexy. Libros.

Al fin, recibo otro dinero.

Así que le digo: Hagamos un viaje. Un viaje importante.

El es reacio a gastar su dinero.

Le digo que pongamos todo lo que tenemos en una pila y gastemos en un viaje.

Solo hemos tenido vacaciones comunes y corrientes, de esas que hace la gente normal. Nos fuimos a la sierra o a la playa, lo pasamos mas o menos. Igual yo siempre lo paso bien, porque adonde voy llevo un libro por día de estadía, para leer. Nunca me aburro; no sé lo que es el aburrimiento.

Está bien, dice él. Vamos a España.

Está bien, agrego yo. Crucemos a Tánger. Quiero conocer a Paul Bowles.

El me mira desencajado. Leí casi todo lo que pude encontrar de Paul Bowles. Los cuentos, las novelas. Leí el epìstolario con Jane Bowles. Los libros de Jane Bowles. No era fanática de ellos, pero me interesaba cómo el talento puede pasar de uno a otro, por efecto del amor. De pronto el otro es más talentoso y el que aparecía como dador, como Pigmalión en la relación, se queda vacío. Como si el futuro talentoso se apropiara de un bien que era la esencia de su amado. Algo así le pasa a Joe Orton con su amante.

Paul Bowles?, pregunta él como escupiendo las cáscaras de unas semillitas de girasol imaginarias.

Viste la película de Bertolucci.

Prefiero conocer a Bertolucci.

Para qué?

Para qué Paul Bowles?

No puedo explicárselo.

Nada más sé que tiene 89 años y la gente no vive mil.

Le digo que planeemos un viaje.

Me dice que vaya con mi hermana, igual que diría que me vaya a la mierda.

El tiene el corazón de vidrio.

No siempre, pero muchas veces no parece una persona real.

Acto seguido le propongo el viaje a mi hermana. Estudia Bellas Artes, pero estuvo internada la mitad del año anterior, por un mal emocional. La conciencia es un mal, una vez despierta, un mal por la eternidad.

Mi hermana pregunta:

Dónde comeríamos?

En Mac Donald’s o en los Burger King o compramos cosas por ahí. La comida no debería ser lo que nos preocupe.

Yo, si no vamos a comer bien, no viajo. Hambre no paso.

Está bien.

Está bien.

Por esos días, a mi marido le ofrecen poner un estudio de televisión con unos socios. Cámaras, equipos para editar, una computadora, esas cosas. Me dice que invertirá su dinero ahí. Que vé imposible hacer el viaje conmigo. Pero que me ama.

Como sea, me quedo.

Los socios, un año después, lo estafan.

La plata se va, se esfuma.

Paul Bowles se muere.

Me lo perdí por titubear, pienso.

Estoy sentada en mi silla, con el gato en la falda. El gato ronronea; me pongo a llorar.

miércoles 22 de agosto de 2007

I've tried everything. Eurythmics

La verdad es que la vida es el mayor regalo
Pero pienso que yo no puedo recibirlo
Y quién supone que sabe hacerlo...
Cuando yo he intentado todo.

Y yo debería saberlo, pero no puedo explicar
El ruido sin fin que suena en mi cerebro
Quién hubiera pensado
Que podrías sentir este dolor
Cuando lo intentaste todo

Sí. Sos un perdedor ahora.
Y sí, sos un perdedor
Ahora.

Debería estar tranquilo
Pero me estoy quemando
Debería ser bueno
Pero caí lejos
No miren ahora, ni siquiera empiecen
Porque he intentando todo...

Y sí. Sos un perdedor ahora
Sí. Sos un perdedor ahora

Versión PS

martes 21 de agosto de 2007

Caminando. Henri Michaux

Caminando,
caminando,
vendedor de rostros azotados y de pájaros inquietos,
caminando en la ciudad abrasada,
vendedor de estelas perdidas,
de fantasmas de viento, de agua, de olores,
caminando con una vida de perro,
caminando,
caminando.

El aura. Relato

Es jurado de un concurso donde mencionan mi cuento. Es un concurso menor, organizado por una compañía que fabrica productos de belleza. Cosméticos, perfumes, esas cosas. Está destinado a mujeres con inquietudes literarias, pero sobre todo mujeres que se preocupan por su belleza. Yo escribo, mando un cuento. Lo mencionan.

Después, este mismo escritor es jurado en un concurso de mayor importancia, una institución que hace décadas avala el crecimiento literario de una nación. Eso es lo que pretende. Obtengo una mención aquí también, pero por un libro de cuento esta vez. Soy empeñosa, no paro de escribir. Esto es algo que todos notan, los que me leen. Los jurados, quiero decir. No me lee nadie más que ellos y mi marido. Leo todo lo que escribo a mi marido, lo hago hasta que pone los ojos en blanco. Lo tengo harto.

Un día, el escritor le dice a alguien que me conoce, que me lee atentamente, que me premia sin saber quién soy yo. Tiene miedo, le dice, que crean que él me conoce y por eso me premia. Pero él no me conoce. Esa chica, ¿quién es?, le pregunta a la solterona emperifollada que organiza el concurso de belleza. Ella me lo cuenta en una fiesta, un congreso de mujeres literatas, donde ella bebió unas copas de más, de hesperidina. El es el mejor cuentista argentino, el de mayor humor. Nunca ha escrito una novela, pero cuando leo sus cuentos me doblo de la risa. El humor es un mérito, un don. Yo garrapateo en una servilleta de papel “Usted es el hombre de mi vida” y pongo mi número de teléfono. Tiene cincuenta años más que yo, pero a mí no tiembla el pulso cuando anoto que él es el hombre de mi vida. Ella lo guarda en su monedero, ella le dá el papelito un tiempo después. No sé cuánto tiempo después.

Un día, publico una novela. A través de un premio literario, organizado por la municipalidad de una ciudad pequeña. Él no tuvo nada que ver, ni siquiera sabe que ese premio existe. Como sea, consigo su dirección postal y le envío el libro. Él me llama, muy gentil, su voz tan dulce que me parece que puedo verlo a través del llamado de larga distancia. Así que me pregunta, inquiere. Me pregunta si tal personaje secundario de mi novela, que es una novela muy mala en realidad, dispersa y con una hilación muy endeble, es alguien tomado de la realidad. Si se trata de alguien que yo conozco; porque él conoce a alguien idéntico a quien yo describo.

¿Cómo puede preguntarme esto, pienso, él que es un gran escritor?

Los escritores saben que nadie de la realidad es real después.

El aura, nada más.

Le digo que es una ficción.

Él se ríe, yo también.

Cortamos.

Nunca nos vemos.

Él escribe una novela, finalmente.

Al poco tiempo fallece, como si el esfuerzo de esta escritura lo hubiera consumido. Lo empalidece, lo vampiriza, se lo lleva.

Me queda en el pecho un agujero, un balazo.

Me falta un maestro.

Cinderella. Roald Dahl

"¡Si ya nos la sabemos de memoria!",
diréis. Y, sin embargo, de esta historia
tenéis una versión falsificada,
rosada, tonta, cursi, azucarada,
que alguien con la mollera un poco rancia
consideró mejor para la infancia...
El lío se organiza en el momento
en que las Hermanastras de este cuento
se marchan a Palacio y la pequeña
se queda en la bodega a partir leña.
Allí, entre los ratones llora y grita,
golpea la pared, se desgañita:
"¡Quiero salir de aquí! ¡Malditas brujas!
¡¡Os arrancaré el moño por granujas!!".
Y así hasta que por fin asoma el Hada
por el encierro en el que está su ahijada.
"¿Qué puedo hacer por ti, Ceny querida?
¿Por qué gritas así? ¿Tan mala vida
te dan esas lechuzas?". "¡Frita estoy
porque ellas van al baile y yo no voy!".
La chica patalea furibunda:
"¡Pues yo también iré a esa fiesta inmunda!
¡Quiero un traje de noche, un paje, un coche,
zapatos de charol, sortija, broche,
pendientes de coral, pantys de seda
y aromas de París para que pueda
enamorar al Príncipe en seguida
con mi belleza fina y distinguida!".
Y dicho y hecho, al punto Cenicienta,
en menos tiempo del que aquí se cuenta,
se apersonó en Palacio, en plena disco,
dejando a sus rivales hechas cisco.
Con Ceny bailó el Príncipe rocks miles
tomándola en sus brazos varoniles
y ella se le abrazó con tal vigor
que allí perdió su Alteza su valor,
y mientras la miró no fue posible
que le dijera cosa inteligible.
Al dar las doce Ceny pensó: "Nena,
como no corras la hemos hecho buena",
y el Príncipe gritó: "¡No me abandones!",
mientras se le agarraba a los riñones,
y ella tirando y él hecho un pelmazo
hasta que el traje se hizo mil pedazos.
La pobre se escapó medio en camisa,
pero perdió un zapato con la prisa.
el Príncipe, embobado, lo tomó
y ante la Corte entera declaró:
"¡La dueña del pie que entre en el zapato
será mi dulce esposa, o yo me mato!".
Después, como era un poco despistado,
dejó en una bandeja el chanclo amado.
Una Hermanastra dijo: "¡Ésta es la mía!",
y, en vista de que nadie la veía,
pescó el zapato, lo tiró al retrete
y lo escamoteó en un periquete.
En su lugar, disimuladamente,
dejó su zapatilla maloliente.
En cuanto salió el Sol, salió su Alteza
por la ciudad con toda ligereza
en busca de la dueña de la prenda.
De casa en casa fue, de tienda en tienda,
e hicieron cola muchas damiselas
sin resultado. Aquella vil chinela,
incómoda, pestífera y chotuna,
no le sentaba bien a dama alguna.
Así hasta que fue el turno de la casa
de Cenicienta... "¡Pasa, Alteza, pasa!",
dijeron las perversas Hermanastras
y, tras guiñar un ojo a la Madrastra,
se puso la de más cara de cerdo
su propia zapatilla en el pie izquierdo.
El Príncipe dio un grito, horrorizado,
pero ella gritó más: "¡Ha entrado! ¡Ha entrado!
¡Seré tu dulce esposa!". "¡Un cuerno frito!".
"¡Has dado tu palabra. Principito,
precioso mío!". "¿Sí? -rugió su Alteza.
--¡Ordeno que le corten la cabeza!".
Se la cortaron de un único tajo
y el Príncipe se dijo: "Buen trabajo.
Así no está tan fea". De inmediato
gritó la otra Hermanastra: "¡Mi zapato!
¡Dejad que me lo pruebe!". "¡Prueba esto!",
bramó su Alteza Real con muy mal gesto
y, echando mano de su real espada,
la descocó de una estocada;
cayó la cabezota en la moqueta,
dio un par de botes y se quedó quieta...
En la cocina Cenicienta estaba
quitándoles las vainas a unas habas
cuando escuchó los botes, -pam, pam, pam-
del coco de su hermana en el zaguán,
así que se asomó desde la puerta
y preguntó: "¿Tan pronto y ya despierta?".
El Príncipe dio un salto: "¡Otro melón!",
y a Ceny le dio un vuelco el corazón.
"¡Caray! -pensó-. ¡Qué bárbara es su alteza!
con ese yo me juego la cabeza...
¡Pero si está completamente loco!".
Y cuando gritó el Príncipe: "¡Ese coco!
¡Cortádselo ahora mismo!", en la cocina
brilló la vara del Hada Madrina.
"¡Pídeme lo que quieras, Cenicienta,
que tus deseos corren de mi cuenta!".
"¡Hada Madrina, -suplicó la ahijada-,
no quiero ya ni príncipes ni nada
que pueda parecérseles! Ya he sido
Princesa por un día. Ahora te pido
quizá algo más difícil e infrecuente:
un compañero honrado y buena gente.
¿Podrás encontrar uno para mí,
Madrina amada? Yo lo quiero así...".
Y en menos tiempo del que aquí se cuenta
se descubrió de pronto Cenicienta
a salvo de su Príncipe y casada
con un señor que hacía mermelada.
Y, como fueron ambos muy felices,
nos dieron con el tarro en las narices.

martes 14 de agosto de 2007

Estoy demasiado cerca. Wislawa Szymborszka

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.

Versión de Elzbieta Borkiewicz

Distancias. Emanuel Alegre

Las luces de los autos juegan con el reflejo de las luminarias de la calle. Las persianas, apenas levantadas, dejan ver entre sus ranuras recortes, tiritas de realidad. Ella continua durmiendo. La sábana se amoldó a su cuerpo como la nieve lo hace a una ladera, y a su lado, una pequeña divisoria de aguas de tela, marca el límite entre su lado y el mío. Descansa, y sólo cuando duerme es bella, apacible, amante. Recuerdo que alguna vez pensamos que éramos como dos líneas lanzadas al azar en el mundo, con un solo destino: encontrarnos en un punto fijo, en el infinito, en una intersección del para siempre.

¿Cuándo ocurrió? ¿Cuándo nuestras líneas quedaron con sus trazos mudos? Fui yo. Un día el lápiz que marcaba mí línea quebró su mina, y sólo quedó un surco producido por la madera astillada de su cuerpo, lastimando el papel de nuestras vidas. Y su línea, que siempre fue buena para ser feliz e ignorar las pistas que uno da, se encontró sola, como engañada, hallando en el infinito sólo una huella, un proyecto, en vez de una ruta o hito donde detener su viaje. Y su línea siguió su camino sin detenerse.

Entonces, nosotros que como pareja éramos como una ciudad sufrimos una guerra civil, y nos convertimos en dos ciudades separadas por un río de indecisión; e hicimos lo que hace todo el mundo cuando esta indeciso: atacar. Así, comenzamos a dispararnos todos los días con nuestra artillería a través de ese hilo de agua, incrementando con el paso del tiempo la fuerza de nuestras descargas, destruyendo nuestros edificios más queridos, hasta que llegó un punto en que la artillería se volvió tan nociva que los pedazos de mampostería que eran arrancados por las detonaciones arrastraban con ellos pedazos más grandes. Al final todo no fue más que ver quién dejaba en ruinas de manera más rápida y certera a la ciudad enemiga. Y cuando no cansamos de acribillarnos, miramos hacia los puentes que nos comunicaban y unían, hacia los vestigios de la vieja comunión. Y con cierta tristeza, cierta pena, cierta melancolía, volamos uno a uno esos puentes, festejando cada voladura como si se tratara de un aniversario o un año nuevo, pero puede que por temor o por nostalgia o por cansancio dejamos sólo un puente. Su nombre era Cotidianeidad.

La sábana se amolda a su cuerpo como lo hace la nieve al llegar la primavera, y todavía estamos acá, en la misma habitación, ella sobre el colchón, ignorando lo lejos que estamos aunque apenas nos separen seis pasos, yo mirando a través de la persiana, descubriendo tiritas de realidad.

viernes 10 de agosto de 2007

Z. Relato

Aint nobody like to be alone

Everybodys got a hungry heart...

Bruce Springsteen

Vive en otro país, cuando la visito hacen siete grados bajo cero y nieva copiosamente.

Estamos sentadas al lado de la estufa, la tele está puesta en el canal de la CNN, pero no la miramos. Me cuenta que es difícil adaptarse a esa ciudad, tan wasp. El único sitio donde vincularse socialmente es la iglesia; vive en una ciudad pequeña, con el promedio más alto de iglesias cristianas de todo el país: hay un templo cada dos cuadras.

Así que suelta:

Estoy enamorada del cura.

Uno que da la misa en español.

Resulta que yo voy a la iglesia aquí, para conocer gente, para integrarme.

El cura es guapo, tiene sesenta años. Es muy inteligente. Los sermones que da son casi tercermundistas, y la comunidad latina de aquí lo adora. Es delgado, rubio, con anteojos pequeñitos, bien gringo. Cuando viste de hombre está para comérselo.

Yo aquí hago una tertulia literaria. Un viernes por mes invito alguna gente de la universidad la mayoría, alumnos, para leer una novela en castellano. García Márquez, Isabel Allende, Luis Leante, Laura Restrepo. Para mantenernos en contacto con la lengua y la cultura de nuestra tierra. Un día lo invito al cura; y viene. No sé dónde aprendió el español, lo maneja perfectamente. Dice que lee a Santa Teresa en español, a San Juan de la Cruz en español, a Unamuno.

Cuando todos se retiran, hablamos de Dios.

Le cuento de mi vida, cuando es que empecé a amar a Dios otra vez.

De mi vida itinerante en cinco países del mundo, haciendo de todo un poco, leyendo.

El año pasado casi me muero de un cáncer de pecho.

Pero lo sobreviví.

También se me murió mi padre en Argentina.

Pero lo superé.

El padre me mira con ojos vidriosos.

Me pregunto si irá a besarme.

No lo hace. Me pregunto si habrá tenido mujer alguna vez. Encuentros sexuales seguro que tuvo, pero lo que yo me pregunto es si tuvo mujer alguna vez. Igual es un sacerdote extraño, poco convencional para lo que la Iglesia pide a un hombre. No vive en la sacristía, por ejemplo, sino en las afueras de la ciudad. Tiene tres chicos adoptados, chicos de la calle, que ahora son grandes y le dieron diez nietos. Este hombre es para mí. Me hace volver a sentir. Aunque no me besa, no me toca.

El cura se va tarde en la noche, la nieve cruje bajo sus pisadas.

Cuando se despide, me saluda moviendo los dedos dentro de sus gruesos guantes de lana negra. Me dice que me espera el domingo siguiente a la misa de once.

Le prometo ir, claro.

Iré.

Me deja con el corazón hambriento.

Me deja completamente consternada.

Alguien dice que debo irle de frente, decir: Padre, estoy enamorada de usted.

Tengo miedo del sacristán, un colombiano malicioso que puede arruinar mi reputación y la del curita. Esta comunidad es muy pequeña y los rumores corren como pólvora. No soy capaz de abrir la boca para pronunciar semejantes frases, ¡qué palabras!; no puedo.

Como sea, consulto con G que vive en California. Ella dice que él está enamorado de mí también. Él tampoco se atreve a declararse, está todo el tiempo midiéndose. G lo vé en las cartas. Consulto con una viejita, que es de Acasusso. La llamo una vez por mes y ella hace unas cosas con agua y granos de arroz y vé mi futuro ahí. En el futuro, yo estoy con el curita y vivimos aquí en Argentina. Alguna que otra vez le hablo por teléfono a una gitana de la Avenida de Mayo, ahí en Buenos Aires. Cuando estoy muy ansiosa, cuando siento que estoy equivocada. Ella dice que no puedo sufrir tanto por los hombres, yo le contesto que no tengo remedio. A la viejita y a la gitana le mando cien dólares, una vez por mes, dobladitos, dentro de un sobre. Así voy viviendo, hasta que me anime, hasta que él se anime. No pido mucho, que él acepte lo que siente, que me diga que me quiere, que deje los hábitos también. Hay otros que dejaron los hábitos antes que él. La iglesia comprende el amor humano, entre hombre y mujer. El tiene que comprenderlo también.

miércoles 8 de agosto de 2007

Habanera (tomada de Carmen) Bizet.

El amor es un pájaro rebelde
al que nadie es capaz de domesticar
Es en vano que le roguemos,
si a él se le antoja negarse.
Amenazas y súplicas nada valdrán.
Aquel persuade; éste otro se calla.
Y es a éste, al que nada dice,
al que quiero y mi corazón prefiere

El amor es como un niño gitano
que jamás conoció la ley
Si tú no me amas, yo sí te amo
Y si yo te amo... ¡Cuidate!
El pájaro que creíste haber atrapado
batió sus alas y se alejó de ti...
Aunque distante quede tu amor, puedes esperar su regreso
¡Cuando menos lo esperas, a tu lado estará!
Y en torno tuyo, raudo y veloz, volará
Ahora bien, y ahora se va... para retornar
Crees tenerlo, pero te esquiva;
crees evitarlo, y te tiene.

Versión laura Cotón

martes 7 de agosto de 2007

Balada a los 35. Dorothy Parker

Esta, no la canción de una ingenua
Esta, no la balada de inocencia
Esta, la rima de una dama que
Siguió sus instintos naturales
Esta, un solo de sapiencia
Esta, una cantata de sofistería
Esta, la suma de experimentos
Los amé hasta que me amaron

Engalanada con prendas de tonos oscuros
Embadurnada con cenizas de miriadas de Lents
Llevando ramos de desilusión
Camino siempre en penitencia
Vago con frecuencia, mientras mi corazón se arrepiente
A través del acre de memoria de Dios
Tallando piedras, en mi honor
"Los amé hasta que me amaron"

Las imágenes pasan frente a mí en retrospectiva
Desfilando columnas de eventos muertos
Fui tierna y, a menudo, sincera;
Siempre una presa para la coincidencia
Siempre supe la consecuencia
Siempre vi cual sería el final
Somos como la Naturaleza nos hizo, por lo tanto
Los amé hasta que me amaron.

Versión de Laura Cotón

La fidelidad. Soneto. Vinicius de Moraes

En todo, le seré a mi amor atento
Antes, y con tal celo, y siempre, y tanto
Que incluso en frente del mayor encanto
De él se encante más mi pensamiento.

Quiero vivirlo en cada momento
Y en su loor he de esparcir mi canto
Y reir mi risa y derramar mi llanto
Ya para su pesar o su contento.
Y así, cuando más tarde me procure
Quizás la muerte, angustia del que vive
Quizás la soledad, fin de quien ama
Pueda decir del amor (que tuve):
Que no sea inmortal, puesto que es llama,
Mas que sea infinito mientras dure.

Versión de Laura Cotón

sábado 4 de agosto de 2007

You're so vain. Carly Simon

Caminabas en la fiesta como quien camina sobre la cubierta de un yate
llevabas tu sombrero estratégicamente caído sobre un ojo y tu pañuelo de albaricoque
Tienes un ojo puesto en el espejo como si te contemplases al caminar

Y todas las chicas sueñan que ellas son tus compañeras
ellas tienen que ser tus compañeras y

Tú eres tan presumido
probablemente piensas que esta canción está inspirada en ti
T
ú eres tan presumido
yo creo que piensas que esta canción está inspirada en ti
no lo crees así

Bien, me tuviste durante unos cuantos años
cuando todavía era una completa ingenua
decías que nosotros hacíamos una bonita pareja y que nunca me dejarías
pero dejaste las cosas que amabas y una de ellas era yo
He tenido algunos sueños que eran nubes en mi café

Tu eres tan presumido
probablemente piensas que esta canción está inspirada en ti
Tu eres tan presumido
yo creo que piensas que esta canción está inspirada en ti
no lo crees así

He tenido algunos sueños que eran nubes en mi café
nubes en mi café

Tu eres tan presumido
probablemente piensas que esta canción está inspirada en ti
Tu eres tan presumido
yo creo que piensas que esta canción está inspirada en ti
no lo crees así

Bien, he oído que te fuiste a Saratoga
y que naturalmente tu caballo ganó
Entonces te fuiste volando en tu jet a Nueva Escocia
para vivir el eclipse total del sol
Bien, estás en el lugar donde debiste estar siempre
y cuando no lo estás, es que estás con un algún espía del submundo
o con la mujer de alguno de tus amigos más cercanos
con la mujer de alguno de tus amigos más cercanos

Tú eres tan presumido
probablemente esta canción está inspirada en ti
.

Versión M Jiménez

Dentista. Relato

Me lo cuenta un día que viene a Buenos Aires.

Fue a hacerse un tratamiento de conducto en un premolar.

Primero fue a la auditoría de la obra social. Le pasaron turno con alguien que hace los tratamientos de conducto. Ella va muy nerviosa; a nadie le gusta ir al dentista.

El tipo le hace todas las maniobras, le calza el nylon en la boca, la inmoviliza.

Ella pide mucha anestesia.

El odontólogo es simpático, es joven. No tiene más de treinta y cinco años. Habla mucho, como todos ellos; para distraer. Tiene todos los instrumentos de tortura a la mano; la asistente ese día tenía justo franco, pero él atiende igual porque es muy capaz. Además tiene una mano de ángel, le dice. A ella no le va a doler nada. Si le duele algo, le pide, que ella haga un gesto con la cabeza. Ella está aterrorizada. Los seres humanos deberían venir sin dientes. Evolucionar de una vez por todas y perder la dentadura, como se perdió el rabo o como se perderá el dedo meñique del pie y las muelas de juicio.

El tipo le dice que vive solo, con la mamá, en realidad. No tiene suerte con las mujeres; la última novia que tuvo, cuando él era estudiante, lo dejó para irse a vivir a Glasgow, bastante lejos. En Escocia, le explica él, al lado de Inglaterra. Adonde fabrican el whisky. Después empieza a clavar las agujas, atornilla la carne adentro y tira con la aguja. Ese instrumento se llama saca-nervios.

A veces la soledad hace que las personas entren un poco en crisis, comenta él. Ella está sola?, le pregunta. Ella asiente, como puede. Cuidando no moverse mucho, como para que él no le arruine la mandíbula para siempre. También es lindo estar solo, porque uno va y viene sin tener que rendirle cuentas a nadie. Ella ya no asiente; ella piensa que es una desgracia no poder hacerse el tratamiento en una clínica privada. Dos o tres hurgueteos más con el saca-nervios y él consigue lo que quería. Ella cree que va a terminar por perder la cabeza si tira así una vez más.

El la invita a salir.

Le pregunta si quiere salir con él a tomar un café, para conocerse.

Le cae bien, dice. Por qué no salen?

Ella no puede contestar.

El le saca el nylon, le dice que se enjuague la boca en el salivero.

Ella lo hace.

Y? Quiere o no quiere?

Ella hace que sí con la cabeza. Le duele la boca.

Ni siquiera tiene ganas de sonreír.

Le va a quedar una sonrisa de Mona Lisa, después de esto.

Le pone un plástico en la boca, entre la encía y el labio. Ella debe sostenerlo con el dedo. El va hasta el cuarto de al lado y acciona el equipo. Así tiene una radiografía y se asegura de si salió todo el nervio.

Sale.

Tarda unos instantes.

Cuando vuelve le indica que se saque el plástico.

Bueno, dice, ¿vamos o no a tomar un café, a ver qué nos pasa?

Ella hace media sonrisa.

No tiene energías para más.

Can't take my eyes off of you. Frankie Valli

Sos demasiado bueno para ser real.

No puedo quitar mis ojos de encima tuyo

Es como el Cielo tocarte

Quiero tenerte mucho tiempo

Tanto como el tiempo que duró que este amor llegara

Y doy gracias a Dios por estar viva.

No puedo quitarte los ojos de encima.

Perdón por el modo en que me fijé en vos.

No hay nada a lo que pueda compararse.

Estar a tu lado me hace sentir débil.

No hay palabras para decirlo:

Pero si vos sentís lo que yo siento,

Por favor, haceme saber que esto es real.

Sos demasiado bueno para ser verdad.

No puedo apartar mis ojos de vos.

Te quiero, amor.

Y si todo es correcto,

Te necesito, amor.

Para darme calor en la noche solitaria

Te quiero, amor

Confiá en mí cuando te digo:

Preciosa criatura,

No me hagas caer, lo ruego.

Preciosa criatura, ahora que te encontré, quedáte.

Y dejame quererte, amor.

Dejáme quererte.

Versión PS

Demasiado vanidoso. Relato

Me lo cuenta la noche que le llevo la nena, para que la cuide.

Voy a salir con un hombre.

Ella dice:

Hace muchos años. El no es famoso pero sí tan vanidoso como ahora. Todavía es el artista provinciano que quiere triunfar, ver brillar su nombre en las marquesinas. Dá su función y yo estoy en su ciudad natal, escuchando. Crucé el puente y lo fui a ver: es buen actor, me gusta. Ya lo conozco de antes, en el ambiente, allá, todos se conocen. Como sea, lo saludo, lo felicito. El agradece y me hace una caída de ojos. Es un poco ridículo este gesto en un hombre, pero él es un actor así que lo consiento. A mí y a la gente que está conmigo, que lo hemos ido a ver, nos invita a cenar con su gente.

Vamos a un restaurant, pedimos pasta, parrillada. Vino.

El es encantador, habla mucho, todo el tiempo de sí mismo, pero con encanto.

Cuando se termina la cena, es muy tarde, casi de madrugada.

A mí no me espera nadie al otro lado, mi hija está con el padre.

El pregunta si voy a pedir café o postre, flan por ejemplo. Yo creo que lo pregunta para que me apresure, porque está ansioso de estar conmigo. No quiero nada más, digo, no pido nada. Dejo sobre la mesa la parte de dinero que me corresponde por la cena. Nos levantamos, salimos.

Voy a su casa, un departamento sencillo que él comparte con su hermano.

Nos besamos en el patio primero, y luego en la casa. Contra la pared de azulejos de la cocina. Todo, todo se parece a la pasión. En ese momento es la pasión. Se hace un lío de ropas, el suéter que él se quita por la camisa, el que me quito yo. Lo beso en el torso, él pone mi mano sobre su sexo. Nos besamos, él se sienta y lleva mi boca a su sexo. El apenas si toca mi cadera con las yemas de sus dedos, como si yo fuera un instrumento musical, o un jarrón chino antiquísimo y muy frágil. Gime, me parece. Gruñe, se tensa, termina dentro de mi boca.

Está relajado, cansado.

Se lleva las manos a la cabeza, así, como si tuviera un problema.

Yo me siento en el suelo y lo miro.

Está empezando a hacer frío y el sol no despunta.

Busco mi suéter y me lo pongo.

Sigamos mañana, dice él. Esto fue demasiado para mí.

Sonríe, con sus dientes parejos, cuidados.

Pero no nos vemos más.

Después, supe, se fue a Buenos Aires. Salió con la actriz tan famosa; se compró un teatro. Sigue igual de vanidoso; alguna vez le hablé por teléfono, preguntando cuánto cobra la hora de ensayo en su teatro. Me dijo un precio, no era caro ni barato, pero después conseguimos un teatro mejor.

Over the rainbow. Harburg & Arlen

En algún lugar más allá del arco iris

bien arriba en el camino

hay una tierra de la que oí hablar

una vez en una ronda infantil.

En algún lugar más allá del arco iris

el cielo es muy azul

y los sueños que te atreviste a soñar

de verdad se hacen realidad


Algún día yo quiero estar encima de una estrella

y despertar donde las nubes lejanas.

Donde los problemas se derriten

como gotas de limón

encima de la chimenea:

ahí es donde podrás encontrarme.

En algún lugar más allá del arco iris

los picaflores vuelan aquí y allá.

Los pájaros vuelan más allá del arco iris:

por qué entonces;

ay, por qué yo no puedo?

Si los pajaritos vuelan felices

detrás del arco iris,

¿por qué, ay,

por qué yo no puedo ahí estar?

Versión PS

CUATROCUENTOS 3 - Revista On Line

Nuevamente salió la revista de cuento hispanoamericano. Esta vez presentan relatos de Patricia Suárez (Argentina), Miguel Gomes (Venezuela), Viviana Paletta (Argentina) y Uriel Quesada (Costa Rica).

Los Editores son Pía Bouzas y Gustavo Valle

http://cuatrocuentos.wordpress.com/

NO-RETORNABLE

Ya salió No-Retornable 4. Con cuentos de Hebe Uhart, Martín Rejtamn y Romina Doval. Aquí Claudia Piñeiro cuenta el secreto de su éxito. También, un popurrí de poetas argentinos. Y como si fuera poco, autores patrios escriben ensayos sobre su relación con Tolstoi (me included). Revista hecha con amor y pulmón por Marcelo López
¡Qué la disfruten!
www.no-retornable.com.ar

25 de Mayo de 2010, una crónica para el Diario Critica

  • http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=27688

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!
Lobo de Tasmania

Octubre

Octubre
Cosas extrañas que pueden suceder...

Setiembre...

Setiembre...
Pájaro de Oro

Agosto

Agosto
Recortando y pegando muñequitas de papel

Junio. Bobo e imposible...

Junio. Bobo e imposible...
Dodo.

Mayo

Mayo
Cómeme o bébeme.

Octubre

Octubre
As de Espadas

FEBRERO...

FEBRERO...
Trabajando en equipo...

SETIEMBRE. Crisantemo...

SETIEMBRE.  Crisantemo...
Una flor como una luna

Noviembre en Madrid

Noviembre en Madrid
Zapato para bailar flamenco

Seguidores