Caminaré entre las piedras

Este es el cuento del Ratón que se comió un
melón...

Pensaba la Reina Batata: "Ahora me pincha y me mata..."

"...sino puedo arrancarte una palabra, al menos te arrancaré un gemido". (Alejandro Magno.)

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale

CUENTOS ALCOHOLICOS, de Cristina Civale
Un libro que debes leer!

miércoles 30 de mayo de 2007

Lionel Hampton. Relato

El teatro se llama El Círculo, es uno de los más importantes de la ciudad. Las entradas se la dieron a él, en el Canal. Toca Lionel Hampton, tiene 91 años. Es un músico negro, de jazz, muy valioso. Tal vez este sea el último recital de su vida, nos dicen. Yo pienso: Por qué cuerno vino a darlo justo en esta ciudad segundona de la Argentina, qué necesidad tuvo, pero no lo digo en voz alta. No sé mucho de jazz, no sé ni siquiera quién es Lionel Hampton. Voy porque mi hombre tiene entradas, así de simple.

Cuando se abre el telón, hay tres o cuatro músicos en escena. Muy jóvenes y hacen sonar suavemente un banjo, un piano, una trompeta, una batería. En el centro hay un instrumento, que me recuerda el órgano de las iglesias, pero no lo es, es más parecido a un xilofón. Es un vibráfono. Antes de este hombre, el vibráfono no existía en el jazz; él lo introdujo.

Entonces entra en escena un viejito, un señor muy pequeñito y de piel oscura, que más se asemeja a un fauno que a una persona. Tiene puesto un frac verde, como de terciopelo, y una pajarita roja. Es Lionel Hampton y camina erguido. El público aplaude de pie y el baterista redobla los platillos. No sé si estos términos con los que describo la escena son los correctos. Se dirige al auditorio y dice unas palabras de agradecimiento al país y a nosotros que estamos sentados ahí, oyéndolo. Su acento es muy cómico; como un predicador de películas del Lejano Oeste.

Son exactamente las nueve de la noche, y no hemos comido casi nada. Tanto era el entusiasmo por ir a verlo. Mi hombre se retuerce de placer en su silla, y yo pienso, claro, que él sabe mucho más de jazz y de música clásica también. Recuerdo cómo unos meses antes miró con delectación un documental sobre Thelonius Monk y después me explicó con detalle en qué consistía el be bop, una música que a mí me resultaba exasperante. En ese momento comprendo que él es muy culto, que viene de una familia donde el consumo cultural es muy importante. Pienso en mi padre diciendo que su libro preferido es El quinto jinete y me averguenzo.

De modo que Lionel Hampton suelta, por decir así y porque no encuentro otro modo mejor para decirlo, sus temas más pedidos. “Flying home”y "Hamp's Boogie Woogie". Es el punto climax del recital. Son las diez y diez de la noche. Luego pide agua, sale de escena, entra otra vez. Los músicos, su banda, que tienen la edad para ser sus nietos, le sonríen y siguen tocando. Un, dos, tres y otra vez el jazz. Pasa así casi otra hora más. Ya no puedo prestarle atención; estoy cansada. Es jueves o martes, y trabajé todo el día, al día siguiente debo levantarme muy temprano. Mi hombre disfruta la música todavía; yo ya no. Me entretengo pensando en cuántas otras veces entré a ese teatro: de adolescente tomé unas clases de ballet ruso, con una profesora muy anciana llamada Daria, que no bailaba sino que marcaba con el bastón, y cuando no la veíamos no usaba el bastón para marcar posturas y pasos, sino que se apoyaba en él para caminar, un gesto doloroso y viciado. Estuve muy poco tiempo tomando esas clases; no sirvo para el ballet, tengo pies planos. También entré en otra ocasión, cuando en una sala estrecha como un pasillito, se hicieron lecturas de poesía. No sé ahora quién las organizaba; traían poetas de Buenos Aires, que leían lo suyo, medio tiritando de frío porque no hay calefacción ahí. Así que leían pocos poemas o muy breves, y luego los que organizaban se los llevaban corriendo a comer pollo asado a una parrilla que se llama El Pollo Atómico.

Cuando vuelvo a concentrarme en el recital, ya es el final. El público aplaude de pie. Lionel Hampton abre sus brazos de par en par y hace unas reverencias. Muy elegante, muy cálido. Sale del escenario y el público sigue aplaudiendo, pidiéndole un bis. Entonces él regresa, toca otra vez. Un tema largo y melancólico, que él lo hace sonriendo, y la gente se extasía; tal vez sea una melodía de la gloria del jazz y yo no la conozco. Alguna vez toqué el clarinete, en una banda, en la secundaria, pero eso no me lo enseñaron. Me enseñaron El cóndor pasa.

Luego del bis viene otro bis. Y otro bis y otro bis. Entra y sale de escena cuatro veces. De pronto, empiezo a odiar a Lionel Hampton. Deseo que pase algo, que le pase algo que impida que siga tocando hasta el infinito. No va a irse del escenario si alguien no lo saca, pienso. Alguien tiene que ir a buscarlo y decirle que el show terminó, que baje del escenario de una vez. A lo mejor está senil, sigo pensando, y perdió la noción del paso del tiempo. Es la medianoche ya. Pero no parece en absoluto un hombre de noventa años, un ancianito. Es el poder de la música, dionisíaco, dice mi hombre. Él está feliz, él lo pasó en grande. Este hombre no se va a morir nunca, murmura. Lionel Hampton se inclina por última vez, ante su público. Yo también me pongo de pie, aplaudo. Es el final del recital, ese hombrecito sale por el foro, exultante. Nos vamos a comer pizza.

domingo 27 de mayo de 2007

Bebé. Relato


Hace tres meses que somos amantes. Le dije que me siento bien con él, pero él dice que si yo quiero algo más con él, debo dejarlo todo. Otros amantes, otras relaciones. Vivo en otra ciudad, el amor se complica así. Pasamos quince días juntos de vacaciones y nos entendimos. No sé si fuimos felices, pero distribuimos el tiempo de manera tal que no nos incomodamos el uno al otro. Alquilábamos un departamento en la planta baja; de pronto supe que en el piso seis, una señora tiraba el tarot, de Marsella. De manera que subo los seis pisos y llevo treinta pesos para pagarle, que creo es lo que ella cobraba en aquel tiempo. Es una mujer menuda, de cabello blanco y mirada desenfocada. Me dice que es sorda de un oído, el derecho, que le hable del otro. Me tira las cartas, me augura fortuna. Me hace dibujar un árbol con frutos y otro sin frutos. Yo hago una especie de limonero y ella de ahí deduce mi pasado, mi familia. Me pregunta qué quiero saber del Destino. Respondo que quiero saber si el hombre que está conmigo me ama, si es el hombre de mi vida. Me dice que no oye, que le hable más fuerte. Alzo un poco la voz. Tampoco me oye, no entiende. De pronto, tengo pudor de gritarle y que me oiga el portero, los vecinos, la gente. Entonces cambio la pregunta y le digo que quiero saber si tendré un hijo. Destapa el mazo de cartas, aparece un diez de copas o algo parecido y ella me señala: Aquí está, este es tu hijo. Te dará mucha guerra, igual que te dará guerra su padre. Doy las gracias, le pago, me voy.

Volvemos él y yo, cada uno a su ciudad. Y yo lo visito, un par de semanas después, en las que vamos a comer a un restaurant y discutimos. Estoy enojada, y él cree que si me hace el amor se me va a ir el enojo. El viejo truco, el viejo recurso. Así que lo hacemos y hacemos las paces. Yo vuelvo a mi ciudad, tengo un retraso. Un día, dos, tres. A los cinco días de retraso, me hago un test a la madrugada. Estoy embarazada. Lo llamo apenas amanece: él me dijo que sufre de insomnio, así que yo pienso que debe estar despierto. Él está dormido, le explico que me hice un test y que estoy embarazada.

-¿En serio? –pregunta él.

-Sí.

-¿Puedo contarle a todo el mundo?

Me enternece.

Viene a mi ciudad, hacemos análisis y cosas así. Conoce a mi familia.

Quince días después me mudo a vivir con él.

A su casa.

lunes 21 de mayo de 2007

Después de que yo me haya ido. Relato

Es el sofá, que atrae y yo me siento. Después se sienta él, está descalzo y lo veo mover los dedos de los pies. Afuera está oscuro, estamos al final de junio y anochece muy temprano. No hay la música que deseamos, pusimos y sacamos distintos CDs y ninguno pareció adecuado para este momento. Hay un gran pájaro negro dando vueltas entre nosotros y ninguno de los puede detenerlo.
Él o yo tarareamos una melodía del montón, muy vieja, sin que esto cause placer en el otro. Tomamos una bebida que a esa hora no deberíamos: tequila de José Cuervo. El me pasa el vaso a medio servir; así, auspicia una noche extraña. Sin embargo no pasaremos juntos toda la noche, no nos permitimos compartir el sueño, porque en los sueños nos atamos y esto nos asusta demasiado. Estaremos así sentados una o dos horas tal vez, hasta que él me diga que me llega el tiempo de irme, que él debe salir u ocuparse. Entonces yo voy a levantarme y marcharme, eso voy a hacer, le sonrío: no se parte mi corazón en pedacitos. Tengo una sonrisa estupenda, que me hace más bonita. Un año es el tiempo que llevamos viéndonos así; sin lograr que una sola palabra de amor llegue a los oídos del otro.
Quedamos tendidos en su gran sofá, lo mejor de su casa. El me besa y pone su mano debajo de mi pantalón, la hace descansar en ese hueso raro que se llama sacro y que es como la tinaja desde donde se escancia el sexo. Su caricia alivia mi dolor; no sé bien de dónde viene, si se trata de que paso mucho tiempo sentada en el trabajo o es la soledad que se le mete a una adentro del cuerpo como una bacteria para la que no hay remedio. Lo abrazo, respondo a su abrazo. Así permanecemos un rato y oigo el viento agitarse detrás del blindex de la ventana.
Ha llegado la hora de despedirnos; él toca mi cintura pero no se apropia de ninguna costilla, no dice ninguna palabra, no quiere que yo me confunda; o no quiere confundirse él: nunca voy a terminar de comprenderlo. Pienso que si lloro tal vez él bese mis lágrimas o me retenga o me diga algo con sustancia, algo que acabe con el vacío; pero no soy capaz de llorar, me llevo de esa casa lo que es mío y me voy.
Se levanta y camina detrás de mí para cerrar la puerta.
Entonces nos abrazamos, toco sus omóplatos, y él el tramo de mi espalda que está justo debajo de la tira del corpiño. Nos separamos rápidamente; yo creo que le sonrío, pero no, no sonrío. Los ojos tristes nunca mienten, dice la canción. Me voy.
Y tengo una visión, aunque no sé si llamarle visión, porque no es más que la proyección del momento que hemos vivido. Como si en un cine siguieran pasando una película, pero una ya se levantó de la butaca y se marchó a otra parte. Se oye aún la cinta correr y las voces de los actores, la cadencia que tienen al decirse cosas.
Veo lo siguiente.
Él sigue ahí sentado, con su vaso de tequila. La vista perdida en la cúpula de la iglesia rusa que se ve desde su ventana: alguna vez hemos hablado de visitarla juntos; porque restauró los íconos Elena Romashova, una antigua conocida mía, de cuando yo hacía terapia de grupo. A él le hablé de Elena apenas lo conocí; hicimos chistes sobre Elena. A lo mejor, en aquel entonces aun era posible unirnos. Como sea, nunca iremos a ver la iglesia. Después, termina su vaso, baja la persiana para evitar que el frío de junio atraviese el vidrio; y se queda con el mareo de su tristeza, sentado solo en la oscuridad.
Todo eso quedará en él después que yo me haya ido.
Pero yo ya estoy muy lejos para volver sobre mis pasos.
Muy lejos.

domingo 20 de mayo de 2007

After you've gone. Poema


Es el sofá, que atrae y yo me siento,
después él, lo veo mover los dedos de los pies,
afuera está oscuro, no hay la música
que deseamos, uno de los dos tararea
sin que esto cause placer
en el otro; tomamos una bebida
que a esa hora no deberíamos: tequila,
él me pasa el vaso; auspicia una noche extraña;
sin embargo estaremos así una o dos horas
tal vez, hasta que él me diga que me llega
la hora de irme, que él debe salir u ocuparse;
yo me levanto y me marcho, eso voy a hacer,
le sonrío; no se parte mi corazón en pedacitos;
tengo una sonrisa estupenda, que me hace más bonita:
un año es el tiempo que llevamos viéndonos así;
me besa, pone su mano debajo de mi pantalón,
la hace descansar en ese hueso raro que se llama sacro;
alivia mi dolor, la soledad se le mete a uno adentro
del cuerpo como una bacteria para la que no hay remedio;
lo abrazo, ha llegado la hora; él toca mi cintura
pero no se apropia de ninguna costilla,
no dice ninguna palabra, no quiere que me confunda;
pienso que si lloro tal vez él bese mis lágrimas;
pero no soy capaz, me llevo lo que es mío,
y él quedará allí, sentado con su vaso, la vista perdida
en la cúpula de la iglesia que ve desde su ventana,
el mareo de su tristeza, todo eso, quedará en él
después que yo me haya ido.

sábado 19 de mayo de 2007

King of pain. Relato

Le mando un email. Ahí le pongo “Lamento muchísimo pero tenemos que dejar de vernos”. El protesta en otro email, que soy infantil, que no puedo cortar así una relación de un año y algo. Yo no le respondo los emails y finalmente ya no me llama más. Pasa un mes, yo viajo, lo llamo a su oficina. Quedamos en vernos en Moliére. Trato de no ser efusiva, que no se note que lo extraño. Pedimos café, me pregunta cómo estoy. Cómo va todo, mi matrimonio, por ejemplo. Le digo que bien, sin novedades de ningún tipo. Le pregunto por él. El se pone a llorar. Es un hombre mayor, de unos cincuenta años, y se pone a llorar apretando la nariz contra la ventana del bar. Me dice que él sabe por qué lo dejé. Dice así: “Yo sé que vos lo sabés todo”. Asiento, pero no sé de qué me habla, no tengo ni la menor idea; yo estoy enamorada de él: no quiero compartirlo más con otra mujer. Quiero dejar a mi marido, irme a vivir con él. Tengo la vaga sensación de que seremos felices. Eso creo, de verdad. Soy romántica, no sé. El sigue llorando y tiene los ojos chiquitos y colorados. En ese instante pienso que si me pide que esa noche me acueste con él, voy a acceder. Estoy muy enamorada de él. Pasa un rato, se suena la nariz con un pañuelo de papel, su respiración se tranquiliza. Tartamudea:

-Mi mujer está embarazada de seis meses.

Hay un gran en silencio en el bar y yo estoy convertida en piedra.

Al cabo de un rato, chasqueo los dedos.

El mozo viene, nos pregunta qué deseamos.

Ninguno de los dos dice una palabra.

jueves 17 de mayo de 2007

Centro Blanco. Mark Rothko.


Centro Blanco es una obra de Mark Rothko, de 1950. La obra estaba en poder de Rockfeller, que la compró por 6000 mil dólares y la tenía en su despacho. Era una de las pinturas preferidas de su esposa Penny.

Ayer fue subastada en Sotheby's por 72 millones de dólares, convirtiéndose así en la obra de arte contemporáneo abstracto mejor vendida.

Como es un pintor que adoro, pueden ver diferentes producciones de él en el blog. Violet and blue ilustra mayo, Earth and Green febrero, Turquoise es una advertencia para la concentración, Orange tan está solo dando vida a unos días sin imágenes en el blog.

Otoño. Relato

Llegamos a un acuerdo. El domingo él va a sacar sus cosas de casa. Es sábado a la tarde, ya la noche. El está empaquetando los objetos que le quedan, el televisor, el equipo de sonido, las fotos. Es la mudanza definitiva.

Tres meses atrás le he dicho que me enamoré de otro hombre. Él pasa el verano un poco aquí, un poco allá. En casa de uno u otro amigo. Yo me voy de vacaciones con este hombre; decido que lo amo. No estoy del todo segura de lo que hago, pero me tiran el Tarot y en el Tarot este hombre nuevo aparece. Me defino por él, y él está contento.Entonces le pido al que es mi marido, que se vaya. No tenemos hijos, no tenemos propiedades. Tiene que irse él, porque esta no es mi casa, sino la de mi abuela. No puedo irme yo y dejarlo viviendo con mi abuela en la planta baja. Es él el que tiene que marcharse, así de simple.

Hacemos un arreglo: puede llevarse todo menos los libros. Los libros son míos. Los vengo comprando desde los diez años. El acepta. Se van mis cds, mi sartén, mis cacharros tailandeses para el arroz; se va la pasta dentífrica, el botiquín con medicamentos, mi piloto lila -supongo que por error-. Mientras esto pasa, estoy con mi hermana en una estación de servicio, una EG3. Pasamos un buen rato, comiendo salchicha y tomando cerveza y cuando volvemos él no está. Las paredes están despellejadas y mi voz hace eco en el que era nuestro dormitorio. Está la casa vacía. Hay un espejo, una cama sin colchón. Mi hermana dice: “Si después de doce años te deja solo esto, en un matrimonio que te pases cincuenta te deja en calzones y en la calle”. Me río, me río muy fuerte, mostrando todos los dientes, como un animal. El aire acondicionado de la EG3 me ha helado debajo de la carne. El gato está en la terraza, asustado por los ruidos. Duerme afuera toda la noche. Yo tiro una cobija en el suelo y duermo vestida. No me animo a desnudarme.

Al día siguiente, él llega en un camioncito con un par de amigos. Cargan las cajas y los canastos; esta parte les lleva un par de horas, no más. Estoy sola, tengo puesta la misma ropa del día anterior y del día anterior al anterior. Él me abraza y se sube a la caja del camión. Lo veo hacerse pequeñito durante un buen rato y después lo único que veo en la calle por la que él se va son las copas de los plátanos. Casi doradas, porque está por empezar el otoño.

lunes 14 de mayo de 2007

EL INGENIERO ALVARO DE CAMPOS MANEJA UN CHEVROLET PRESTADO. Fernando Pessoa


Manejo el Chevrolet en el camino a Sintra
Bajo la luna y el sueño en la ruta desierta
Manejo solo, distraído, y casi
Me parece (O estoy tratando de que me parezca)
Que voy por otro sueño, por otra ruta, por otro mundo
Que sigo sin haber salido de Lisboa ni yendo a Sintra.

Pero allá voy: ¿ Que otra cosa ha de hacer uno que solo sabe seguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por que no puedo pasarla en Lisboa
Pero al llegar a Sintra lamentaré de no haberme quedado en Lisboa
Siempre esta inquietud sin causas, ni consecuencias ni propósitos

Siempre, siempre, siempre
Siempre en el alma esta angustia excesiva por nada
En la ruta de Sintra, o en la ruta del sueno, o en el camino de la vida
Dócil a mis movimientos inconscientes del volante
Me obedece el auto que me prestaron.
Me sonrío del símbolo, al pensarlo, cuando giro a la derecha
En cuantas cosas que me prestaron sigo yendo en la tierra
Cuantas cosas que me prestaron manejo como mías
Cuánto ajeno -ay de mí- yo mismo debo ser!

Con la casucha a la izquierda (si, una casucha) al lado del camino
Y el campo abierto con la luna a lo lejos a la derecha
El auto que hace poco parecía liberarme
Es ahora una cosa donde estoy encerrado
Algo que solo puedo conducir por estar encerrado!
Y que solo domino por que me incluye sin que el se incluya en mí

A la izquierda, ya atrás, en la casucha modesta, tan modesta
La vida ha de ser feliz solo porque no es mía
Si alguien me vio desde la ventana, estará soñando: aquel si qué es feliz

Tal vez un chico espiando desde el altilllo
Me imagine con este auto prestado, como un hada real
Tal vez para la chica que escuchó el motor por ventana de la cocina
Yo, sobre este camino de tierra
*lgo tendré que ver con esos príncipes que están en el corazón de las fregonas
Y me mirará de reojo, a través de los vidrios, hasta que desaparezca en una la curva

Dejare sueños detrás mío o los irá dejando el auto?
Quién deja y qué : Yo, conductor de móviles prestados, o esto prestado que manejo?

En la ruta de Sintra, a la luz de la luna, frente a los campos y la noche y en la tristeza
Manejando sin consuelo el Chevrolet prestado
Me veo en el camino futuro y me sumo a la distancia que alcanzo
Y en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible
Acelero...

Pero mi corazón se había quedado en ese terraplén que esquive al verlo sin verlo
Frente a la puerta de la casucha
Mi corazón vacío
Mi corazón insatisfecho
Mi corazón mas humano que yo y mas exacto que la vida
En la ruta de Sintra, cerca de media noche, a la luz de la luna, al volante
En la ruta de Sintra, ¡que cansancio de mi propia imaginación!
En la ruta de Sintra, cada vez mas cerca de Sintra
En la ruta de Sintra, cada vez menos cerca de mí

Versión de Rodolfo Fogwill

Cuatro pequeños poemas

salgo de su oreja como un ciervo,
y como una liebre
de su corazón.

clara, oscura:
el pétalo de una rosa:
fuerte, ligera,
profunda,
efímera, inolvidable,
encendida;
así quiero que sea mi vida:
como una flor

una cigüeña sola
en el campo
atisbando
en el cielo, nada
¿en el pasto?
una cigüeña
sola y sola

porque, ¿qué es la soledad muchas veces
sino nuestra capacidad
para embutirnos dentro del otro
como dentro de la nada?

sábado 12 de mayo de 2007

Una mariposa. Poema

una mariposa dio vueltas
en torno a mi cintura; no parecía
de verdad un insecto –si es acaso que las mariposas
son insectos y no maravillas-, me quedé muy quieta,
como un árbol o como un fruto que colgara de un árbol,
algo me quería decir y yo no podía escucharla;
te la señalé: esto es un milagro,
se posó aquí en mi costilla, ¡vive en mí!,
tu mirada sin embargo me recorrió con indiferencia,
las cosas extraordinarias te caen muy mal
si no son descubiertas por vos mismo:
te arruinan la existencia,
¿qué necesidad tienen de presentársele a otro,
cuando estás ahí mismito parado, esperándolas?
la tomé de las patas lo más delicado que pude
y la puse en el helecho serrucho
adonde no tardó en desvaírse y morir.

Te voglio bene assai. (Te quiero tanto!) Canzonetta Napolitana de Massimo Ranieri

Pecché quanno me vide
te 'ngrife comm''a gatto?
Nenne' che t'aggio fatto?
ca no mme puo' vedé?
Io t''aggio amato tanto
si t'amo tu lo saie

Te voglio bene assaie
e tu nun pienze a me!

Nzomma, songo io lo fauzo?
Appila, sie' maesta:
Ca l'arta toia è chesta
lo dico mmeretà.
Lo jastemma' vuria
lo juorno ca t'amaie!

Te voglio bene assaie
e tu nun pienze a me!

La notte tutte dormeno,
e io che buo' durmì!
Penzanno a Nenna mia
me sent'ascevulì!
Li quarte d'ora sonano
a uno, a ddoje, a tre...

Te voglio bene assaie
e tu nun pienze a me!

Ricordate lo juorno
che stive a me becino,
e te scorreano nzino
le lacreme accossì.
Diciste a me: Non chiagnere
ca tu lu mio sarraje...

Te voglio bene assaie
e tu nun pienze a me!

Guardame nfaccia e bide
comme song'arredutto:
sicco, peliento e brutto
Nennella mia, pe' tte!
Cusuto a filo duppio
cu te me vedarraje...

Te voglio bene assaie
e tu nun pienze a me!

Saccio ca nun vuo' scennere
la gara quanno è scuro,
vatténne muro, muro,
appojete ncuollo a me...
Tu n'ommo comme a chisto
addó lo truvarraje?

Te voglio bene assaie
e tu nun pienze a me!

Quanno so fatto cennere
tanno me chiagnarraje,
sempe addimannarraje:
Nennillo mio addó è?
La fossa mia tu arape
E là me truvarraje...

Te voglio bene assaie
e tu nun pienze a me!
La traducción correcta al título de la canción la debo a Constanza Brunet. Mis agradecimientos a ella-


martes 8 de mayo de 2007

Teoría y práctica de los domingos. António Lobo Antunes


¿Por qué son tan largos los domingos, Filomena? No tengo que estar a las nueve en la Compañía, no tienes que estar en la guardería a las ocho y media, nos levantamos más tarde, desayunamos en el café, compramos los periódicos, alquilamos dos películas en el videoclub (una policial como a mí me gusta, una romántica como tú prefieres)nadie da órdenes, nadie nos exige nada, nadie nos fastidia, y no obstante ¿por qué son tan largos los domingos, Filomena, por qué motivo es siempre la misma hora en el reloj, por qué razón me apetece tanto cualquier cosa que no sé qué es en vez de quedarme contigo? Gustándome como me gustas, te lo juro, debería sentirme bien y no es así, no es malestar, no es angustia, es una sensación vaga, una insatisfacción, una inquietud que no entiendo y sin embargo no me veo solo, no me veo sin ti, me gusta tu cara, tu cuerpo, me casé contigo por amor, ¿por qué son tan largos los domingos, Filomena?No tiene nada que ver con el barrio, el barrio me gusta, no tiene nada que ver con el piso, tres habitaciones alcanzan y sobran y además tenemos la terrazas, las vistas, Queluz, el río, los barcos, si nos apetece vamos a Sintra o a Cascais, al cine en Amoreiras, vamos a ver tiendas, vamos a Cacém a jugar a las cartas con tu hermano y su mujer, tu hermano despatarrado en el sofá, sin afeitarse, con la mano en el mentón, aburridísimo, cambiando de canal y comiendo palomitas de un cartucho y su mujer en la cocina ahuyentando a sus hijos y planchando camisas. ¿También serán largos los domingos para ellos, Filomena? Tú te metes en la cocina a conversar, yo acepto palomitas y miro las fotografías del crucero que hicieron en agosto a Tánger.(personas sonrientes cenando con un vaso de vino en alto, un baile a bordo, tu hermano con un sombrero rarísimo en la cabeza, dándole el brazo a un árabe con bigote)tu hermano a mí, señalando las fotografías y cambiando al canal de deportes-Me he aburrido como una ostra, Alfredotú desde la cocina-Ven un momento, mi amorpara mostrarme el microondas nuevo, para mostrarme un aparato eléctrico de moler no sé qué-En noviembre, con la paga de Navidad compraremos uno igual, mi amortu hermano desde dentro, con la boca atiborrada de palomitas-Están pasando el partido de tenis, Alfredoel piso de ellas es la mitad del nuestro, un sótano, delante de la parrilla, con los pollos en el asador que entran, chorreando salsa, por la ventana de la sala, los pollos que parecen señoras gordas desnudas con las rodillas en el pecho y yo pensando en lo largos que son los domingos, Filomena, que lleguen las cuatro de la tarde se hace eterno, es un martirio y no entiendo por qué dado que me gustas, ni siquiera soy infeliz, no soy infeliz, te lo juro, es algo extraño, un aprieto, una congoja molesta, no sé lo que quiero pero sé que no es esto lo que quiero, este túnel de horas, este sillón magnífico durante la semana e incómodo el domingo donde no consigo sentarme, donde no sé cómo ponerme. Y a las siete a casa de tus padres en Massamá, tu madre aburridísima cambiando de canal y comiendo palomitas, la perra casi ciega que ladra a mis tobillos, tu padre, temblando de entusiasmo por encima del bastón que le sirve de columna vertebral desde que le dio el ataque, tu padre con delantal, radiante-Fui yo quien preparó la cena, fui yo quien preparó la cena.A las diez de la noche, de Massamá a Queluz es un instante. Hay siempre un lugar para estacionar el coche en la esquina justo después de la carnicería, los árboles vuelven a ponerse bonitos con el lunes que se acerca, las agujas del reloj comienzan a girar, la idea de volver a la Compañía que me deprimirá a partir del martes me entusiasma, la sala se ha vuelto de repente agradable, los floreros, los bambués, el cuadro de la negra con su hijo a cuestas, vuelvo a tener ganas de darte la mano, de besarte, tal vez te dé la sorpresa de comprarte la moledora para tu cumpleaños. Mientras me lavo los dientes, en pijama, con los pies descalzos encogidos por causa del frío de las baldosas, te oigo llamarme desde la cama-Alfredoy me olvido de los domingos, de lo largos que son los domingos, de la insatisfacción, de la inquietud, de la incomodidad, me acuesto a tu lado lo más deprisa que puedo con el cepillo de dientes en la boca, Julio Iglesias suena bajito en la radio del despertador, comprendo con mucha más fuerza que te quiero, comprendo que te quiero para siempre y que puede ser que logremos sobrevivir a las palomitas de Cacém, a la comida de Massamá y a los relojes inmóviles, que logremos sobrevivir a las tiendas de Amoreiras y a los cruceros a Tánger. A fin de cuentas, sólo hay un domingo por semana ¿no?, lo que hay que meterse en la cabeza es que sólo hay un domingo por semana, sólo hay un domingo por semana, Filomena, la miseria de un domingo de nada por semana. Me gusta tu camisón de encajes, me gusta el olor de tu cuello, me gustan tus piernas enredándose en las mías. El microondas de tu cuñada tampoco es tan caro-Una ganga, mi amorun insignificante domingo por semana y seis enormes días enteros para ser feliz.

Dios. Jaime Sabines

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos. Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida - no tú ni yo - la vida, sea para siempre. Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿que importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho frente al ataque de los antibióticos con ¡bacterias mutantes! Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento. Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia- y se agita y crece- cuando Dios se aleja. Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer mas amada, el perrito y la pulga, la piedra mas antigua, el pétalo mas tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy. A mi me gusta, a mi me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

domingo 6 de mayo de 2007

Canciones sefarditas

Alta va la luna
Alta alta va la luna
cuando empeza amanecer.
Hija hermosa sin ventura
nunca llegue a nacer.
Aman !

los pajaricos del cielo
cantan debajo el arbol de flor
Alli se asentan los que sufren del amor.
Aman !

Mi redondas montanas altas
llevadme onde el mi amor.
En sus brazos caere' despues morire'.
Aman !

Mares hondas montanyas altas
hasta la rosa destinyera
Morir es de los cielos
esparticion no hubiera.
Aman !

DOS AMANTES
Dos amantes tengo la mi mama
al kual ke me tome yo?
El uno es pantalonero
el otror partikuler

Al pantalonero la mi mama
enganyandolo esto
Al partikuler mi ama
lo amo de korason

Echa agua en tu puerta
pasare i me kaere
para ke salgas tus parientes
me dare a konoser

Ven bijuka, ven ermoza,
veras onde bivo yo
entre dos muntanyas altas
donde no endanyava yo

LA SERENA
Si la mar era de leche
Los barquitos de canela
Yo me mancharia entera
Por salvar la mi bandera

Si la mar era de leche
Yo me haria un pexcador
Pexcaria las mis dolores
Con palavricas de amor

En la mar hay una torre
En la torre una ventana
En la ventana hay una hija
Que a los marineros ama.

Dame tu mano palomba
Para suvir a tu nido
Maldicha que durmes sola
vengo a durmir contigo

Las estrellas
Las estrellas de los cielos,
Una y una s'hazen dos.
No tenex tanta firmeza
como tenemos los dos.

jueves 3 de mayo de 2007

Porcelana. Relato

In my dreams I’m dying all the time
Moby

Hablamos una vez, luego que yo leo público unos poemas. Me siento incómoda; leer poemas es algo que destesto. Igual, hablamos de los signos Géminis y Piscis. El es de Géminis. Es pelado, de ojos grandes color miel, de contextura ancha, de voz suave y entre ronroneante y dubitativa. Es sexy. Tiene un aire mezcla de Moby con Eminem; me gusta. Está hablando con un grupo de intelectuales gays. Digo que Géminis es un buen signo. Luego me voy.
De vez en cuando lo veo atendiendo en el bar en diagonal a la librería.
Pasa un tiempo, un par de meses, tal vez más. Hay una lectura de teatro. Voy en grupo, somos cuatro o cinco mujeres escuchando teatro en el entrepiso de una librería pequeña, con un living amarillo donde una flor cuadrada, de papel rojo, se mece en un larguísimo florero de cristal negro y transparente. Sirven vino en minúsculos vasitos de plástico. Él está por ahí dando vueltas, lo saludo con un gesto. En algún momento, él desaparece o yo desaparezco, no recuerdo. Me gustan demasiados libros que no puedo comprar; ese asunto me distrae.
Como sea, al día siguiente llama Laida. En el teléfono, ella dice: “Anoche había un hombre ahí, muy lindo, mirándote con amor”. “¿Quién?”; pregunto. Lo describe: “Un muchacho peladito, te miraba con una dulzura indescriptible. Muy joven, muy hermoso.” Creo que sé de quién me habla; de él. “Estás segura?”, digo. “Te miraba el culo”, dice ella, “con deseo”.
Así que me subo al carro de la seducción y la conquista.
Empiezo, por ejemplo, a ir al bar de enfrente al que él atiende, por si lo veo. Los horarios en que atiende, la forma en que se mueve; lo estudio. Viene mi hermana de visita; la llevo al bar de enfrente. Me visita M., la llevo al bar de enfrente, que es un bar al que habíamos dejado de ir porque tardaban mucho en atendernos. La convenzo de que el queso es bueno, el vino es bueno. Cuando salimos del bar, también él dejó su turno y se fue. Lo sigo; está en un cyber. Lo alcanzo; me saluda lleno de cariño, admira mi vestido azul con rectángulos blancos. Le gusta cómo me visto, cómo me maquillo. Cómo camino. Dice que le parezco una actriz. Estoy con M., y nos da su correo. Ahora va a conectarse, dice.
Llego a casa, me conecto. Pero él no está en el chat. No tengo su teléfono; se qué vive cerca, en el atelier de una pintora, pero no sé dónde. Sé que dibuja o pinta, pero no sé su apellido. No sé quién es: es la realidad. No insisto; por el momento no insisto.
Pero dos días después o más vuelvo a pasar. Lo veo trabajando, lo veo abrazar una mujer delgada y besarla, en la frente y en la mejilla, repetidas veces. Eso explica la alternancia de su interés y su desinterés, digo. Salen juntos del bar. Siento que mi corazón se hace pedazos. Acabo de perder para siempre un hombre tan dulce!, pienso.
Una o dos noches después, él me envía un mensaje.
Quiere verme.
Necesita hablar conmigo.
Hay una fiesta; es noviembre y hay fiestas por todas partes.
Quiere que lo ayude a organizar una.
Le digo que sí, con gusto.
Me invita a tomar una copa, a su trabajo.
Voy.
Hago todos los arreglos para tener la noche libre y voy.
El se llena de luz cuando me ve entrar. Me halaga la ropa, el pelo, los ojos.
Me corre la silla para que me siente, va hasta el mostrador y trae una copa de vino. Mira directo a los ojos, dulce e inofensivo. Me recuerda a alguien que conocí hace tiempo, pero no recuerdo a quién.
Trae un trapo rejilla que le sirve para limpiar las mesas; cuando se sienta, lo pone debajo de su mano derecha. Listo para levantarse y servir.
Charlamos. Empezamos hablando de la librería, del clima de noviembre, la poca plata que corre a esa altura del año. Luego me pregunta si salgo con alguien. Le digo que no. Él dice que él tampoco, está solo; ahora está solo, después de haber roto una relación de siete años.
Asiento; es triste.
Habla del amor, del sexo.
Habla del sexo con amor y del sexo sin amor.
Vivió siete años de uno y ahora vive del otro.
No hago un chiste; escucho.
Por fin, dice, estoy bien.
Sonríe.
Dice que alguien le contó que yo escribo.
Le digo que hago poemas. No son muy buenos.
Entonces me pide que le escriba algo. Para el Día de la Dignidad Gay, dice.
Eso. Eso dice.
Lo miro.
Su piel fina, blanca.
Porcelana. Frágil, tan frágil.
Sí, le digo. No hay problema.
Qué linda sos, dice él.
Creo que le sonrío.
Bebo la copa hasta el final, de un tirón.
Le digo: Tengo un amigo para presentarte.

CUATROCUENTOS 3 - Revista On Line

Nuevamente salió la revista de cuento hispanoamericano. Esta vez presentan relatos de Patricia Suárez (Argentina), Miguel Gomes (Venezuela), Viviana Paletta (Argentina) y Uriel Quesada (Costa Rica).

Los Editores son Pía Bouzas y Gustavo Valle

http://cuatrocuentos.wordpress.com/

NO-RETORNABLE

Ya salió No-Retornable 4. Con cuentos de Hebe Uhart, Martín Rejtamn y Romina Doval. Aquí Claudia Piñeiro cuenta el secreto de su éxito. También, un popurrí de poetas argentinos. Y como si fuera poco, autores patrios escriben ensayos sobre su relación con Tolstoi (me included). Revista hecha con amor y pulmón por Marcelo López
¡Qué la disfruten!
www.no-retornable.com.ar

25 de Mayo de 2010, una crónica para el Diario Critica

  • http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=27688

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!

Julio. Antes de extinguirnos, aullaremos!
Lobo de Tasmania

Octubre

Octubre
Cosas extrañas que pueden suceder...

Setiembre...

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Pájaro de Oro

Agosto

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Recortando y pegando muñequitas de papel

Junio. Bobo e imposible...

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Dodo.

Mayo

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Cómeme o bébeme.

Octubre

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As de Espadas

FEBRERO...

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Trabajando en equipo...

SETIEMBRE. Crisantemo...

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Una flor como una luna

Noviembre en Madrid

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Zapato para bailar flamenco

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