Todo el mundo está hablando de mí
Pero no escucho ni una sola palabra de lo que dicen
Excepto, lo ecos de mi mente
La gente no deja de mirarme
No puedo distinguir sus rostros
Sólo las sombras de en sus miradas
Voy donde el sol siga brillando
A través de "la lluvia
Voy donde el clima se ajuste a mi estilo
dando la espalda al viento del noreste
Navegar en Summer Breeze
Y rebotando sobre el océano como una piedra
discreto encanto
Breves impresiones personales. Pequeñas luces del mundo.
Brindar con extraños. Libro de cuentos
Hace casi dos años recibí el premio del Programa San Luis libro por el libro de cuentos BRINDAR CON EXTRAÑOS, con un jurado de lujo: Ana María Shua y Alicia Steimberg. Pocos meses después, fue mención en el Casa de las Américas. La gente de San Luis lo editó, el libro es preciosooooo. Pero... no se distribuye, no se puede vender y los derechos vencen en abril del 2013. Mientras algún editor incauto se interesa en mis cuentos, iré publicándolos de a poquito en mi blog.
ELOGIO AGRIDULCE DEL CAPUCHINO - Roberto Arlt
Minga de café. Abstención completa. ¿Y qué le queda a usted? Reducirse al capuchino, al innoble y seductor capuchino, que es una mezcla, por partes iguales, de leche y café, servida en una tacita de café. La tacita, para que usted se haga la ilusión de que se manda a bodega una ración de achicoria, y para engañar la visión, como los cocainómanos que cuando no tienen con qué doparse, toman por la nariz ácido bórico o magnesia calcinada. El caso es hacerse la ilusión...
Fidelidad presidencial
"Un día el presidente Coolidge y si mujer estaban de visita en una granja del gobierno. Al poco de llegar los embarcaron en excursiones separadas. Al pasar ante los pollos, la señora Coolidge preguntó al jefe de la granja si los gallos copulaban más de una vez al día. 'Docenas de veces', fue la respuesta. 'Por favor, dígaselo al presidente', pidió la señora Coolidge. Cuando el presidente pasó ante las aves y le contaron lo de los gallos, preguntó: '¿Cada vez con la misma gallina?' 'Ah, no, señor presidente, cada vez con una distinta.' El presidente asintió lentamente y añadió: 'Dígaselo a mi señora'."
citado en una antología de M H Siegel y H P Zeigler
domingo, 5 de mayo de 2013
Everybody's Talkin' - Harry Nilsson
Everybody's talking at me
I don't hear a word they're saying
Only the echoes of my mind
People stopping staring
I can't see their faces
Only the shadows of their eyes
I'm going where the sun keeps shining
Thru' the pouring rain
Going where the weather suits my clothes
Backing off of the North East wind
Sailing on summer breeze
And skipping over the ocean like a stone
I don't hear a word they're saying
Only the echoes of my mind
People stopping staring
I can't see their faces
Only the shadows of their eyes
I'm going where the sun keeps shining
Thru' the pouring rain
Going where the weather suits my clothes
Backing off of the North East wind
Sailing on summer breeze
And skipping over the ocean like a stone
sábado, 4 de mayo de 2013
Los preceptos de Preston Sturges para la dramaturgia
1) Una chica guapa es mejor que una fea.
2) Una pierna es mejor que un brazo.
3) Un dormitorio es mejor que un cuarto de estar.
4) Una llegada es mejor que una partida.
5) Un nacimiento es mejor que una muerte.
6) Una persecución es mejor que una conversación.
7) Un perro es mejor que un paisaje.
8) Un gatito es mejor que un perro.
9) Un bebé es mejor que un gatito.
10) Un beso es mejor que un bebé.
11) Que alguien se caiga de culo es mejor que todo lo anterior.
domingo, 14 de abril de 2013
El Opalo - Una obra con monólogos cruzados sobre las criadas de MARCEL PROUST
Personajes:
Celeste Albaret, criada
Celina Cottin, la criada anterior.
Albertina, personaje de “En busca del tiempo perdido” de Proust.
Felicia, la cocinera
Celeste
Albaret.
Una mujer sentada en una silla de
cretona. Vestida de castaño o de azul marino, el pelo recogido. Su expresión es
dulce.
Yo recuerdo…
Vivo en el campo adonde nací.
Un día viene Odilón Albaret, el que serà mi marido. Es un muchachón,
tiene diez años más que yo. Es gordo, es taxista en París; a veces lleva y trae
de paseo a un tal señor Proust, que no es su único cliente, es uno más. Es la
primera vez que oigo el nombre del que será mi señor. Mi madre me promete como
novia a este Odilón. ¡Ay, no! No, madre! Le pido que no me case tan joven.
Veintidós años no es joven, dice ella, un poco más y se pasa el arroz. Le pido
a mi madre, le suplico y no logro convencerla. Madre, no me case tan temprano.
No me case este año ni tampoco en la primavera o el verano: ¡no antes de que
empiece el otoño! Están las fiestas y los bailes; puedo ir y ponerme todos los
adornos. Seguro encuentro un pretendiente, uno de aquí del campo. Pero ella no
me escucha y me encuentra a este Odilón, demasiado temprano me caso con él,
demasiado y él me lleva a la gran ciudad, bien lejos, para que sea su esposa.
Celina
Cottin
Una mujer de mediana edad, la esposa
de Nicolás Cottin.
Renguea un poco al andar.
Cuando vuelvo de la hospital, me la encuentro a la muy mosquita muerta
bien instalada. El señor está a gusto con ella. Le prepara el café de
Corcellet, que le preparo yo; lo filtra por el filtro Corcellet que yo compro
en la rue de Lévis. Le lleva el croissant, lo pone en la bandeja de plata, con
la cafeterita de plata, la lechera, el tazón y el azucarero. Se le queda
mirando sin dirigirle la palabra, esperando que él le hable. Si él no le habla,
ella no habla. Si él no toca el timbre, ella no acude. Sabe que está prohibida
la entrada a su cuarto, a menos que él llame. ¿Cómo aprendió todo eso esta
campesina bruta? ¿Haciéndole los mandados?
La tela de Penélope o quién engaña a quién - Augusto Monterroso
| Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas. Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo. De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada. |
jueves, 4 de abril de 2013
La Malagradecida - José Alfredo Jiménez
Esta noche es mi revancha, esta noche es tu castigo,
esta noche aunque no quieras, te vas a venir conmigo,
yo te quiero tu quien sabe, tu quien sabe si me quieras,
yo te busco y no te encuentro, tu me encuentras donde quieras,
porque sabes, porque sientes, porque tienes un hombre en la vida,
me desprecias, me maldices, y te largas malagradecida
Cuantas cosas han pasado, desde el día que me dejaste,
yo me acuerdo, tú te acuerdas, y acordarse es un desastre,
dale fuerzas al pasado, dale fuerzas al presente,
para vernos cara a cara, y olvidarnos frente a frente,
porque sabes, porque sientes, porque tienes un hombre en la vida,
me desprecias, me maldices, y te largas malagradecida
esta noche aunque no quieras, te vas a venir conmigo,
yo te quiero tu quien sabe, tu quien sabe si me quieras,
yo te busco y no te encuentro, tu me encuentras donde quieras,
porque sabes, porque sientes, porque tienes un hombre en la vida,
me desprecias, me maldices, y te largas malagradecida
Cuantas cosas han pasado, desde el día que me dejaste,
yo me acuerdo, tú te acuerdas, y acordarse es un desastre,
dale fuerzas al pasado, dale fuerzas al presente,
para vernos cara a cara, y olvidarnos frente a frente,
porque sabes, porque sientes, porque tienes un hombre en la vida,
me desprecias, me maldices, y te largas malagradecida
miércoles, 3 de abril de 2013
MENTIRA - Manu Chao
Mentira lo que dice
mentira lo que da
mentira lo que hace
mentira la mentira
mentira la verdad
mentira lo que cuece
bajo la oscuridad
mentira el amor
mentira el sabor
mentira la que manda
mentira comanda
mentira la tristeza
cuando empieza
mentira no se va
mentira, mentira
la mentira...
mentira no se borra
mentira no se olvida
mentira, la mentira
mentira cuando llega
mentira nunca se va
mentira la mentira
mentira la verdad
todo es mentira en este mundo
todo es mentira la verdad
todo es mentira yo me digo
todo es mentira ¿por qué será?
mentira lo que da
mentira lo que hace
mentira la mentira
mentira la verdad
mentira lo que cuece
bajo la oscuridad
mentira el amor
mentira el sabor
mentira la que manda
mentira comanda
mentira la tristeza
cuando empieza
mentira no se va
mentira, mentira
la mentira...
mentira no se borra
mentira no se olvida
mentira, la mentira
mentira cuando llega
mentira nunca se va
mentira la mentira
mentira la verdad
todo es mentira en este mundo
todo es mentira la verdad
todo es mentira yo me digo
todo es mentira ¿por qué será?
martes, 12 de marzo de 2013
Charla sobre el Teatro - Federico García Lorca
Queridos amigos: Hace tiempo hice firme promesa de rechazar toda clase de homenajes, banquetes o fiestas que se hicieran a mi modesta persona; primero, por entender que cada uno de ellos pone un ladrillo sobre nuestra tumba literaria, y segundo, porque he visto que no hay cosa más desolada que el discurso frío en nuestro honor, ni momento más triste que el aplauso organizado, aunque sea de buena fe.
Además, esto es secreto, creo que banquetes y pergaminos traen el mal fario, la mala suerte, sobre el hombre que los recibe; mal fario y mala suerte nacidos de la actitud descansada de los amigos que piensan: "Ya hemos cumplido con él".
Un banquete es una reunión de gente profesional que come con nosotros y donde están, pares o nones, las gentes que nos quieren menos en la vida.
Para los poetas y dramaturgos, en vez de homenajes yo organizaría ataques y desafíos en los cuales se nos dijera gallardamente y con verdadera saña: "¿A que no tienes valor de hacer esto?" "¿A que no eres capaz de expresar la angustia del mar en un personaje ?" "¿A que no te atreves a contar la desesperación de los soldados enemigos de la guerra?". Exigencia y lucha, con un fondo de amor severo, templan el alma del artista, que se afemina y destroza con el fácil halago. Los teatros están llenos de engañosas sirenas coronadas con rosas de invernadero, y el público está satisfecho y aplaude viendo corazones de serrín y diálogos a flor de dientes; pero el poeta dramático no debe olvidar, si quiere salvarse del olvido, los campos de rosas, mojados por el amanecer, donde sufren los labradores, y ese palomo, herido por un cazador misterioso, que agoniza entre los juncos sin que nadie escuche su gemido.
Huyendo de sirenas, felicitaciones y voces falsas, no he aceptado ningún homenaje con motivo del estreno de Yerma; pero he tenido la mayor alegría de mi corta vida de autor al enterarme de que la familia teatral madrileña pedía a la gran Margarita Xirgu, actriz de inmaculada historia artística, lumbrera del teatro español y admirable creadora del papel, con la compañía que tan brillantemente la secunda, una representación especial para verla.
Por lo que esto significa de curiosidad y atención para un esfuerzo notable de teatro. doy ahora que estamos reunidos, las más rendidas, las más verdaderas gracias a todos. Yo no hablo esta noche como autor ni como poeta, ni como estudiante sencillo del rico panorama de la vida del hombre, sino como ardiente apasionado del teatro de acción social. El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado. donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera.
El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre.
Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo". No me refiero a nadie ni quiero herir a nadie; no hablo de la realidad viva, sino del problema planteado sin solución.
Yo oigo todos los días, queridos amigos, hablar de la crisis del teatro, y siempre pienso que el mal no está delante de nuestros ojos, sino en lo más oscuro de su esencia; no es un mal de flor actual, o sea de obra, sino de profunda raíz, que es, en suma, un mal de organización. Mientras que actores y autores estén en manos de empresas absolutamente comerciales, libres y sin control literario ni estatal de ninguna especie, empresas ayunas de todo criterio y sin garantía de ninguna clase, actores, autores y el teatro entero se hundirá cada día más, sin salvación posible.
El delicioso teatro ligero de revistas, vodevil y comedia bufa, géneros de los que soy aficionado espectador, podría defenderse y aun salvarse; pero el teatro en verso, el género histórico y la llamada zarzuela hispánica sufrirán cada día más reveses, porque son géneros que exigen mucho y donde caben las innovaciones verdaderas, y no hay autoridad ni espíritu de sacrificio para imponerlas a un público al que hay que domar con altura y contradecirlo y atacarlo en muchas ocasiones. El teatro se debe imponer al público y no el público al teatro. Para eso, autores y actores deben revestirse, a costa de sangre, de gran autoridad, porque el público de teatro es como los niños en las escuelas: adora al maestro grave y austero que exige y hace justicia, y llena de crueles agujas las sillas donde se sientan los maestros tímidos y adulones, que ni enseñan ni dejan enseñar.
Al público se le puede enseñar, conste que digo público, no pueblo; se le puede enseñar, porque yo he visto patear a Debussy y a Ravel hace años, y he asistido después a las clamorosas ovaciones que un público popular hacía a las obras antes rechazadas. Estos autores fueron impuestos por un alto criterio de autoridad superior al del público corriente, como Wedekind en Alemania y Pirandello en Italia, y tantos otros.
Hay necesidad de hacer esto para bien del teatro y para gloria y jerarquía de los intérpretes. Hay que mantener actitudes dignas, en la seguridad de que serán recompensadas con creces. Lo contrario es temblar de miedo detrás de las bambalinas y matar las fantasías, la imaginación y la gracia del teatro, que es siempre, siempre, un arte, y será siempre un arte excelso, aunque haya habido una época en que se llamaba arte a todo lo que nos gustaba, para rebajar la atmósfera, para destruir la poesía y hacer de la escena un puerto de arrebatacapas.
Arte por encima de todo. Arte nobilísimo. y vosotros, queridos actores, artistas por encima de todo. Artistas de pies a cabeza, puesto que por amor y vocación habéis subido al mundo fingido y doloroso de las tablas. Artistas por ocupación y preocupación. Desde el teatro más modesto al más encumbrado se debe escribir la palabra "Arte" en salas y camerinos, porque si no vamos a tener que poner la palabra "Comercio" o alguna otra que no me atrevo a decir. Y jerarquía, disciplina y sacrificio y amor.
No quiero daros una lección, porque me encuentro en condiciones de recibirlas. Mis palabras las dicta el entusiasmo y la seguridad. No soy un iluso. He pensado mucho, y con frialdad, lo que pienso, y, como buen andaluz, poseo el secreto de la frialdad porque tengo sangre antigua. Yo sé que la verdad no la tiene el que dice "hoy, hoy, hoy" comiendo su pan junto a la lumbre, sino el que serenamente mira a lo lejos la primera luz en la alborada del campo.
Yo sé que no tiene razón el que dice: "Ahora mismo, ahora, ahora" con los ojos puestos en las pequeñas fauces de la taquilla, sino el que dice "Mañana, mañana, mañana" y siente llegar la nueva vida que se cierne sobre el mundo.
sábado, 2 de marzo de 2013
Las panaderas - Canción de Castilla y León
A la entrada de Oviedo y a la salida
hay una panadera, cuánto me mira.
hay una panadera, cuánto me mira.
Ay, qué panadera.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Esa panaderilla tiene tres nombres:
Jugadora, Borracha y Amiga de hombres.
Jugadora, Borracha y Amiga de hombres.
Ay, qué panadera.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Dime, panaderilla, cómo va el trato.
La harina va subiendo y el pan barato.
La harina va subiendo y el pan barato.
Ay, qué panadera.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Esa panaderilla me ofrece un bollo,
por no verle la cara se lo perdono.
por no verle la cara se lo perdono.
Ay, qué panadera.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Ay qué panaderilla, el alma me lleva.
Canto de boda de Castilla y León
Crezca el honor de la espiga y el trigo,
Crezca el honor de novios y padrinos,
Crezca el honor de los mozos y mozas,
Crezca el honor de la espiga y la rosa.
Crezca el honor de novios y padrinos,
Crezca el honor de los mozos y mozas,
Crezca el honor de la espiga y la rosa.
A la puerta de mi alcoba,
hay un charco y no ha llovido:
son lágrimas de mis ojos
que por ti tengo vertidas.
hay un charco y no ha llovido:
son lágrimas de mis ojos
que por ti tengo vertidas.
¡Qué bonita está la sierra,
con el tomillo florido;
más bonita está la novia
en brazos de su marido!
Por un sí que dio la novia
a la puerta de la iglesia;
por un sí que dio la novia
entró libre y salió presa.
con el tomillo florido;
más bonita está la novia
en brazos de su marido!
Por un sí que dio la novia
a la puerta de la iglesia;
por un sí que dio la novia
entró libre y salió presa.
La tarara - Canción española tradicional
La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Lleva la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.
La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.
Luce mi Tarara
su cola de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.
su cola de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.
Ay, Tarara loca.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.
La Tarara es una canción de corro, que cantaban las niñas y niños mientras jugaban; hace mención a un personaje popular un tanto estrambótico, y como toda la música de transmisión oral la letra varía de un sitio a otro, de una versión a la siguiente. Se trata de un tema muy popular que tiene versiones de músicos como Camarón de la Isla, que lo canta en el disco homenaje a Federico García Lorca la “Leyenda del Tiempo”, porque el tema era de los favoritos que tocaba y cantaba al piano el poeta granadino, que cuentan que cuando estuvo en New York fué incapaz de aprender la lengua de Shakespeare, pero todos le conocían como el español que tocaba el piano. También hay versiones de Juaquin Díaz, Rafael Calvo, Nuevo Mester, y esta que os dejo que es una verdadera joya, la interpretada por el Ismael y La Banda del Mirlitón, de los primeros músicos que popularizarón la canción popular allá en los años 60 a través de la televisión. Parece que su origen es Sefardí. Las tropas “moras” que ayudaron a Franco en su rebelión, aprendieron esta canción en el campo de batalla y una vez terminada la guerra, siguieron cantándola como una canción más, transmitiéndola como algo suyo a sus hijos y nietos y así aparece ahora esta canción popular española, como una canción popular marroquí más.
tomado de http://aldabas.wordpress.com/2010/02/12/la-tarara/
jueves, 21 de febrero de 2013
A la orilla de la chimenea
A la orilla de la chimenea

Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños,
puedo ponerme triste y decir
que me basta con ser tu enemigo, tu todo,
tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños,
puedo ponerme triste y decir
que me basta con ser tu enemigo, tu todo,
tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.
Y si quieres tambien
puedo ser tu estacion y tu tren,
tu mal y tu bien,
tu pan y tu vino,
tu pecado, tu dios, tu asesino…
puedo ser tu estacion y tu tren,
tu mal y tu bien,
tu pan y tu vino,
tu pecado, tu dios, tu asesino…
O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.
Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor
que me falta valor para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir
“toma mi direccion cuando te hartes de amores
baratos de un rato… me llamas”.
que no soy el mejor
que me falta valor para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir
“toma mi direccion cuando te hartes de amores
baratos de un rato… me llamas”.
Y si quieres tambien
puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adios y tu “ven”,
tu manta y tu frio,
tu resaca, tu lunes, tu hastio…
puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adios y tu “ven”,
tu manta y tu frio,
tu resaca, tu lunes, tu hastio…
O tal vez ese viento
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda,
en mitad de la calle y desnuda.
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda,
en mitad de la calle y desnuda.
Y si quieres tambien
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe
tu noche y tu dia.
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe
tu noche y tu dia.
Tu rencor, tu por que, tu agonia…
o tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.
o tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.
domingo, 17 de febrero de 2013
Las ciudades - José Alfredo Jiménez
Te vi llegar
Y sentí la presencia de un ser desconocido;
Te vi llegar
Y sentí lo que nunca jamás había sentido.
Te quise amar
Y tu amor no era fuego no era lumbre;
Las distancias apartan las ciudades,
Las ciudades destruyen las costumbres.
Te dije adiós
Y pediste que nunca, que nunca te olvidara;
Te dije adiós
Y sentí de tu amor otra vez la fuerza extraña.
Y mi alma completa se me cubrió de hielo
Y mi cuerpo entero se llenó de frío
Y estuve a punto, de cambiar tu mundo,
De cambiar tu mundo por el mundo mío
Y sentí la presencia de un ser desconocido;
Te vi llegar
Y sentí lo que nunca jamás había sentido.
Te quise amar
Y tu amor no era fuego no era lumbre;
Las distancias apartan las ciudades,
Las ciudades destruyen las costumbres.
Te dije adiós
Y pediste que nunca, que nunca te olvidara;
Te dije adiós
Y sentí de tu amor otra vez la fuerza extraña.
Y mi alma completa se me cubrió de hielo
Y mi cuerpo entero se llenó de frío
Y estuve a punto, de cambiar tu mundo,
De cambiar tu mundo por el mundo mío
viernes, 15 de febrero de 2013
La zagala del pastorcita - Canciones españolas del sur de los Estados Unidos
Una niña en un balcón
Le dice a un pastor:- Espera
Que te llama una zagala
Que de tu amor desespera.
-No soy tan enamorado,
-Respondió el niño David-,
mi ganado está en la sierra
con él me voy a dormir.
-Oye pastor amoroso
lo que te habla una paloma
arrímate para acá
no hayas miedo que te coma.
Mira qué hermosos cabellos
Y llevarás qué contar,
El sol se enamora de ellos
Cuando me siento a peinar.
Mira qué pie tan pulido
Para un zapato bordado
Mira que soy niña y tierna
Y después a tu mandado.
Te pago tres pilas de oro
El hato y el almirez
Tan sólo porque te quedes
Esta noche y otras tres.
Te doy una pila de oro
Y dos cañas de marfil
Tan sólo porque te quedes
Esta noche aquí a dormir.
-Zagala, cuando me hablaste,
tus palabras no entendí,
perdóname gran señora
si en algo yo te ofendí.
Cuando quise no quisiste
Ahora que quieres, no quiero,
Llora tú tu soledad
Que yo la lloré primero.
Haré de cuenta que tuve
Una sortijita de oro
Y que en el mar se cayó
Y allí la perdí del todo.
La Firolera. Canción española del sur de los Estados Unidos
Mi marido está en la cama
Yo estoy en la cabecera
Con el rosario en la mano
Pidiéndole a Dios que muera.
Firolirolí, firolirolí, firolirolera
Firolirolí, firolirolí, firolirolera
Ven acá firolirolí
Ven acá firolirolá
Tu marido espeándote está.
Firolirolí, firolirolí, firolirolera
Firolirolí, firolirolí, firolirolera
Ven acá firolirolí
Ven acá firolirolá
Tu marido espeándote está.
Mi marido se murió
Y el diablo se lo llevó
Seguro estará pagando
Las patadas que me dio.
Firolirolí, firolirolí, firolirolera
Firolirolí, firolirolí, firolirolera
Ven acá firolirolí
Ven acá firolirolá
Tu marido espeándote está.
jueves, 14 de febrero de 2013
ESPINITA. Obra escrita x Adriana Tursi y Patricia Suárez
Personajes
Ignacio, el escritor
José María, el hombre-abeja.
La madre, Dolores
Paulina O’Neil, luego Margarita Sánchez.
Escena 1
Living de una casa
antigua. Sillones de distintos estilos, de orejas, de cretona. Un sofá de
cretona con patas de león. Una mesita ratona de cristal. Una biblioteca con
unos pocos libros y una vitrina con platos expuestos. Un cuadro con una pastora
y dos ovejas. Una reproducción de Santa Casilda de Zurbarán. A su lado, un
tapiz –a todas vistas casero- que representa unas rosas y la leyenda: “Lo
esencial es que haya santos; no que realicen prodigios. Hay una fonola donde
suena vieja música de jazz, Tony Bennet, Frank Sinatra, Dean Martin, Nat King
Cole. Su sola presencia nos protege, su existencia por si sola nos enriquece.”
A un costado, un bargueño con decenas de cajoncitos. Sentado al escritorio está
Ignacio con una computadora portátil. Mira la pantalla, inmóvil y se tiene la
cabeza con las manos. Suena el teléfono, con el viejo ring casi decimonónico.
Se levanta a atender, es un teléfono de disco.
IGNACIO: Diga. No oigo bien. No, no corte. Ah, sos vos. No,
no es la línea. Es el cable. No, no. El cable del teléfono que está medio
pelado. Es un teléfono antiguo, de antes. No, ¡qué sofisticado, sos un tarado!
Era la casa de mi viejo, mi abuelo, mi… ¿Cómo se llama la tipa que viene?
Paulina Neil, BBC de Londres. O’Neil, sí. ¿Qué trae, camarógrafo, intérprete..?
No, la verdad es que lo hablo como el culo al inglés. No, qué francés. Ahora
que lo decís, en serbocroata le puedo hablar. No me hagás reír. Sola, viene:
con un grabadorcito, qué tierna. No sabe donde se mete. La verdad es que aquí…
Los Quirquinchos, kilómetro doce. Si pide un mapa en el Automóvil Club, no se
pierde. ¡Pero yo qué sé, Germán, si maneja o no maneja! ¿A mí qué me importa?
Vos querés que reciba los periodistas, a mí ni fu ni fa. Ni fu ni fa, te dije.
Aparte ¿de qué novela les voy a …? No, a hablar.
Yo vender no vendo; no soy mercachifle. Eso te toca a vos. No, no la terminé.
Me concentro, sí. Hasta me aburro de puro concentrado que estoy en esta mierda.
Y vos querés que yo vaya y le hable como el profesor chiflado a Camila
O’Gorman… ¡como se llame! Está bien, está bien. Ya sé, me calmo. Cuándo viene?
Hay alarma meteorológica: acá cuando el Servicio Meteorólogico… ¡El Servicio
Meteorológico de Ezeiza, Germán? Vos te creés que soy tarado, que miro los
sapos para decirte que va a llover? Ay, pero qué idiota. Mirá si la tipa esta
de la RAI se
clava en el barrial que se hace, venís vos a sacarla… BBC, es lo mismo. La
tormenta no perdona nacionalidades. ¡No me grites, Germán! Después te
arreglarás vos con la
Embajada cuando busquen un cadáver en el pantanal… Mañana 9
am. Me viene bárbaro. Para esa hora ya me estaré pudriendo con una novela
inconclusa, colgado en una viga del techo, si es que las vigas de esta casa
aguantan. ¿Qué? ¡pero sí, sí! Le abro la puerta, sí. ¡Hacéte dar por un burro!
Ignacio corta.
Ignacio: ¡Puta mierda!
Ignacio va hacia la fonola, busca un disco. Pone Mack the Knife, una
versión de Sinatra y Dean Martin; hace
unos pasos bailando, disfruta el baile, la música.
Ignacio: ¿Qué hago bailando? (Vuelve a hacerlo) ¿Qué carajo hago bailando?
Tocan a la puerta con
los nudillos. Ignacio se sobresalta, se queda inmóvil.
Ignacio (bajo):
Tan pronto? No puede ser.
Al otro lado, alguien
mete la llave en la cerradura y forcejea.
Ignacio, despacio, va
hacia la fonola y saca el disco.
Al otro lado, la
persona que quiere entrar patea.
Ignacio: ¿Qué clase de reportera…? (grita) ¿Quién es?
José María: ¿Quién hay adentro? Abra, ¡abra!
Ignacio: ¿Quién es?
José María: Abra o llamo a la policía.
Ignacio: Para qué? Ay, Dios mío. José María, ¿sos vos?
José María: ¡Abra, abra!
Ignacio va y abre con
fuerza la puerta. Mira a su hermano al otro lado, le cede el paso.
Entra a la casa un
hombre de entre 40-45 años, grande, con panza, vestido de abeja. Hay unos
momentos de consternación donde ninguno habla. José María va hasta el sofá y se
desploma agobiado.
Ignacio: ¿Qué hacés así?
José María: Milva me dejó.
Ignacio: ¿Qué hacés acá, José María?
José María: Milva me dejó. Se fue y me dejó.
Ignacio: Bueno, pero no te podés quedar, ¿sabés?
José María: La casa de papá es de los dos.
Ignacio: Yo estoy esperando a una periodista.
José María: La casa de papá no es un bulín.
Ignacio: No entendés. Viene una periodista inglesa. Estoy
postulado a un premio importante, por mi obra. Al Rulfo. Yo no creo que lo
gane, pero el hecho de estar postulado… Ella me viene a entrevistar porque soy
el único escritor argentino postulado en los últimos cinco años…
José María: Qué obra hiciste?
Ignacio: Mi escritura, mis libros.
José María: Ah.
Ignacio: Por eso no te podés quedar. Porque yo necesito
estar tranquilo, solo. Para poder terminar mi novela “El borde de la noche”, me
quedan dos capítulos… tal vez tres… y la termino. Tres capítulos pero necesito
paz. Porque después viene la inglesa esta y le tengo que dar el manuscrito y me
faltan tres capítulos, dos a lo mejor. A lo mejor lo resuelvo en dos.
José María: Creí que hablabas del cuarto del tío Enrique. Te
acordás que quedó asqueroso como lo levantaste? Y eso que te recibiste de
maestro mayor de obras. Se le cayó la pared de la piecita encima. Menos mal que
no estaba él. Lo aplastabas sino…
Ignacio: Cómo viniste hasta acá?
José María: Llorando, hecho polvo. Estoy hecho polvo. Me
dejó Milva.
Ignacio: Viniste en auto, en colectivo…?
José María: Vos sabés que se llevó todo. Todo lo que le
compré yo.
Ignacio: Hasta las nueve hay servicio de El Galgo. Yo te
acompaño a la estación.
José María: Otra mujer.
Ignacio: La gente a veces cambia de improviso. Pero sus
sentimientos profundos, no. Vos tenés que ir y hablar bien con Milva. Vas a ver
que sigue siendo la misma mujer de siempre, que te quiere.
José María: Se fue con otra mujer. Ahora hay una tipa que
parece un tanque de guerra con Milva, mirando la telenovela en mi televisor.
Bebiendo agua fría de mi heladera.
Ignacio: …
José María: Pensé en pegarme tres balazos cuando lo supe.
Ignacio: No, no. Acá no; mirá (saca de su bolsillo), te tomás dos de estas. Dormís como un santo.
Mañana será otro día y reflexionás (acompañándolo
a la puerta). A lo mejor ella vuelve. En el micro dormís bien, no vayas a
creer. No es como antes; tiene asiento reclinable, apoyapiés: es otra cosa. Vas
volando.
José María: Pero la pistola está acá.
Ignacio: …
José María: No me voy a ir sin la pistola, Ignacio.
Luego de un silencio.
Ignacio: Te consigo una. Mañana a la noche te la llevo a tu
casa.
José María: No puedo esperar hasta mañana a la noche.
Ignacio: Hay un hotelito. Pasás el montecito de cardales y
ves el hotelito.
José María: ¿Qué hotelito? Está lloviendo afuera ¿viste cómo
llueve? ¿y encima me mandás entre los cardos? Qué te pensás que soy, el cadete?
Yo vine acá a suicidarme. Esta casa es tan mía como tuya y si yo quiero matarme
acá, me mato acá. No entre los cardos.
Ignacio: Razón tenés razón, ¿sabés? Cuando tenés razón, yo
no discuto. Sos mi hermano, yo no te quiero echar. Te lo pido como favor, por
una vez. Andáte hasta mañana a la noche.
José María: Es que no puedo. ¡Milva me dejó!
Ignacio: Sí, me contaste.
José María: es un destino de nuestra familia, que las
mujeres nos dejen. Mamá primero, después se murió la Canela , la perrita. A vos
te dejó Laura…
Ignacio: No, yo la
dejé a ella.
José María: Eso lo decís para consolarte. Pero ella ya tenía
un amante.
Ignacio: No, estás confundido. Yo tenía una amante, salía
con Carmen. ¿Te acordás de Carmen, la morocha que bailaba flamenco?
José María: Vos salías con Carmen, pero Laurita ya tenía al
negro ese en el ropero. En cuanto desapareciste dos días, Laurita lo sacó del
ropero y se casó con él. Después te dejó Carmen también. Vos sos como yo: ¡no
tenés suerte con las mujeres!
Ignacio: No quiero hablar de ese tema ahora. Justamente
ocurre que estoy esperando a una mujer. Pero no es la clase de cita que vos
pensás, es importante.
José María: No debería serlo. Cuando ellas saben que es
importante, es cuando te abandonan.
Ignacio: Acabo de decírtelo: es muy importante para mi
carrera.
José María: Vanidad de vanidades lo tuyo. Pero a mí ¡a mí me
abandonó mi esposa!
Ignacio: Milva, sí. Me quedó claro.
José María: Me dejó por otra mujer, Ignacio, una mujer que
ahora duerme con ella en mi cama, usa mi ventilador y toma el agua de la
heladera. Toma el agua de mi heladera, usa el aceite que yo guardo en la
heladera, porque yo al aceite lo guardo en la heladera, no en la alacena.
Porque me gusta que esté ahí, digan lo que digan: el aceite en la heladera.
Ignacio: Lo de la heladera se vé que tenía un peso
importante para vos.
José María: En esa heladera de un frío, una Patrick a dos
puertas con congelador, fue con la que empezamos el negocio. No había ‘no
frost’, el ‘no frost’ vino después. Yo no entendía nada de panales cuando
empezamos: estaba Milva, los libros que Milva leyó sobre apicultura y el viejo
de Milva que algo sabía, pero yo al viejo de Milva no lo podía ni oler, no lo
soportaba; así ella puso todo el empeño. Mirá para lo que sirvió: ahora Milva
ya no está más.
Ignacio: No hables así, José María. Milva es tu esposa, no
está muerta…
José María llora.
Ignacio: ¿Milva no está muerta, no?
José María: El negocio no está más. Toda la semana abrí, me
puse atrás del mostrador. Los clientes me pedían cosas. Un kilo de miel
silvestre, medio de miel sólida… pero no les entendía lo que me decían: como si
me hablaran en otro idioma. Ya no hay caramelos; yo no sé hacer los caramelos.
¿Sabés quién los hacía? ¿Qué le iba a decir a lo clientes? La persona que hace
los caramelos ya no trabaja más acá… Me las quedaba mirando, sin poder hablar.
Pensaba ¿sabés qué pensaba, Ignacio?
Ignacio: No, no, pero…
José María: Pensaba mientras tanto ¿qué hacen las lesbianas
entre ellas? Porque no es lo mismo, no tienen la herramienta como vos o como
yo. Como un hombre quiero decir. ¿Cómo lo hacen…?
Ignacio: Sabés que no creo que sea momento para pensar en el
sexo, José María.
José María: en el sexo entre mujeres, que no es lo mismo.
Ignacio: No. Yo creo que podemos hacer es llamar un remise.
No me mires así, un remise de San Antonio. Vienen en quince, veinte minutos.
Vos por lo que cuesta no te hagas problemas, yo te lo pago hasta la ciudad. Vas
a tu casa, lo que quedó de tu casa o como sea, o al negocio… Mañana será otro
día y las cosas se ven distintas.
José María: Cometí un crimen, un pecado.
Ignacio (desmoralizado):
No me lo digas. En todo caso mañana llamás y me lo contás. O llamás a la
policía directamente y te entregás.
José María: La desesperación te hace esta puta cosa adentro
del alma.
Ignacio: No creo que hayas hecho nada delictivo, José María.
Yo te conozco y vos sos más bueno que el pan.
José María: Depende de a lo que vos llames delito.
Ignacio: Vos no sos capaz de matar una mosca.
José María se dobla y
llora de dolor.
Ignacio: ¡Ay, qué le hiciste!
José María: Rocié con kerosene las colmenas.
Ignacio: …¿qué…?
José María: Después les prendí fuego. Las abejitas se
volvían locas… (Llora desconsolado)
¡El trabajo de toda una vida!
Ignacio, aliviado, va
hacia el teléfono.
Ignacio: Ay, mierda. Podés creer que los de San Antonio te
piden una clave. Si serán hijos de puta, que con este teléfono no se puede, no
tiene botones. Vos no trajiste el celular? Prestáme el celular que llamo, José
María.
José María (alterado):
¡¡¡¡Las quemé, las quemé, las quemé!!!!
Relámpago, trueno.
Lluvia torrencial.
Ignacio: Cartón lleno.
José María: ¡Castigo del cielo!
Ignacio: Sí, justo. A eso me refería.
Otro trueno,
relámpagos, se corta la luz.
Ignacio: Listo, ahora parece que estamos en el Monte de los
Olivos.
José María: Tenés una linterna?
Ignacio: Hay velas por ahí. Buscá en la cómoda. Eso. ¡No
toques el bargueño que tengo la computadora encima! Con un poco de suerte se me
borró la novela entera. Igual era una mierda: la historia de una mujer que
todos creen asesinada y reaparece en otro país en una red de narcotráfico y
mafia… “El borde de la noche” se iba a llamar; pero tal vez fuera mejor título
“Parado en el borde de la noche”. Vos qué pensás? (No hay respuesta) ¿Las encontraste?
José María: Sí.
Ignacio: Tenés fósforos.
José María: No.
Ignacio: Un encendedor… Yo dejé de fumar hace un año. No
llevo encima…
José María: ¡Me gasté todo el encendedor! Porque las quemé!
¡Las quemé vivas! ¿Entendés?
Ignacio: Bueno, pero ahora vamos a prender unas velas nada
más, José María. Para alumbrar, no seas necio.
José María: ¡Quemé las abejas, las abejas, mis abejitas!!
Ignacio /se echa con
fuerza en el sillón): Está bien. Quedémonos a oscuras.
jueves, 7 de febrero de 2013
El sapo. Pío Alvarado. Merengue
El sapo quisiera ser
un teniente coronel
pero tiene la cabeza
como piedra de moler.
Sapo que se va y se viene,
se viene y se va,
su capotería
la mandó a terciá
y su camarita
la lleva calá
a sapo mañoso,
el de la ciudad,
se tiró a la mar,
dijo, a navegar.
Lo agarré por el rabo,
me dio una patá.
Ensillé el castaño,
no lo pude alcanzar.
Responde la rana
desde un platanal:
Amarren al sapo por el rabo
que voy a cantar.
El sapo quisiera ser
un teniente general
pero tiene la cabeza
como piedra de amolar.
El sapo estaba creyendo
que la sapa era doncella.
No sabe que el lagartijo
estaba durmiendo con ella.
un teniente coronel
pero tiene la cabeza
como piedra de moler.
Sapo que se va y se viene,
se viene y se va,
su capotería
la mandó a terciá
y su camarita
la lleva calá
a sapo mañoso,
el de la ciudad,
se tiró a la mar,
dijo, a navegar.
Lo agarré por el rabo,
me dio una patá.
Ensillé el castaño,
no lo pude alcanzar.
Responde la rana
desde un platanal:
Amarren al sapo por el rabo
que voy a cantar.
El sapo quisiera ser
un teniente general
pero tiene la cabeza
como piedra de amolar.
El sapo estaba creyendo
que la sapa era doncella.
No sabe que el lagartijo
estaba durmiendo con ella.
lunes, 4 de febrero de 2013
REFRANES - Roque Dalton
“Ideas quiere la guerra”.
“El miedo es hombre”.
“Ayer vino y ya quiere”.
“La que es puta, vuelve”.
“Aliviado está el enfermo, que ya se caga en la cama”.
“Bueno es Dios, que nos ha matado”.
“El miedo es hombre”.
“Ayer vino y ya quiere”.
“La que es puta, vuelve”.
“Aliviado está el enfermo, que ya se caga en la cama”.
“Bueno es Dios, que nos ha matado”.
LA CULTURA Y EL LOCO AMOR - Roque Dalton
Yo le dije con toda seriedad
"qué largo camino anduve
para llegar hasta tí"
y tu me dijiste que ya parecía José Angel Buesa
y entonces me reí francamente
y te dije que los versos eran de Nicolas Guillén
y tú (que recién salías de tu clase de francés)
me contestaste que entonces era Nicolas Guillén
quién se parecía a José Angel Buesa
yo te dije que te excusaras inmediatamente con
Nicolas Guillén y conmigo
y entonces me dijiste
que el verdadero culpable era yo
por llegar al José Angel Buesa esencial
a travéz de Nicolás Guillén
entonces yo te dije que la verdadera culpable eras tú
por ser tan puta
y ahí fue que me dijiste perdón
estaba equivocada
no es que te parezcas a José Angel Buesa
es que eres un José Angel Buesa.
Entonces yo saqué la pistola...
"qué largo camino anduve
para llegar hasta tí"
y tu me dijiste que ya parecía José Angel Buesa
y entonces me reí francamente
y te dije que los versos eran de Nicolas Guillén
y tú (que recién salías de tu clase de francés)
me contestaste que entonces era Nicolas Guillén
quién se parecía a José Angel Buesa
yo te dije que te excusaras inmediatamente con
Nicolas Guillén y conmigo
y entonces me dijiste
que el verdadero culpable era yo
por llegar al José Angel Buesa esencial
a travéz de Nicolás Guillén
entonces yo te dije que la verdadera culpable eras tú
por ser tan puta
y ahí fue que me dijiste perdón
estaba equivocada
no es que te parezcas a José Angel Buesa
es que eres un José Angel Buesa.
Entonces yo saqué la pistola...
jueves, 31 de enero de 2013
EL ESCRITOR EN VACACIONES - Roland Barthes
Gide leía a Bossuet mientras bajaba por el Congo. Esa postura resume bastante bien el ideal de nuestros escritores "en vacaciones", fotografiados por Le Fígaro: juntar al placer banal el prestigio de una vocación que nada puede detener ni degradar. Una buena nota periodística, muy eficaz desde el punto de vista sociológico y que nos informa sin ocultamientos sobre la idea que nuestra burguesía se hace de sus escritores.
Lo que parece sorprender y encantar a esta burguesía, ante todo, es su propia amplitud de espíritu para reconocer que también los escritores son gentes que comúnmente se toman vacaciones. Las "vacaciones" son un hecho social reciente cuyo desarrollo mitológico, por otra parte, sería interesante indagar. Escolares en un comienzo, a partir de las licencias pagadas se han vuelto un hecho proletario, o al menos laboral. Afirmar que, en adelante, ese hecho puede concernir a los escritores, que también los especialistas del alma humana están sometidos a la situación general del trabajo contemporáneo, es una manera de convencer a nuestros lectores burgueses de que están adecuados a su tiempo: uno se enorgullece de reconocer la necesidad de ciertos prosaísmos, uno se acomoda a las realidades "modernas" con las lecciones de Siegfried y de Fourastié.
Por supuesto, esa proletarización del escritor es acordada con parsimonia y para, posteriormente, destruirla mejor. Ni bien se provee de un atributo social (las vacaciones constituyen un atributo y bien agradable, por cierto) el hombre de letras regresa al empíreo que comparte con los profesionales de la vocación. Y la "naturalidad" en la que se eterniza a nuestros novelistas, en realidad se instituye para traducir una contradicción sublime: una condición prosaica producida, desgraciadamente, por una época muy materialista, frente al lugar prestigioso que la sociedad burguesa concede con liberalidad a sus hombres de espíritu (siempre que sean inofensivos).
La prueba de la maravillosa singularidad del escritor es que durante esas tan comentadas vacaciones, que comparte fraternalmente con obreros y dependientes, no deja de trabajar, o al menos no deja de producir. Falso trabajador, también es un falso vacacionista. Uno escribe sus recuerdos, otro corrige pruebas, el tercero prepara su próximo libro. Y el que no hace nada lo confiesa como una conducta auténticamente paradojal, una hazaña de vanguardia, que sólo un espíritu fuerte puede permitirse mostrar. Con esta última baladronada, se hace conocer que es absolutamente "natural" que el escritor escriba siempre, en cualquier situación. En primer lugar, esto reduce la producción literaria a una suerte de secreción involuntaria, por lo tanto tabú, pues escapa a los determinismos humanos; para hablar más noblemente, el escritor es víctima de un dios interior que habla en todo momento sin inquietarse, tirano, por las vacaciones de su médium. Los escritores están de vacaciones, pero su musa vela y da a luz sin interrupción.
La segunda ventaja de esta verborrea es que, por su carácter imperativo, aparece —con toda naturalidad— como la esencia misma del escritor. Él acepta sin duda que está provisto de una existencia humana, de una vieja casa de campo, de una familia, de un short, de una hijita, etc., pero contrariamente a los otros trabajadores que cambian de esencia y en la playa no son más que veraneantes, el escritor conserva en todas partes su naturaleza de escritor; al tener vacaciones, muestra el signo de su humanidad; pero el dios permanece, se es escritor como Luis XIV era rey, inclusive en el inodoro. De este modo, la función del hombre de letras es a los trabajos humanos, casi lo que la ambrosía es al pan: una sustancia milagrosa, eterna, que condesciende a la forma social para que se lo capte mejor en su prestigiosa diferencia. Todo esto introduce a la idea de un escritor superhombre, de una especie de ser diferente que la sociedad exhibe para gozar mejor de la singularidad ficticia que ella le concede.
La imagen sencilla de "el escritor en vacaciones", pues, no es nada más que una de esas mistificaciones retorcidas que la buena sociedad opera para sojuzgar mejor a sus escritores: nada muestra mejor la singularidad de una "vocación" que contradecirla -—pero no negarla, ni mucho menos— con el prosaísmo de su encarnación: es un viejo recurso de todas las hagiografías. También se puede observar cómo el mito de las "vacaciones literarias" se extiende muy lejos, mucho más allá del verano; las técnicas del periodismo contemporáneo se dedican cada vez más a ofrecer un espectáculo prosaico del escritor. Pero sería un grave error tomar este hecho como un esfuerzo de desmistificación. Es todo lo contrario. Sin duda, a mí, simple lector, puede parecerme conmovedor y hasta sentirme halagado por participar, gracias a la confidencia, de la vida cotidiana de una raza seleccionada por el genio; sin duda sentiría deliciosamente fraternal a una humanidad en la que sé, por los diarios, que un gran escritor usa pijamas azules y que un joven novelista gusta de "las chicas bonitas, el queso reblochon y la miel de lavanda". Pero esto no impide que el saldo de la operación sea que el escritor se vuelva un poco más estrella, que abandone un poco más esta tierra por una morada celeste donde sus pijamas y sus quesos no le impiden, de ninguna manera, retomar el uso de su noble palabra demiúrgica.
Proveer públicamente al escritor de un cuerpo bien carnal, revelar que le gusta el blanco seco y el biftec jugoso, es volver para mi aún más milagrosos, de esencia más divina, los productos de su arte. Los detalles de su vida cotidiana, en vez de hacer más próxima y más clara la naturaleza de su inspiración, confirman la singularidad mítica de su condición: sólo puedo atribuir a una superhumanidad la existencia de seres tan vastos como para usar pijamas azules en el mismo momento en que se manifiestan como conciencia universal o, más aún, declarar el gusto por los reblochon con la misma voz con la que anuncian su próxima Fenomenología del Ego. La alianza espectacular de tanta nobleza y de tanta futilidad significa que aún creemos en la contradicción: milagrosa en su totalidad, también es milagroso cada uno de sus términos. Esa alianza perdería todo interés, sin duda, en un mundo donde el trabajo del escritor estuviese desacralizado hasta parecer tan natural como sus funciones vestimentarias o gustativas.
("El escritor en vacaciones", en "Mitologías" de Roland Barthes)
lunes, 28 de enero de 2013
Consejo de Marguerite Duras, en el final de la novela Emily L-
Te dije también que había que escribir sin corrección, no necesariamente deprisa, a toda velocidad, no, sino según uno mismo y según el momento que atraviesa uno mismo, en aquel momento, lanzar la escritura fuera, maltratarla casi, sí, maltratarla, no quitar nada de su masa inútil, nada, dejarla entera con el resto, no enjuiciar nada, ni rapidez, ni lentitud, dejarlo todo en su estado de aparición.
miércoles, 23 de enero de 2013
Sentíme, Dorita - Monólogo para un hombre y una muñeca
Inspirado en la historia del pintor Oskar Kokoschka y su muñeca de
pluma.
Si
dejaras de quererme
hasta el sol que brilla tanto,
para mí no brillaría
hasta el sol que brilla tanto,
para mí no brillaría
Francisco
Lomuto
Buenos
Aires, circa 1956.
Clínica
de Muñecas en el Barrio de Monserrat.
Escenario
Reparito
en un taller de compostura de muñecas.
Una
estantería con potes con ungüentos, carretes de hilos, pinzas, frascos con
ojos.
Pedazos
de muñecas.
Una mesa
cuadrada, dos sillas.
Un reloj
cucú.
Entra
Pascual, arrastrando por el cuello una muñeca de trapo tamaño natural. La tira
encima de una silla y procede a cerrar las ventanas, los postigos.
PASCUAL
Sentíme, calláte ahora.
Vos tenés la culpa de todo al final.
Se
sienta, agitado.
Ahora vendrá por allí o por allí el marido, el
matón que mande el marido, o la policía.
¡Cuánta desgracia junta!
Desesperado
¡Ya está hecho, ya el mal está hecho!
Vos me trajiste mala suerte, Dorita.
Vos fuiste una muñeca funesta.
Me venciste. Vos sos la imagen de ella que
cobró vida, pero me venciste
Vos estabas de acuerdo con ella para hacerme
caer?
Ustedes son todas iguales, ¡las muñecas, las
mujeres!
¡Ahora todo lo que sigue es cuesta abajo!
Maltrata
violentamente a la muñeca.
La
vuelve a sentar en la sillita.
Qué te duele a vos?
Vení que te coso. No me hagás ni pensar,
Dorita.
Vos sabés lo que ella fue. ¡No haber tenido un
arma!
Se te sale la estopa por el pecho. Hubiera
sido mejor la pluma. Vení, abre la blusa
de la muñeca y cose, qué biaba te dieron. Sabés que no me gusta que me contradigan,
que te metas en medio como una vieja suplicando. Te la buscaste; guardáte los
reproches, Dorita. Querés que te ponga un relojito dentro? Podés hacer de
cuenta que es un corazón. O que es una bomba. Sentíme: te pongo un
cascabelito…?
Ya tenés cosida el alma, Dorita.
¡Silencio, chito! … ¿Qué es eso?
Revisa
las ventanas, los postigos.
Se levanta tormenta, viento norte…
Tenés el pelo volado.
Le
cambia la peluca.
El cabello este es natural, te lo cambio para
que me perdones los zarpazos.
Lo tenía una Ada Rosa que nunca vinieron a
buscar. Los niños son así, como las mujeres, al final. Te dejan en prenda el
muñeco, o el corazón, te dicen ellas, y no vienen más. Yo reparo elásticos,
arreglo los ojitos bizcos, y ellos no aparecen más. Y un día, veinte años
después, vuelven. “Vengo a buscar lo que es mío”, piden los cretinos.
El difunto papá contaba siempre eso. La
mocosita que vino a buscar su muñeca cuando era una muchacha grande. “¿Qué cosa
se te perdió acá?” “Una Lolita Johnson”, le dijo ella, “que cantaba y se me
mojó y le traje para que arregle”. “No hay más Lolita Johnson”, le dijo el
papá, “gracias que todavía estamos nosotros”. Se puso a llorar ¡desesperada,
desconsolada!, como si la víctima hubiera sido ella. ¡Pobre Lolita Johnson!
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Chica rara, de 'Frankenweenie'
La joven no termina de encajar con los otros niños de Nueva Holanda. Quizás sea cosa de su desconcertante mirada.
Todos tenemos un trastorno de personalidad. La doble personalidad del Agente Perry
Un ornitorrinco / Un agente secreto.
Conocerlo todo, según Mahfuz
"Un escritor debe conocerlo todo, lo bueno y lo malo, especialmente esto último, pues la maldad es la fuente del teatro." Naguib Mahfuz.
Paradoja del deseo - Oscar Wilde
En este mundo yo sólo sé de dos desgracias: la primera es no conseguir lo que uno desea, y la otra es conseguirlo; ¡esta última es una verdadera tragedia!
Testamento de Florencio Sánchez
"Si yo muero, cosa difícil, dado mi amor a la vida, muero porque he resuelto morir. La única dificultad que no he sabido vencer en mi vida ha sido la de vivir. Por lo demás, si algo puede la voluntad de quien no ha podido tenerla, dispongo: primero, que no haya entierro; segundo, que no haya luto; tercero, que mi cadáver sea llevado sin ruido a la Asistencia Pública, y de allí a la Morgue. Sería para mí un honor único que un estudiante de medicina fundara su saber provechoso para la humanidad en la disección de cualquiera de mis músculos."
Sobre la Vejez. Marguerite Yourcenar
Ya a los 80 años, al responder una pregunta sobre su edad, dijo que no la notaba. "Cuando me canso -explicó- tengo 10 siglos; cuando trabajo, 40 años."
Siempre idéntica a sí misma
Estaban una pera y un tomate en la parada del autobús. Y el tomate le pregunta a la pera:
-¿Hace cuánto que espera?
Y la pera responde:
-Desde que nací.
Búsquedas desesperadas - Woody Allen
«No solo no existe Dios, sino a ver cómo encuentras un electricista un fin de semana».
Conócete a ti mismo. Oscar Wilde
Yo soy la única persona en el mundo a quien desearía conocer a fondo; pero no veo ninguna posibilidad de hacerlo, por ahora.
He malgastado mis horas - Leonardo Da Vinci
Las promesas engañan; el tiempo decepciona; la muerte burla los cuidados; las ansiedades de la vida son nada.
Etérea. Tradición oral española.
Este es el cuento de María Sarmiento
que fue a cagar y se la llevó el viento
De una Suplicante a Santa Lucía
En una plaquita debajo de la imagen de Santa Lucía, en la Iglesia de Pompeya, se lee: "Acuérdate de mi marido".
El quid es: ¿el marido de la suplicante padecía una dolencía en los ojos? ¿O la suplicante quiso decir: "No lo pierdas de vista"?!
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